Vi el _Convento de San Pablo_ con su fachada gótica de filigrana, y el

contiguo de _San Gregorio_, más famoso que de mi agrado. Aquel _tour de

force_ de reducir á ojivas, doseletes y columnas los caprichosos giros

de una vegetación extravagante, parecióme pueril y necio. Reconozco el

artificio, la rareza, la originalidad; pero niego el arte, la poesía, la

propiedad, la belleza.--Prefiero, pues, la fachada de _San Pablo_.

Pasé por el _Ochavo_, lugar del suplicio de D. Álvaro de Luna.--Hace

poco tiempo había visto sus cenizas en la Catedral de Toledo, y aun

tenía que ver su Palacio convertido en casa de locos, y la _Iglesia de

Ajusticiados_ (San Andrés), en que depositaron todavía caliente su

ensangrentado cuerpo.

Templos contemporáneos de Peroansúrez, de Doña Urraca y de Alonso el

_Sabio_; esculturas de Pompeyo y Leoni, de Gregorio Hernández, de

Jordán, de Juan Juni, de Felipe Gil y de Gaspar Becerra, todo pasó ante

mis ojos en rápida confusión..... En el Museo de Pinturas vi tres

cuadros atribuídos á Rubens, uno de ellos hermosísimo, que llaman la

_Virgen de Fuensaldaña_, y representa el poético instante de la

_Asunción_ de María.--Estos tres cuadros nos fueron robados por los

franceses en 1808; pero los españoles los reconquistamos con las armas

en la mano en el ataque de Vitoria.

Recuerdo además un _Bodegón_, de Velázquez; una _Santa María Egipciaca_,

de Rivera; una _Cena_, de Vinci; una _Cabeza de San Francisco_ y un _San

Pedro Advíncula_, del dicho Rivera; nueve cuadros de la _Vida de la

Virgen_, de Lucas Jordán..... y, en fin, una multitud de lienzos

notables, si no de primer orden, de Palomino, Zurbarán, Murillo, Vandik,

Rubens, Valentín Díaz, etc.--El que no puedo menos de citar _nominatim_

es una _Magdalena_ de Correggio, digna de figurar entre las primeras

obras de este inmortal artista.

Algo más despacio visité el _Palacio de Felipe II_, ó bien la que era

morada principal de los Reyes de España cuando el melancólico hijo de

Carlos V tuvo la humorada de hacer á Madrid capital de sus Reinos.--No

vale mucho por dentro ni por fuera aquel vasto edificio; pero contiene

pormenores preciosos y recuerdos interesantes..... Entre los

_pormenores_, citaré los _bustos_ de medio relieve de Berruguete, que

adornan el patio interior, y, entre los _recuerdos_, el haberse alojado

allí Napoleón el Grande cuando vino á nuestra tierra á empequeñecerse.

Con todo lo cual, y haber recorrido salones en que se habían celebrado

Cortes y Concilios; casas particulares que fueron palacios de Reyes;

Alcázares convertidos en conventos; la casa de Alonso Pérez de Vivero

(ahora cárcel pública); el Palenque de mil torneos, antiguo _Campo de la

Verdad_, hoy _Campo Grande_, donde murió un Carvajal á manos de D. Pedro

Benavides, siendo Juez del combate el mismo Fernando IV el _Emplazado_,

salí de Valladolid después de tres días inolvidables, á las tres de la

tarde del 9 de Agosto, víspera de San Lorenzo.

III

De Valladolid á Palencia hay nueve leguas..... Corren paralelamente este

trayecto la carretera, el canal de Castilla, el ferrocarril de Isabel

II, el Telégrafo eléctrico y el río Pisuerga.--Estas cinco vías se

acercan unas á otras hasta el punto de hallarse unidas en algunos sitios

dentro de cien varas de anchura.

