juicio á un hombre, ó para salir de cualquier apuro) deja la Granadina
el grave continente de que hablaremos después, ¡amigo!, y entonces sabe
plantarse como una jerezana, y contonearse como una de Sevilla, y argüir
como una de Córdoba, y poner más caras y más cruces que una de
Málaga..... Pero esto es un relámpago fugitivo, durante el cual se ve lo
que no es decible de trastienda, monadas y travesura, y luego vuelve su
señoría á la acostumbrada formalidad, no quedando de la pasada
metamorfosis sino algunos hoyuelos en las mejillas y cierto reir en los
hechiceros ojos; permanentes indicios del alma que se esconde en aquel
cuerpo.
CAPÍTULO II
MOROS Y CRISTIANOS
Conque, ya lo he indicado, y aquí lo consigno, y sirva esto de corolario
al capítulo anterior, á la vez que de segundo
AXIOMA:
_La Granadina es una andaluza seria._
Tan rara seriedad no tiene nada que ver con la inalterable
circunspección, con la espetada tiesura ni con la solemne parsimonia de
las pobladoras de otras regiones de España. Es un melancólico señorío,
una poética distinción, un gracioso romanticismo, propio exclusivamente
de las reinas destronadas. La Granadina podrá ser genial y chistosa por
naturaleza, y resultar así cuando se la excita; pero se diría que
siempre es á pesar suyo. No de otro modo (y va de símil) tal ó cual
huérfana, ó tal ó cual reivindicable viuda, tiene la figura risueña y
deliciosa, y la voz juguetona como un trino, y el discurso
divertidísimo por lo travieso, aun el día en que estrena sus tocas de
luto y en que está su corazón verdaderamente acongojado.
Y la verdad es que, en el fondo del espíritu de los granadinos de ambos
sexos, hay no sé qué vaga sombra de esa viudez, de esa orfandad, de esa
realeza y de ese destronamiento. Más frescos allí que en parte alguna de
la Península los recuerdos de una autonomía soberana; habiendo sido
aquella región la última que constituyó reino independiente; vibrantes
aún en el espacio, por tradición sentimental de padres á hijos, los
alaridos de dolor que lanzara, no hace tres siglos, la raza Morisca al
ser arrancada de cuajo de aquel Edén; confundidos en la imaginación
popular este infortunio y el anterior de los Judíos con sus infortunios
propios, á causa del decaimiento intelectual y material que ambas
expulsiones produjeron en Granada; creyéndose, en fin, todo el mundo, de
un modo informe y fantástico, que desciende, á un propio tiempo y por
línea recta, de los mismísimos Reyes Católicos y de Boabdil _el Chico_,
ó cuando menos de Príncipes mudéjares y de los grandes Capitanes
conquistadores (y de todo habrá ¡vive Dios! por bien que expurgara la
población cristiana el buen Felipe III), resulta que el bello ideal de
la raza granadina reside en lo pasado, que su orgullo es retrospectivo,
y que el mundo de sus complacencias, de sus consolaciones y de sus
engreimientos se encierra en aquel _palacio de la Memoria_ que tan
elocuentemente describe San Agustín, y en otro primoroso palacio
material, aunque parece labrado por las hadas, entre el río de las
arenas de plata y el río de las arenas de oro; es decir, en la
incomparable, deleitosísima Alhambra, ufanía y ejecutoria de todos los
granadinos de hoy, no obstante ser obra de los vencidos, expoliados y
desterrados islamitas.
Y aquí tenéis explicado el por qué los poetas y poetastros de aquella
tierra somos elegíacos hasta lo sumo, y
«cómo, á nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fué mejor.»
Pues bien: en las mujeres, esta especie de nostalgia hereditaria crea y
fomenta los más quiméricos sinsabores, sin que ellas mismas se lo
figuren, y yo apostaría cualquier cosa á que la síntesis de su pena es
la siguiente: Echar de menos los gloriosos tiempos de la Conquista, en
que el amor podía servir de corona al heroísmo, y envidiar
simultáneamente la ventura de las Princesas árabes que conspiraban con
los Caudillos cristianos en el Albaicín contra la corte de la Alhambra,
y la felicidad de las ricas-hembras de Castilla que recorrían á caballo
las vegas de Santafé y de la Zubia tras la hacanea de Isabel la
Católica, escoltadas y servidas por la flor de la caballería cristiana y
amenazadas de cautiverio por la flor de la caballería mora.....
