VII.

La naturalidad es la primera y más sobresaliente entre las cualidades

de Virgilio. No es un erudito que rehace la Naturaleza en su

biblioteca; es un campesino que ha nacido y se ha criado en el

establo, que ha dirigido con su honda, y su cayado las ovejas, que ha

tocado la zampoña y el rabel en las pastoriles fiestas, que ha muñido

las tetas de las vacas, que ha sesteado á la sombra de los olmos, que

ha sembrado el grano por el lluvioso otoño tras la yunta en el hondo

surco y con su hoz lo ha segado y en la era lo ha trillado por el

caluroso estío, que ha recogido y cortado el panal de cera y miel en

las colmenas, que ha podado los sarmientos y vendimiado los racimos

y recibido en las cántaras el ardiente mosto y trabajado con todo su

sér en las creadoras faenas del campo, vivo en su corazon y en su

existencia ántes de ser cantado por su armoniosísima poesía.

Para que el amor á la agricultura tomára en su pecho más intensidad,

se vió privado violentamente de sus tierras en edad bien temprana,

y las lloró y las cantó como las aves lloran y cantan el nido

alevemente robado por despiadada mano. Como todos los bienes de la

tierra, amados mucho y perdidos pronto, el despojo de su propiedad y

la tristeza de su familia han dejado huellas indelebles, así en su

poesía como en su vida, y han derramado hermosos pensamientos en los

cielos del arte. Hay entre el sepulcro de la República Romana y la

cuna del Imperio Cesáreo un hombre que personifica el pretorianismo,

y que lleva en su figura y en su vida todas las señales del

largo irremediable decaimiento de la antigua civilizacion. Este

hombre es Antonio. Educado por el partidario de Catilina, Léntulo;

crecido en la amistad de Clodio, el más furioso y más vil de los

demagogos romanos, sólo creyó en la fuerza; y sólo sirvió á la

tiranía semejante en esto á todos los cortesanos del pueblo, que

exageran la libertad y la violentan como para hacerla odiosa á las

sociedades humanas y arrastrarla por el terror á la mancebía de los

déspotas.—General de caballería en edad temprana, vencedor de los

judíos, soldado mercenario de los egipcios, tribuno de la plebe,

del partido demagógico pasa al partido cesarista y viola torpemente

la majestad del Senado con la irreverente lectura de audaces cartas

del dictador y enciende la guerra civil presentándose á éste en

carruaje de alquiler como lanzado de Roma y de sus derechos.

Desde entónces queda constituido Antonio en jefe de los partidos

militares sobre cuyas lanzas se levantára César á la tiranía jamas

disculpada ni siquiera por la virtud de su genio. Como vestia el

traje militar, como llevaba al cinto la espada pretoriana, como se

parecia á Hércules en su varonil hermosura, como se emborrachaba

en las cantinas y participaba del rancho, como dispendiaba el oro

lo mismo que vertia la sangre, pródigamente, los soldados seguian

á ciegas las enseñas y las voluntariedades de Antonio, que daba

festines y banquetes á todas horas, malversaba los caudales públicos

en espectáculos populares, concurria á los garitos acompañado de

sus capitanes, se paseaba borracho en los sitios más principales y

construia teatros para agasajar á sus bufones; incontinente hasta

asaltar las mujeres honradas en medio de las calles; intemperante

hasta vomitar sus indigestiones en una Asamblea, como si dijéramos,

sobre la cara del pueblo; escandaloso hasta llevar al frente de sus

tropas y junto su litera, á un lado el titiritero Sergio y á otro la

cortesana Cytheres; fastuosísimo hasta tener leones y fieras entre

sus alimañas y vasos de esmeralda en su equipaje; ataviado de seda y

pedrería como un sátrapa de Oriente; en cenas orgiásticas perpétuas

como las prostitutas romanas; personificacion de todos los vicios,

que, envenenando á los ejércitos y á los pueblos, concluyen por

forzarlos á dormir en la triste soñolencia del hartazgo y del hastío

bajo la más degradante servidumbre. Antonio repartió las tierras de

Mantua, las propiedades de los pueblos entre sus soldados; y esta

reparticion fué causa de que Virgilio visitára á Roma y consiguiera

una devolucion que le empeñó en eterno agradecimiento á su redentor,

al poderoso Augusto. De naturaleza delicada, de temperamento

nervioso, de corazon tierno, de sensibilidad exquisita; enemigo del

fausto, del poder y del ruido que en Roma reinaba; amigo del retiro y

de la soledad, como todos los genios contemplativos, en la Edad Media

fuera Virgilio un monje consagrado á la adoracion mística de Dios

dentro del claustro, y en la antigüedad fué un poeta consagrado á la

adoracion purísima de la Naturaleza.

Recuerdos de Italia (parte 2 de 2) · 第 14 / 46 题