MI PRIMER VIAJE A TOLEDO

El ferrocarril de Castillejo á Toledo acaba de ser inaugurado, lo cual

significa en sustancia que la vetusta ciudad imperial se encuentra ya á

las puertas de Madrid.--De esperar es, por consiguiente, que, pues tan

rápido, cómodo y barato resulta hoy el viaje, todos los amantes de la

belleza artística y de las glorias patrias vayan sin pérdida de tiempo á

admirar con sus propios ojos aquel museo de maravillas.

En el ínterin, si á bien lo tienen, dígnense leer los apuntes que yo he

hecho en mi cartera durante los dos días que acabo de pasar en la Roma

de nuestra historia; apuntes que, si no son una _Guía_ ni mucho menos,

revelan todo el entusiasmo que puede inspirar á un buen español,

aficionado á las artes, la noble ciudad tantas veces cantada por

Zorrilla.

* * *

_Toledo_ es un magnífico álbum arquitectónico, donde cada siglo ha

colocado su página de piedra. Ver á Toledo es leer á un mismo tiempo la

historia de España y la historia de la Arquitectura.

Más ricas en monumentos árabes son Córdoba, Sevilla y Granada, en obras

romanas Mérida y Segovia, en góticas los reinos de León y Castilla la

Vieja; pero ninguna ciudad como _Toledo_ lo encierra todo; ninguna como

ella puede ostentar juntamente grandes obras de todos los tiempos y de

todos los períodos del arte. Y consiste en que Toledo es una ciudad diez

veces histórica, que diez veces ha resucitado de sus cenizas, que ha

puesto en su frente corona sobre corona, llegando al cabo á verse

investida de toda la grandeza de la historia patria.

Su fundación, perdida en la noche de la fábula como todo lo épico, es

para unos obra de Hércules, para otros se remonta á la fuente de los

días auténticos; al pueblo judío. Y lo mismo que la religión y el

paganismo se la disputan, ved cómo luchan después todos los invasores de

España por engrandecerla.....

¡Ah! no todos: que si bien es verdad que los bárbaros del Norte la

respetaron hace quince siglos, no es menos cierto que los franceses del

siglo XIX quemaron y destruyeron sus alcázares y templos.

De cualquier modo, Toledo ha sido la ciudad bien amada de los siglos. La

antigua Carpetania la cuenta entre sus pueblos patriarcales, Roma entre

sus colonias, entre sus esclavas los alanos, entre sus reinas los godos.

En ella busca amparo el naciente Cristianismo, y los renombrados

Concilios toledanos enaltecen su fama en todos los pueblos visitados por

los Varones Apostólicos. Asentará en ella luego Rodrigo su corrompida

corte, y la avasallarán después los árabes..... Pero Toledo no habrá

muerto todavía. Aun será corte de los grandes Alfonsos, amparo de los

errantes judíos, mansión de Isabel la Católica y Carlos I de España,

cuna, en fin, de los primeros albores de libertad en tiempo de las

Comunidades de Castilla.

Pues bien: toda esta grandeza, todo este poder, toda esta fortuna están

escritos en sus innumerables monumentos. En más de una torre

desmantelada, á que sirvieron de cimiento ruinas de la dominación de

Roma, hay ventana que fué primero ajimez árabe, después ojiva gótica,

luego nicho del Renacimiento, y que hoy es balcón adornado de flores á

que se asoma la hija del campanero. En él veis borrados los junquillos y

doseletes; notáis el rastro del arco estalactítico, echáis de ver un

resto de friso greco-romano, y acaso encontráis algún extravagante

delirio de Churriguera; todo revuelto y remendado, pero todo elocuente

y revelador de pasados destinos.

La _Catedral_, sobre todo, es la urna cineraria de las grandezas

españolas. Cada período de civilización ha grabado en ella su nombre:

cada generación ha dejado el polvo de sus héroes.--Crúzase con

melancólico orgullo aquel museo en que todos nuestros artistas han

labrado una columna, colgado un cuadro ó tallado un santo de madera;

donde cada conquistador ha depositado las banderas de su ejército y los

trofeos tomados al ejército vencido; donde los reyes han buscado

sepultura, así como los poetas y los poderosos; donde uno dejó sus

alhajas, otro su librería, este su espada y su armadura, aquel las obras

de su ingenio. Parece la Catedral, considerada de este modo, una matrona

antiquísima, una venerable abuela, á la cual cada uno ha contado sus

tristezas, confiado sus secretos, legado su gloria, pedido consejo en la

desgracia y debido una oración en la hora de la muerte.