¿Qué mucho, por tanto, que sean graves y melancólicas todas las
granadinas en ciudades, villas y aldeas? ¡Cuando ese tedio de lo
presente y esa pasión de ánimo por lo pasado se apoderan de una raza, su
triste orgullo se transmite de generación en generación, y cunde de las
clases ilustradas á las ignorantes, sin que nadie tenga que enseñar ni
que aprender lección alguna! ¡Es una cosa que se hereda, como las
facciones del rostro; es una cosa que se pega, como el acento; es una
tisis del alma!
Lo repito: la Granadina es seria, soñadora, poética, elegíaca, sin
embargo de su vívida sangre andaluza, como lo es el pájaro cautivo, como
lo es el ángel desterrado. Ella está cautiva en la red de una creciente
decadencia local: ella está desterrada de la Historia.
CAPÍTULO III
TRIUNFAN LOS CRISTIANOS
AXIOMA
_Todas las Granadinas son católicas
apostólicas romanas._
No exceptúo de esta regla ni á las mujeres de los más acérrimos
republicanos federales, ni á las hermanas de los cuitados que en cierto
pueblo de la costa repartieron hace algún tiempo Biblias protestantes,
ni á las hijas de Constituyentes que en 1869 votaron la Libertad de
cultos, ni á las madres de ninguno de ellos..... ¡Todas, todas las
Granadinas son eminentemente católicas!
Piadosas, humildes, reverentes con Dios y con sus Ministros, su
religiosidad brilla principalmente por una ardentísima devoción á la
Virgen y por un miedo cerval al demonio.
La Virgen es para ellas preferente objeto de un amor indefinible.
Trátanla como á madre, como á hermana, como amiga, como á confidente y
consejera..... ¡Hasta pretenderían hacerla su cómplice!--¡Todo se lo
cuentan; todo se lo consultan; en todo procuran interesarla; de todo le
ofrecen participación, consistente en algunas velas, en alguna joya ó
en la trenza de sus mismísimos cabellos.--El bandido de Nápoles le reza
á San Genaro ó á la _Madonna_, para que le ayuden en sus negocios. Las
Granadinas ponen bajo el amparo de la Virgen sus esperanzas _de todas
clases_..... Con ella tienen mucha más franqueza que con Dios.
A Dios apenas acuden directamente, contando como cuentan con la Reina de
los Cielos. A Dios lo veneran, lo bendicen, lo respetan, y le
huyen.....--¡Es que le temen! _Initium sapientiæ timor Domini._--Aunque
en esto de temer, repito que le temen más al Diablo.
El Dios temido, á quien acabo de referirme, no es otro que Dios Padre en
particular; pues á Dios Hijo no le temen de manera alguna, sino que lo
aman con entrañas de verdaderas madres desde que son niñas de ocho años.
Aman, sí, á Jesucristo en persona, como otras tantas Marías agrupadas al
pie de la Cruz; lo compadecen, lo asisten, lo acompañan, lloran su
Pasión y muerte, viendo en Él un hijo legado por la desgracia á su
solícita ternura. De aquí que una imagen del _Señor del Mayor Dolor_ ó
_de Jesús Nazareno con la Cruz á cuestas_ les inspire á veces tanta
confianza y tanto fervor como una Virgen del Carmen ó de las
Angustias.....--Y ¡cosa rara! cuando este mismo Dios Hijo se les
representa en su primera edad, como _Niño Jesús_ ó _Niño de la Bola_,
ya pierde su carácter filial, y, en vez de familiar ternura, infúndeles
altísimo respeto.--¡Admirable intuición de lo más abstracto de la
teología!..... ¡A medida que ven reducirse la Persona, crece y se impone
á su imaginación la Esencia!
Por lo que hace al Espíritu Santo, dijérase que no existe para ellas.
¡Nunca es objeto de su misticismo! Lo cual se comprende sin esfuerzo:
los atributos especiales del Parácleto son más perceptibles á los ojos
de los Doctores de la Iglesia que á los de las fieles cristianas.
