EN EL DESFILADERO DE PANCORBO

La razón de la orden de Dorsenne estaba justificada. Dorsenne, desde su

punto de vista, creía, y con motivo, en la culpabilidad del director.

Lo consideraba hombre hábil y peligroso, y á pesar de tratarse de

un reo absuelto, mandó le vigilaran estrechamente por si sus amigos

fraguaban alguna emboscada para libertarle.

Al día siguiente llevaron una berlina á la puerta de la cárcel, sacaron

al director, le metieron en el coche acompañado de un comisario de

policía y un agente, y escoltados por un pelotón de gendarmes tomaron

la calzada de Francia.

Nosotros, Lara y yo, enviamos una carta al coronel Blanco.

Le contábamos en ella lo ocurrido, le explicábamos la dirección que

iba á llevar el coche, y le proponíamos atacar al convoy enemigo en el

desfiladero de Pancorbo.

Lara y yo, en compañía de Ganisch y de García, adelantamos pronto al

coche y á la escolta. Nuestros asistentes se quedaron en Briviesca, y

nosotros nos instalamos en Pancorbo en una venta que llamaban del tío

Veneno.

El desfiladero de Pancorbo es una estrecha hendidura que corta los

montes Obarenes. Tiene un aire imponente y trágico.

Yo conocía bastante bien este romántico desfiladero, con sus enormes y

fantásticas rocas que parece que van á desplomarse sobre el viajero.

Se comprende que la garganta de Pancorbo se haya considerado como punto

de cita internacional de ladrones, de gitanos y de compra-chicos.

En algunos puntos, alejándose del pueblo hacia Miranda, el desfiladero

se estrecha hasta tal punto, que no deja lugar mas que para la

corriente de agua de un riachuelo que se llama el Oroncillo y para la

calzada.

Próximamente en medio de la garganta había, y creo que seguirá

habiendo, una capilla pequeña empotrada en la roca, con un altar y una

imagen de la Virgen.

La Virgen es Nuestra Señora del Camino, protectora de los viandantes.

En la cumbre del desfiladero, en el alto de Foncea, había un castillo

rodeado de fortificaciones hechas por los españoles con motivo de la

campaña contra la República Francesa, en 1795, y después ampliadas por

los imperiales al comienzo de la guerra de la Independencia.

Este castillo lo destruyeron definitivamente los franceses cuando la

entrada de los cien mil hijos de San Luis.

Contando con gente, yo consideraba fácil atacar la escolta y detenerla

en un camino tan estrecho. Bastaba con apostar sigilosamente unos

cuantos hombres cerca de la ermita y detrás de algunas piedras,

apoderarse del coche, tomar el camino de Miranda de Ebro y dispersarse,

al salir del desfiladero, hacia la aldea que se llama Ameyugo. Los de

la escolta, seguramente, avisarían á los de los fuertes, si éstos no

bajaban en seguida al ruido de los tiros; pero lo más probable es que,

valiéndose de la sorpresa, hubiera tiempo para huir.

Esperamos un día y una noche en la venta del tío Veneno por si Merino ó

el coronel Blanco nos daban órdenes ó enviaban auxilios.

Yo creía que con pocos hombres, con veinte ó treinta, nos bastaban para

detener á los gendarmes de la escolta.

Al día siguiente supimos por un arriero que el director, en su coche,

había parado en el mesón del Segoviano, de Briviesca, conocido por

Ganisch y por mí por haber estado en él al salir de Irún con Fermina la

Navarra y la Riojana.

El dueño de la posada de Briviesca, el señor Ramón el de Pancorbo, muy

amigo del director, le dió á éste una ropa de abrigo, una gorra, una

buena capa y algunas onzas de oro.

Al día siguiente, por la tarde, Lara y yo vimos pasar el coche del

director, con un pelotón de escolta por delante de nosotros.

Yo me coloqué de manera que el director me viese, y comprendí por su

mirada que me había reconocido.

De Merino no había que esperar nada. El cura no se ocupaba de sus

amigos caídos en desgracia.

El Escuadrón del Brigante · 第 170 / 283 题