de Granada que tanto figuran en la historia de su antiguo reino; que
conservan bastantes casas solariegas; que son cabezas de partido
judicial; que pagan á hacendados forasteros la mitad del trigo que
producen; que están llenas de mozalbetes ociosos y aburridos; que
agonizan devoradas por las gabelas; que se comunican rara vez con la
capital, y cuyo vecindario escogido se reduce á algunos (pocos) ricos
terratenientes (gracias á la desamortización), á los administradores de
ausentes títulos, á este ó aquel arrendatario desahogado, á media docena
de prestamistas, á los correspondientes curiales, á varios médicos,
abogados y boticarios, á cierto número de comerciantes procedentes de
Cataluña ó de Santander, á todo el clero preciso, á varios militares en
situación pasiva, al jefe de la Guardia civil, al de Carabineros, si la
escena es en la costa, á tal ó cual mayorazgo sin vínculo, y á tres ó
cuatro empleados del Gobierno.
Todos ellos representan por igual _la aristocracia_ del vecindario.--La
_clase media_ se compone de los artesanos, de los rústicos que viven con
cierta holgura, y de todos los que, pagando alguna contribución directa,
jamás usaron sombrero de copa.--Constituyen, en fin, la _clase baja_ los
jornaleros, los verdaderamente campesinos y todos los indigentes, esto
es, lo que en más latas esferas se llama hoy el _cuarto estado_.--Allí
sólo se cuentan tres estados, por no existir el primero ó superior.
La mujer sobresaliente que encontramos dentro de estas aletargadas
ciudades; la que resume, á nuestro juicio, el espíritu de sus costumbres
y el carácter de su poesía; la que no se parece á ninguna de la capital
ni de los campos, es cualquiera de las dos ó tres más distinguidas
señoritas de la mencionada relativa aristocracia; la hija de tal ó cual
usurero ó espetadísimo señor, montado á la antigua española; la _Eugenia
Grandet_, en fin, de aquellas poblaciones medio agarenas, medio
milenarias, tan diferentes de las que riega el Loira.
Y ésta va á ser ahora nuestra gentil protagonista.
Para mejor estudiarla, imaginémonos á un joven enamorado de ella, y
llamémosle Fidel.
La deidad, que es una mozárabe de ojos azules, ó una mudéjar de ojos
negros, triste y descolorida en ambos casos como planta sin sol,
elegante por naturaleza y por casualidad, y á quien llamaremos Amparo,
habita un caserón antiguo, que da nombre á una calle ó plazoletilla poco
pasajera, donde la hierba campa por su respeto. Este caserón tiene un
inmenso portal, un enorme escudo de armas sobre la puerta, grandes
balcones con guardapolvos, rejas bajas que no se abren nunca, algunos
ventanuchos á un callejón, y su correspondiente puerta falsa.
Fidel pasa todos los días un par de veces (y no más, á fin de no avispar
á la familia) por la calle ó plazuela herbosa (siempre con el _notorio_
motivo de ir á alguna otra parte), y ve la cabeza de la _emparedada_
durante dos segundos, detrás de un determinado cristal de un determinado
balcón. Es todo lo que ha podido penetrar (desde hace tres años que
principió esta novela) en la vida interior de la joven; todo lo que sabe
de su casa, de sus hábitos, de su carácter, de sus gustos, de sus
muebles y de cuanto hace, dice y piensa en el resto del día. Vive, pues,
el pobre enamorado cavilando en los misterios que guardan aquellas
paredes, y envidiando á la criada de Amparo, sólo porque oye hablar,
porque ve comer, porque ve dormir, porque conoce al dedillo, en suma, á
la esfinge de su existencia.
La esfinge sospecha que Fidel la ama, y á ella no le disgusta Fidel, el
cual, tan apasionado se halla, que ni siquiera admite la posibilidad de
su dicha. Fidel no le ha hablado nunca; pero la saluda con los ojos
cuando la ve sola detrás del cristal, y ella le contesta del mismo
modo..... (Él cree que por pura cortesía.)