En un lado divisé el castillo de Dueñas, donde se verificó el casamiento

de Doña Juana la _Loca_; en otro el castillo de Tariego, al que se

acogió el Rey D. Ramiro después de una derrota; allá Torquemada, cuna de

Zorrilla; acá el pueblo de _Baños_, donde los tomaba el Rey Recesvinto;

por una parte, fábricas de harinas, también históricas, como que fueron

teatro de los famosos incendios de 1856; por otra, los productivos

campos de Castilla la Vieja, que se parecen al carácter de sus

habitantes en que, sin galas ni lujo de expresión, dan lo que prometen y

es una verdad lo que producen.

Cerca de la confluencia del río Carrión con el Pisuerga hállase un

Monasterio de Agustinos, en el que sólo queda con vida una campana.

Rodéanlo dos ó tres casas de pobrísima apariencia, y todo ello se llama

_Ventas de San Isidro de Dueñas_.--No lejos de _Venta de Baños_ dicen

que hay una _Capilla_ bizantina, del tiempo de Recesvinto.

En estas _Ventas_ se juntarán con el tiempo varios ferrocarriles. Por

consiguiente, allí habrá algún día un pueblo que empezará por una fonda,

un hospital y una estación, se aumentará con una cárcel y un café,

llegará á tener su mercado y su iglesia, aspirará luego á teatro y plaza

de toros, y concluirá por reclamar su Alcalde Corregidor.....

Pensando así, iba yo dejando á la izquierda el riquísimo _Monte de

Palencia_, cedido por D.ª Urraca á los pobres de esta Ciudad, quienes

ciertos días del año tienen todavía derecho á cortar todo lo que pueden

llevarse á cuestas.....--¡Y habrá quien se atreva á desamortizar aquel

terreno!.....--¿Cuándo cesará la imprudentísima campaña de la clase

media contra la clase pobre?

IV

Desde que se entra en la provincia de Palencia el suelo se quebranta y

empieza á rizarse en valles y colinas. Las llanuras castellanas se

_accidentan_, que diría un francés. Todo anuncia la proximidad de las

grandes montañas cantábricas.

Cerca de anochecer llegué á la antiquísima ciudad de _Palencia_, cuya

calle Mayor pudiera compararse en longitud--ya que ni por asomo en

hermosura--á la calle de Rivoli de París. Toda es de columnas y

pilastras, que forman soportales de forma irregular. Pasarán de mil

estos informes pilares de piedra que sostienen viejísimas casas cargadas

de escudos heráldicos.

Pero ¡ay! por dondequiera que voy, veo caerse á pedazos las más antiguas

ciudades..... El prurito de derribar para ensanchar ó reedificar, que se

ha apoderado de Madrid, trasciende ya á las más apartadas y sedentarias

villas.....--Mucho ganará en ello, no la higiene, sino el ornato

público; pero mucho perderán el arte, la historia y la

poesía.....--Dígolo, porque, en medio de aquellos nobles caserones de

Palencia, están ya levantando algunas jaulas de cinco pisos, para diez

familias y al estilo francés, que ponen espanto á los extravagantes como

yo, enamorados de lo viejo, tradicional y castizo, y sobre todo de la

libertad y la holgura.

--Pero es el caso que los edificios viejos llegarían á hundirse y á

aplastar á sus moradores.....--me observará alguno que presuma de

lógico.

--¡Pues reedifiquémoslos á la española, sin economizar tanto el terreno!

¡Viva cada cual en una casa y Dios en la de todos!--contesto yo, sin

miedo á las excomuniones de esos _cursis_, que creen que todo lo

extranjero es mejor que lo de España.

* * *

En _Palencia_ permanecí dos horas; de modo, que sólo vi la

_Catedral_.--Estaba ya cerrada; pero pude admirar desde luego su

gracioso conjunto, que es una especie de fortificación como la de

Almería, con dos fachadas del más puro estilo gótico.

Ya me retiraba, muy pesaroso de no haberla visto por dentro, cuando

divisé al sacristán, que abría un postigo y penetraba en el templo.

