Pasando ya á la evolución semántica ó significativa, basta abrir un
Diccionario cualquiera para echar de ver la variedad de acepciones
que ha ido tomando una raíz en sus diversos derivados, y aun en cada
palabra en particular. Pero no es de esta parte principalísima de
la Semántica, ó historia de la significación de las palabras, de la
que aquí trato, sino de lo que la significación de las palabras ha
contribuído á la evolución de las mismas en su forma fónica. Siempre
que dos ideas convergen en un punto cualquiera, hay tendencia á hacer
que converjan las palabras con que se expresan. Es la ley de la
atracción que obra entre palabras é ideas, así como en la Semántica
obra entre las ideas asociándolas, y en el terreno puramente fonético
obra igualando ó desigualando los sonidos por la asimilación ó la
disimilación. El nombre Pedro ó Perico es tan frecuente entre los
nombres propios, que originó el dicho de _Petrus in cunctis_, en todas
partes Pedro. En algunos pueblos de Aragón, como en Remolinos, por
ej., pericotiar significa meterse uno en todo, curiosear, enredar,
ser Peric-ote, y en toda España se llama _perico_ á cierto utensilio
de indispensable y perentoria necesidad, y aun corre muy valida la
opinión de que el perro tomó el nombre de _Pedro_, sin duda por haberse
dado con tanta frecuencia este nombre al animal en cuestión como á las
personas. _Pericón_ se dice del que suple por todos, y más comúnmente
hablando del caballo ó mula que en el tiro hace á todos los puestos,
y en el juego de quínolas el caballo de bastos, porque se puede hacer
que valga lo que cualquiera otra carta y del palo que se quiere. Para
decir un fulano decimos _Perico el de los palotes_. Si ha llegado este
nombre á tomar el sentido de perro, de caballo y de original (como
algunos pronuncian), nada tiene de extraño que haya llegado hasta
significar hombre: _Perico entre ellas_ equivale á hombre mujeriego.
Entre mujeres el nombre más común es el de María, que, por lo mismo,
se ha empleado simplemente por _mujer_: «Después de María casada,
tengan las otras malas hadas». «¿De cuando acá Marica con guantes?»
De aquí _Maricastaña_ en las frases «en tiempo de Maricastaña»,
_marimacho_ por mujer hombruna, _marimanta_ por fantasma, _llamarse
marimarica, marimorena_ por pendencia, _marisabidilla_ por mujer que
sabe, _maripérez_ por moza, última mano en el juego, _mariposa_,
_marica_ por hombre amujerado y por urraca. _Maripajuela_ en Álava
se dice del remolino de polvo y pajas que se forma en los caminos,
_mariselva_ la madreselva por etimología popular. En Bilbao _marimolso_
por mujer desaseada, _marimoño_ por vanidosa, _marimurco_ por brusca,
_marisasquel_ por sucia, _marisorqui_ por la que lleva el sorqui ó
roldana sobre la cabeza para transportar cargas. En Cuba _marilópez_,
en Méjico _mariguana_, _marimoño_, en Álava _maricóncola_, son nombres
de plantas. En el Quijote tenemos á _Mari Gutiérrez_, á _Mari
Sancha_, y todos conocemos á _Mari Ramos_, á _Mari Moco_, á _Mari
Gargajo_ y á _Maritornes_. En Juan del Encina se lee: «Sabete que
Bartolilla | La hija de Mari-Mingo | Se desposó di domingo». En Aragón
Mari-prisas, Mari-enredos, Mari-apuros, etc., se aplican lo mismo á los
hombres, hombre de las prisas, enredos ó apuros. En Hernán Núñez: «Á
_Mari_-ardida (atrevida) nunca le falta mal día: Á _Marimontón_, Dios
se lo da, y Dios se lo pon».
¿Qué es lo que hizo que estos dos nombres propios Perico y María se
convirtieran en apelativos de hombre y mujer y aun se aplicaran á
plantas, animales y á otros objetos? La atracción entre las ideas y
sus nombres. Pero esta atracción lleva á modificar fónicamente los
vocablos, originando varios fenómenos que toman diversos nombres aunque
en resumidas cuentas no sean más que aplicación del mismo principio
analógico y relativo que caracteriza á nuestra inteligencia. No se
reduce el lenguaje á formas fónicas, cual si fueran objetos mecánicos
que una vez fabricados nos sirvan, como nos sirven la pluma y el papel
para escribir, el tenedor y la cuchara para comer. Es el lenguaje
un fenómeno psíquico, la psiquis cambia la significación y la forma
fónica de las palabras. De aquí la analogía, la etimología popular, la
contaminación y otros fenómenos que alteran el fonetismo.