Ella sabe bien cómo se llaman él y toda su parentela: los padres de
ambos son íntimos amigos, y hasta creemos que se hablan de tú.--Él sabe
de ella lo mismo (lo que sabe el _padrón_), y hasta podríamos jurar que
conversa en la plaza con su padre y que tutea á sus hermanos. Sin
embargo, ella es para él un ser diferente de todos los nacidos. Ella es
fantástica, inmortal, divina, superior á su padre y á su madre.--A éstos
les tiembla, es verdad; pero los desprecia soberanamente. ¡Y sus
hermanitos son unos bárbaros, pues que la tratan como á una igual! ¡Él
los envidia, les adula y los detesta!
Pero vamos al asunto.--«_¿Cómo hablarle?_»--se pregunta continuamente
Fidel.
En casas como la de Amparo no se concibe la visita de un mozuelo. (Los
árabes dejaron establecida jurisprudencia.) Allí sólo entra alguna
señora de cumplido, á las doce del día, los domingos y fiestas de
guardar. Los caballeros, en la calle, se tratan con llaneza, ¡con
demasiada llaneza! Pero á las señoras se las trata, y ellas se tratan
entre sí, con cancilleresca ceremonia.
_Escribirle_..... fuera jugar el todo..... por la nada, y además una
impertinencia de marca mayor.
La criada..... sería _contraproducentem_.
--«_¡Presentado!_.....»--dirá algún madrileño.
¿Qué es _presentar_ donde todos se conocen?--¡El padre de Amparo le
tutea á Fidel, sin necesidad de presentaciones!--¡Ya se guardará el
rapaz de meterse en semejantes dibujos!
Por otra parte, ella no sale nunca sino á misa de diez, y eso..... con
su mamá, que es mucho más austera que su papá.--Pero, en fin, va á
misa.....
--«¡Oh sublimidad del Catolicismo! (piensa Fidel). ¡Merced á sus leyes,
puedo verla media hora seguida todos los _días de precepto_!--¿Por qué
los habrán reducido últimamente?»
Sí; la ve durante treinta minutos; pero ¿cómo la ve? A media luz, con un
espeso velo echado sobre el rostro, de perfil, de rodillas, con los ojos
clavados en el libro.....
¡Pícaro velo! ¡Pobres rodillas de su alma!
A la salida y á la entrada, cruza Amparo delante de él, sin mirarlo, sin
mirar á nadie, mirando al suelo.
¡Yo respondo de que sabe que su adorado está allí, y de que, á
hurtadillas, lo ha medido de pies á cabeza!
Él se figura que no.....
¡Como que está enamorado!
Un día de procesión la ha tenido Fidel enfrente de sus ojos, durante
tres horas, en el balcón de unas amigas, emancipada, sin velo en cuerpo
gentil, vestida de claro, movible contenta, sonriente.....--¡Qué
transfiguración! ¡Qué liberalidad! ¡Qué tesoros! ¡Qué delicia!
Una vez, en la feria, se encontraron en una platería improvisada, y la
oyó hablar de diamantes, perlas y rubíes.....--¡Qué voz! ¡Cuán diferente
de todas las humanas!--Ni ¿de qué otra cosa podría hablar más que de
joyas aquella inmortal princesa?
(En esto tenía razón.)
Finalmente: una noche volvía la joven de casa de una parienta enferma,
con uno de sus insolentes hermanos.
Fidel los siguió en silencio muchas calles, embozado hasta los ojos.
¡Y con qué emoción!--Amparo, en las tinieblas, le parecía suya.....--La
luz determina las distancias. Las sombras confunden los objetos.....--La
vista entonces tiene algo de tacto.
De resultas de esta emoción, Fidel pasó muchas noches entregado al
placer de estar á obscuras.
Su adorada, entretanto, borda ó lee, reza el rosario con sus padres,
hace flores, hace dulces, hace novenas.....; pero todo
maquinalmente.--Ciertas noches, de tiempo inmemorial, van á su casa
unas solteronas á acompañar á su madre, que no lee otro periódico que el
que ellas constituyen por sí propias. Amparo, fingiéndose distraída, no
pierde coma, á ver si oye decir algo que tenga relación con _el hijo de
D. Eusebio_ (que es Fidel). Óigalo ó no lo oiga, resulta que de la
conversación de aquellas mujeres; del tumulto de cosas humanas que
percibe en las novedades que ellas cuentan; de las ideas de pasión, de
combate, de felicidad, de leyes naturales y de leyes escritas que estas
novedades siembran en su alma; de lo que le mandan y vedan las obras
místicas que lee; de lo que dicen con su mudo lenguaje las flores; los
pájaros, los céfiros, el sol, la luna y hasta las tímidas estrellas, va
formándose en el corazón de Amparo un mundo armónico y fulgente, lleno
del sentimiento universal, lanzado en órbitas mucho más amplias, libres
y luminosas, que el mundo de las cuatro paredes de su encierro, y
henchido de un concento misterioso, que canta incesantemente esta oda de
una sola frase: «_¡Fidel mío!_»
Y así pasan años como eternidades, y así se forman almas y caracteres
que son verdaderos abismos de disimulo, verdaderos infiernos de pasión
reconcentrada, ó verdaderos eriales de ilusiones desvanecidas.