Acerca del Demonio no quisiera hablar en este sitio, pues es hacerle
demasiado honor; pero no puedo pasar por otro punto. La Granadina ve á
Lucifer tantas veces al día como lo vieron San Antonio Abad y Santa
Teresa de Jesús, y lo acusa á cada momento de cuantas desgracias le
ocurren ó presencia.--«_El Demonio ha hecho que pase esto._»--«_Quiso el
Diablo que sucediera lo otro._»--«_Satanás me ha escondido el ovillo,
las tijeras ó la aguja._»--«_Me tentó el Demonio, y dije aquello ó hice
lo de más allá._»--«_Hoy tengo los Malos en el cuerpo._»--«_Fulano es el
enemigo....._» Estas y otras parecidas frases no se caen nunca de sus
labios, y, al propio tiempo, pónele la cruz á Luzbel, ó se santigua
estremeciéndose, ó dice «_¡Ave María Purísima!_» por vía de exorcismo y
desinfectante.--Y, sin embargo, en todo esto no hay nada de
maniqueísmo, sino ortodoxia pura.
En lo que no hallo tanta ortodoxia, bien que tampoco intención herética,
es en las preocupaciones y supersticiones que abriga respecto á la
existencia y poder de otros seres no mencionados en el Catecismo. La
mitad de las mujeres de la Provincia, sobre todo las de los pueblos
pequeños, creen á puño cerrado en duendes, brujas, hechiceros, fantasmas
y aparecidos. De aquí un miedo espantoso á los muertos, y de aquí
también el que haya casas cerradas en que no se atreve á vivir nadie,
por ser cosa sabida que ¡á media noche! óyense en ellas extraños ruidos,
particularmente de cadenas.--Esta credulidad, de que nunca participaron
las personas verdaderamente cultas, va cediendo también hoy en el ánimo
de las indoctas, pero no así la fe en innumerables agüeros, talismanes,
amuletos, cábalas y untos, de aplicación medicinal y moral, para cuya
enumeración y recetario sería preciso escribir un tomo en folio.
Por lo demás, la Granadina es asidua al templo, lo mismo en la capital
que en la última aldea; frecuenta el confesonario; da mucha limosna, y
hace y cumple infinidad de promesas ó votos, como _romper_ (ó sea usar
hasta que se rompe) _un hábito_ de tal ó cual Orden monástica, no comer
postres, pagar misas, llevar velas á las sagradas imágenes, andar
descalza, recorrer de rodillas iglesias enteras, rezar muchas partes de
Rosario, etc., etc.
También tiene gran devoción á los santos y santas de la corte celestial;
mas no á todos en idéntico grado ó con igual confianza en su
poderío.--Quiero decir que prefieren entenderse con tal ó cual
bienaventurado, según que lo juzgan más ó menos milagroso.--Pero esto
acontece en todas partes.
Volviendo ahora á su adoración especial hacia María Santísima, diré como
ejemplo, y para concluir en este punto, que no es dado formarse idea de
nada tan tierno, tan expresivo, tan conmovedor, como los agasajos,
fiestas y ovaciones que granadinos y granadinas hacen á la Virgen de las
Angustias, patrona de la capital. Quien no haya visto, después de
cualquier calamidad pública, trasladar en triunfo aquella célebre
imagen, desde la Catedral, donde se llevó en rogativa, á _su casa_ (así
se designa su templo), no puede saber hasta dónde llega el sublime
frenesí de un pueblo exaltado por la piedad; y quien haya presenciado
tal espectáculo sin derramar, aun siendo _de la cáscara amarga_,
lágrimas tan copiosas como las miserias de esta vida, no tiene corazón
ni alma de hombre.
CAPÍTULO IV
LA GRANADINA EN EL HOGAR DOMÉSTICO
Echada la sonda en la imaginación y en el corazón de nuestra heroína, y
conociendo, como ya conocemos, la índole y la profundidad de su fantasía
y de sus creencias, se ha simplificado mucho la tarea de estudiarla, y
podemos proceder á analizar sus costumbres rápida y objetivamente.
Principiemos por desenvolver este
AXIOMA
_La Granadina es la señora de su casa._
En efecto: la mujer de aquella tierra manda en jefe en el hogar, donde
ejerce de hecho y de derecho una autoridad superior á la del hombre. La
doctrina evangélica que rehabilitó á la hembra, ha sido cumplida allí
con exceso, por lo menos en esta parte. Y es que el granadino, por
pasión ingénita ó genérica, y por galantería característica, ha hecho de
la mujer un ídolo, en lugar de hacer una compañera. Puede decirse que
ella es la reina del palenque en que lucha el varón toda su vida. Para
ella y por ella quiere ser guapo, elegante, valiente, rico, poderoso.
