LA REPÚBLICA

Quiso aprovechar también el entusiasmo que producía en sus soldados

las canciones revolucionarias, y mandó á dos sargentos jóvenes que las

cantaran.

El comandante quedó á retaguardia con sus tiradores, volviéndose á cada

paso para observar las maniobras del enemigo.

Nuestro escuadrón fué de prisa á rodear y salir de nuevo al encuentro

de los franceses.

De lejos, aquella masa de soldados imperiales, cantando, hacía un

efecto extraordinario. Cuando pasaron á no mucha distancia de nosotros,

el viento traía la letra de Le Chant du Depart cantado por uno de los

sargentos.

La victorie en chantant nous ouvre la barrière;

La Liberté guide nos pas,

Et du Nord au Midi la trompette guerrière

A sonné l'heure des combats.

¡Tremblez, ennemis de la France,

Rois ivres de sang et d'orgueil!

Y el coro de soldados, como un rugido de tempestad, exclamaba:

La République que nous appelle

Sachons vaincre, ou sachons perir

Un français doit vivre pour elle,

Pour elle un français doit mourir.

Y volvía de nuevo otra estrofa, y volvía de nuevo el coro.

--¿Qué es la _Republique_? ¿La República?--me dijo el Brigante.

--Sí.

--Yo creí que éstos gritaban: ¡Viva el emperador!

--Sí; pero cuando están en peligro se acuerdan de la República.

Aquella voz francesa, aguda, rara, sonaba para mí como algo

extraordinario en el día gris, en medio de las verdes montañas. Quizá

desde el tiempo de la República Romana no se había repetido jamás allí

esta palabra.

La canción de Chenier, como un canto de victoria, llevaba á los

franceses á la salvación.

Merino comprendió que mientras el enemigo tuviera aquel comandante no

se podría con él, y mandó á sus mejores tiradores fueran acercándose á

los franceses, con orden de disparar únicamente al jefe.

No era la cosa fácil, ni mucho menos, porque los tiradores de los dos

flancos del escuadrón francés iban explorando la zona de ambos lados.

Los guerrilleros, que conocían bien las sendas y disparaban con más

puntería, marcharon, unos á pie y otros á la grupa de los soldados de

caballería hasta avanzar, y luego desmontaron y fueron ocultándose

entre los pinos y los matorrales.

Los franceses se nos escapaban. El escuadrón de Burgos iba picándoles

la retirada. El Brigante se hallaba dispuesto á atacarles por tercera

vez, á no dejarles un momento de descanso.

De pronto, desde un gran matorral de retamas comenzaron á disparar;

un pelotón de franceses se lanzó á rodear el matorral de donde habían

partido los disparos, y en el momento en que el jefe miraba, hacia

aquel lado, varios guerrilleros se acercaron por el opuesto; sonaron

diez ó doce tiros y Fichet cayó de su caballo.

El Escuadrón del Brigante · 第 137 / 283 题