Pues imaginad ahora que llega un momento en que el demonio, las
solteronas, una prima fea ó un sobrinillo amable, llevan medio recado, y
se concierta una cita, y se abre á media noche cualquiera de los
ventanuchos del callejón, ó se utiliza como locutorio el ojo de la llave
de la puerta falsa.....
¡Poema seguro por lo pronto! ¡_Edgardo y Lucía_ en escena!--¡Qué dúo,
qué idilio, qué eternos esponsales de dos vidas!
Luego viene el drama....., y termina en tragedia ó en comedia: esto es,
en el Cementerio para _alguien_, ó en la Vicaría para los dos
enamorados.
Supongamos esto último: se casan.--¡Adiós, mundo! ¡Adiós, calle! ¡Adiós,
balcón! ¡Adiós, todo!--Amparo ha desaparecido.
Sin embargo, esta casada de la ciudad no se marchita físicamente como la
de la aldea.....
«¡Ojalá! (dirá aquí la musa romántica). ¡Cuántas terribles pasiones á lo
Werther habría menos en el mundo!»
La casada de la ciudad sigue siendo joven y hermosa; pero las rejas del
claustro doméstico se cerraron detrás de ella cuando regresó del
templo.--Amparo ha tomado el velo de desposada: ha dejado moralmente de
estar viva: es profesa del hogar. Ya no se la verá nunca, como no sea
algún Jueves Santo..... Las cortinillas de sus balcones no se alzarán en
lo sucesivo. Irá á misa, es cierto; pero al amanecer, hora en que los
héroes de Goethe no se han levantado todavía.....--¡Y nada más, nada
más!
Pues supongamos que Amparo no se ha casado con Fidel....., sino con
otro, á gusto exclusivo de los padres tiranos.....--La musa romántica se
apodera entonces por completo de la acción. Ya no se trata de Werther y
Carlota: ya se trata de Francesca y de Paolo. Pero de una Francesca á
quien Paolo no ve sino en sueños; de un poema de dos amores sin
esperanza; el amor de él y el amor de ella, separados siempre y siempre
paralelos, como dos ríos que cruzan á todo lo largo un mismo valle de
lágrimas, sin mezclar nunca sus corrientes.
No: Fidel no buscará á _la emparedada_; ni, si la buscara, la
encontraría; ni, si la encontrase por acaso, la Francesca del reino de
Granada sería tan melodramática como la de Rimini. El recato de Amparo
llega hasta el martirio. ¡Ha aceptado el cáliz de amargura, y no hay
miedo de que aparte de él sus ojos ni sus labios! Fidel no lo ignora:
Amparo está enterrada en vida.
Réstame añadir que esta reclusión absoluta de las Amparos no es una
imposición de sus maridos. Es un retraimiento espontáneo de ellas
mismas, resultancia compleja de temores, tedios, desdenes, fierezas y
misticismos, propios de aquella melancólica y mordaz sociedad, y acaso
también reminiscencia inconsciente de las costumbres mahometanas.
Y vean ustedes cómo, por medio de ficciones novelescas y de caprichosos
artificios, hemos venido insensiblemente á saber cuál es, sobre poco más
ó menos, la existencia de todas las señoras y señoritas de una de esas
ciudades..... La casa, la familia, la iglesia, y alguna vez el campo: he
aquí su universo.
Por ferias ó por pascuas suele ir una compañía de cómicos de la legua, ó
de titiriteros á pie ó á caballo. Entonces oye uno tutearse en las
lunetas, sin previo aviso, á dos personas de distinto sexo que no se han
hablado desde que se arañaban, al salir él de la escuela y ella de la
amiga; esto es, cuando tenían siete años.--Nadie diría que llevan veinte
ó veinticinco de adorarse y de desearse en silencio.
