Supusimos que en la puerta de la muralla, al verme pálido y manchado de
sangre, me detendrían.
Bajé del carro, ayudado por todos, y estaba sin poder tenerme en pie,
cuando llegó una señora en un coche.
--¿Qué pasa?--dijo asomando la cabeza por la ventanilla.
La vieja doña Celia, desde su mula, explicó lo ocurrido en Briviesca
con los militares franceses.
--Este pobre muchacho no va á poder ir andando--advirtió la dama.
Contemplé á la señora, que era una mujer soberbia; tenía unos ojos
negros preciosos, la tez pálida y la expresión trágica. Yo la miraba
absorto, lleno de admiración.
No sé si en premio de mi entusiasmo la señora dijo:
--Que suba en mi coche; yo le llevaré. ¿Dónde tiene que parar?
--En la plaza.
Abrió doña Celia la ventanilla y, ayudado por Ganisch, subí al
carruaje, que echó á andar y entró por el arco de Santa María.
Al pararnos en la puerta un momento se acercó al coche un oficial
francés é hizo á la dama un saludo ceremonioso y le besó la mano.
Seguimos adelante.
--¿Le duele á usted la herida?--me preguntó la señora.
--Sí--contesté--, pero no me importa.
--¿Por qué?--preguntó ella extrañada.
--Por haberla visto á usted. Es usted muy hermosa, señora.
--Y usted es un chico. ¿A qué viene usted á Burgos?
--Vengo á hacerme guerrillero contra los franceses.
Ella se quedó asombrada.
--No lo diga usted en todas partes--me dijo--. Le pueden prender á
usted. Los franceses tienen muchos amigos. Yo soy amiga suya.
--¿De verdad?
--Sí.
--Pues lo siento.
--¿Por qué?
--Porque son unos brutos.
La señora me preguntó quién era y de qué familia; yo se lo dije, y
llegamos á la plaza. El carruaje se detuvo.
--¿Podrá usted bajar solo?--me preguntó la dama--. ¿O quiere usted que
llame á alguien para que le ayude?
--No, yo bajaré.
--Le mandaré á usted un médico esta noche.
--Muchísimas gracias, señora.
--Adiós, y no haga usted más tonterías.
Bajé del coche, y me quedé inmóvil agarrado á la portezuela.
--¿Qué espera usted?--me preguntó ella.
--Que me dé usted á mí también la mano á besar.
--Es usted un muchacho insoportable--replicó la señora riendo.
Y me alargó la mano, que yo besé con entusiasmo.
V