Allí podemos verla de paseo amatorio, por la tarde, en la primavera,

bajo las sombras paradisíacas de _La Alhambra_; ó en excursión

higiénica, el verano, al amanecer, por la amenísima y misteriosa cuenca

del _Dauro_ ó _Deoro_, en busca de la _fuente del Avellano_; ó, en tren

de merienda, por las fértiles huertas de los _Callejones de Gracia_, con

presupuesto de cerezas, habas verdes ó lechugas, para engañar unos

típicos bollos de pan de aceite. Allí podemos admirarla cuando cruza en

carretela bajo las célebres alamedas del _Salón_ y de la _Bomba_, entre

perpetuos verjeles; ó cuando echa pie á tierra y luce su garbo y su

elegancia por la alegre _Carrera de Genil_, frente á la cual sonríen

embelesadas las eternas nieves de la vecina Sierra, que parece toca uno

con la mano; ó bien la encontramos asomada, como una flor más, á un

balcón natural de rosas y alelíes, en aquellos cármenes escalonados por

las laderas de todas las colinas, desde cuyas alturas corren, triscan y

saltan mil arroyos bullidores, como otros tantos duendes que minan los

cerros, las calles y las casas de la ciudad, creando pensiles en todas

partes. Allí podemos acompañarla, finalmente, en su constante

peregrinación artística, subiendo por la _Cuesta de los Molinos_, por

las _Vistillas de los Ángeles_, por el _Campo del Príncipe_ y por la

_Cuesta de San Cecilio_, á buscar los sublimes panoramas que se

descubren desde los _Mártires_ ó desde _Torre Bermeja_, para ir luego á

visitar las maravillas del Palacio encantado de Alhamar el Magnífico, y

del aéreo, quimérico _Generalife_, asilos perdurables de poéticos

ensueños..... Y en todos estos parajes veremos á aquella mujer, tan

sensible y reflexiva, tan amante y soñadora, siempre al través del

prisma de colores de una flora inagotable, siempre al son del canto del

ruiseñor, siempre oyendo bajo nuestros pies, sobre nuestra cabeza y á

nuestro lado, el rumor melancólico del agua, reluciente ú oculta,

despeñada ó juguetona, y siempre entre la magia de los recuerdos

históricos, de los primores artísticos, de las tradiciones románticas,

de las solemnidades religiosas y del patético gemido que exhala todo lo

decadente, todo lo desgraciado, todo lo que pasó..... como pasa nuestra

vida.....

* * *

Conque vedla, ¡sí, vedla! ¡Saludad á la _Granadina de Granada_ bajo

cualquiera de las formas en que aparece á nuestros ojos!

Ya es la noble, la distinguida, la delicada aristócrata de aquella

tierra clásica de lo regio..... Ésta va en coche.

Ya es la sílfide que apenas huella la tierra con sus menudos pies; la

ideal y elegante dama ó señorita de la clase media, de cultas formas y

gentiles pensamientos.....--¡Canela pura!

Ya es la graciosa, y fina, y seria doncella del pueblo, silenciosa y

expresiva como las flores con que adorna su reluciente peinado.....

Pero siempre halláis la misma mujer exquisita, de fibra superior, de

inmaterial belleza que directamente os habla al alma; más insinuante que

fascinadora, más á lo Murillo que á lo Ticiano, más de Calderón que de

Lope, más de Cleómenes que de Fidias.

Sí: cualquiera que sea su clase, la Granadina resulta siempre

_aseñorada_ y sentimental, al propio tiempo que dulce, risueña y

recatadamente voluptuosa. No chisporrotea en ella la sangre, como en las

andaluzas oficiales de otras comarcas; pero su imaginación, sus nervios,

la médula de sus huesos, los suspiros de su boca, son amor y sólo

amor.....

No me preguntéis por las facciones de su cara, ni por las dimensiones de

su cuerpo..... Allí, como en todas partes, _per troppo variar natura é

bella_..... Hay, pues, Granadinas morenas y Granadinas blancas; de pelo

negro, de pelo castaño y de pelo rubio; altas y bajas; delgadas y

gordas; feas y bonitas.--Sépase, empero, que el tipo _general y

genuino_, el arquetipo, el dechado, no es alto y recio como el de la

hermosa cariátide vascongada, por ejemplo; ni fresco y amplio como el de

las mujeres de Rubens; ni pequeño y pardo como el de las hijas del

interior de España: sépase también que las bellas están en Granada en

mayoría, y sépase, en fin, que casi todas tienen poco hueso, pie

diminuto, provocativo talle, la color algo quebrada, rasgados ojos

obscuros y sus indispensables interesantísimas ojeras.--Decir que hay

más morenas que rubias, fuera ocioso, tratándose de Andalucía; pero su

moreno es esclarecido, como el de las legítimas venecianas. Sin embargo,

en el Albaicín abunda un tipo hechicero y rarísimo en España: la mujer

blanca como la nieve y con el pelo negro como el azabache.....--¿Serán

descendientes de odaliscas circasianas de los últimos harenes moros?