Entré en pos de él, mal de su grado (disgusto que se le pasó bien

pronto), y perdíme por las obscuras naves de la espaciosa iglesia, que

ya sabrás es uno de los más hermosos templos góticos de España, bien que

muy por debajo de las catedrales de Sevilla, Toledo y Burgos.

He dicho que estaba anocheciendo. De las altísimas ojivas caían largos

crespones de sombra. Sólo por la parte del trascoro, que mira á

Poniente, los calados rosetones dejaban penetrar alguna claridad

melancólica.....--¡No sé qué religiosa tristeza inundó mi corazón!

Allá, á lo lejos, distinguí la moribunda luz de una lámpara que ardía

detrás del altar mayor.--Era la _Capilla de los Curas_, donde yace el

cuerpo de D.ª Urraca de Castilla, como sobre la tumba yace su estatua.

Dijo el sacristán que, cuando en 1828 Fernando VII y la reina Amalia, su

esposa, volvían de las Provincias Vascongadas, desearon ver é hicieron

descubrir los restos de la ilustre hija de Alfonso VI de Castilla, y que

fué de admirar entonces la extraordinaria longitud del esqueleto.--¡Nada

menos que nueve palmos debió de tener de estatura la infortunada esposa

del _Batallador_!

Bajé luego á la célebre _Cueva de San Antolín_ ó _San Antonino_, patrón

de la ciudad, santuario subterráneo que sirve como de mística base al

gran templo que hay encima: admiré después, casi á tientas, ó sea á la

luz de uno y otro fósforo (pues la Catedral se había quedado á obscuras

y al sacristán se le había apagado y perdido la vela dentro de la

cripta), la magnífica sillería del Coro, las _verjas_ y los _púlpitos_;

me defendí á duras penas del mismo sacristán, empeñado en que

volviéramos á bajar, con un farol, al tal subterráneo, que parece ser su

ojo derecho; alegué, como era cierto y positivo, que tenía hambre, que

el reloj marchaba implacablemente, y que la Diligencia seguía su camino

á las nueve en punto, y logré, por último, salir de la iglesia y tomar

el camino de la fonda, casi receloso de que mi _cicerone_ de medias

negras se habría alegrado de que me quedase por toda la vida haciendo

penitencia en la _Cueva de San Antolín_.....

Andando por las ya iluminadas calles, hice la observación de que en

Palencia son las mujeres mucho más guapas que en otros pueblos de

Castilla.

V

Nada puedo decirte de las diez y ocho ó veinte leguas que hay desde

Palencia á _Alar_--las pasé durmiendo.

¿Qué son hoy, pues, para mí aquellas tierras que cruzó _mi cuerpo_, en

tanto que mi alma viajaba por otra parte, quizás por la Alcarria, quizás

por Andalucía? ¡Lo que la vida es para una vieja; lo que nuestras luchas

políticas ó controversias filosóficas son, verbigracia, para los

pastores de la Sierra de Gredos; lo que debió de ser, por ejemplo, para

mis amigas las monjas de Ocaña la muerte de lord Byron!.....--¡Maldita

la cosa!

Diez horas estuve detenido en _Alar del Rey_, almacén de trigo y harinas

destinados al tráfico por el _Canal de Castilla_ y Estación de un

ferrocarril que irá á Santander con el tiempo, pero que ahora sólo llega

á _Reinosa_.....

A las cuatro de la tarde salió al fin un tren para este punto.....--El

tren se componía de tres ó cuatro coches, ocupados por diez ó doce

personas.....

Parecía aquello una sombra de ferrocarril..... Pero yo me alegré en el

alma de hacer aquellas nueve leguas tan solitaria y cómodamente,

corriendo de una ventanilla á otra para admirar soberbios paisajes

montañosos, en que se veían confundidos árboles, rocas, malezas,

viaductos, prados, cabañas, _túneles_, desmontes, bosques, arroyos,

puentes..... ¡Todos los encantos de la naturaleza y de la civilización!