Ella es á un tiempo juez y premio del torneo. La opinión de los hombres,
criterio del honor en todos los países, no les importa tanto á los hijos
de Granada como la opinión de las mujeres, criterio que aquilata el
mérito y el demérito con relación al amor.
Cierto que algunas veces el esposo maltrata á la esposa, la pega y hasta
la mata; pero nunca la desprecia..... ¡Es que el pobre hombre tiene
celos, ó es, más generalmente, que de vez en cuando se le ocurre, como á
los pueblos, sacudir la tiranía! Empero el _tirano_ (quiero decir, la
mujer) aguanta el pujo; deja pasar la tormenta, y vuelve á imperar sobre
el rebelde....., que entonces las paga todas juntas.--Vemos así que
muchas mujeres de la clase y condición en que funcionan las manos ó la
vara del marido, suelen quejarse amargamente de que éste haya renunciado
por completo á sacudirles el polvo; pues entonces es cuando se creen
verdaderamente destronadas.....
Por lo demás, la Granadina, desde que se constituye en esposa, adopta
voluntariamente algo de la manera de vivir de las orientales.--Dígolo,
porque se encastilla en el hogar, bien que sólo con el objeto de
dirigirlo, de gobernarlo, de monopolizarlo. Del tranco de la calle para
adentro, el marido no dispone de cosa alguna; suele no saber lo que
sucede; cuando más, indica su opinión; y la mujer determina, decide,
concede ó niega. Por regla general, ella es la depositaria del dinero,
y, por regla universal, la distribuidora.--Habrá familias que vivan á la
francesa, ó fuera de la ley de Dios, y con las cuales no recen, por
consiguiente, estas bases. ¡Prescindamos de semejantes excepciones! La
norma es la que digo.--Y aun hay más. El hombre en sus negocios de la
calle, en los asuntos relativos á su profesión ó á su hacienda, no
resuelve nada medianamente importante sin consultarlo con _la señora_
(que así se llama la que usa _vestido_), ó con la _parienta_ (que así se
denomina si usa _zagalejo_). ¡Y estas no son _debilidades_ del orden
íntimo ó privado, sino legítimas _deferencias_ que proclaman en alta voz
los maridos como la cosa más natural del mundo!.....
En cambio, la mujer, dentro de la casa, á puerta cerrada, trabaja cuanto
humanamente puede, á veces más de lo que nadie imaginaría, atendida la
posición social de la _señora_.--En este punto es _La perfecta casada_
de Fr. Luis de León. No sólo la muy pobre, sino también la que vive con
algún desahogo, y hasta muchas acomodadas, naturalmente hacendosas, ó
que precaven el porvenir economizando, para sus hijos, barren, limpian,
cosen, planchan, lavan, friegan, amasan, guisan, crían gusanos de seda y
cuidan á los niños (todo al par que la criada y por ahorrarse de tomar
otra), sin contar con que, cuando se ocurre, le sirven la comida á su
esposo, al mismo tiempo que ellas comen aparte, yendo y viniendo á la
hornilla, con la majestad de antigua matrona que diera hospitalidad á un
peregrino, ó con la humildad de una reina en Jueves Santo.
Lo que la Granadina no hace nunca.....--Pero esto que voy á decir merece
figurar como
AXIOMA
_La Granadina no cultiva el campo._
¡Ah! lo contrario sería un deshonor para el más pobre labriego. ¡Su
mujer no es _una negra_!--Él ara, siembra, labra, coge, trilla, riega
con todo el sol canicular, con hielos y nieves, con el agua á la
cintura, sin reparar en su comodidad ni en su salud..... ¡Pero trabajar
_ella_ delante de gente! ¡Hacer lo que puede hacer un mozo, un
peón....., y, si no hay peón ni mozo, él mismo, á costa de un poco más
de fatiga!..... ¡En manera alguna!
No sin orgullo consigno esta observación (aplicable á todas nuestras
provincias meridionales), advirtiendo de paso á las granadinas, para que
se lo agradezcan á los granadinos, que en otras regiones de España y en
las más cultas naciones de Europa sucede todo lo contrario: la mujer del
campesino labra la tierra, y el hombre se las compone en el hogar.--¡Y
así anda ello!
