Mantua es una ciudad acuática, palúdica. El Mincio, que baja del lado
de Garda y desemboca en el Po, al llegar á estos terrenos se pára, se
estanca, se dilata en pesadas y mefíticas lagunas, las cuales carecen
ciertamente del colorido mágico y de la helénica alegría que tienen
las lagunas de San Márcos en el espléndido Adriático. Yo las recorrí
todas, aunque ligeramente, con mis _Geórgicas_ en la mano. Es verdad
que algunas se han formado muy posteriormente á la época del poeta;
pero el rio fluye aún por donde lo vieron sus ojos, y una parte de
las aguas duerme donde dormian cuando él estaba en la cuna.
_Propter aquam, tardis ingens ubi flexibus errat_
_Mincius, et tenera prætexit arundine ripas._
Yo vi la laguna de Sopra, laguna de arriba, artificialmente formada;
paseé dos ó tres veces por el dique de los molinos que conduce á
la ciudadela; me asomé al puente de San Giorgio para contemplar lo
mismo la laguna del centro que la de abajo: y no obstante descubrir
por do quier muros y contramuros, fuertes y contrafuertes, lunetas
y castillos, fosos y puentes levadizos, convencíme de que Mantua
es en nuestro tiempo, como en tiempo de Virgilio, una poblacion
esencialmente agrícola. Por todas las lagunas vi barcas de frutos
cargadas y por todas las calles carros cargadísimos. Lo que más
trajo á mi memoria la edad antigua, fué singular espectáculo que
hirió mi atencion y cautivó mi ánimo. Trascurria el tiempo de la
vendimia. En carreta, verdadero lagar ambulante formado de apretadas
tablas, amontonábanse las recien cortadas uvas. Dos ó tres mancebos,
arremangadas las mangas de la camisa y arremangados los pantalones,
pisaban los racimos como al compas de un baile, produciendo rojo rio
de mosto que caia de la carreta en preparada cuba. Al pié, sentada
sobre un barril, hermosa jóven de tez morena y ojos negros cantaba
cancion melodiosa para acompañar la danza de los pisadores. Varios
niños con las manos cargadas de mostosos racimos y las sienes ceñidas
de improvisadas guirnaldas danzaban tambien entre las ruedas. Y los
tardos bueyes lucian, á guisa de plumeros, en el testuz, manojos de
sarmientos, cuyos pámpanos, verdes unos y carmesíes otros, formaban
el más bello contraste en aquel viviente bucólico cuadro que no
hubiera menospreciado Virgilio.
Toda la region, toda ella, exhala inspiraciones campestres: las
lejanas cordilleras de los Alpes, recamadas de celestes reflejos y
ceñidas de eternas nieves, inmensas líneas de rotondas y pirámides
admirablemente dibujadas en los horizontes; el espacioso lago
de Garda, formado por puros manantiales que dan á sus aguas las
trasparencia y la claridad del cristal, tendido perezosamente al pié
del monte Baldo; las pesadas lagunas de Mantua, que contrastan con
el celeste Garda, lagunas compuestas de las corrientes del limoso
Mincio; el ancho Po, de tranquilo curso y de brillante superficie;
los verjeles y majadas, el campo entero cubierto de un verdor que
recuerda los paisajes de Holanda; los altos olmos en cuyos troncos
las vides se enlazan y suspenden; toda aquella naturaleza impregnada
de la misma poesía que exhalan de sus exámetros las virgilianas
Églogas.