Estamos en cualquiera de aquellas ciudades ó grandes villas dependientes

de Granada que tanto figuran en la historia de su antiguo reino; que

conservan bastantes casas solariegas; que son cabezas de partido

judicial; que pagan á hacendados forasteros la mitad del trigo que

producen; que están llenas de mozalbetes ociosos y aburridos; que

agonizan devoradas por las gabelas; que se comunican rara vez con la

capital, y cuyo vecindario escogido se reduce á algunos (pocos) ricos

terratenientes (gracias á la desamortización), á los administradores de

ausentes títulos, á este ó aquel arrendatario desahogado, á media docena

de prestamistas, á los correspondientes curiales, á varios médicos,

abogados y boticarios, á cierto número de comerciantes procedentes de

Cataluña ó de Santander, á todo el clero preciso, á varios militares en

situación pasiva, al jefe de la Guardia civil, al de Carabineros, si la

escena es en la costa, á tal ó cual mayorazgo sin vínculo, y á tres ó

cuatro empleados del Gobierno.

Todos ellos representan por igual _la aristocracia_ del vecindario.--La

_clase media_ se compone de los artesanos, de los rústicos que viven con

cierta holgura, y de todos los que, pagando alguna contribución directa,

jamás usaron sombrero de copa.--Constituyen, en fin, la _clase baja_ los

jornaleros, los verdaderamente campesinos y todos los indigentes, esto

es, lo que en más latas esferas se llama hoy el _cuarto estado_.--Allí

sólo se cuentan tres estados, por no existir el primero ó superior.

La mujer sobresaliente que encontramos dentro de estas aletargadas

ciudades; la que resume, á nuestro juicio, el espíritu de sus costumbres

y el carácter de su poesía; la que no se parece á ninguna de la capital

ni de los campos, es cualquiera de las dos ó tres más distinguidas

señoritas de la mencionada relativa aristocracia; la hija de tal ó cual

usurero ó espetadísimo señor, montado á la antigua española; la _Eugenia

Grandet_, en fin, de aquellas poblaciones medio agarenas, medio

milenarias, tan diferentes de las que riega el Loira.

Y ésta va á ser ahora nuestra gentil protagonista.

Para mejor estudiarla, imaginémonos á un joven enamorado de ella, y

llamémosle Fidel.

La deidad, que es una mozárabe de ojos azules, ó una mudéjar de ojos

negros, triste y descolorida en ambos casos como planta sin sol,

elegante por naturaleza y por casualidad, y á quien llamaremos Amparo,

habita un caserón antiguo, que da nombre á una calle ó plazoletilla poco

pasajera, donde la hierba campa por su respeto. Este caserón tiene un

inmenso portal, un enorme escudo de armas sobre la puerta, grandes

balcones con guardapolvos, rejas bajas que no se abren nunca, algunos

ventanuchos á un callejón, y su correspondiente puerta falsa.

Fidel pasa todos los días un par de veces (y no más, á fin de no avispar

á la familia) por la calle ó plazuela herbosa (siempre con el _notorio_

motivo de ir á alguna otra parte), y ve la cabeza de la _emparedada_

durante dos segundos, detrás de un determinado cristal de un determinado

balcón. Es todo lo que ha podido penetrar (desde hace tres años que

principió esta novela) en la vida interior de la joven; todo lo que sabe

de su casa, de sus hábitos, de su carácter, de sus gustos, de sus

muebles y de cuanto hace, dice y piensa en el resto del día. Vive, pues,

el pobre enamorado cavilando en los misterios que guardan aquellas

paredes, y envidiando á la criada de Amparo, sólo porque oye hablar,

porque ve comer, porque ve dormir, porque conoce al dedillo, en suma, á

la esfinge de su existencia.

La esfinge sospecha que Fidel la ama, y á ella no le disgusta Fidel, el

cual, tan apasionado se halla, que ni siquiera admite la posibilidad de

su dicha. Fidel no le ha hablado nunca; pero la saluda con los ojos

cuando la ve sola detrás del cristal, y ella le contesta del mismo

modo..... (Él cree que por pura cortesía.)

