En los días posteriores exploramos la caverna.
Había en un rincón dos sepulcros antiguos que tenían la forma de un
trapecio geométrico, al cual se le uniera un círculo en el lado más
largo de los dos paralelos. Yo sabía que éstos eran sepulcros, porque
me habían enseñado otros iguales tallados en piedra en Duruelo, detrás
de la iglesia, y en Covaleda, en un pozo que llaman de San Millán.
El Gato había abierto una de las tumbas, pero no encontró en ella más
que tierra y ceniza.
En esta época de vida troglodita, el Gato y Ganisch manifestaron
grandes condiciones para la vida salvaje.
Hicieron cucharas, tenedores y vasos con trozos de madera y dos
cuchillos con el bocado de un caballo. Yo me arreglé una hamaca con las
correas de los arneses, para no dormir en el suelo, porque comenzaba á
tener nuevamente dolores reumáticos.
Decidimos esperar á que se serenara el tiempo definitivamente; mal ó
bien, podíamos aguantar allí.
Todos los días salíamos de caza, y cogíamos lobos y zorros en trampas
que ponía el Gato.
También llevamos en un trineo hecho con palos una gran cantidad de
hierba seca que encontramos en una tenada de pastores.