Alguna vez, de resultas de cosas que pasan en el mundo (el _mundo_ son
las luchas políticas de Madrid), entra tropa en aquel pueblo; y, si se
detiene dos ó tres días y lleva banda de música, todos los amadores se
conciertan, abren una suscripción, van en legacía á convidar á las
muchachas por conducto de sus madres, y á las madres con pretexto de las
muchachas, y dan un baile de _etiqueta_ en el _Hôtel de Ville_, al cual
asisten todas ó casi todas las _emparedadas_ solteras y no
solteras.--Esta noche se señala con piedra blanca en la historia de
muchos corazones..... ¡Lustros pasan luego haciéndose mención ó memoria
del baile, principio ó fin de muchas novelas íntimas!
De lo que en semejantes poblaciones significa una _forastera_; del
efecto que produce en la imaginación de los galanes; del perjuicio que
por de pronto ocasiona á las damas indígenas; de las venganzas que éstas
toman cuando aquélla pierde el prestigio de la novedad y de la extrañeza
ó se marcha _bendita de Dios_ (que es la frase sacramental), puede
formarse juicio fácilmente, considerando el fastidio que la monotomía
engendra en una juventud ociosa; fastidio que acaba por oxidar y
ennegrecer los espíritus más brillantes.--La _forastera_ es un relámpago
que les habla de la tempestad de acontecimientos y de poesía que brama
en las inmensidades del siglo; y ellos, los Napoleones encerrados en una
Santa Elena previa, ven á su luz fosfórica surgir en el desierto océano
de su vida todas las Atlántidas del deseo.--Considerad, pues, cuánto
padecerá la _emparedada_, cualquiera que haya sido su destino (háyase
casado á su gusto ó al de sus padres, ó esté moza todavía), al saber,
por las dos susodichas solteronas, ó por la superviviente, si una murió,
que Fidel le pone los ojos tiernos á la _forastera_;--cosa que hacen
casi todos los Fideles, sin perjuicio de su perdurable amor á las
Amparos.
Yo corto aquí esta novela-proteo, que sería infinita; como son infinitos
todos los sentimientos que se fermentan en almas solitarias, ora entre
las cuatro paredes de una celda, ora dentro de los ruinosos muros de
estas ciudades que pudiéramos denominar _cementerios de vivos_.
Por lo demás, en esos _cementerios_, donde la dulce tradición y la mansa
rutina, hijas de la incomunicación material y de la apatía moral, hacen
de cada cuerpo ambulante un féretro semoviente en que va amortajado un
espíritu; allí, donde la mayor parte de las personas de _suposición_
viven todavía, respecto de la moderna mancomunidad social europea, en un
apartamiento más esquivo que el que ya han abandonado los mismos
japoneses; allí, donde hay horas, días, sitios, alimentos, frases,
ropas, tristezas y alegrías de _rúbrica_, de _rigor_, de _cajón_, de
_ene_ y de _tablilla_.....; allí (creedme) es donde deben estudiarse las
costumbres particulares de cada región de la Península, para compararlas
entre sí, y donde encontraremos que la mujer ocupa aún, en todas las
tierras que son ó que fueron España, el trono de flores á que la
elevaron sucesivamente el Cristianismo, redimiéndola; el galante
islamismo ibérico, deificándola....., y los hijos de Andalucía, sobre
todo, combatiendo en primera línea la ley Sálica, á fuer de pertinaces
mujeriegos.
* * *
Pero (ocasión es ya de decirlo, y de decirlo muy seriamente para
concluir) el imperio que las españolas ejercen sobre los hombres desde
ese trono amasado con requiebros, serenatas, puñaladas y suspiros, tiene
más de aparato pontifical que de íntimos y sustanciales atributos; y
bueno sería que los españoles procurásemos que nuestras hembras, tan
superiores á todas las del mapa por su dignidad moral, por la intensidad
de sus sentimientos, por la autenticidad de sus pasiones y por la viveza
y la gracia de su imaginación, no se dejasen aventajar, como se ven
aventajadas hoy, por las inglesas, las alemanas, y hasta las francesas,
en ciertas condiciones accidentales ó adventicias, referentes á la
exterioridad de su espíritu á su manera objetiva de vivir y á su
influencia civilizadora.