Al cabo de dos horas estaba en Reinosa, á las orillas del incipiente

_Ebro_, cerca de los nevados puertos que dan paso á la provincia de

Santander.....--Y allí tomé la Diligencia para la _aldea_ en que escribo

estas líneas; aldea que tiene la dicha de no estar en el mapa, pero que

no va á librarse por eso de figurar en letras de molde.

VI

Estoy en el valle de Buelna, á orillas del Besaya, en la jurisdicción de

_Los Corrales_, en el corazón de las montañas de Santander.

Imagínate cien casas desparramadas sin concierto á lo largo del valle;

es decir, imagínate entre casa y casa todo un prado, y á las veces dos

ó tres huertas con árboles frutales.--He allí la _Iglesia_, sola en

extenso campo, como un monasterio, y rodeada de castaños, nogales é

higueras.--Las _Casas Consistoriales_ se levantan en remoto paraje

pintoresco, donde ya parecía que la aldea había terminado.--Aquella otra

casa de campo que se ve á lo lejos es la _Botica_.--Aquel cortijo,

cercado de portales llenos de vacas, acaso será el _Estanco_.....--Pero

no extiendas más la vista, que la casa inmediata pertenece ya á otro

pueblo.--¿Qué te parecen estas poblaciones, á ti que estás acostumbrado

á las apiñadas villas y aldeas andaluzas ó castellanas? ¿No te parece

mucho más propio para gozar de la vida campestre este caserío

diseminado, que aquel colmenar de tristes é insalubres casuchas, donde

se vive en forzosa vecindad con la grosería, la estupidez y el desaseo?

Pues sigue oyendo la descripción de mi retiro.....--Si quieres cazar, á

la puerta de tu casa tienes liebres y perdices; en el monte de la

derecha jabalíes y osos..... (á los cuales preparamos una batida); en el

monte de la izquierda, corzos y venados, que ya han aparecido sobre mi

mesa en varios guisos.--Si optas por la pesca, el río te brinda con

anguilas, truchas y hasta exquisitos salmones.--¿Eres herborizador?

Trepemos al monte de Caldas, y encontrarás plantas de todos los climas,

inclusos el té y el tabaco.--¿Quieres flores? Paséate por el campo, y

la pródiga naturaleza te dará mil variedades de rosas y mirtos

silvestres, enredaderas, amapolas, lirios, madreselvas, violetas y

jazmines.--¿Deseas frutos? Desde el delicado griñón, que no conoces,

hasta la sabrosa pavía; desde la avellana hasta la pera de manteca, y

variadas manzanas, ciruelas riquísimas, uvas, membrillos, melocotones,

nueces y castañas, todo lo hallarás en sazón.--Porque aquí reinan á un

mismo tiempo las cuatro estaciones, según que subas ó bajes, ó que

camines al Norte ó al Mediodía. En ciertos sitios escarcha todas las

noches; en otros hace calor. Arriba, el viento seca y orea la tierra;

abajo, la humedecen constantes rocíos.....

Pero la _especialidad_, la maravilla de este valle es la leche. Que

tengas tisis ó tengas asma; que Madrid te haya secado la médula de los

huesos, ó debas al estudio ó á la disipación una gran frialdad de

estómago....., ¡nada te importe! Bebe leche por la mañana, al mediodía y

á la noche, recién ordeñada, como la toma el ternero, ó trasnochada y

cubierta de crema, cocida ó cruda, líquida ó en requesones ó en

queso..... ¡Mama á todas horas, te digo, y te nutrirás, te refrescarás,

sacudirás todas las ruindades madrileñas, y remudarás tu sangre, tu

color, tu vida, todo tu ser!