* * *

Pasemos á la parte indumentaria.

La dama de la alta sociedad y la acomodada de la clase media visten como

determina mensualmente el _figurín_ de París, ni más ni menos. Excusado

es, por consiguiente, buscar nada local, nada típico en su traje..... En

este punto, ver á una elegante madrileña es ver á una elegante

granadina.

La mujer de las clases populares no tiene tampoco traje característico;

pero su _toilette_ de gala, aunque poco singular, es bastante graciosa:

zapato bajo, negro ó color claro; media blanca: vestido entero de

percal, casi rayando con el suelo, adornado con uno ó más volantes de la

misma tela; pequeño delantal negro; un pañolillo de vivos colores,

cruzado sobre el pecho, dejando adivinar todas las primorosas líneas del

talle; y, finalmente, otro pañuelo de seda, llamado _de la India_,

también muy vistoso, doblado diagonalmente, prendido sobre la cabeza con

un alfiler y atado debajo de la barba.....--Este tocado, merced á

ciertos picarescos fruncidos y dobleces, llega á dar al óvalo del rostro

un carácter confuso, entre monjil y judaico, de irresistible

coquetería....., cuando la interesada es _interesante_.

Hasta aquí la capital.--En los pueblos, el traje de las campesinas varía

mucho, pero siempre sobre la base de un jubón negro de anascote. La

falda va aparte, y es de coco, indiana ó percal. En algunas villas sólo

las hay de picote listado. De todos modos, la elegancia rural consiste

en colgarse cuantos refajos y enaguas se poseen, aunque sean cincuenta.

Las lugareñas de más tono usan mantilla sin velo ni blondas, esto es,

una gran tira de franela negra, con anchas franjas de terciopelo. Las

muy pobres, hacia Levante, llevan el mantón doblado en triángulo,

pendiente de la cabeza, lo que les ahorra otro pañuelo y les da un aire

míseramente africano. En la Alpujarra, las cortijeras se echan sobre la

cabeza la saya á guisa de manto, y, como la saya está forrada de

amarillo, y el refajo es encarnado, ofrecen á distancia, en aquellos

ásperos montes, un aspecto interesantísimo. Por último: en varios

pueblos las mujeres de todas clases gastan medias negras, á excepción de

la hija del sacristán, que usa medias blancas, y á excepción también de

las infelices que no tienen medias.

* * *

Volviendo á las señoras de las clases acomodadas, y especialmente á las

aristócratas, hay que aplicar á sus costumbres externas, ó sea á sus

hábitos, lo mismo que hemos dicho de su traje: son una repetición exacta

de los hábitos de la alta sociedad madrileña. De consiguiente, sus

horas, sus gustos, sus esparcimientos, sus modales, sus opiniones sobre

todas las cosas que no son del alma, se arreglan al meridiano de París.

Y contra toda herejía importante en esta delicada materia las aseguran y

garantizan sus frecuentes viajes á la corte, y alguno que otro á

Bayona.--Inútil es añadir que cada recién llegada de Francia ejerce una

especie de dictadura durante dos ó tres meses.

Para la aplicación y ostentación de estas mudables reglas de buen tono,

cuentan las elegantes de Granada con bastantes coches propios, con dos

teatros, con excelentes modistas, con baños de mar en la cercana costa,

con su correspondiente _Junta de Damas de Beneficencia_, y con una

deliciosa _Rifa de la Inclusa_, en público, en una gran tienda de

campaña colocada en el paseo del _Salón_, durante las famosas fiestas

del _Corpus_; tienda que es una copia en miniatura del Paraíso de

Mahoma, por lo que respecta á la hermosura de las huríes que premian

allí las buenas acciones de los héroes. La _Plaza de Toros_ funciona

pocas veces, pero, cuando funciona, las Granadinas se acuerdan de que

son andaluzas, y dejan el pabellón nacional bien puesto. (Ya sabemos que

este pabellón es la mantilla blanca.) También he indicado que en Granada

hay pocas tertulias que salgan de la órbita de la familia. Tampoco

abundan los bailes en estos últimos tiempos. Pero, cuando ocurre lo uno

ó lo otro, la noble hija del Genil se viste, se prende, se presenta,

valsa, polka, habla y escucha con tanto gusto, distinción y gallardía,

como aquella ilustre y bella _Granadina_ que se sentaba, hace tres años,

en el que entonces era el primer trono de Europa, hoy arrumbado sillón

sin empleo.

