REFLEXIONES ACERCA DE UN MANDAMIENTO

¡Cuántas veces al recordar aquella época he pensado en ese tópico

que tanto se repite: la influencia del cristianismo en la dulzura de

costumbres y en la civilización!

Los mismos escritores impíos y racionalistas aseguran que el

cristianismo hace á los hombres más dulces y suaves. ¿En dónde? ¿Cuándo?

Si al cabo de diez y nueve siglos de predicación apostólica nos

seguimos acuchillando unos á otros sin piedad, ¿en qué se conoce la

eficacia del cristianismo?

Los que hemos visto tantos hombres con las tripas al aire, con los

sesos fuera; los que hemos presenciado casi diariamente el espectáculo

de ahorcar, fusilar, acuchillar, abrir en canal, presidido por gente

católica y rezadora; los que hemos conocido á curas de trabuco que

sabían enarbolar mejor el puñal que la cruz; los que hemos encontrado

las sacristías convertidas en focos de conspiración y los conventos

preparados como cuarteles, no podemos menos de reirnos un poco de la

eficacia de la religión.

Los eclécticos nos dirán: Es que ésos son los malos curas. Yo les

contestaría que ni aun los buenos han sabido dar lecciones de humanidad

y de bondad.

En cualquier parte se oyen predicadores que nos quieren demostrar que

una pequeña manifestación de sensualidad merece el infierno. El hombre

que mira á una mujer con amor, que la besa ó la abraza; la mujer que

se adorna ó cubre sus mejillas con un poco de blanco ó de rojo para

parecer más bonita, comete un pecado horrendo; en cambio, ese cabecilla

carlista que se dedica á fusilar, á degollar, á incendiar pueblos, ése

es un bendito que trabaja por la mayor gloria de Dios.

¡Qué estupidez! ¡Qué salvajismo!

Si al menos los sacerdotes de todas las sectas cristianas hubieran

tenido la precaución de asegurar que uno de los mandamientos de la

ley de Dios es _No matarás... en tiempo de paz_, y no No matarás

sólo, estarían en su terreno bendiciendo espadas, fusiles, banderas y

cañones; pero esos libros santos son tan incompletos, que han hecho que

los que creen en ellos tengan que dividir el mandamiento No matarás en

dos secciones: la de la paz y la de la guerra.

Cuando se depende del ministerio de la paz, matar es un crimen; en

cambio, si se depende del ministerio de la guerra, matar es una virtud.

En el primer caso, matando se merece el garrote; en el segundo, el

Tedéum.

Alguno dirá que esto es difícil de entender y absurdo; pero otros

absurdos más difíciles de entender hay en nuestra religión, y, sin

embargo, los creemos.

El Escuadrón del Brigante · 第 85 / 283 题