I.

Yo siempre te amé, siempre, alma Naturaleza, desde que sentí tu

eterna vida agolparse á mi corazon y tu calor discurrir en jugos

vivificantes por mis venas. Luz esplendente que inundas los espacios;

electricidad chispeante que corres por los nervios; aire vital en

que respiran desde la violeta hasta el águila; fuego del hogar á que

se calientan los orbes; vida, eterna vida, la de varios colores,

la de organismos innumerables, jamas te imaginé sombra de mis

pensamientos, cuadro de mi fantasía, estatua animada por la antorcha

de mi inteligencia, el eco de mi voz en lo infinito, el reflejo de mi

solitario sér en el vacío: creí y adoré tu realidad.

En tí, en tu seno, todo me subyuga: lo mismo la primera flor del

temprano almendro en la henchida yema, que el postrer copo de la

blanca nieve en la alta montaña; lo mismo el rumor de la lluvia

invernal en los vidrios de las ventanas por las eternas noches, que

el susurro del arroyo libre de sus cadenas de hielo por las campiñas

primaverales; lo mismo la tormenta rugiente en truenos, encendida

en relámpagos, chasqueando el rayo, que la endecha del ruiseñor

enamorado en el tranquilo bosque; lo mismo el deslumbrador mediodía

con sus tonos calientes, que la pálida luna con sus argentadas gasas;

lo mismo el chirrido de la cigarra en las estivales siestas, que el

grito del cuclillo en las mudas veladas; lo mismo el zumbar de la

abeja sobre los arbustos, que el espirar de la ola en las sonoras

playas; todo en tí me parece divino, todo, desde el amor hasta la

muerte.

Recuerdos de Italia (parte 2 de 2) · 第 8 / 46 题