III

Pasando ya á la evolución semántica ó significativa, basta abrir un

Diccionario cualquiera para echar de ver la variedad de acepciones

que ha ido tomando una raíz en sus diversos derivados, y aun en cada

palabra en particular. Pero no es de esta parte principalísima de

la Semántica, ó historia de la significación de las palabras, de la

que aquí trato, sino de lo que la significación de las palabras ha

contribuído á la evolución de las mismas en su forma fónica. Siempre

que dos ideas convergen en un punto cualquiera, hay tendencia á hacer

que converjan las palabras con que se expresan. Es la ley de la

atracción que obra entre palabras é ideas, así como en la Semántica

obra entre las ideas asociándolas, y en el terreno puramente fonético

obra igualando ó desigualando los sonidos por la asimilación ó la

disimilación. El nombre Pedro ó Perico es tan frecuente entre los

nombres propios, que originó el dicho de _Petrus in cunctis_, en todas

partes Pedro. En algunos pueblos de Aragón, como en Remolinos, por

ej., pericotiar significa meterse uno en todo, curiosear, enredar,

ser Peric-ote, y en toda España se llama _perico_ á cierto utensilio

de indispensable y perentoria necesidad, y aun corre muy valida la

opinión de que el perro tomó el nombre de _Pedro_, sin duda por haberse

dado con tanta frecuencia este nombre al animal en cuestión como á las

personas. _Pericón_ se dice del que suple por todos, y más comúnmente

hablando del caballo ó mula que en el tiro hace á todos los puestos,

y en el juego de quínolas el caballo de bastos, porque se puede hacer

que valga lo que cualquiera otra carta y del palo que se quiere. Para

decir un fulano decimos _Perico el de los palotes_. Si ha llegado este

nombre á tomar el sentido de perro, de caballo y de original (como

algunos pronuncian), nada tiene de extraño que haya llegado hasta

significar hombre: _Perico entre ellas_ equivale á hombre mujeriego.

Entre mujeres el nombre más común es el de María, que, por lo mismo,

se ha empleado simplemente por _mujer_: «Después de María casada,

tengan las otras malas hadas». «¿De cuando acá Marica con guantes?»

De aquí _Maricastaña_ en las frases «en tiempo de Maricastaña»,

_marimacho_ por mujer hombruna, _marimanta_ por fantasma, _llamarse

marimarica, marimorena_ por pendencia, _marisabidilla_ por mujer que

sabe, _maripérez_ por moza, última mano en el juego, _mariposa_,

_marica_ por hombre amujerado y por urraca. _Maripajuela_ en Álava

se dice del remolino de polvo y pajas que se forma en los caminos,

_mariselva_ la madreselva por etimología popular. En Bilbao _marimolso_

por mujer desaseada, _marimoño_ por vanidosa, _marimurco_ por brusca,

_marisasquel_ por sucia, _marisorqui_ por la que lleva el sorqui ó

roldana sobre la cabeza para transportar cargas. En Cuba _marilópez_,

en Méjico _mariguana_, _marimoño_, en Álava _maricóncola_, son nombres

de plantas. En el Quijote tenemos á _Mari Gutiérrez_, á _Mari

Sancha_, y todos conocemos á _Mari Ramos_, á _Mari Moco_, á _Mari

Gargajo_ y á _Maritornes_. En Juan del Encina se lee: «Sabete que

Bartolilla | La hija de Mari-Mingo | Se desposó di domingo». En Aragón

Mari-prisas, Mari-enredos, Mari-apuros, etc., se aplican lo mismo á los

hombres, hombre de las prisas, enredos ó apuros. En Hernán Núñez: «Á

_Mari_-ardida (atrevida) nunca le falta mal día: Á _Marimontón_, Dios

se lo da, y Dios se lo pon».

¿Qué es lo que hizo que estos dos nombres propios Perico y María se

convirtieran en apelativos de hombre y mujer y aun se aplicaran á

plantas, animales y á otros objetos? La atracción entre las ideas y

sus nombres. Pero esta atracción lleva á modificar fónicamente los

vocablos, originando varios fenómenos que toman diversos nombres aunque

en resumidas cuentas no sean más que aplicación del mismo principio

analógico y relativo que caracteriza á nuestra inteligencia. No se

reduce el lenguaje á formas fónicas, cual si fueran objetos mecánicos

que una vez fabricados nos sirvan, como nos sirven la pluma y el papel

para escribir, el tenedor y la cuchara para comer. Es el lenguaje

un fenómeno psíquico, la psiquis cambia la significación y la forma

fónica de las palabras. De aquí la analogía, la etimología popular, la

contaminación y otros fenómenos que alteran el fonetismo.