Lo que sí hace la Granadina en el campo es _espigar_.--Pues ¿qué es
espigar?--Espigar es hacer uso de un gracioso derecho que cristianamente
concede el más pobre labrador á las mujeres necesitadas (y sólo á las
mujeres) de entrar en su heredad, de donde ya se han sacado los haces, á
rebuscar y apropiarse las espigas que han quedado desperdigadas en el
rastrojo.--¡Después de la galantería, la caridad erigida en ley
consuetudinaria! ¡Muchas leyes como ésta nos diera Dios! ¡Algo más
medrado andaría nuestro siglo!.....--Pero doblemos la hoja.
AXIOMA HASTA CIERTO PUNTO
_La Granadina es lujosísima en la calle._
Ni el marido ni el padre reparan en su propia persona, con tal que la
esposa ó la hija vista «_como corresponde_»: y siempre corresponde
vestir mejor de lo que buenamente se puede.--El traje pontifical de la
mujer, y no el del amo de la casa, representa la clase social de la
familia. Un hombre rico ó linajudo podrá descuidarse en el vestir, usar
ropa como de artesano ó de labrador; abandonar para _in æternum_ el
frac, la levita y hasta el sombrero de copa; pero la señora de la casa
no saldrá nunca á la calle sino de tiros largos, con arreglo á
ordenanza, «_como quien es_», según dice ella enfáticamente.
En compensación, de puertas adentro, lleva demasiado lejos el _negligé_,
que en España llamamos _trapillo_, con tal de que la casa ofrezca un
aspecto irreprochable.....--Digamos, pues, que nuestra _perfecta casada_
es _objetivamente limpia_ hasta un extremo increible..... Los muebles,
los utensilios de cocina (de los cuales tiene repetidas baterías de lujo
que no sirven nunca), los techos, las paredes, los suelos, brillan
siempre como el oro. «_¡En los ladrillos de mi casa se pueden comer
migas!_» dice con muy fundado orgullo.--Si, en cambio, no todas aquellas
mujeres de bien se distinguen por una completa ó total limpieza
_subjetiva_, cúlpese al Sr. D. Felipe II, que dictó cierta endiablada
pragmática, prohibiendo á los moriscos y moriscas de Granada el pícaro
uso de los baños domésticos.
OTRO AXIOMA
_La Granadina, en general, recibe y hace
muy pocas visitas._
Por lo común, se pasa toda la semana sin poner un pie en la calle y sin
que ninguno de fuera pise su casa, como no sea algún pariente muy
cercano.--En toda la provincia escasean las tertulias en que se reunan
señoras.--Si éstas pasean, es en domingo, y eso en la capital.--En las
poblaciones subalternas se necesita que repiquen más gordo.....--Pero ya
volveremos sobre esto.
Entretanto, allá van algunos
NUEVOS AXIOMAS
_La Granadina es floricultora, domadora
de gatos y domesticadora de canarios._
Recomiendo á los pintores _de género_ el insondable cuadro de una de
estas _mujeres de su casa_, sentada al lado de un balcón, lleno de
macetas floridas, entre una manada de gatos enroscados á sus pies, y
media docena de canarios enjaulados sobre su cabeza.--Con esto y con su
fértil aventurera imaginación, tiene bastante una hija de Granada para
no estar nunca sola.
El gato, la flor, el canario y la mujer..... ¡qué cuarteto!
_La Granadina es herbívora, vinífoba
y gazpacháfaga._
Es herbívora: esto es, se alimenta principalísimamente de vegetales
cocidos, fritos, asados ó crudos. Cierto que acepta las sustancias
animales inherentes al _puchero_, pero es como precepto medicinal más
que como verdadera satisfacción. Y fuera de esto y de algún huevecillo,
seguro está que ninguna Granadina se recete _motu proprio_ otros
manjares que ensaladas, ensaladillas y ensaladetas, en cuyo ramo su
inventiva es inagotable. Pasarán de doscientas ¡vaya si pasarán! las
combinaciones que sabe hacer de aceite, vinagre y sal, con todas las
hierbas del campo.--Y entiéndase que en la palabra _hierbas_ incluyo
todo lo que, según el _Diccionario_, es legumbre, todo lo que es
hortaliza, y además muchos frutos y frutas. Porque hay ensalada de
pimientos y tomates, y de tomate crudo y solo, y de pepino, y de
calabaza, y de cardo, y de patata, y de remolacha, y de escarola, y de
judías, y de apio, y de pero, y de lechuga, y de coliflor, y de cebolla,
y de granada, y de manzana, y de naranja, y de todo lo nacido.--¡Ah!