Allí duermen Enrique de Trastamara, el rey fratricida; allí los santos y

los arzobispos que guerrearon contra los moros; allí los mismos

arquitectos que sucesivamente, durante muchos siglos, fueron

construyendo la Catedral; allí D. Álvaro de Luna, el soberbio enemigo

del feudalismo, y D. Enrique III el _Doliente_, y D. Juan I, y famosas

reinas, y capitanes, y prelados, y damas hermosísimas, que reinaron en

famosos torneos; allí están las banderas cogidas á los agarenos en cien

batallas, y las perlas y los diamantes acumulados por los judíos, y los

frescos de Jordán, y las esculturas de Berruguete, y verjas de cien

autores, todas de un mérito asombroso, y mil reliquias, mil ex votos,

mil preciosidades auténticas, históricas, paleográficas, artísticas.

Lo repetimos: la _Catedral_ es un museo, un archivo, una biblioteca

inmensa, donde el artista, el poeta, el arqueólogo, el historiador,

todos los que aman el pasado, encontrarán inagotables tesoros.

Pues si la consideramos ya como edificio, como obra de arquitectura,

como templo gótico, ¡qué nuevas maravillas, qué riqueza, qué

grandiosidad, qué excelsitud!.....

Allí está toda la historia del estilo gótico, desde el godo, anterior á

la invasión de los bárbaros, hasta el gracioso y puro del siglo XIII.

Allí hay portadas más bellas que las de Nuestra Señora de París y que

las elegantísimas de las catedrales de Burgos y Sevilla; allí atrevidas

bóvedas, vistosos rosetones, aéreos doseletes, casetones cuajados de

estatuas en miniatura, vidrieras de colores que filtran dulcemente la

luz del cielo, y mil y mil molduras y archivoltas que entretienen la

vista y la imaginación por su interminable variedad.

La primitiva iglesia fué fundada por San Eugenio, y sobre ella bordaron

los moros una gran mezquita. Reconquistada la ciudad, San Fernando no

quiso que en la Catedral toledana hubiese ni tan siquiera huellas de los

infieles, y la destruyó hasta los cimientos, poniendo en aquel mismo

sitio la primera piedra del templo actual. Doscientos cincuenta años se

tardó en construirlo, y todavía hoy se sigue trabajando en pormenores de

ornamentación.....

Pero no me es dado proseguir, ni tampoco me queda tiempo de bosquejar,

como quisiera, otros monumentos de _Toledo_.....--Esta rapidísima reseña

ha de publicarse dentro de dos horas, y los cajistas me van quitando de

las manos las cuartillas según que las escribo de primera intención.

Dejo, pues, para cuando esté más despacio, suponiendo que llegue á

estarlo alguna vez, describir la iglesia y claustro de _San Juan de los

Reyes_....., sobre todo el claustro, que parece un jardín de piedra,

medio destruído por una tempestad.....--¡Ah, franceses!..... ¿Cómo no

morís de bochorno, al pensar que destrozasteis aquellos primores

artísticos?

También siento mucho no poder hablar detenidamente del cesáreo _Alcázar_

que sirve como de corona mural á _Toledo_, pues que se eleva sobre la

más alta cumbre de la ciudad. Baste decir que es una obra digna de

Carlos V, de Alonso de Covarrubias y de Juan de Herrera. El gran

Emperador mandó edificarlo en aquel eminente paraje, donde yacía en

ruinas el viejo Alcázar que habitaron los grandes Alfonsos.....; y es

fama que, siempre que bajaba ó subía la monumental escalera, se paraba

en su gran meseta y decía:--«_Sólo aquí me creo verdaderamente

Emperador._»

