Al día siguiente Merino comenzó sus preparativos para apoderarse del
convoy francés que había de dirigirse á Ciudad Rodrigo.
Pensaba dar el golpe sólo con la caballería. Las fuerzas de infantería
que mandaba el comandante Angulo las envió hacia la orilla del Duero,
entre Peñaranda y Hontoria de Valdearados.
Luego mandó de vanguardia á la gente del Jabalí, y á nosotros los del
Brigante para que, cruzando el Duero por la Vid, nos internáramos en la
provincia de Segovia, pasando por cerca de Sacramenia y Fuentidueña á
acampar en los pinares de Aguilafuente.
De aquí nos iríamos aproximando de noche á la carretera.
Pocos días después despachó al escuadrón de Burgos para que se reuniera
con nosotros. Este escuadrón estaba formándose y era todavía de muy
pocas plazas.
Mientras tanto, Merino quedó en la sierra con veinticinco jinetes
escogidos y cincuenta serranos de á pie, armados de escopetas.
Merino y los suyos se acercaron por la madrugada á algunos pueblos
ocupados por los franceses é hicieron el simulacro de atacarlos y
llamar su atención sin recibir mayor castigo.
Merino hizo creer á los franceses que seguía con su partida por los
riscos de la sierra. Se valió también de su sistema de dictar á los
alcaldes y justicias de los pueblos partes dirigidos á los jefes de
cantón afirmando que el cura se había presentado en este ó en el otro
punto al frente de doscientos á trescientos hombres, sacando raciones y
cometiendo varios atropellos.
Al recibirse aviso de Burgos de la salida del convoy francés para el
sitio de Ciudad Rodrigo, Merino licenció á sus escopeteros serranos, y
con los veinticinco hombres que le quedaban recorrió en pocas horas la
enorme distancia, para hacerla de una tirada, que hay desde Quintanar
de la Sierra hasta Fuentidueña.