Hemos apuntado que la dama principal de Granada subordina todos sus

hábitos á la moda francesa, y ahora nos ocurre hacer una excepción muy

trascendental, que va incluída en el siguiente inconcuso

AXIOMA

_Todas las Granadinas pelan la pava._

Sí, señor; lo mismo la hija del Marqués ó del Conde, que la del médico ó

el abogado y la del artesano ó el campesino, así la doctora en amor de

la metrópoli, como la tétrica de la ciudad sedentaria, y la díscola

lugareña, todas hablan con el novio por el balcón, por la reja baja, por

el tejado, por las rendijas de la puerta, por la tapia del huerto á la

luz del sol, á la de la luna, á la de los faroles y á ninguna luz: ¡á la

faz de los transeuntes, cuando los padres son gustosos, y de media noche

para abajo, entre la una de la madrugada y el amanecer, cuando se opone

la familia!

Esta _pava_ clandestina es la _pava_ por excelencia, especialmente en el

invierno.--Todo duerme en la ciudad de Boabdil, menos la _campana de la

Vela_ y las sonoras fuentes de los patios. El alumbrado público se apagó

á las doce. Por la calle sólo pasan otros novios que _van_ ó _vuelven_.

Pegado á una reja que casi linda con el suelo hay un fantasma con capa y

hongo. Detrás de la reja se columbra una mujer envuelta en inmenso

mantón y cubierta su cabeza y rodeada su cara por aquel pañuelo de la

_India_ que ya hemos calificado de toca semimonjil, semihebraica.

Marquesa ó cursi, ama ó criada, éste es el uniforme del amor á semejante

hora, lo cual sirve luego para echarse el muerto recíprocamente la

señorita á la doncella y la doncella á la señorita, en caso de

delación.--La capa y el hongo del galán contribuyen al equívoco, pues

todas las capas y todos los hongos son iguales á media noche.

¿Y qué más?--¡Nada más que pueda decirse con palabras!..... ¡Cuando

Romeo y Julieta confunden pensamientos y suspiros, y se miran y callan,

y tornan luego á su incoherente diálogo, y se repiten lo que ya saben, y

se lo vuelven á decir, interrumpiendo el raciocinio con el requiebro, y

pasando bruscamente de la pena á la alegría, de la queja al entusiasmo,

de la confianza á la duda, de la gratitud á los celos, del «_¡Cuánto me

quieres!_» al «_¡Ya no me quieres!_» y del «_Te quiero, pero no

quiero_», al «_¿Me querrás siempre como ahora?_»; cuando sus labios

balbucean este monótono, eterno poema del amor, mientras que sus almas

están asomadas á sus ojos, mirándose tan intensamente como se miran la

mar y el cielo, y confundiéndose como se confunden el silencio y la

soledad que los aislan, hay que llamarse Shakespeare para ser taquígrafo

de semejante escena!

Sólo diré (pues ésta es la ocasión) que ni la simbólica literatura de

Oriente ni el alegórico arte germánico emplearon jamás formas tan

figuradas, intención tan remota y sentido tan íntimo como el discurso

amatorio de una Granadina. Sobre todo, cuando no está subyugada del todo

por la ternura, ó cuando los celos le impiden ser expansiva, ó cuando

teme que la esté oyendo algún profano, la profundidad y viveza de su

lenguaje rayan en lo sublime.

