COMENZABA EL CREPÚSCULO

Decidimos llevar el cadáver de Martín sobre un caballo.

Volvimos á montar. Comenzaba el crepúsculo y aumentaba nuestra tristeza.

Íbamos marchando hacia Hontoria, cansados, embebidos en nuestros

pensamientos, cuando nos soltaron una descarga y vimos que el Brigante

se inclinaba en su caballo.

Lara y dos guerrilleros que estaban cerca de él fueron á socorrerle y

le sujetaron en sus brazos.

--Son los nuestros--dijo el Tobalos.

--¡A ellos!--exclamé yo--. ¡A pasarlos á cuchillo!

Con un pelotón de cincuenta hombres me lancé al galope hacia los

matorrales de donde habían partido los tiros. Vimos varias sombras que

corrían á lo lejos en la obscuridad.

A uno de ellos, el Tobalos, Ganisch y yo le perseguimos hasta

acorralarlo. Yo le alcancé y le di un sablazo en la cabeza. Estaba el

hombre vacilando, cuando el Tobalos le soltó un trabucazo á boca de

jarro que le hizo caer inmediatamente al suelo.

Ya satisfecha nuestra venganza, volvimos hacia el lugar donde había

sido herido el Brigante.

Al acercarnos comprendimos que había muerto. Estaba su cuerpo tendido

sobre la hierba, y Lara, descubierto, le contemplaba.

Al acercarme á él, Lara me estrechó la mano y dijo:

--Ha preguntado por ti. Ha dicho que le digamos á ella que ha muerto

pronunciando su nombre.

Lara tenía lágrimas en los ojos. Yo sentía no ser tan sensible como él.

Decidimos colocar el cadáver en un caballo y llevarlo á Hontoria.

Fué una expedición lúgubre. Había obscurecido; sólo quedaba una ligera

claridad en el cielo. Los cuervos iban posándose silenciosamente en la

tierra; se oían sus graznidos. Algunos hombres y mujeres sospechosos

andaban por el campo escondiéndose entre los matorrales. Los perros

hambrientos de los contornos se acercaban al olor de la sangre. Era

una gran fiesta para todos los animales necrófagos: cuervos, cornejas,

buitres, gusanos, perros hambrientos y demás comensales de la Muerte.

Marchábamos mudos por el campo obscuro, sembrado de cadáveres.

En algunas partes habían encendido hogueras con ramas de pino, donde

quemaban los cuerpos de los hombres y de los caballos y el viento

jugaba con el humo acre, trayéndolo á veces á la garganta.

El Escuadrón del Brigante · 第 141 / 283 题