¡Se me olvidaba!--«_De la mar los boquerones_..... (la Granadina rinde
este tributo de respeto á Málaga) _sobre todo, fritos, de noche, con
ensalada de escarola_.»--Pero hablarle á la Granadina (exceptuamos á las
afrancesadas) de _beefsteak_ ó de _roastbeef_, equivale á hablarle de
herejes y de judíos.
Es vinífoba.--Explicación: nunca prueba el vino, como no sea muy dulce,
en una broma de rompe y rasga, y considerándolo la más atroz de las
travesuras. Pero en la mesa, á pasto, como en otras provincias de España
y como en los demás pueblos extranjeros....., ¡jamás!--Verdad es que
tampoco los granadinos, hasta hace muy poco tiempo, y salvas ligeras
excepciones, habían visto el vino sobre su mesa. Y todavía, fuera de la
capital, es esto verdaderamente extraordinario.--¡Sin embargo, la
provincia, según datos estadísticos, resulta aficionada, muy aficionada,
demasiado aficionada!.....--Pero se bebe como se peca, á solas,
clandestinamente.....--«_El vino..... ¡en la taberna!_» le dice la mujer
al marido. Y en seguida le elogia la limpidez, la baratura y las
virtudes higiénicas del agua, «_creada por Dios para que no se beba
vino_».
Es gazpacháfaga.....--¿Y quién no lo es en aquel país? ¡Desde el Prócer
y el Prebendado hasta el mendigo, en diciendo que llega Mayo, todo el
mundo se administra, cuando menos, un gazpachillo por día!--La
Granadina-tipo se administra dos ó tres: lo toma antes del puchero; lo
toma entre comidas; lo toma antes de acostarse..... Ni ¿qué fuera del
género humano sin el gazpacho,
En aquella tierra,
Con aquel calor,
Donde tan temprano
Sale siempre el sol?
_La Granadina es honesta, y en ningún caso
escandalosa._
En Granada, por la misericordia de Dios, todavía está de moda la virtud
de las mujeres..... Quiero decir que la opinión pública no tolera el
pecado, ni transige con las pecadoras..... Son, pues, ellas buenas por
innata circunspección y acendrada religiosidad, y al mismo tiempo porque
les es indispensable para vivir entre las gentes; y de aquí resulta que
su rigor y severidad, no sólo impiden la falta propia, sino también la
falta ajena. ¡La delincuente, en aquel país, no está dentro del _derecho
común_, como en esta Villa y Corte y como en otras varias partes! ¡Pecar
en aquella provincia es para la hija de Eva colocarse _fuera de la ley_,
incomunicarse con la sociedad, aislarse como una leprosa!--Quizás por
esto mismo tampoco sirve allí de timbre y loor á un hombre el ser un D.
Juan Tenorio ó cosa parecida. ¡Todo el mundo detesta y condena al infame
que sedujo á una joven en estado de merecer, perdió á la mujer del
prójimo ó dejó abandonada á la suya!--¡Dure mucho en mi amada tierra
este sentido moral! Cuando él falta, los pueblos más prósperos son una
repugnante sentina.--Dígalo París.
Y aquí concluyen _las generales de la ley_ de todas las
Granadinas.--Examinemos ahora los caracteres que las diferencian entre
sí, según que viven en la Capital, en las poblaciones subalternas ó en
el campo, y según que pertenecen á la aristocracia, á la clase media ó
al pueblo. Pero examinémoslas confundidas unas con otras, pues toda
clasificación regular, ordenada y simétrica, está reñida con el Arte.
CAPÍTULO V
GALERÍA DE GRANADINAS
¿Quién no conoce y admira á Granada, aunque no la haya visitado
nunca?--Creo, pues, innecesario repetir aquí lo que han escrito
Chateaubriand, Zorrilla, Teófilo Gautier, Washington Irving y otros mil
literatos, y me limitaré á deciros que, por lo que yo he visto, por lo
que he leído y por lo que me han contado de cuanto hay en el globo, no
existe teatro mejor dispuesto para el sueño del amor y la apoteosis de
la mujer que aquel en que vamos á contemplar ahora á nuestra heroína.