No creas que exagero: ¡este es el paraíso[18]! Aquí no quema el sol;

aquí no moja la lluvia..... (Es decir, aunque moja, no da reumas ni

calambres.)--Ahora estamos en Agosto, y salgo sin sombrero á las once

del día á coger fruta ó á matar gorriones, y ni me da un tabardillo ni

me duele siquiera la cabeza.....--Ayer he sufrido á pie quieto un

aguacero de una hora, buscando en el río el nido de un salmón, un

aguacero de una hora, á la orilla del río, y no me he baldado.....

¡Oh, sí! La benignidad de este clima es prodigiosa. Todos los elementos

pierden aquí su rigor y todas las bellezas del mundo ofrecen sus

encantos..... ¡Porque nada falte, hasta puedes ver el mar, sólo con

subirte al próximo monte de Collados!.....

* * *

Sin embargo, la mujer, sublimada por el cristianismo á esfera muchas

veces superior á la del hombre; la mujer, objeto siempre en nuestra

patria del culto de los caballeros, de las trovas de los poetas, de los

agasajos de los rondadores nocturnos; la mujer, reina de su casa en

Andalucía, lujosa, petimetra y holgazana á expensas del sudor del

marido, lleva aquí la parte más dura de los trabajos agrícolas. Ella

ara, ella siembra, ella coge, ella guía el carro, guarda las vacas y

sufre todos los rigores de la intemperie..... Véselas, pues, ajadas,

feas, sucias, andrajosas, con el cuévano á la espalda y el niño dentro,

encorvadas contra la tierra, sin aliño alguno en su traje ni asomos de

tocado, mientras que el hombre se pasea ufano y compuesto, colorado y

robusto, ocupado en pescar ó en llevar las reses á las ferias.....

¡Triste condición la de un pueblo que no rinde culto á la hermosura y

donde el amor no se levanta sobre el egoísmo del más fuerte!

* * *

El día de San Roque he asistido á las fiestas de _Somahoz_ y regaládome

con la música y el baile del país.

La música es una especie de jota menos bulliciosa que las de Aragón y de

una melancolía infinita.--El baile se distingue por la seriedad y

circunspección con que se mueven las parejas.

No hay más instrumento que un pandero.

La copla corre á cargo de una _cantora-bastonera_, cuyo pulmón es

infatigable.

Pues bien: aun estas horas de expansión y esparcimiento, nótase la

frialdad ó desdén con que el hombre del campo mira á su

compañera.--Parece como que el baile es un deber en tales días, un rito

sagrado, algo que ya se vió en el mundo antiguo. Ni sonrisas, ni

rendimiento, ni obsequiosos mimos; nada hay en esta danza que se parezca

al fandango ni á la jota. Los hombres tienen los ojos fijos en tierra, y

las mujeres en el rostro de _su señor_.

¡Ah! ¡Pobres pasiegas! ¡Cómo me explico ahora el que sus esposos las

envíen á Madrid á desempeñar el papel de vacas de leche, convirtiendo la

bendición conyugal y sus frutos en un oficio ó granjería! ¡Y cuánto

siento haber tenido que retratarlas, en conciencia, hace pocas noches,

de la cruel manera siguiente, en una _epístola_ que dirigí á nuestro

amigo Cruzada!.....

* * *

Lánguido el Pas las hortalizas riega

Que cultiva y se come á dos carrillos

La famosa en Madrid hembra pasiega.

Viérasla aquí, entre chotos y novillos,

Arar, sembrar, coger..... ¡siempre á la espalda

El cuévano cargado de chiquillos!.....

Ó, bailando en los campos de esmeralda,

Los domingos y fiestas, la hallarías,

Con las trenzas más largas que la falda,

Recios los huesos, las miradas frías,

Y rebosando del corpiño el pecho,

Rica promesa de robustas crías.

Mas ¡oh cálculo vil!..... Sólo ¡provecho

Buscando en el amor, franco de porte,

Abren á estos gaznápiros el lecho,

Y, sin que el hijo luego les importe,

Anuncian _leche fresca_ en el DIARIO,

A las bellas madrastras de la corte!

