LOS PROCEDIMIENTOS DE DORSENNE

Dorsenne era uno de tantos generales ineptos con que cuenta todo

ejército, aun el más seleccionado, como el de Napoleón.

Realmente, los jefes que envió á España Bonaparte con el ejército

imperial se distinguían, muchos, como valientes; algunos, Soult, Suchet

y Massena, como buenos estratégicos; pero en política, no hubo uno que

dejara de ser una perfecta nulidad.

Además, todos ellos trascendían á cuartel que apestaban. A pesar de sus

títulos, perfumes, bordados de oro y penachos, se veía siempre en ellos

al soldadote cerril.

El francés, que es capaz de inventar en las ciencias y de trabajar como

excelente obrero en las artes y en la industria, no tiene la curiosidad

generosa necesaria para entender á los demás pueblos. En esto no se

parece en nada al ateniense ni al romano. Al francés no le interesa mas

que su Francia y su París.

Es, naturalmente, _casanier_, como dicen ellos.

Sólo así se explica el fracaso de la dinastía de Bonaparte en España.

Dorsenne, que no sabía atraerse á la gente, consideró el súmmun de

su política la crueldad. Llevado por este sistema radical y sumario,

ahorcaba á cuanto aldeano se encontraba en el campo por delaciones y

vagas sospechas de relación con los guerrilleros.

Cuando consideraba la complicidad evidente ó suponía era necesario un

escarmiento, mandaba colgarlos de antemano por los pulgares.

En la orilla izquierda del Arlanzón había mandado levantar en una

colina tres horcas, y este Calvario era el sitio elegido para las

ejecuciones por el bello Poncio francés.

Decía la gente del pueblo que le gustaba á Dorsenne ver desde su casa

tres cuerpos de patriotas colgando, quizá por razón de ese amor á la

simetría, á la cual rinde culto el alma francesa desde los tiempos de

Racine. Una mañana el conde vió que faltaba un ahorcado en el cerro

de las ejecuciones, quizá comido por los cuervos ó devorado por los

gusanos, é inmediatamente envió á un oficial suyo con orden de que

sacase un preso de la cárcel y lo mandara colgar en la horca vacante

que por clasificación le correspondía.

Dorsenne quería que los árboles próximos á Burgos ofrecieran á los

ojos del caminante, como frutos de la insurrección, los cuerpos de los

campesinos colgados.

Los guerrilleros, para completar la flora peninsular, junto al árbol

adornado con españoles ofrecían el engalanado por los soldados

franceses.

Uno y otro árbol, en las noches calladas, debían comunicarse sus

quejas, arrancadas por el viento, y el perfume pestilente de sus frutos

podridos.

El Escuadrón del Brigante · 第 115 / 283 题