Porque (no lo neguemos) culpa nuestra es, culpa de nosotros, padres,
amantes y maridos, todo lo que hay de inculto y opaco, de sordo y de
baldío en la superficie social (permitidme esta perífrasis) de casi
todas las mujeres españolas. Si más exigiéramos, desde que nacen, de las
compañeras de nuestra vida; si más reparásemos luego en la parte
inmaterial de su naturaleza; si fuera más desinteresada la idolatría que
nos inspiran; si nos respetásemos más á nosotros mismos y las
respetásemos más á ellas en nuestros modales y discursos dentro del
hogar; si les diéramos una importancia más grave y positiva que la que
negligentemente y con intermitencia les damos, _porque haya paz_, ó por
servilismo amatorio, la vida externa de las españolas correspondería á
la superioridad sin rival de la vida de su espíritu.
Y todo esto tendremos que hacer los varones en España, si queremos
librarnos de la peste de que nuestras hijas ó nuestras nietas den en la
gracia de _rehabilitarse_ y _perfeccionarse_ por sí mismas, al tenor de
los pavorosos procedimientos empleados ya hoy en varios países por
algunos sabihondos marimachos, vulgo _marisabidillas_, justamente
indignadas de que siga siendo cierto aquel dicho de un filósofo: «_Las
mujeres nos deben la mayor parte de sus defectos: nosotros les debemos
la mayor parte de nuestras cualidades._»
CAPÍTULO VII
CONCLUSIÓN Y RESUMEN
He concluído: pero, por si algo se me ha olvidado de lo que ofrece la
portada de estas monografías, creo oportuno evacuar ahora mi informe,
de una manera oficial, por medio del siguiente _estado_, ratificación y
resumen de todo lo que queda dicho[17]:
LA MUJER GRANADINA, TAL CUAL ES
+======================================================+
|En el hogar| En | En | En |
|doméstico. |los campos.|las ciudades.|el templo. |
+-----------+-----------+-------------+----------------+
| Reina | Reina | Reina |Amiga particular|
| absoluta. | absoluta. | absoluta. | de la Virgen. |
+======================================================+
+==============================================+
| En | En | En |
|los espectáculos.|el taller.|los salones. |
+-----------------+----------+-----------------+
| Llorona. | Caret. | Reina absoluta.|
+==============================================+
DESCRIPCIÓN Y PINTURA DE SU
+===============================================+
|Carácter.|Costumbres.| Trajes. | Usos. |
+---------+-----------+----------+--------------+
| Según y |Ejemplares.|Excesivos.| Árabes |
|conforme.| | |ó parisienses.|
+===============================================+
+===================================================================+
|Religiosidad.|Belleza.|Defectos.|Preocupaciones.|Excelencias. |
+-------------+--------+---------+---------------+------------------+
| Idolátrica. | Ideal. |¡Ninguno!| Todas. |Empiezan á abundar|
| | | | | en la provincia. |
+===================================================================+
Enero de 1873.
DE MADRID A SANTANDER
I
Salí de Madrid, mi querido Pepe, del modo y manera que sabes;
empingorotado en el cupé de la Diligencia de Valladolid, con menos que
mediana salud, á las seis de una caliente mañana de Agosto, no muy
provisto de metales preciosos, en busca de aire y de agua, dos artículos
de primera necesidad que escasean en la Corte de las Españas; con los
bolsillos llenos de melocotones y naranjas, que tú me diste, y en la
amable compañía de mi bastón, mi paraguas y mi saco de noche.
El viaje desde Madrid á Valladolid fué una especie de _índice_ del de la
Reina y sus ministros, cuyas pisadas venía siguiendo, á cuatro días de
distancia, mi humilde humanidad; lo cual quiere decir que iba hallando á
mi paso iluminaciones..... apagadas, arcos de triunfo..... por el
suelo, y algún que otro músico desbandado, que tornaba á los patrios
lares con su serpentón á la espalda.
La Corte, desandando la Historia de España hasta llegar á su cuna, y yo,
dirigiéndome á Valladolid para luego girar hacia estos montes sin
historia conocida, hemos atravesado, pues, el país clásico de los
Infanzones de Castilla, la tierra que pisaron los Condes, los Reyes y
los Caballeros, el lugar de mil batallas portentosas y de treinta
_Cortes_ que hoy son pobres y obscuras villas.