Ella sabe bien cómo se llaman él y toda su parentela: los padres de

ambos son íntimos amigos, y hasta creemos que se hablan de tú.--Él sabe

de ella lo mismo (lo que sabe el _padrón_), y hasta podríamos jurar que

conversa en la plaza con su padre y que tutea á sus hermanos. Sin

embargo, ella es para él un ser diferente de todos los nacidos. Ella es

fantástica, inmortal, divina, superior á su padre y á su madre.--A éstos

les tiembla, es verdad; pero los desprecia soberanamente. ¡Y sus

hermanitos son unos bárbaros, pues que la tratan como á una igual! ¡Él

los envidia, les adula y los detesta!

Pero vamos al asunto.--«_¿Cómo hablarle?_»--se pregunta continuamente

Fidel.

En casas como la de Amparo no se concibe la visita de un mozuelo. (Los

árabes dejaron establecida jurisprudencia.) Allí sólo entra alguna

señora de cumplido, á las doce del día, los domingos y fiestas de

guardar. Los caballeros, en la calle, se tratan con llaneza, ¡con

demasiada llaneza! Pero á las señoras se las trata, y ellas se tratan

entre sí, con cancilleresca ceremonia.

_Escribirle_..... fuera jugar el todo..... por la nada, y además una

impertinencia de marca mayor.

La criada..... sería _contraproducentem_.

--«_¡Presentado!_.....»--dirá algún madrileño.

¿Qué es _presentar_ donde todos se conocen?--¡El padre de Amparo le

tutea á Fidel, sin necesidad de presentaciones!--¡Ya se guardará el

rapaz de meterse en semejantes dibujos!

Por otra parte, ella no sale nunca sino á misa de diez, y eso..... con

su mamá, que es mucho más austera que su papá.--Pero, en fin, va á

misa.....

--«¡Oh sublimidad del Catolicismo! (piensa Fidel). ¡Merced á sus leyes,

puedo verla media hora seguida todos los _días de precepto_!--¿Por qué

los habrán reducido últimamente?»

Sí; la ve durante treinta minutos; pero ¿cómo la ve? A media luz, con un

espeso velo echado sobre el rostro, de perfil, de rodillas, con los ojos

clavados en el libro.....

¡Pícaro velo! ¡Pobres rodillas de su alma!

A la salida y á la entrada, cruza Amparo delante de él, sin mirarlo, sin

mirar á nadie, mirando al suelo.

¡Yo respondo de que sabe que su adorado está allí, y de que, á

hurtadillas, lo ha medido de pies á cabeza!

Él se figura que no.....

¡Como que está enamorado!

Un día de procesión la ha tenido Fidel enfrente de sus ojos, durante

tres horas, en el balcón de unas amigas, emancipada, sin velo en cuerpo

gentil, vestida de claro, movible contenta, sonriente.....--¡Qué

transfiguración! ¡Qué liberalidad! ¡Qué tesoros! ¡Qué delicia!

Una vez, en la feria, se encontraron en una platería improvisada, y la

oyó hablar de diamantes, perlas y rubíes.....--¡Qué voz! ¡Cuán diferente

de todas las humanas!--Ni ¿de qué otra cosa podría hablar más que de

joyas aquella inmortal princesa?

(En esto tenía razón.)

Finalmente: una noche volvía la joven de casa de una parienta enferma,

con uno de sus insolentes hermanos.

Fidel los siguió en silencio muchas calles, embozado hasta los ojos.

¡Y con qué emoción!--Amparo, en las tinieblas, le parecía suya.....--La

luz determina las distancias. Las sombras confunden los objetos.....--La

vista entonces tiene algo de tacto.

De resultas de esta emoción, Fidel pasó muchas noches entregado al

placer de estar á obscuras.

Su adorada, entretanto, borda ó lee, reza el rosario con sus padres,

hace flores, hace dulces, hace novenas.....; pero todo

maquinalmente.--Ciertas noches, de tiempo inmemorial, van á su casa

unas solteronas á acompañar á su madre, que no lee otro periódico que el

que ellas constituyen por sí propias. Amparo, fingiéndose distraída, no

pierde coma, á ver si oye decir algo que tenga relación con _el hijo de

D. Eusebio_ (que es Fidel). Óigalo ó no lo oiga, resulta que de la

conversación de aquellas mujeres; del tumulto de cosas humanas que

percibe en las novedades que ellas cuentan; de las ideas de pasión, de

combate, de felicidad, de leyes naturales y de leyes escritas que estas

novedades siembran en su alma; de lo que le mandan y vedan las obras

místicas que lee; de lo que dicen con su mudo lenguaje las flores; los

pájaros, los céfiros, el sol, la luna y hasta las tímidas estrellas, va

formándose en el corazón de Amparo un mundo armónico y fulgente, lleno

del sentimiento universal, lanzado en órbitas mucho más amplias, libres

y luminosas, que el mundo de las cuatro paredes de su encierro, y

henchido de un concento misterioso, que canta incesantemente esta oda de

una sola frase: «_¡Fidel mío!_»