¿Quién no la ha oído, y quién no la ha admirado en este último caso,

cuando habla con el novio desde alto balcón, en el estío, á la hora de

la siesta, advertida de que la está oyendo toda la vecindad detrás de

las cortinas de cien salas bajas?--¡Qué disimulo en las frases! ¡Qué

insistencia en unos mismos símiles hasta apurar el concepto! ¡Qué dos

conversaciones en una sola, la una aparente y pública, la otra de

imaginación á imaginación! ¡Cuán lógica y chispeante la primera, en

medio de su fatuidad! ¡Cuán grave y apasionada la segunda! ¡Cómo brilla

el ingenio en lo que dice! ¡Cómo relampaguea la pasión en lo que quiere

decir! ¡Y qué energía de pensamiento, qué riqueza de fantasía para

prolongar indefinidamente un exacto paralelismo entre la imagen y la

idea, entre el apólogo y la realidad, entre la _fábula_ y la _historia_!

Pero no hay que confundir esta _pava_, pelada á gritos, con la que

hemos dejado pelando á las altas horas de la noche, libres, juntos y

solos, al Romeo y á la Julieta de la reja baja.--Aquí desaparece el

discreteo; aquí se disputa, como en la balaustrada de Verona, sobre si

es la alondra ó el ruiseñor el que canta; aquí el éxtasis habla por los

dos amantes, mientras que el implacable reloj les va notificando cada

hora que transcurre: ¡horas mermadas por la eternidad á su juventud y á

su dicha; horas que pueden ser las últimas de sus plácidos coloquios, si

la oposición paterna prevalece y la niña se casa con el rico, á pesar de

tutear al estudiante; horas descontadas á la esperanza, deudora inmortal

del corazón humano, al cual nunca le paga lo que le debe, pero que en

cambio es siempre confiada prestamista de los más locos deseos!

Y pues que hemos salido del templo de Cupido por esta imprevista puerta

de escape del _interés_, aprovechemos la coyuntura para manifestar que

la provincia de Granada es la tierra de los casamientos desiguales, ó

sea de los enlaces amorosos entre pobres y ricas, y ricos y

pobretonas.--De aquí tantas _pavas_ clandestinas.--¡Los padres braman

durante el depósito judicial y la luna de miel; pero los nietos arreglan

luego el asunto!

* * *

La señorita _de familia poco acomodada de la clase media_ propende á

copiar, y copia divinamente, todo lo que hacen la rica y aristócrata,

pues ya he dicho que la distinción y el señorío sirven de común

denominador á aquellas exquisitas criaturas, cualquiera que sea su

condición social.--Lo que por fuerza acontece es que la joven de pocos

recursos traduce el terciopelo al merino, la blonda al tul, el raso al

tafetán, el gro al _organdí_ y la batista á la indiana. Del propio modo,

si va poco al teatro, va mucho al _Liceo_; si no pasea en coche, se

sienta en las sillas de la _Carrera_ los domingos, y si nunca estuvo en

la ópera, oye tocar con frecuencia á las bandas militares las

sublimidades cursis de _La Traviata_.--Porque esta señorita de que ahora

hablamos, es aficionadísima á la música, y si llegan sus padres á poder

estirar algo la pierna, tiene piano y maestro de canto..... Es además

muy lectora ¡mucho! y de admirable criterio moral y artístico..... Todo

lo bello, todo lo elevado encuentra eco en su corazón, así como todo lo

patético abundantes lágrimas en sus ojos.

A propósito y entre paréntesis: Aunque la Granadina se guarda mucho de

ser _liberal_, por humilde cuna que haya tenido; aunque es monárquica y

religiosa hasta los tuétanos (¿cómo olvidar á los Reyes Católicos?), y

apegada, por lo tanto, al antiguo régimen, hace causa común con una

revolucionaria, con una conspiradora, que murió en el cadalso por haber

bordado cierta bandera constitucional.--Comprenderéis que me refiero á

la insigne heroína doña Mariana Pineda..... ¡En tratándose de la

_Mariana_, las Granadinas no tienen opiniones! Todas la admiran, la

compadecen, la lloran y le rinden verdadero culto. ¡Para ellas, aquel

trágico suceso es lo único que ha ocurrido en Granada desde la expulsión

de los moriscos!..... De lo demás no tienen noticia.....--Ni ¿qué es _lo

demás_?