Ya, antes, al trepar al Guadarrama, tumba de hielo en que Felipe II se
escondió en vida, cerrando el libro de la epopeya española, había yo
meditado largamente..... El Guadarrama, ó sea el Monasterio de _El
Escorial_, cuya triste mole descubrí á lo lejos, es una losa fúnebre
colocada sobre nuestro pasado de gloria. No parece sino que el gran
Misántropo presintió la ruina del imperio de Carlos V, y levantó un
padrón mortuorio en conmemoración de la grandeza de España.--En adelante
los _Carlos_ de Austria se llamarían Carlos II, los _Felipes_, Felipe
IV, _et sic de cæteris_.
Pasé por Olmedo, donde hace cuatro siglos se dieron dos batallas, la una
en 1445, la otra en 1466.
En la primera resultó D. Álvaro de Luna herido en una pierna..... y
Maestre de Santiago. Allí ganaron también D. Juan Pacheco el Marquesado
de Villena y D. Íñigo López de Mendoza el de Santillana. ¡Reyes, Grandes
y poetas combatieron pecho á pecho y brazo á brazo; triunfó Castilla, y
cubrióse (dicen) de gloria el infante D. Enrique, más tarde llamado
Enrique IV el _Impotente_!
En la segunda, el honor de Castilla fué vulnerado por vencidos y
vencedores, por los nobles y por el Rey, demostrándose así con el
testimonio de la Historia, que cuando los reyes no representan las
aspiraciones de sus pueblos, hasta el laurel se convierte en sus manos
en fúnebre sauce.
Pero dejemos la Historia, por respetos á la ley de imprenta que nos
rige.
De Madrid á Valladolid hay treinta y cuatro leguas y pico, que se andan
en veintitrés horas.--Llegué, pues, á las cinco de la mañana á la ciudad
de D. Álvaro de Luna.
II
Ya allí el calor era soportable, el aire elástico, la vegetación
risueña. Había un río surcado por lanchas y cuajado de bañistas; había
espesas arboledas; hermosas _Casas de Baños_, y un paseo llamado las
_Moreras_ (donde estudié, la tarde de un domingo, el mujerío
vallisoletano), y había un _Campo Grande_, paseo nocturno mucho más
extenso que el Prado de esa Villa y Corte.
Todos pronostican á Valladolid un porvenir muy lisonjero. El
ferrocarril, que llama ya á sus puertas, desarrollará los elementos de
riqueza que posee de muy antiguo aquel país, juntamente industrial,
ganadero y agrícola. En la actualidad tiene fábricas de papel continuo,
de tejidos, de pan, de productos químicos, de harina, de calderería, de
cerveza, de curtidos, de botones, de cola, de chocolate, de loza fina,
de telas metálicas, de fundición, de cintas, de pasamanería, de
platería, de herrería.....--Muchas de estas cosas en pequeña escala;
pero con grandes condiciones de vida y prosperidad.
En cuanto á bellezas artísticas, á monumentos históricos, á glorias
nacionales, Valladolid es, como si dijéramos, la _Sevilla del Norte_.
Visité la _Catedral_, ó, por mejor decir, el fragmento de ella que hay
construído; pero, estudiando los planos y proyectos de Juan de Herrera,
que guarda el Cabildo, comprendí que si el grande arquitecto no hubiese
abandonado esta obra por la del Escorial, España tendría hoy un templo
del Renacimiento digno de figurar al lado de San Pedro de Roma. En las
proporciones á que ha quedado reducida, todavía la Catedral
vallisoletana impone al alma su ruda y solemne magnitud..... Parece un
elefante de piedra, una pagoda índica, una montaña ahuecada. Todas las
profanaciones que legó á este grandioso edificio el malhadado
Churriguera desaparecen y quedan enterradas bajo la noble gentileza de
aquella fachada dórica, tan pura y colosal, y de aquellas naves
corintias cuyas pilastras equivalen á otros tantos monumentos.
Pero mi carta no tendría fin si hubiese de enumerarte, no digo
describirte, todo lo que el artista y el poeta encuentran en esa inmensa
necrópole de nuestra historia que se llama Valladolid.--No diré, pues,
más que lo principal.