_Analogía._--La analogía, tomada en su más amplia acepción, dió

antiguamente nombre á la que hoy llamamos _Morfología_, porque señalado

un tipo morfológico, una declinación, una conjugación, un sufijo

casual, derivativo, etc., se pueden formar otros muchos cortados por

el mismo patrón. Pero exagerándose esta ley, en que se funda todo

el lenguaje, se aplica á veces, ya en el terreno fonético, ya en el

semántico, á despecho de otras leyes. Cuando el niño dice sabo por sé

no hace más que aplicar la ley de la analogía: así como de tropezar

dice tropiezo, así de saber dice sabo, de caber cabo, á despecho de

las leyes que hicieron sé de sapio, quepo de capio. En el terreno

semántico los términos correlativos tienden á uniformarse en el sonido,

y si se dijo primero, se formó por analogía postrero, dejándose el

postremus latino, con diestra se igualó siniestra, que según ley

debiera haberse dicho sinestra, de sinĭstra. La analogía obra sobre

todo en los verbos, unificándolos conforme á un único patrón, y en

los pronombres, adverbios y demás formas correlativas. La forma de

genitivo en Lunes, Miércoles, se debe á la de Jueves, Martes, Viernes.

Llevar de lievar tiene diptongo por las formas lievo, lievas de lĕvo,

lĕvas, que lo tenían por evolución regular; y otro tanto sucedió más

tarde con otras formas verbales y nominales, que han tomado ó dejado el

diptongo originario por adaptarse á otras formas del mismo radical.

Una vez tomados del latín ciertos vocablos se añadieron sus sufijos á

otros muchos radicales: así el -entar de calentar, caliente, se añadió

á temas no participiales, alentar de alare, ahuyentar de huir. Por

la analogía se forman los pseudo-sufijos, ó sufijos, que no siéndolo

etimológicamente, se toman como tales. En muche-dumbre es -dumbre un

pseudo-sufijo, por analogía con pesad-umbre, donde la -d es del tema

pesado.

Los nombres neutros latinos en -us se tomaron, ya como plurales por

creerse que lo era la -s, ya como singulares; pero al cabo perdieron

esta letra que parecía de plural. Pechos de pectus, pero aún decimos

«tomar á pechos», «le atravesó los pechos», y en Navarra el pueblo lo

usa casi siempre en plural. Díjose antes «tener ó dar en, á peños,

dar peños», de pignus, luego empeño. «Hubo en tiempos, en tiempos

de...», de tempus. Lo mismo lado viene del lados antiguo como plural

del latus singular, virto ant. salió de virtos, tomado como plural

del virtus singular. Los plurales neutros en -a se sustituyeron por

los ordinarios en -s: prado-s y no prada de pratum. Algunos plurales

en -a se consideraron como singulares femeninos: arma, obra, ya eran

singulares en latín, aunque en literario fueran plurales; pero hueva

de ova, entraña, boda, ceja, herramienta, hoja, leña, son en su origen

plurales neutros. Los adjetivos en -or, -on han tomado -a para el

femenino, hablador y habladora, ladrón y ladrona.

_Etimología popular._--El hombre pretende que sus vocablos no sean

enteramente convencionales, sino que respondan á la idea; y cuando

no halla esta relación, él mismo se la busca. El nombre de la ciudad

de León era Legionem en latín; pero legión no existía en castellano

vulgar, y en cambio león tenía ya un sentido propio; el pueblo

creyó que León se refería al león, y dió por emblema á la ciudad y

á su reino el león. Truchuela se conformó con trucha por sonar este

término á algo concreto que parecía ser el origen del diminutivo

truchuela, una vez olvidado trechar de tractare, ó no conociendo la

relación que lo unía: así truchuela, derivando de trechar, se dijo en

vez de trechuela. Vagabundo nada decía á los oídos del pueblo, y lo

convirtió en vagamundo, creyendo que se trataba de vagar por el mundo.

Artemisa sonaba como á misa y alto, y se convirtió en altamisa. El

paraveredus céltico por caballo de posta, sonaba á cosa de freno, y

se convirtió en parafrenum, palafrén. La necro-mantia ó adivinación

por los difuntos, se creyó que como cosa de magia negra había que

llamarla nigromancia. Capi-gorrón ó que anda viviendo de gorra, se

formó de gorra en el sentido de comer de gorra; pero creyéndose que

significaría la gorra, se le añadió capí-. A veces los sabios son

pueblo. La estrella α del León se llama Regulus: es una alteración del

arábigo ridjl al-asad pie del león, por sonar ridjl pie como regulus.

En cambio ha quedado intacto _Rigel_, nombre de la β de Orion, del

mismo ridjl arábigo. Y eso que ambas estrellas se encuentran al _pie_

ó _ridjl_ de esas constelaciones. Entre las gentes del pueblo, que lo

diga Sancho, los términos incomprensibles se hacen claros: por busilis

hay quien dice «ahí está el fusilis», por de alto bordo «de alto

gordo», por momento «memento» «y los nabos en al viento», por hombre

de carácter se oye decir entre el pueblo «yo to mucho _carate_», como

si se tratara de cara, «no subió el Ayuntamiento á tomar la comunión

allá al _Pepiterio_», «meterse en los _lobos_ (globos) y ir polaire»,

«jué en la guerra é la _pendencia_ (independencia)», «unas siñoras

_dalto gordo_ han formau una suciedá», «se destruya» por se instruya,

«iconocanastas» por iconoclastas, «los que han estudiau tiología y

morral»[27].