Y así pasan años como eternidades, y así se forman almas y caracteres

que son verdaderos abismos de disimulo, verdaderos infiernos de pasión

reconcentrada, ó verdaderos eriales de ilusiones desvanecidas.

Pues imaginad ahora que llega un momento en que el demonio, las

solteronas, una prima fea ó un sobrinillo amable, llevan medio recado, y

se concierta una cita, y se abre á media noche cualquiera de los

ventanuchos del callejón, ó se utiliza como locutorio el ojo de la llave

de la puerta falsa.....

¡Poema seguro por lo pronto! ¡_Edgardo y Lucía_ en escena!--¡Qué dúo,

qué idilio, qué eternos esponsales de dos vidas!

Luego viene el drama....., y termina en tragedia ó en comedia: esto es,

en el Cementerio para _alguien_, ó en la Vicaría para los dos

enamorados.

Supongamos esto último: se casan.--¡Adiós, mundo! ¡Adiós, calle! ¡Adiós,

balcón! ¡Adiós, todo!--Amparo ha desaparecido.

Sin embargo, esta casada de la ciudad no se marchita físicamente como la

de la aldea.....

«¡Ojalá! (dirá aquí la musa romántica). ¡Cuántas terribles pasiones á lo

Werther habría menos en el mundo!»

La casada de la ciudad sigue siendo joven y hermosa; pero las rejas del

claustro doméstico se cerraron detrás de ella cuando regresó del

templo.--Amparo ha tomado el velo de desposada: ha dejado moralmente de

estar viva: es profesa del hogar. Ya no se la verá nunca, como no sea

algún Jueves Santo..... Las cortinillas de sus balcones no se alzarán en

lo sucesivo. Irá á misa, es cierto; pero al amanecer, hora en que los

héroes de Goethe no se han levantado todavía.....--¡Y nada más, nada

más!

Pues supongamos que Amparo no se ha casado con Fidel....., sino con

otro, á gusto exclusivo de los padres tiranos.....--La musa romántica se

apodera entonces por completo de la acción. Ya no se trata de Werther y

Carlota: ya se trata de Francesca y de Paolo. Pero de una Francesca á

quien Paolo no ve sino en sueños; de un poema de dos amores sin

esperanza; el amor de él y el amor de ella, separados siempre y siempre

paralelos, como dos ríos que cruzan á todo lo largo un mismo valle de

lágrimas, sin mezclar nunca sus corrientes.

No: Fidel no buscará á _la emparedada_; ni, si la buscara, la

encontraría; ni, si la encontrase por acaso, la Francesca del reino de

Granada sería tan melodramática como la de Rimini. El recato de Amparo

llega hasta el martirio. ¡Ha aceptado el cáliz de amargura, y no hay

miedo de que aparte de él sus ojos ni sus labios! Fidel no lo ignora:

Amparo está enterrada en vida.

Réstame añadir que esta reclusión absoluta de las Amparos no es una

imposición de sus maridos. Es un retraimiento espontáneo de ellas

mismas, resultancia compleja de temores, tedios, desdenes, fierezas y

misticismos, propios de aquella melancólica y mordaz sociedad, y acaso

también reminiscencia inconsciente de las costumbres mahometanas.

Y vean ustedes cómo, por medio de ficciones novelescas y de caprichosos

artificios, hemos venido insensiblemente á saber cuál es, sobre poco más

ó menos, la existencia de todas las señoras y señoritas de una de esas

ciudades..... La casa, la familia, la iglesia, y alguna vez el campo: he

aquí su universo.

Por ferias ó por pascuas suele ir una compañía de cómicos de la legua, ó

de titiriteros á pie ó á caballo. Entonces oye uno tutearse en las

lunetas, sin previo aviso, á dos personas de distinto sexo que no se han

hablado desde que se arañaban, al salir él de la escuela y ella de la

amiga; esto es, cuando tenían siete años.--Nadie diría que llevan veinte

ó veinticinco de adorarse y de desearse en silencio.