* * *

Pero volvamos al baile del día de San Roque.

Los vascongados que trabajan en el ferrocarril, tocaban la flauta de boj

toscamente labrada, haciendo como quien dice rancho aparte, y bailaban á

las pasiegas con más donaire y animación. La luna creciente aparecía ya

sobre el ocaso á presidir los patéticos instantes del anochecer. Del río

y de la selva brotaba el concierto misterioso con que las aguas, las

plantas y los animales daban su adiós al día. Sonaban á lo lejos las

esquilas de los ganados y el último tiro del fatigado cazador, mientras

que en las cumbres de los montes resplandecía la hoguera de los pastores

y modulaba el viento lánguidos sollozos que parecían el lejano murmullo

de Madrid.....

Pero me dirás:--¿Cuándo llegas á _Santander_, á la capital de la

provincia, al término de tu anunciado viaje?

Llegaré, amigo mío, cuando _acabemos_ el trozo de ferrocarril de _Los

Corrales á Torrelavega_, en que _trabajamos_ sin descanso, por medio de

apuestas y de profecías, todos los habitantes de este valle, desde la

distinguida familia constructora (inglesa por más señas), hasta mi

humilde persona, que ha clavado ya más de una escarpia asentando

_rails_.....--Conque ten otra semana de paciencia.

VII

ESTRENO DE UN FERROCARRIL.--CATÁSTROFE

* * *

Ya estábamos á media legua del fin de nuestro viaje de inauguración:

acabábamos de entrar en el Valle de Buelna, de regreso de Santander:

sólo nos faltaban cuatro minutos de marcha por la llanura, para

estrechar la mano á los que nos aguardaban ansiosos, con las botellas de

Champagne á medio abrir, y celebrar la apertura de esta sección de la

vía férrea..... Pasábamos sobre el último terraplén--también el

_último_, por haberse concluído aquella misma mañana.

Esta obra tiene por la izquierda (hacia donde caímos) 22 pies de

elevación, por la derecha 35, y se alza sobre el río Besaya, formando,

como él, una ligera curva.

De pronto, pero no sin que hubiésemos notado ya cierta vacilación en la

marcha del tren, como si se balanceasen las traviesas, sentimos una

fuerte sacudida de atrás para adelante, seguida de un grito general de

horror de las gentes que había en los balcones de los próximos _Baños

de las Caldas_ y en las peñas cercanas al ferrocarril.....

A este grito contestó otro más espantoso, que lanzamos los del tren al

ver que nos faltaba la tierra, que nuestro vagón se inclinaba al abismo,

que las maderas crujían, que la locomotora caía despeñada arrastrándonos

detrás, envueltos en los materiales del terraplén.....

Del _ténder_ y de la locomotora, que iban delante de mí llenos de gente,

no se veía ya nada, sino humo, polvo, fuego; agua que corría de la

caldera; las ruedas vueltas hacia arriba; las peñas saltando al empuje

de la máquina, que aun quería andar después de haber encallado en ellas;

algún hombre que se levantaba ensangrentado de debajo de aquellas

destrozadas moles, dando alaridos; y nuestro vagón, al cual le tocaba

volcar en seguida, y al que le faltaba poco para acabar de dar la vuelta

ó para saltar en astillas.....

Mil muertes nos amenazaron en aquellos cuatro segundos: delante, la

caldera, que podía reventar..... (no sabíamos que un rail la había

atravesado de parte á parte); á un lado, las peñas del abismo que nos

aguardaban y nuestro propio vagón que se nos venía encima; detrás, los

demás coches, que, al pararse, nos golpeaban con la velocidad adquirida;

debajo, el camino que se hundía con nosotros.....

Y luego el horror, la pena, el miedo....., la compasión por aquellas

diez ó doce personas que iban delante de mí, y que ya no veía, y que

suponía muertas debajo del ténder y de la locomotora.....--¡Oh! fueron

cuatro segundos....., pero cuatro inmensidades de pensamientos, de

recuerdos, de angustias.

