VI.

Mantua es una ciudad acuática, palúdica. El Mincio, que baja del lado

de Garda y desemboca en el Po, al llegar á estos terrenos se pára, se

estanca, se dilata en pesadas y mefíticas lagunas, las cuales carecen

ciertamente del colorido mágico y de la helénica alegría que tienen

las lagunas de San Márcos en el espléndido Adriático. Yo las recorrí

todas, aunque ligeramente, con mis _Geórgicas_ en la mano. Es verdad

que algunas se han formado muy posteriormente á la época del poeta;

pero el rio fluye aún por donde lo vieron sus ojos, y una parte de

las aguas duerme donde dormian cuando él estaba en la cuna.

_Propter aquam, tardis ingens ubi flexibus errat_

_Mincius, et tenera prætexit arundine ripas._

Yo vi la laguna de Sopra, laguna de arriba, artificialmente formada;

paseé dos ó tres veces por el dique de los molinos que conduce á

la ciudadela; me asomé al puente de San Giorgio para contemplar lo

mismo la laguna del centro que la de abajo: y no obstante descubrir

por do quier muros y contramuros, fuertes y contrafuertes, lunetas

y castillos, fosos y puentes levadizos, convencíme de que Mantua

es en nuestro tiempo, como en tiempo de Virgilio, una poblacion

esencialmente agrícola. Por todas las lagunas vi barcas de frutos

cargadas y por todas las calles carros cargadísimos. Lo que más

trajo á mi memoria la edad antigua, fué singular espectáculo que

hirió mi atencion y cautivó mi ánimo. Trascurria el tiempo de la

vendimia. En carreta, verdadero lagar ambulante formado de apretadas

tablas, amontonábanse las recien cortadas uvas. Dos ó tres mancebos,

arremangadas las mangas de la camisa y arremangados los pantalones,

pisaban los racimos como al compas de un baile, produciendo rojo rio

de mosto que caia de la carreta en preparada cuba. Al pié, sentada

sobre un barril, hermosa jóven de tez morena y ojos negros cantaba

cancion melodiosa para acompañar la danza de los pisadores. Varios

niños con las manos cargadas de mostosos racimos y las sienes ceñidas

de improvisadas guirnaldas danzaban tambien entre las ruedas. Y los

tardos bueyes lucian, á guisa de plumeros, en el testuz, manojos de

sarmientos, cuyos pámpanos, verdes unos y carmesíes otros, formaban

el más bello contraste en aquel viviente bucólico cuadro que no

hubiera menospreciado Virgilio.

Toda la region, toda ella, exhala inspiraciones campestres: las

lejanas cordilleras de los Alpes, recamadas de celestes reflejos y

ceñidas de eternas nieves, inmensas líneas de rotondas y pirámides

admirablemente dibujadas en los horizontes; el espacioso lago

de Garda, formado por puros manantiales que dan á sus aguas las

trasparencia y la claridad del cristal, tendido perezosamente al pié

del monte Baldo; las pesadas lagunas de Mantua, que contrastan con

el celeste Garda, lagunas compuestas de las corrientes del limoso

Mincio; el ancho Po, de tranquilo curso y de brillante superficie;

los verjeles y majadas, el campo entero cubierto de un verdor que

recuerda los paisajes de Holanda; los altos olmos en cuyos troncos

las vides se enlazan y suspenden; toda aquella naturaleza impregnada

de la misma poesía que exhalan de sus exámetros las virgilianas

Églogas.

Recuerdos de Italia (parte 2 de 2) · 第 13 / 46 题