Alguna vez, de resultas de cosas que pasan en el mundo (el _mundo_ son

las luchas políticas de Madrid), entra tropa en aquel pueblo; y, si se

detiene dos ó tres días y lleva banda de música, todos los amadores se

conciertan, abren una suscripción, van en legacía á convidar á las

muchachas por conducto de sus madres, y á las madres con pretexto de las

muchachas, y dan un baile de _etiqueta_ en el _Hôtel de Ville_, al cual

asisten todas ó casi todas las _emparedadas_ solteras y no

solteras.--Esta noche se señala con piedra blanca en la historia de

muchos corazones..... ¡Lustros pasan luego haciéndose mención ó memoria

del baile, principio ó fin de muchas novelas íntimas!

De lo que en semejantes poblaciones significa una _forastera_; del

efecto que produce en la imaginación de los galanes; del perjuicio que

por de pronto ocasiona á las damas indígenas; de las venganzas que éstas

toman cuando aquélla pierde el prestigio de la novedad y de la extrañeza

ó se marcha _bendita de Dios_ (que es la frase sacramental), puede

formarse juicio fácilmente, considerando el fastidio que la monotomía

engendra en una juventud ociosa; fastidio que acaba por oxidar y

ennegrecer los espíritus más brillantes.--La _forastera_ es un relámpago

que les habla de la tempestad de acontecimientos y de poesía que brama

en las inmensidades del siglo; y ellos, los Napoleones encerrados en una

Santa Elena previa, ven á su luz fosfórica surgir en el desierto océano

de su vida todas las Atlántidas del deseo.--Considerad, pues, cuánto

padecerá la _emparedada_, cualquiera que haya sido su destino (háyase

casado á su gusto ó al de sus padres, ó esté moza todavía), al saber,

por las dos susodichas solteronas, ó por la superviviente, si una murió,

que Fidel le pone los ojos tiernos á la _forastera_;--cosa que hacen

casi todos los Fideles, sin perjuicio de su perdurable amor á las

Amparos.

Yo corto aquí esta novela-proteo, que sería infinita; como son infinitos

todos los sentimientos que se fermentan en almas solitarias, ora entre

las cuatro paredes de una celda, ora dentro de los ruinosos muros de

estas ciudades que pudiéramos denominar _cementerios de vivos_.

Por lo demás, en esos _cementerios_, donde la dulce tradición y la mansa

rutina, hijas de la incomunicación material y de la apatía moral, hacen

de cada cuerpo ambulante un féretro semoviente en que va amortajado un

espíritu; allí, donde la mayor parte de las personas de _suposición_

viven todavía, respecto de la moderna mancomunidad social europea, en un

apartamiento más esquivo que el que ya han abandonado los mismos

japoneses; allí, donde hay horas, días, sitios, alimentos, frases,

ropas, tristezas y alegrías de _rúbrica_, de _rigor_, de _cajón_, de

_ene_ y de _tablilla_.....; allí (creedme) es donde deben estudiarse las

costumbres particulares de cada región de la Península, para compararlas

entre sí, y donde encontraremos que la mujer ocupa aún, en todas las

tierras que son ó que fueron España, el trono de flores á que la

elevaron sucesivamente el Cristianismo, redimiéndola; el galante

islamismo ibérico, deificándola....., y los hijos de Andalucía, sobre

todo, combatiendo en primera línea la ley Sálica, á fuer de pertinaces

mujeriegos.

* * *

Pero (ocasión es ya de decirlo, y de decirlo muy seriamente para

concluir) el imperio que las españolas ejercen sobre los hombres desde

ese trono amasado con requiebros, serenatas, puñaladas y suspiros, tiene

más de aparato pontifical que de íntimos y sustanciales atributos; y

bueno sería que los españoles procurásemos que nuestras hembras, tan

superiores á todas las del mapa por su dignidad moral, por la intensidad

de sus sentimientos, por la autenticidad de sus pasiones y por la viveza

y la gracia de su imaginación, no se dejasen aventajar, como se ven

aventajadas hoy, por las inglesas, las alemanas, y hasta las francesas,

en ciertas condiciones accidentales ó adventicias, referentes á la

exterioridad de su espíritu á su manera objetiva de vivir y á su

influencia civilizadora.