_Analogía._--La analogía, tomada en su más amplia acepción, dió
antiguamente nombre á la que hoy llamamos _Morfología_, porque señalado
un tipo morfológico, una declinación, una conjugación, un sufijo
casual, derivativo, etc., se pueden formar otros muchos cortados por
el mismo patrón. Pero exagerándose esta ley, en que se funda todo
el lenguaje, se aplica á veces, ya en el terreno fonético, ya en el
semántico, á despecho de otras leyes. Cuando el niño dice sabo por sé
no hace más que aplicar la ley de la analogía: así como de tropezar
dice tropiezo, así de saber dice sabo, de caber cabo, á despecho de
las leyes que hicieron sé de sapio, quepo de capio. En el terreno
semántico los términos correlativos tienden á uniformarse en el sonido,
y si se dijo primero, se formó por analogía postrero, dejándose el
postremus latino, con diestra se igualó siniestra, que según ley
debiera haberse dicho sinestra, de sinĭstra. La analogía obra sobre
todo en los verbos, unificándolos conforme á un único patrón, y en
los pronombres, adverbios y demás formas correlativas. La forma de
genitivo en Lunes, Miércoles, se debe á la de Jueves, Martes, Viernes.
Llevar de lievar tiene diptongo por las formas lievo, lievas de lĕvo,
lĕvas, que lo tenían por evolución regular; y otro tanto sucedió más
tarde con otras formas verbales y nominales, que han tomado ó dejado el
diptongo originario por adaptarse á otras formas del mismo radical.
Una vez tomados del latín ciertos vocablos se añadieron sus sufijos á
otros muchos radicales: así el -entar de calentar, caliente, se añadió
á temas no participiales, alentar de alare, ahuyentar de huir. Por
la analogía se forman los pseudo-sufijos, ó sufijos, que no siéndolo
etimológicamente, se toman como tales. En muche-dumbre es -dumbre un
pseudo-sufijo, por analogía con pesad-umbre, donde la -d es del tema
pesado.
Los nombres neutros latinos en -us se tomaron, ya como plurales por
creerse que lo era la -s, ya como singulares; pero al cabo perdieron
esta letra que parecía de plural. Pechos de pectus, pero aún decimos
«tomar á pechos», «le atravesó los pechos», y en Navarra el pueblo lo
usa casi siempre en plural. Díjose antes «tener ó dar en, á peños,
dar peños», de pignus, luego empeño. «Hubo en tiempos, en tiempos
de...», de tempus. Lo mismo lado viene del lados antiguo como plural
del latus singular, virto ant. salió de virtos, tomado como plural
del virtus singular. Los plurales neutros en -a se sustituyeron por
los ordinarios en -s: prado-s y no prada de pratum. Algunos plurales
en -a se consideraron como singulares femeninos: arma, obra, ya eran
singulares en latín, aunque en literario fueran plurales; pero hueva
de ova, entraña, boda, ceja, herramienta, hoja, leña, son en su origen
plurales neutros. Los adjetivos en -or, -on han tomado -a para el
femenino, hablador y habladora, ladrón y ladrona.
_Etimología popular._--El hombre pretende que sus vocablos no sean
enteramente convencionales, sino que respondan á la idea; y cuando
no halla esta relación, él mismo se la busca. El nombre de la ciudad
de León era Legionem en latín; pero legión no existía en castellano
vulgar, y en cambio león tenía ya un sentido propio; el pueblo
creyó que León se refería al león, y dió por emblema á la ciudad y
á su reino el león. Truchuela se conformó con trucha por sonar este
término á algo concreto que parecía ser el origen del diminutivo
truchuela, una vez olvidado trechar de tractare, ó no conociendo la
relación que lo unía: así truchuela, derivando de trechar, se dijo en
vez de trechuela. Vagabundo nada decía á los oídos del pueblo, y lo
convirtió en vagamundo, creyendo que se trataba de vagar por el mundo.
Artemisa sonaba como á misa y alto, y se convirtió en altamisa. El
paraveredus céltico por caballo de posta, sonaba á cosa de freno, y
se convirtió en parafrenum, palafrén. La necro-mantia ó adivinación
por los difuntos, se creyó que como cosa de magia negra había que
llamarla nigromancia. Capi-gorrón ó que anda viviendo de gorra, se
formó de gorra en el sentido de comer de gorra; pero creyéndose que
significaría la gorra, se le añadió capí-. A veces los sabios son
pueblo. La estrella α del León se llama Regulus: es una alteración del
arábigo ridjl al-asad pie del león, por sonar ridjl pie como regulus.
En cambio ha quedado intacto _Rigel_, nombre de la β de Orion, del
mismo ridjl arábigo. Y eso que ambas estrellas se encuentran al _pie_
ó _ridjl_ de esas constelaciones. Entre las gentes del pueblo, que lo
diga Sancho, los términos incomprensibles se hacen claros: por busilis
hay quien dice «ahí está el fusilis», por de alto bordo «de alto
gordo», por momento «memento» «y los nabos en al viento», por hombre
de carácter se oye decir entre el pueblo «yo to mucho _carate_», como
si se tratara de cara, «no subió el Ayuntamiento á tomar la comunión
allá al _Pepiterio_», «meterse en los _lobos_ (globos) y ir polaire»,
«jué en la guerra é la _pendencia_ (independencia)», «unas siñoras
_dalto gordo_ han formau una suciedá», «se destruya» por se instruya,
«iconocanastas» por iconoclastas, «los que han estudiau tiología y
morral»[27].
