EL CORONEL BREMOND EN LA VID

El coronel Bremond estaba á media tarde en Peñaranda, y después de dar

un refrigerio á los hombres y un pienso á los caballos emprendió la

marcha por San Juan del Monte y llegó al monasterio de la Vid á prima

noche.

El coronel, á pesar de hallarse gravemente herido y febril, antes de

entrar en el convento inspeccionó sus alrededores.

Vió el puente de sillería sobre el Duero; puente largo de doce ojos,

estrecho, fácil de defender.

Mandó á sus soldados rendidos, hiciesen un parapeto con carros, vigas

y piedras, y puso allí dos hombres de centinela.

El convento quedaba oculto por una cortina de chopos, y ordenó á los

granjeros de la Vid cortaran en seguida las ramas de los árboles más

próximos al puente.

En las ventanas del monasterio quedarían cuatro centinelas.

Dadas sus disposiciones, se decidió á entrar en el convento.

Los frailes le apearon de la yegua y le acostaron en la cama del abad

don Pedro de Sanjuanena. El abad era natural de un pueblo de Navarra,

y, cosa rara en un fraile de la época, un tanto liberal y afrancesado.

Mientras un lego algo práctico en cirugía menor hacía la primera cura

al coronel, éste dictaba un parte á uno de sus veteranos herido en el

brazo izquierdo.

El parte de Bremond iba dirigido al comandante militar del cantón

de Aranda. Le participaba lo ocurrido y le pedía enviara la fuerza

disponible, pues se hallaba expuesto á un sitio donde podían perecer

todos.

El abad despachó á un criado del convento con el parte.

Al amanecer del día siguiente llegaron al monasterio, aspeados, llenos

de barro, un sargento primero con veinte gendarmes que lograron escapar

de la matanza de Hontoria. Casi todos ellos eran de los exploradores

que habían marchado por las crestas del desfiladero.

Pocas horas después, á las seis ó siete de la misma mañana, el

comandante del cantón de Aranda se presentó en el monasterio con

doscientos soldados de infantería y cincuenta caballos. Le acompañaba

un cirujano de la ciudad, don Juan Perote.

Perote reconoció la herida del coronel; según dijo, no se podía extraer

la bala sin practicar una operación cruenta. Respecto á trasladar el

coronel á Aranda, de hacerlo, había que tomar grandes precauciones,

pues la herida se hallaba muy inflamada y el paciente tenía una

calentura terrible.

El comandante de Aranda determinó continuar en el monasterio un par de

días para dar tiempo de descanso á los dragones y gendarmes de Bremond

y ver si llegaba algún nuevo fugitivo de Hontoria.

El Escuadrón del Brigante · 第 148 / 283 题