En fin: un tomo entero no bastaría para reseñar todo lo que hay que ver

en _Toledo_, desde que se la descubre, escalonada en aquella especie de

erguida península, ó corpulento promontorio ceñido por el profundo Tajo,

y se comienza á subir la áspera cuesta, y se pasa el venerable _Puente

de Alcántara_, y se penetra por la histórica y bellísima _Puerta de

Visagra_, hasta que se recorre aquel dédalo de torcidas calles arábigas,

y se baja por el lado opuesto, y se vuelve á salir al campo por el

_Puente de San Martín_.--Sinagogas; mezquitas; alminares que sirven de

torres á iglesias cristianas; _Puertas_ tan notables como la del

_Cambrón_, que compendia toda la historia de _Toledo_, pues en ella han

puesto mano Wamba, los moros y Carlos V, ennobleciéndola más y más con

cada restauración; ruinas de _Palacios_ tan interesantes,

respectivamente, como los que habitaron D. Pedro el _Cruel_ y D. Enrique

de Trastamara; murallas del tiempo de D. Rodrigo; el _Baño de la Cava_;

la _Capilla mozárabe_ de la Catedral; la gran _Fábrica de Armas_, donde

se siguen forjando y templando espadas como las que nos valieron tantas

victorias en otros días; _El Cristo de la Vega_ de la leyenda de

Zorrilla; la romántica Plaza del _Zocodover_; la _Posada de la Sangre_,

contemporánea de Don Quijote; ¡qué sé yo cuántas cosas me han

entusiasmado durante mi estancia en _Toledo_!.....

Citaré únicamente, para concluir, mis últimas emociones en la que

llamaré _nuestra ciudad eterna_.

Había llegado el momento de regresar á Madrid, al mundo de la política y

de los negocios.....

La tarde era tempestuosa..... Negras nubes y remotos truenos amenazaban

á los toledanos con una gran tormenta.

Tenía yo resuelto de antemano que mi última visita sería para la

_Catedral_, donde ya había estado lo menos ocho veces en el espacio de

dos días.....--Deseaba despedirme allí solemnemente de TOLEDO.

Mi compañero de viaje y querido amigo el insigne músico D. Mariano

Vázquez me esperaba en la gran Basílica, enteramente solo, sentado

delante del magnífico órgano llamado del Deán, arrancando de su hondo

seno solemnes y patéticos gemidos.--Tocaba la _Marcha fúnebre en la

muerte de un héroe_, escrita por Beethowen el día que supo que

Bonaparte «había descendido hasta el extremo de coronarse

Emperador».--El sacristán se había prestado también á ejercer el oficio

que no era el suyo, encargándose de los fuelles.....

Las bóvedas de la Catedral temblaban ante aquella tempestad de armonía

que lanzaba el poderoso instrumento. Las últimas luces de la tarde

penetraban desfallecidas por los calados rosetones, dando fantásticos

contornos á las figuras pintadas en los vidrios.--Abajo, en el templo,

estaba yo solo.....

¿El canto de gloria y de muerte que exhalaba el órgano, caía sobre

tantas sepulturas, sobre tanta grandeza desvanecida, sobre tanta

soberbia humillada, como un sufragio ó como un anatema?..... ¡No sé!

Perdido yo en la sombra de aquellas frías y solitarias capillas, creía

que el _héroe_ muerto de la composición de Beethowen era el _honor

español_.

A lo lejos me pareció oir las carcajadas de la moderna corte de España,

confundidas con las risas de desprecio de los riffeños, de los mejicanos

y de los poseedores de Gibraltar. ¡Hasta creí sentir ruido de mejillas

abofeteadas, y nuevas risas, y crujidos de huesos que se removían

indignados bajo las losas de los sepulcros!

«¡Los extranjeros nos insultan!.....»--gritaba una voz en los

aires.....

El órgano había callado. Levanté la frente, y quise huir..... Pero ya

era de noche, y las tinieblas me rodeaban.--Llegó en esto mi amigo, y me

sacó de la Catedral.

Una furiosa tormenta estaba descargando sobre _Toledo_..... Pero se

acercaba la hora de partida del tren, y tuvimos que salir á escape entre

la granizada y el huracán, como almas que se lleva el diablo.

Tres horas después me hallaba en el café Suizo de Madrid.

Junio de 1858.

EL ECLIPSE DE SOL DE 1860

Doy fe de haberlo visto con mis propios ojos, ayer á 18 de Julio, de dos

á tres de la tarde, desde las venerandas ruinas de Sagunto, ó sea desde

lo alto del castillo de Murviedro.

