LA MARSELLESA

Los guerrilleros, al ver que abríamos brecha en los franceses, se

acercaron de nuevo, gritando:

--Avanza la caballería. Son nuestros. ¡Adelante!; y rodearon al enemigo

como una manada de lobos hambrientos.

Los franceses empezaron á vacilar, á cejar.

Los españoles, con nuevas tropas de refresco, avanzaban, cada vez más

decididos. Ya nos veíamos unos á otros, y nuestros gritos pasaban por

encima de los franceses.

De pronto, el comandante Fichet, que se encontraba en el centro, á

caballo, se descubrió, tomó la bandera y estrechándola, sobre el pecho,

comenzó á cantar la Marsellesa. Todos los soldados franceses entonaron

el himno á coro, y como si sus mismas voces les hubieran dado nueva

fuerza, rehicieron sus filas, se ensancharon y nos hicieron retroceder.

Aquella escena, aquel canto, tan inesperado, nos sobrecogieron á todos.

Los franceses parecían transfigurarse: se les veía entre el humo, en

medio del ruido de los sables y de los gritos é imprecaciones nuestras,

cantando, con los ojos ardientes llenos de llamas, el aire fiero y

terrible.

Parecía que habían encontrado una defensa, un punto de apoyo en su

himno; una defensa ideal que nosotros no teníamos.

Sin aquel momento de emoción y de entusiasmo, las tropas francesas

se hubieran desordenado. Fichet, que conocía, sin duda, muy bien á

su gente, recurrió á inflamar el ánimo de sus soldados con canciones

republicanas.

Nosotros nos retiramos.

Los franceses tuvieron la convicción de que aquel ataque furioso había

sido nuestro máximo esfuerzo. Esta convicción les tranquilizó.

Los del Brigante nos alejamos del lugar del combate, y siguió de parte

de los guerrilleros el fuego graneado.

Fichet, después de recoger los heridos y de reorganizar la columna,

se puso en marcha formando un cuadro, algunos tiradores de á caballo

en los flancos, y á retaguardia los demás, que iban retirándose

escalonados.

Fichet no quiso, sin duda, avanzar rápidamente, para no dar á sus

soldados la impresión de una fuga, y fué marchando con su columna con

verdadera calma.

El Escuadrón del Brigante · 第 136 / 283 题