Porque (no lo neguemos) culpa nuestra es, culpa de nosotros, padres,

amantes y maridos, todo lo que hay de inculto y opaco, de sordo y de

baldío en la superficie social (permitidme esta perífrasis) de casi

todas las mujeres españolas. Si más exigiéramos, desde que nacen, de las

compañeras de nuestra vida; si más reparásemos luego en la parte

inmaterial de su naturaleza; si fuera más desinteresada la idolatría que

nos inspiran; si nos respetásemos más á nosotros mismos y las

respetásemos más á ellas en nuestros modales y discursos dentro del

hogar; si les diéramos una importancia más grave y positiva que la que

negligentemente y con intermitencia les damos, _porque haya paz_, ó por

servilismo amatorio, la vida externa de las españolas correspondería á

la superioridad sin rival de la vida de su espíritu.

Y todo esto tendremos que hacer los varones en España, si queremos

librarnos de la peste de que nuestras hijas ó nuestras nietas den en la

gracia de _rehabilitarse_ y _perfeccionarse_ por sí mismas, al tenor de

los pavorosos procedimientos empleados ya hoy en varios países por

algunos sabihondos marimachos, vulgo _marisabidillas_, justamente

indignadas de que siga siendo cierto aquel dicho de un filósofo: «_Las

mujeres nos deben la mayor parte de sus defectos: nosotros les debemos

la mayor parte de nuestras cualidades._»

CAPÍTULO VII

CONCLUSIÓN Y RESUMEN

He concluído: pero, por si algo se me ha olvidado de lo que ofrece la

portada de estas monografías, creo oportuno evacuar ahora mi informe,

de una manera oficial, por medio del siguiente _estado_, ratificación y

resumen de todo lo que queda dicho[17]:

LA MUJER GRANADINA, TAL CUAL ES

+======================================================+

|En el hogar| En | En | En |

|doméstico. |los campos.|las ciudades.|el templo. |

+-----------+-----------+-------------+----------------+

| Reina | Reina | Reina |Amiga particular|

| absoluta. | absoluta. | absoluta. | de la Virgen. |

+======================================================+

+==============================================+

| En | En | En |

|los espectáculos.|el taller.|los salones. |

+-----------------+----------+-----------------+

| Llorona. | Caret. | Reina absoluta.|

+==============================================+

DESCRIPCIÓN Y PINTURA DE SU

+===============================================+

|Carácter.|Costumbres.| Trajes. | Usos. |

+---------+-----------+----------+--------------+

| Según y |Ejemplares.|Excesivos.| Árabes |

|conforme.| | |ó parisienses.|

+===============================================+

+===================================================================+

|Religiosidad.|Belleza.|Defectos.|Preocupaciones.|Excelencias. |

+-------------+--------+---------+---------------+------------------+

| Idolátrica. | Ideal. |¡Ninguno!| Todas. |Empiezan á abundar|

| | | | | en la provincia. |

+===================================================================+

Enero de 1873.

DE MADRID A SANTANDER

I

Salí de Madrid, mi querido Pepe, del modo y manera que sabes;

empingorotado en el cupé de la Diligencia de Valladolid, con menos que

mediana salud, á las seis de una caliente mañana de Agosto, no muy

provisto de metales preciosos, en busca de aire y de agua, dos artículos

de primera necesidad que escasean en la Corte de las Españas; con los

bolsillos llenos de melocotones y naranjas, que tú me diste, y en la

amable compañía de mi bastón, mi paraguas y mi saco de noche.

El viaje desde Madrid á Valladolid fué una especie de _índice_ del de la

Reina y sus ministros, cuyas pisadas venía siguiendo, á cuatro días de

distancia, mi humilde humanidad; lo cual quiere decir que iba hallando á

mi paso iluminaciones..... apagadas, arcos de triunfo..... por el

suelo, y algún que otro músico desbandado, que tornaba á los patrios

lares con su serpentón á la espalda.

La Corte, desandando la Historia de España hasta llegar á su cuna, y yo,

dirigiéndome á Valladolid para luego girar hacia estos montes sin

historia conocida, hemos atravesado, pues, el país clásico de los

Infanzones de Castilla, la tierra que pisaron los Condes, los Reyes y

los Caballeros, el lugar de mil batallas portentosas y de treinta

_Cortes_ que hoy son pobres y obscuras villas.