Con este solo fin había salido la víspera de la villa y corte de las

Españas en el tren correo. Al pasar por Valencia se me agregaron, según

estaba convenido, algunos poetas de las márgenes del Turia, con quienes

me liga antigua amistad, y todos juntos llegamos al castillo una hora

antes de la anunciada por el Calendario para el comienzo de la gran

tragedia celeste.

En aquel histórico lugar, donde comenzaba la zona en que sería

_totalmente_ visible la catástrofe, no se hallaba constituída ninguna

comisión de astrónomos, armada de instrumentos, con objeto de hacer la

autopsia al astro-rey luego que muriese....., y por eso mismo habíamos

determinado mis amigos y yo establecer allí nuestro observatorio

poético, ganosos de experimentar en el momento solemne todas las

emociones dramáticas y religiosas de la inocencia ó de la

ignorancia.....--Estábamos, pues, solos con el _coro trágico_, y el coro

trágico se componía de labriegos del país..... ¡De aquellos labriegos

que rara vez suben á la antiquísima fortaleza, pero siempre para honra y

gloria de España!

Así lo pensaba yo al ver al actual pueblo saguntino subir desde la villa

á la ciudadela. Pensaba en el día que sus antepasados subieron por

aquellas mismas rampas talladas en la roca, y no volvieron á bajar, sino

que perecieron heroica y voluntariamente, dando al héroe cartaginés el

más grande espectáculo de patriotismo que registra la historia: ó

recordaba aquel otro día, casi de nuestro tiempo, en que las tropas de

Napoleón se estrellaron una vez y otra contra aquel ruinoso baluarte,

guarnecido por un puñado de valientes, que acababan de dejar el arado

para subir á defender á costa de su vida el _muro viejo_ (Murviedro).

A la verdad, estas consideraciones históricas eran muy adecuado prólogo

al épico suceso que aguardábamos. Todo ello tenía dimensiones homéricas;

y como el cielo, la tierra y el mar que se desplegaban ante nuestra

vista eran los mismos de hace veintidós siglos, hubo momentos en que

perdí toda conciencia del tiempo, ó en que confundí lo pasado con lo

presente, y aun con lo futuro, que era el eclipse.....

A mis pies veía, por una parte, las imponentes ruinas del _Anfiteatro

romano_; por otra, la villa actual; alrededor, una verde llanura poblada

de algarrobos, olivos y moreras, y más lejos el azul Mediterráneo, ó

suaves cordilleras de montañas que delineaban, por decirlo así, un

magnífico y resplandeciente horizonte.

El día estaba sereno y caluroso. El sol inundaba de luz las soledades

del espacio, animando y engrandeciendo el vastísimo paisaje. Largos y

monótonos zumbidos de cigarras y de otros insectos voladores poblaban el

aire de un sordo y soñoliente murmullo, que convidaba á la siesta.

Callaban las aves, adormecidas por el calor, y callaban también los

hombres, atentos al deicidio que se preparaba en los cielos.

A la izquierda, y precisamente donde empezaban á amontonarse algunas

cenicientas nubes, divisábase un rompimiento de la cordillera, que me

dijeron daba paso al _Desierto de las Palmas_.--Allí, lo mismo que en

otros parajes de la Península, miles de humanos seres, olvidados de las

agitaciones y mezquinos intereses de esta vida, estaban como nosotros en

expectación del fenómeno celeste; unos llevados de amor á la ciencia,

otros de culto á lo maravilloso, quienes del miedo, quienes de mera

curiosidad.

En lo que á mí toca, yo consideraba en aquel instante al género humano

de un modo que no lo había considerado nunca: no ya como una especie

privilegiada que cumple estos ó aquellos destinos en el mundo; no como

_actores_ del gran teatro del universo; no como los personajes

principales del largo drama que llamamos Historia, sino únicamente como

_espectadores_ alojados en un pequeño planeta, como simples pobladores

de nuestro globo, como accidentes de la creación, como testigos de la

marcha misteriosa de mil mundos. Las ciencias, la política, la

filosofía, los odios, las ambiciones, el amor, la guerra, el infortunio,

todo lo que constituye nuestra cotidiana vida, había perdido su interés

en aquel momento. Todos los hombres resultaban iguales. Un poder

superior, la incontrastable fuerza que rige los orbes, les hacía pensar

en cosas más grandes que la sociedad y que la civilización. ¿Qué eran,

qué podían ser las potestades humanas, cuando mundos enteros aparecían

como frágiles barquillas perdidas en el infinito espacio, y se les veía

navegar á merced del potente soplo que los empuja por sus misteriosos

derroteros?

