II.

Siempre me acordaré de una de las tardes más solemnes de mi

existencia. Era el dia de Pascua en que todo resucita, la mariposa

abandonando su larva para tomar multicolores alas, y Cristo rompiendo

su sepulcro para llevarse el alma de la humanidad á los cielos. Así

toda la creacion repite la alegre aleluya entonada por el órgano

bajo las bóvedas de las iglesias y por las campanas en las altas

torres. Descendia el sol hácia su ocaso entre anaranjadas nubes;

brillaba el cielo con ese azul de España que no he visto ni en

Italia; flameaban las cordilleras purpurinos reflejos que hacian de

los ventisqueros volcanes; en los manzanos y en las acacias tendíanse

blancas guirnaldas como signos de los desposorios de tantos seres

en la estacion de los amores; y miéntras por los pedregales se

ataviaban de su primer verdor la zarza-rosa, en los trigos, entre las

tiernas espigas, alzaban sus corolas encarnadas las sedosas amapolas.

De pronto suben dos alondras, una pareja enamorada, á los aires.

Mirábanse extáticos aquellos seres del cielo ni más ni ménos que los

amantes en la tierra. Volaban alegres con femenil coquetería como si

quisieran mostrarse sus sendas perfecciones iluminadas por los rayos

del sol poniente. Algunas veces las alas se rozaban y los cuerpos se

confundian. La nube de incienso no asciende con tanta majestad en el

santuario como ascendian los dos pajarillos en el campo. Veíaseles

detener su ascension, quedarse fijos é inmóviles como si miraran algo

sobrehumano aquí en el suelo despues de haber mirado la luz allá en

el horizonte. Era quizás su nido, eran quizás los hijuelos de sus

amores. Ignoro si en aquellos dias podrian ya tener hijuelos, pero

me pareció que los contemplaban dormidos, que los oian piar, que

atisbaban el lejano peligro para defenderlos y salvarlos ántes de

perderse en el cerúleo abismo. Lo cierto es que en su canto, en sus

notas alegres, en sus gorjeos, en su jugueton vuelo, en todos sus

movimientos, mostraban á las claras ¡ah! la alegría comunicativa de

vivir y de amar. Sus cantares caian sobre mi sér como rocío benéfico

y lo impulsaban á participar de tanta felicidad.

Recuerdos de Italia (parte 2 de 2) · 第 9 / 46 题