Las mencionadas damiselas entre merced y señoría son acaso las que más

disfrutan de los encantos naturales y artísticos de la moribunda gran

ciudad. ¡Por lo mismo que las pobres significan menos en lo presente, se

aferran con más ahinco á lo pasado! Ellas son, pues, las abonadas á los

almuerzos y comidas en las fondas de _La Alhambra_, donde, dicho sea de

paso, se celebra todo lo fausto que acontece en la población: la boda,

el casamiento, el bautizo, el grado de licencia, el ascenso, la

transacción, el regreso, el desafío frustrado..... (Pudiérase decir que

_La Alhambra_ es una venerable abuela á quien se notifican todos los

contentos y prosperidades de su raza, para alegrar su vejez.) Ellas

suben á la _Torre de la Vela_ á contemplar (una vez al ano, el 2 de

Enero, aniversario de la _Toma_) los cuatro portentosos panoramas

cardinales de Granada y sus alrededores. Ellas van en peregrinación al

_Laurel de la Zubia_, de merienda á los cármenes y avellaneras del

_Sacro Monte_, y de campo formal, en tartana, al Fargue, á Huétor del

Genil ó á la Fuente Grande de Alfacar, verdadera maravilla de la

naturaleza. Ellas conocen la antigua corte musulmana y sus deleitables

contornos, piedra por piedra, mata por mata, tradición por

tradición..... ¡Y ellas, poseídas íntimamente de aquella _nostalgia

historial_ que más atrás analizamos, _saben estar_ en cada punto, hablar

y callar á tiempo, comentar la situación con el suspiro y la mirada, y

parecen á todas horas, ya á la luz del crepúsculo, ya á la claridad de

la luna, ya al tenue relucir de las estrellas, los genios de las ruinas,

las dríadas de los bosques, las náyades de los ríos, las ninfas de los

arroyos y las fuentes!

¡Qué bonitas!

* * *

La mujer del pueblo es más varia. Tenemos las _artesanas_ y del pequeño

comercio; tenemos las _labradoras_ que viven en el _Albaicín_, en las

_Huertas_, en el _barrio de San Lázaro_ y en todos los arrabales; y

tenemos la inmensa falange de _criadas_ de aquella población donde

apenas hay criados masculinos.

Todo este personal se reparte en sus días de asueto de la siguiente

manera: las de educación más sana y tradicional, se esparcen por las

_caserías_ (casas de campo), por los amenos _callejones de Gracia_, ó

por los cármenes en que tienen amigas, y allí bailan, juegan, cantan y

hablan con los novios.--Estos bailes y estos cantos son estrictamente

nacionales y casi se reducen al fandango. De donde ¡alguna puñalada por

la noche....., y pare usted de contar!

Las sucursales de los _bufos madrileños_, sucursales á su vez de los

_bufos parisienses_, han desnaturalizado un poco las costumbres del

pueblo bajo granadino. Es, por tanto, algo frecuente ver grupos de

criadas que acuden á los _Campos Elíseos_ (¡también existe allí este

mitológico cielo!) á bailar unas polkas íntimas de todos los demonios y

unos estúpidos _cancanes_, que de tales sólo tienen la indecencia.....

Apartemos los ojos de aquella desabrida traducción de ajenas ignominias,

y sigamos á las honestas menestralas, hortelanas y sirvientas de buena

ley, en sus inocentes y animados paseos por los campos, viéndolas rumiar

la fruta del tiempo ó los frutos secos que les regalan sus galanes,

mientras que ellos no perdonan _puesto_ ni ventorrillo (menudean en

todas partes) sin refrendar el pasaporte.....

¡Complazcámonos, sí, en el manso júbilo y modesta felicidad con que

estas desheredadas de la fortuna descansan de una semana de reclusión y

de trabajo, y bendigamos las expansiones de su contentadizo corazón,

cuando, al caer la tarde, vuelven á sus casas y á sus quehaceres,

cogidas de la mano en anchas hileras, cantando en coro sus empresas

amorosas, ó sea sus clemencias y sus desdenes, como bandadas de pájaros

que tornan á sus nidos!.....

* * *

Hemos salido de la capital.--Relativamente á las aldeas, pocas cosas de

bulto hay que decir, y para entrar en detalles y poner de relieve los

accidentes novelescos de existencias tan rutinarias y monótonas, habría

que emplear el microscopio y que escribir un libro entero de fatigoso

análisis. Contentémonos, pues, con algunos ligeros rasgos exteriores.

La mujer acomodada de una aldea, la rústica que paga jornales, la

alcaldesa de monterilla, no se conmueve ni esparce nunca. Dentro de su

casa es una afanada hormiga: en la calle, ó cuando recibe la visita de

un forastero, no habla sino lo más preciso, no sonríe ni por casualidad,

desea perderos de vista, demuestra una misantropía horrorosa. La

conciencia de su ignorancia y el más estólido orgullo se combinan

monstruosamente para dar este resultado. ¡Depender de semejante mujer

como sirviente, ó necesitarla por cualquier concepto, basta y sobra

para formarse cabal idea de cómo serían los más terribles señores de

horca y cuchillo!