Ya, antes, al trepar al Guadarrama, tumba de hielo en que Felipe II se

escondió en vida, cerrando el libro de la epopeya española, había yo

meditado largamente..... El Guadarrama, ó sea el Monasterio de _El

Escorial_, cuya triste mole descubrí á lo lejos, es una losa fúnebre

colocada sobre nuestro pasado de gloria. No parece sino que el gran

Misántropo presintió la ruina del imperio de Carlos V, y levantó un

padrón mortuorio en conmemoración de la grandeza de España.--En adelante

los _Carlos_ de Austria se llamarían Carlos II, los _Felipes_, Felipe

IV, _et sic de cæteris_.

Pasé por Olmedo, donde hace cuatro siglos se dieron dos batallas, la una

en 1445, la otra en 1466.

En la primera resultó D. Álvaro de Luna herido en una pierna..... y

Maestre de Santiago. Allí ganaron también D. Juan Pacheco el Marquesado

de Villena y D. Íñigo López de Mendoza el de Santillana. ¡Reyes, Grandes

y poetas combatieron pecho á pecho y brazo á brazo; triunfó Castilla, y

cubrióse (dicen) de gloria el infante D. Enrique, más tarde llamado

Enrique IV el _Impotente_!

En la segunda, el honor de Castilla fué vulnerado por vencidos y

vencedores, por los nobles y por el Rey, demostrándose así con el

testimonio de la Historia, que cuando los reyes no representan las

aspiraciones de sus pueblos, hasta el laurel se convierte en sus manos

en fúnebre sauce.

Pero dejemos la Historia, por respetos á la ley de imprenta que nos

rige.

De Madrid á Valladolid hay treinta y cuatro leguas y pico, que se andan

en veintitrés horas.--Llegué, pues, á las cinco de la mañana á la ciudad

de D. Álvaro de Luna.

II

Ya allí el calor era soportable, el aire elástico, la vegetación

risueña. Había un río surcado por lanchas y cuajado de bañistas; había

espesas arboledas; hermosas _Casas de Baños_, y un paseo llamado las

_Moreras_ (donde estudié, la tarde de un domingo, el mujerío

vallisoletano), y había un _Campo Grande_, paseo nocturno mucho más

extenso que el Prado de esa Villa y Corte.

Todos pronostican á Valladolid un porvenir muy lisonjero. El

ferrocarril, que llama ya á sus puertas, desarrollará los elementos de

riqueza que posee de muy antiguo aquel país, juntamente industrial,

ganadero y agrícola. En la actualidad tiene fábricas de papel continuo,

de tejidos, de pan, de productos químicos, de harina, de calderería, de

cerveza, de curtidos, de botones, de cola, de chocolate, de loza fina,

de telas metálicas, de fundición, de cintas, de pasamanería, de

platería, de herrería.....--Muchas de estas cosas en pequeña escala;

pero con grandes condiciones de vida y prosperidad.

En cuanto á bellezas artísticas, á monumentos históricos, á glorias

nacionales, Valladolid es, como si dijéramos, la _Sevilla del Norte_.

Visité la _Catedral_, ó, por mejor decir, el fragmento de ella que hay

construído; pero, estudiando los planos y proyectos de Juan de Herrera,

que guarda el Cabildo, comprendí que si el grande arquitecto no hubiese

abandonado esta obra por la del Escorial, España tendría hoy un templo

del Renacimiento digno de figurar al lado de San Pedro de Roma. En las

proporciones á que ha quedado reducida, todavía la Catedral

vallisoletana impone al alma su ruda y solemne magnitud..... Parece un

elefante de piedra, una pagoda índica, una montaña ahuecada. Todas las

profanaciones que legó á este grandioso edificio el malhadado

Churriguera desaparecen y quedan enterradas bajo la noble gentileza de

aquella fachada dórica, tan pura y colosal, y de aquellas naves

corintias cuyas pilastras equivalen á otros tantos monumentos.

Pero mi carta no tendría fin si hubiese de enumerarte, no digo

describirte, todo lo que el artista y el poeta encuentran en esa inmensa

necrópole de nuestra historia que se llama Valladolid.--No diré, pues,

más que lo principal.

Viajes por España · 第 12 / 17 段