_Contaminación._--Palabras de significado parecido y de sonido
semejante se contaminan, tomando la una algún sonido de la otra.
Del antiguo aborrir pudo formarse aburrir contaminándose con burro,
siguiendo la tendencia á formar verbos de los nombres de animales,
como azorarse de azor. Ensalzar se contaminó con otras formas ens-
de ex-, escupir con otras en es. La contaminación es en estos casos
puramente fónica; en el anterior es semántica y se confunde ya con la
etimología popular. La contaminación fónica es, á su vez, un caso de
analogía entre términos parecidos. Ensanchar viene de ancho y de en-,
pero con la silbante de ensalzar. Carnecería se lee en la mayor parte
de los rótulos de Madrid, que debieran decir carnicería, como se dice
carnicero, de carniza; pero se piensa en carne por haberse olvidado
este origen.
_La ortografía._--Los eruditos, que parece debieran estar más al tanto
de los fenómenos lingüísticos, caen con mayor facilidad en ciertas
aberraciones que solemos achacar al pueblo. Cuando el habla no sólo
se aprende y se maneja con el oído, su órgano propio, sino con los
ojos, por la lectura, se toma como norma del lenguaje la escritura,
que no es más que su signo. De aquí la descabellada fórmula de los que
han dicho que la pronunciación debe adaptarse á la escritura y no la
escritura á la pronunciación, «porque la pronunciación es deleznable
y propia de todo el mundo, donde los más son idiotas é ignorantes;
mientras que la escritura es más fija y exclusiva de los sabios», como
dijo Guillaume des Autels. Entre las personas de buen tono es muy
corriente esta manera de pensar, y así se les ve pronunciar letra por
letra como si estuvieran leyendo. Hasta el siglo XVI la h procedente
de f latina tenía un sonido gutural suave, como todavía se conserva
en el pueblo, juerte, juerza; pero la reacción erudita la cambió en
f en la ortografía. Es tal el influjo de la escritura, que de signo
gráfico, debido á un capricho de erudición mal entendida, puesto que
lo que sonaba era h, y no f, que siempre ha sido un signo de un fonema
muy distinto, se convirtió en verdadero sonido, cambiando el antiguo
fonema h en el moderno dento-labial f, fuerte, fuerza. El haberse
añadido la c etimológica á la grafía antigua _dotor_, que respondía
á su pronunciación, fué causa de que hoy no sólo escribamos, sino
que pronunciemos _doctor_. La ortografía es la que ha introducido en
la pronunciación todos esos fonemas que el castellano había dejado
y que en el mismo latín vulgar ya no se pronunciaban, la n ante s,
inspeccionar; la x, exasperar, extender; la m ante labial, imfame,
amparar; la doble c, acción; la doble n, perenne; la b y la p ante
algunas consonantes, abstenerse, apto, etc., etc.
_Eufemismos._--Por temor, por respeto, por decencia se quisieran dejar
de emplear ciertos términos; pero la idea, la pasión los traen á la
boca, y en la indecisión se sale del paso modificándolos algún tanto
en el sonido. Tal es el origen de pardiez en vez de por Dios, diantre
por diablo, mecachis, por vida de sanes. La reina Cristina tuvo la
mala suerte de verse convertida en el albañal de todos los juramentos
desviados de Cristo, y Santander lleva camino de serlo de los desviados
de los Santos. Las mujeres, no atreviéndose con el _cunnus_ de los
hombres, le ponen faldas haciéndolo femenino, y hasta los niños se
atreven con él, terminándolo en el sonido más débil e.
_Términos hipocorísticos._--Son los que por cariño se recortan, se
repiten y adaptan al lenguaje infantil. Se nota la abreviación, sobre
todo en nombres propios, debiéndose al hipocorismo y á su frecuente
empleo para llamar Tanis = Estanislao, Boni = Bonifacio, Trini =
Trinidad, Nati = Natividad, Presen = Presentación, Patro = Patrocinio,
Encarna = Encarnación, Sindo = Gumersindo, Fani por Estefania; en el
_Cid_ Fernán por Fernando, Galin por Galindo, Ferrán por Ferrando,
Jeron por Jerónimo, etc. Á veces se han transformado enteramente: Pepe,
Pepito, Pepín por José; Frasco, Frasquito, Pachito por Francisco; Lola
por Dolores; Perico, del antiguo Pero, por Pedro; Santiago, Saiago, de
Sant y Iago por Iacobo, Jaime como James y Jacome, Jeromo por Jerónimo.
Existen otras causas más secundarias que modifican los vocablos,
como la moda, el lenguaje rufianesco, los retruécanos, el influjo de
la rima y de las consonantes, «que obliga á decir que son blancas
las hormigas», etc. Debo advertir que los términos infantiles, los
rufianescos y los de los carreteros de ordinario, en vez de ser formas
modificadas, son las más primitivas, y forman el más profundo estrato
del lenguaje, como tendré ocasión de exponer despacio en otro lugar.