Eran ya las dos....., la hora anunciada y esperada hace tanto tiempo por

los astrónomos.

El eclipse había principiado; pero aun no se percibía alteración alguna

en la luz del sol.

A eso de las dos y media empezaron á palidecer las nubes, mientras que

el mar se ponía cada vez más sombrío.

La luz del sol era blanca como la de la luna, y la sombra de los cuerpos

intensamente negra, pero de vagos contornos.

El cielo estaba despejado; la atmósfera diáfana. ¡El sol se hallaba en

el mediodía; y, sin embargo, se aproximaba la noche!

Nuestros semblantes se iban poniendo lívidos..... Una claridad fúnebre,

que ya no era semejante á la de la luna, sino á la de la luz eléctrica,

alumbraba fantásticamente la ciudad y las ruinas del Anfiteatro.

Las nubes tomaban un color gris como el de la ceniza. El mar continuaba

obscureciéndose.....

¡Y nada de esto se parecía al anochecer!..... Lo imponente era el ver

que allá, en las regiones superiores del cielo, seguía siendo de día,

mientras que en la infortunada tierra y en su atmósfera cundía la

obscuridad. Es decir: ¡que la luz del cielo no llegaba ya á la tierra!

Por lo demás, á la simple vista no se notaba todavía alteración alguna

en el disco del sol. Ciertamente, casi todo él estaba eclipsado; pero el

ligero limbo que aun se percibía, irradiaba el suficiente fulgor para

ocultar á nuestros débiles ojos la gran sombra que ya amenazaba

sepultarlo.

Tenemos, pues, que el sol reverberaba en el cenit; que el cielo, ó sea

el espacio á que no alcanzaba la sombra de la luna, seguía inundado de

luz como antes del fenómeno, y que, sin embargo, la noche caía sobre la

tierra, súbita, aceleradamente ya, sin gradación ni crepúsculo, como si

nuestro planeta hubiese tenido luz propia y un soplo del Hacedor la

hubiera apagado repentinamente.

¡En esto--(todo lo que ya diga sucedió en menos de un segundo)--en esto

expira instantáneamente el último fulgor; cambian de aspecto todas las

cosas; vense lucir dos estrellas cerca del astro agonizante; levántase

un espantoso viento; hace frío; corren las nubes; ennegrécese el mar;

camina la sombra á nuestros pies; parece que se desquicia el cielo, como

cuando se muda una decoración en el teatro; muere el sol....., y

sustitúyele un astro nunca visto, un meteoro fúnebre y grandioso, más

bello que todo lo imaginado por el hombre!.....

Un grito de terror sale de mil pechos. Las gentes sencillas que nos

cercan creen indudablemente que se acaba el mundo..... Pero, al ver que

el sol ha sido reemplazado por aquel fenómeno tan hermoso y

sorprendente, nuevo alarde del poder y de la sabiduría del Eterno,

prorrumpe en un aplauso, en un viva, en un _bravo_, en una aclamación

frenética y entusiasta.....

Este singular y tierno aplauso al Autor de la naturaleza, pone las

lágrimas en mis ojos..... El espectáculo de la _conjunción_ eriza los

cabellos..... El cuadro que me rodea, la hora, el sitio, todo contribuye

á horrorizarme, á conmoverme, á levantar mi espíritu, á revelarme la

inconmensurable grandeza de Dios.

El Gólgota, tal como se le pinta á las tres de la tarde de aquel

tremendo y glorioso día en que murió Jesús; el Juicio Final, profetizado

por el _Apocalipsis_; el Diluvio, Pompeya, los terremotos

americanos.....; yo no sé cuántas y cuán extrañas cosas pasaron por mi

imaginación.

Entretanto....., ¡qué maravillosa, qué sublime apariencia la de los

cielos!