La niña de esta casa no habla jamás. Siquiera, la madre tiene que

rabiar, que tronar, que rugir de puertas adentro..... ¡La hija lleva la

modosidad hasta perder la palabra y el movimiento!--No anda, se

traslada; y no gesticula, no mira, no tose, no ríe, no vuelve la cabeza,

aunque detrás de ella tiren cañonazos.--¡Por nada del mundo comería

delante de gente!..... Esto último, sobre todo, le parece consecuencia

precisa de su buena crianza y de su recato inexpugnable.

¡Y las hay realísimas mozas, y que se componen que da gusto!.....--Pero

es ver una imagen vestida. Diríase que existe un armazón de madera, en

lugar de un rollo de carne y huesos, debajo de aquella docena de sayas y

de aquellos pañuelos estiradísimos.....; pañuelos de Lucifer, sujetos al

jubón con mil alfileres, á fin de garantir la honestidad contra los

cuatro elementos, contra los cinco sentidos y hasta contra un terremoto.

En los cortijos no se pela la _pava_ por la ventana. El novio entra en

la cocina, donde están constantemente, en verano como en invierno, todos

los de la familia y todos los allegados. Allí se arriman á la cantarera

los dos amantes, y medio sentados en los cántaros, medio de pie, se dan

dos ó tres empujones, se sueltan tres ó cuatro insultos, se ponen muy

contentos y colorados..... ¡y á vivir!--Lo infinito queda apelmazado

dentro de sus almas, y no se desarrolla nunca..... Pero toda la palmera

está en el dátil y toda la encina en la bellota: así es que cuando, en

un rato de baile, se dicen un requiebro ó se endilgan una copla, el

madrigal tiene la fuerza de una bala.--Y de aquí la densidad de

sentimientos de los cantares pastoriles.

(Lo mismo proceden aquellas gentes con los santos de su devoción. El

patrono del pueblo es saludado siempre á escopetazos y con espantosos

apóstrofes, que pasarían por sacrilegios y blasfemias si no fuesen la

concentrada y enérgica expresión de su piedad y de su gratitud,

estallidos de unas lágrimas cristalizadas, pedazos que saltan de la

mismísima cantera de la fe, como salta la esquirla cuando se rompe el

hueso.)

La mencionada _niña de vergüenza_ no responde á derechas á ninguna

pregunta, como no sea de sus padres..... ¡La desconfianza, ley esencial

de su vida, le impide soltar prendas, aunque se trate de saber si es de

día ó de noche!--En cuanto á su pudor, no hay palabras para encarecerlo:

raya en absoluto; se espanta como la liebre, ó se defiende á bofetadas y

á coces.....--¡Qué Lucrecia, ni qué ocho cuartos! ¡Más fácil le fuera á

Lovelace ó á Tenorio sujetar el azogue entre sus dedos que cautivar el

albedrío ó la cintura de una de estas vírgenes refajonas!

Cuando la campesina se casa, puede decirse que se muere, como muere la

flor al cuajar el fruto. Desde aquel día deja de ser joven, de mirarse

al espejo ó á la fuente, de componerse, de cuidarse.....--Dos años

después es efectivamente vieja.

En lo demás, la Granadina del campo, y singularmente las ricas, son lo

mismo que las labradoras de la capital, si bien menos joviales y hasta

un poco atrabiliarias. Y no es todo rusticidad, sino que la melancolía

general de la provincia raya en ictericia á medida que se aleja uno de

la poética Granada. Escasean, pues, las expansiones colectivas, y

todavía no tanto en los pueblecillos como en aquellas tristes ciudades

subalternas, que tienen algo de _Pisa la Morta_.....--Por cierto que,

cuando en éstas hay motines, son siempre incumbencia de las mujeres de

la clase ínfima, nunca de los hombres. Los hombres, lúgubres y callados,

constituyen á lo sumo la reserva.

Y ahora que hablamos de semejantes ciudades, bueno será que, para

concluir, busquemos en su seno cierto interesantísimo tipo que desde el

exordio os tengo anunciado.--Aludo á _la emparedada_, último ejemplar

de esta galería.

CAPÍTULO VI

LA EMPAREDADA

Viajes por España · 第 11 / 17 段