Siempre me acordaré de una de las tardes más solemnes de mi
existencia. Era el dia de Pascua en que todo resucita, la mariposa
abandonando su larva para tomar multicolores alas, y Cristo rompiendo
su sepulcro para llevarse el alma de la humanidad á los cielos. Así
toda la creacion repite la alegre aleluya entonada por el órgano
bajo las bóvedas de las iglesias y por las campanas en las altas
torres. Descendia el sol hácia su ocaso entre anaranjadas nubes;
brillaba el cielo con ese azul de España que no he visto ni en
Italia; flameaban las cordilleras purpurinos reflejos que hacian de
los ventisqueros volcanes; en los manzanos y en las acacias tendíanse
blancas guirnaldas como signos de los desposorios de tantos seres
en la estacion de los amores; y miéntras por los pedregales se
ataviaban de su primer verdor la zarza-rosa, en los trigos, entre las
tiernas espigas, alzaban sus corolas encarnadas las sedosas amapolas.
De pronto suben dos alondras, una pareja enamorada, á los aires.
Mirábanse extáticos aquellos seres del cielo ni más ni ménos que los
amantes en la tierra. Volaban alegres con femenil coquetería como si
quisieran mostrarse sus sendas perfecciones iluminadas por los rayos
del sol poniente. Algunas veces las alas se rozaban y los cuerpos se
confundian. La nube de incienso no asciende con tanta majestad en el
santuario como ascendian los dos pajarillos en el campo. Veíaseles
detener su ascension, quedarse fijos é inmóviles como si miraran algo
sobrehumano aquí en el suelo despues de haber mirado la luz allá en
el horizonte. Era quizás su nido, eran quizás los hijuelos de sus
amores. Ignoro si en aquellos dias podrian ya tener hijuelos, pero
me pareció que los contemplaban dormidos, que los oian piar, que
atisbaban el lejano peligro para defenderlos y salvarlos ántes de
perderse en el cerúleo abismo. Lo cierto es que en su canto, en sus
notas alegres, en sus gorjeos, en su jugueton vuelo, en todos sus
movimientos, mostraban á las claras ¡ah! la alegría comunicativa de
vivir y de amar. Sus cantares caian sobre mi sér como rocío benéfico
y lo impulsaban á participar de tanta felicidad.