El _astro_ que había sustituído al sol, diríase que era su catafalco, su

iluminado túmulo, su _capella ardente_.--Imaginaos un cielo sombrío, y

en medio de él una gran placa negra y de oro, una enorme estrella

esmaltada..... ¡Yo no sé cómo os lo diga!.....--Imaginaos el disco de la

Luna, negro como el azabache, y en torno suyo una orla de lumbre formada

por la irradiación del sol, que está detrás. De esta orla parten

divergentemente cuatro ó cinco ráfagas de plata y oro, como los

destellos que vemos en las aureolas de los santos góticos.--Era, pues,

un astro de luto; el cadáver del sol; la luz vestida de negro.--Sol y

luna formaban un solo cuerpo, engendro misterioso que representaba á la

vez el día y la noche.....

--¡Oh Dios (pensábamos todos en aquel momento)! ¡Cuán infinito es tu

poder! ¡Cuántas nuevas maravillas pudieras crear, aun después de haber

llenado de ellas tantos mundos! ¡Qué habrá que se iguale á la última de

las cosas, si tú pones en ella tu mano augusta!

Poco más de dos minutos, que nunca olvidarán los mortales que han

presenciado esta gran tragedia, duró el eclipse total.--El pueblo seguía

aclamando á Dios, con los brazos alzados al cielo, con las lágrimas en

los ojos.....

La obscuridad no era tanta que dejásemos de vernos unos á otros.....

Pero ¡de qué manera! ¡Qué fatídica luz en nuestras frentes! ¡Qué

lobreguez en las nubes! ¡Qué aparente movilidad en el suelo que

pisábamos!

De pronto cae de aquel extraño fenómeno un borbotón de luz, un río de

oro, un torrente de fuego que inunda instantáneamente toda la enlutada

atmósfera.....

Un nuevo aplauso, un nuevo grito, mil y mil bendiciones á Dios pueblan

el espacio.

--¡El SOL! ¡El SOL!--exclamamos todos con amorosa alegría.

--¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea Dios!--repetimos, llenos de gratitud y

de entusiasmo.....

Y hay otro cambio súbito en la naturaleza, y tierra y cielos mudan de

color como por encanto, y la mar vuelve á aparecer, y las estrellas se

ocultan, y el sol recobra su soberanía--con gran contentamiento de

nuestros corazones, apenados un punto al ver vencido tan glorioso y

potente astro por el más débil y mezquino de los mil que alimenta y

vivifica su bienhechora llama......

Valencia, 1860.

CUADRO GENERAL DE MIS VIAJES POR ESPAÑA

I

EXPLICACIÓN PREVIA

Además de la media docena de _viajes_ cuyo relato circunstanciado

acabáis de leer, tal y como lo escribí á su debido tiempo, y además

también de mi expedición á la _Alpujarra_, que forma tomo aparte en la

presente colección de mis OBRAS, he realizado otras muchísimas

correrías, más ó menos poéticas, por esta bendita tierra de España,

donde me cupo la honra de nacer, y donde, dicho sea entre paréntesis,

protesto vivir y morir á uso y estilo de mis difuntos padres, aunque

cada día se invente un nuevo Paraíso terrenal al otro lado de los

Pirineos.....--Pero acontece, amigos lectores, que todavía no he tenido

ocasión, ni hoy la tengo, de escribir la relación de tales andanzas, y

por consiguiente, nada digo en este tomo acerca de Andalucía, Murcia,

Valencia, Aragón, Navarra, las Provincias Vascongadas y otros

territorios que han sido también objeto de mis peregrinaciones.

Espero en Dios, sin embargo, que algún día podré suplir este hueco,

escribiendo una segunda parte de la presente obra, bajo el título de MÁS

VIAJES POR ESPAÑA; y, entretanto, voy á trazar aquí una especie de

índice ó cuadro sinóptico de todos esos mis no escritos _viajes_, ó sea

de ese mi futuro libro, como anticipado homenaje de amor á pueblos y

regiones que, por más ó menos tiempo, fueron teatro de la tragicomedia

de mi vida, y también para que ni por un momento resulte que he dejado

de agradecer ninguno de los goces y aprovechamientos que plugo á Dios

consentirme, durante mi estancia en su finca de recreo llamada _La

Tierra_, ó, más bien dicho, durante este incomprensible y rápido viaje

que, hasta parados y aun dormidos, estamos siempre haciendo los hombres,

desde el misterioso reino que hay antes de la cuna, al no menos

misterioso que hay más allá del sepulcro.

Viajes por España · 第 14 / 17 段