Las descripciones leídas de otras desgracias; la muerte imprevista; el

mundo que desaparece; la familia; los amigos; el natural arrepentimiento

del viaje; las personas que nos esperan; la fiesta frustrada; el

instinto que clama por la conservación; el alma que condensa todo su

poder, todas sus facultades para el instante supremo, y que,

despidiéndose de sí misma, se dice: «_aquí era la muerte_.....»; todo

esto y mil nimiedades que no sé cómo caben en aquella situación extrema,

mil ideas frívolas, unidas á otras muy solemnes y graves, la muleta, la

mano cortada, lo que será uno sin dientes, la cuestión de la

inmortalidad del alma, lo que dirá fulana cuando sepa lo sucedido, cómo

llegará la noticia al hogar paterno, y un punto de conformidad

cristiana, y una mirada al cielo, y la tranquilidad más estoica, y el

miedo más miserable: todo eso y mucho más, resumido en una idea

multiforme, súbita, luminosa, intuitiva, llenaron aquellos cuatro

segundos, abreviatura y término de la existencia.

Cuando me vi en salvo, he aquí lo que observé y cómo me dí cuenta de

todo lo ocurrido en tan poco tiempo.

El terraplén se había hundido hacia la izquierda; la locomotora volcó

por allí, encorvando el rail sobre que gravitaba; pero, como marchaba al

mismo tiempo que caía, se encontró con el rail siguiente, que atravesó

la caldera de parte á parte. Unido esto á que el Ingeniero inglés

Alfredo Jee, que hacía de maquinista, tuvo tiempo _antes de morir_ de

quitar alguna fuerza á la máquina, dió por resultado que la locomotora

encalló en las rocas que hay al pie del terraplén, por su parte menos

elevada, y se paró, no sin haber dado dos vueltas enteras en el aire y

el ténder una.

Nuestro vagón se balanceaba sobre el abismo..... ¡Un paso más, y cae

también! El siguiente estaba descarrilado; el otro sobre los rails, y el

coche de primera tan perfectamente colocado sobre la vía, que las

Autoridades y personas de edad que lo ocupaban, no se enteraron desde

luego de nuestro peligro, sino que creyeron que nos habíamos parado.

Los que iban en la máquina y en el ténder rodaron por la pendiente

movediza del terraplén.--¡Ni ellos mismos saben cómo! Los más

afortunados quedaron en pie, y huyeron de la mole que se les venía

encima. Los hermanos Jee, que iban delante de todos, cayeron mal, ó no

tuvieron tiempo de huir, y quedaron debajo de la locomotora, el uno,

Alfredo, muerto en el acto, abrasado por toda la lumbre y por el agua

hirviente de la máquina, y cogido por una rueda en medio del pecho; y el

otro, Morlando, preso entre las piernas de su hermano y una peña,

tendido boca abajo, con la cabeza y el pecho fuera de la máquina, pero

recibiendo desde la cintura hasta los pies, y especialmente en la pierna

derecha, el agua hirviendo de la caldera y el calor del hierro y de los

carbones hechos ascuas.--Contusos, ligeramente heridos ó quemados,

estaban otros muchos; pero ninguno de gravedad.

Nuestro dolor al ver muerto al eminente ingeniero Alfredo Jee, y en tan

grave situación á su hermano; nuestro asombro al encontrarnos vivos;

nuestro reconocimiento á Dios que nos había librado; el terror del

pueblo que nos cercaba; los penosos cinco cuartos de hora que se tardó

en sacar á Morlando Jee de debajo de la máquina, son cosas que no

acertaría á describir.....

Míster Morlando Jee vive todavía; pero frío como el granizo y sin

esperanza de salvación.

* * *

El desgraciado murió á la noche siguiente.

Los Corrales (Valle de Buelna), 1858.

Viajes por España · 第 13 / 17 段