Se reunió el Consejo de Guerra, al que asistieron casi todos los
oficiales franceses que había en Burgos y gran parte del vecindario.
El director nombró para su defensa al teniente coronel Ernesto Fajols,
militar muy instruído, paisano de Darmagnac y secretario del mariscal
Bessières, duque de Istria.
Fajols se encontraba accidentalmente en Burgos. Poco afecto á Dorsenne
y muy amigo del director, pondría todos los medios para conseguir su
libertad.
El Consejo de Guerra nombró como intérprete á don Miguel de Pedrorena,
el amigo y huésped de Thiebault, que conocía perfectamente el francés.
El fiscal leyó su escrito, reconociendo que no había pruebas. Después
el teniente coronel Fajols elogió la respetabilidad y el talento del
director.
Se preguntó á don Fernando si tenía algo que alegar, y habló el
director defendiéndose, con la maestría que le caracterizaba, una hora
entera.
--Cierto. Está bien, muy bien--dijo varias veces el general Thiebault.
Se mandó retirar al reo á una salita separada con su defensor y su
intérprete, se evacuó de público el estrado, y los jueces se reunieron
para dictar la sentencia.
Al cabo de una hora se hizo público el veredicto de inculpabilidad del
acusado.
Dentro de las leyes, el director debía ser puesto en libertad; pero
antes de que el coronel presidente del Consejo de Guerra dictara esta
providencia, recibió una comunicación del conde de Dorsenne en la cual
se le prevenía que, en el caso de que recayese sentencia absolutoria
sobre el director, debía volver á la prisión.
Este acto de arbitrariedad levantó protestas entre los generales
poco amigos de Dorsenne, y Thiebault no se recató en decir que con
injusticias como aquella se desacreditaba y se hacía imposible en
España el gobierno de José Bonaparte.
V