_Contaminación._--Palabras de significado parecido y de sonido

semejante se contaminan, tomando la una algún sonido de la otra.

Del antiguo aborrir pudo formarse aburrir contaminándose con burro,

siguiendo la tendencia á formar verbos de los nombres de animales,

como azorarse de azor. Ensalzar se contaminó con otras formas ens-

de ex-, escupir con otras en es. La contaminación es en estos casos

puramente fónica; en el anterior es semántica y se confunde ya con la

etimología popular. La contaminación fónica es, á su vez, un caso de

analogía entre términos parecidos. Ensanchar viene de ancho y de en-,

pero con la silbante de ensalzar. Carnecería se lee en la mayor parte

de los rótulos de Madrid, que debieran decir carnicería, como se dice

carnicero, de carniza; pero se piensa en carne por haberse olvidado

este origen.

_La ortografía._--Los eruditos, que parece debieran estar más al tanto

de los fenómenos lingüísticos, caen con mayor facilidad en ciertas

aberraciones que solemos achacar al pueblo. Cuando el habla no sólo

se aprende y se maneja con el oído, su órgano propio, sino con los

ojos, por la lectura, se toma como norma del lenguaje la escritura,

que no es más que su signo. De aquí la descabellada fórmula de los que

han dicho que la pronunciación debe adaptarse á la escritura y no la

escritura á la pronunciación, «porque la pronunciación es deleznable

y propia de todo el mundo, donde los más son idiotas é ignorantes;

mientras que la escritura es más fija y exclusiva de los sabios», como

dijo Guillaume des Autels. Entre las personas de buen tono es muy

corriente esta manera de pensar, y así se les ve pronunciar letra por

letra como si estuvieran leyendo. Hasta el siglo XVI la h procedente

de f latina tenía un sonido gutural suave, como todavía se conserva

en el pueblo, juerte, juerza; pero la reacción erudita la cambió en

f en la ortografía. Es tal el influjo de la escritura, que de signo

gráfico, debido á un capricho de erudición mal entendida, puesto que

lo que sonaba era h, y no f, que siempre ha sido un signo de un fonema

muy distinto, se convirtió en verdadero sonido, cambiando el antiguo

fonema h en el moderno dento-labial f, fuerte, fuerza. El haberse

añadido la c etimológica á la grafía antigua _dotor_, que respondía

á su pronunciación, fué causa de que hoy no sólo escribamos, sino

que pronunciemos _doctor_. La ortografía es la que ha introducido en

la pronunciación todos esos fonemas que el castellano había dejado

y que en el mismo latín vulgar ya no se pronunciaban, la n ante s,

inspeccionar; la x, exasperar, extender; la m ante labial, imfame,

amparar; la doble c, acción; la doble n, perenne; la b y la p ante

algunas consonantes, abstenerse, apto, etc., etc.

_Eufemismos._--Por temor, por respeto, por decencia se quisieran dejar

de emplear ciertos términos; pero la idea, la pasión los traen á la

boca, y en la indecisión se sale del paso modificándolos algún tanto

en el sonido. Tal es el origen de pardiez en vez de por Dios, diantre

por diablo, mecachis, por vida de sanes. La reina Cristina tuvo la

mala suerte de verse convertida en el albañal de todos los juramentos

desviados de Cristo, y Santander lleva camino de serlo de los desviados

de los Santos. Las mujeres, no atreviéndose con el _cunnus_ de los

hombres, le ponen faldas haciéndolo femenino, y hasta los niños se

atreven con él, terminándolo en el sonido más débil e.

_Términos hipocorísticos._--Son los que por cariño se recortan, se

repiten y adaptan al lenguaje infantil. Se nota la abreviación, sobre

todo en nombres propios, debiéndose al hipocorismo y á su frecuente

empleo para llamar Tanis = Estanislao, Boni = Bonifacio, Trini =

Trinidad, Nati = Natividad, Presen = Presentación, Patro = Patrocinio,

Encarna = Encarnación, Sindo = Gumersindo, Fani por Estefania; en el

_Cid_ Fernán por Fernando, Galin por Galindo, Ferrán por Ferrando,

Jeron por Jerónimo, etc. Á veces se han transformado enteramente: Pepe,

Pepito, Pepín por José; Frasco, Frasquito, Pachito por Francisco; Lola

por Dolores; Perico, del antiguo Pero, por Pedro; Santiago, Saiago, de

Sant y Iago por Iacobo, Jaime como James y Jacome, Jeromo por Jerónimo.

Existen otras causas más secundarias que modifican los vocablos,

como la moda, el lenguaje rufianesco, los retruécanos, el influjo de

la rima y de las consonantes, «que obliga á decir que son blancas

las hormigas», etc. Debo advertir que los términos infantiles, los

rufianescos y los de los carreteros de ordinario, en vez de ser formas

modificadas, son las más primitivas, y forman el más profundo estrato

del lenguaje, como tendré ocasión de exponer despacio en otro lugar.

Cabos sueltos: Literatura y lingüística · 第 79 / 81 题