la verdad, que son irrebatibles de todo punto las obvias razones que
aduce otro autor (D. J. M. Quadrado) para demostrar que esa tradición ha
confundido tiempos, cosas y personas.--«Que la casa se labró por los
Fonsecas (dice) lo acreditan los blasones de cinco estrellas colocados
sobre las ventanas de la izquierda, y en los ángulos de la fachada; mas
lo avanzado del Renacimiento, aviniéndose con la noticia de que se
empezó hacia 1538, desmiente la tradición, que enlaza su origen con la
memoria del Patriarca de Alejandría, fallecido en 1512.....»--A lo cual
pudo añadir el Sr. Quadrado, que Berruguete, educado en Italia, no
regresó á España hasta 1520, y que Sardiña floreció mucho después.
Sea de todo ello lo que quiera, y ciñéndome yo á mi papel de cronista y
de fotógrafo, diré que la _Casa de la Salina_, en medio de lo mucho que
la han deteriorado el abandono en que estuvo largo tiempo y el bajo
empleo á que se la destinó después, y no obstante las recientes
profanaciones de que ha sido objeto al tratar de convertirla en casa
moderna, cerrando nobilísimos arcos y poniendo en su lugar puertas,
balcones, ventanas y todo un entresuelo, conserva aún, por dentro y por
fuera, columnas, medallones, arcos, bustos, estatuas, mensulones,
cornisamentos, escudos y centenares de figuras de animales fantásticos y
caprichosos, que son otras tantas maravillas.
Yo espero que con el tiempo, y quiera Dios que no demasiado tarde, el
Ayuntamiento de la culta Salamanca dedique su atención y algunos fondos
á este notabilísimo edificio, comprándolo, si ya no es suyo, derribando
todo lo moderno y postizo que hay en él, reforzando lo viejo y
monumental, y poniendo allí un conserje que custodie y muestre á los
viajeros aquellos prodigios del arte, dignos de veneración y
estudio[12].
* * *
En la misma calle de San Pablo, núm. 84, hay otra casa célebre, no ya
por su estructura artística, sino por la rara é interesantísima historia
que recuerda.--Llámase, por singular antífrasis, _Casa de las Batallas_,
cuando debía llamarse _Casa de las Paces_, dado que en ella las pactaron
y juraron dos bandos ferocísimos que, durante mucho tiempo, cubrieron á
Salamanca de sangre y luto.--«_Ira odium generat, concordia nutrit
amorem_»--dice una inscripción sobre el arco de la puerta de aquella
casa desde el día que se firmaron allí las mencionadas paces.
Todo esto se refiere á la terrible historia de _Doña María la Brava_,
de que ya hicimos conmemoración en el _Corrillo de la Hierba_ y de la
cual voy á daros dos versiones á cual más interesantes.
Dice el ya citado D. Modesto Falcón:
«El drama comenzó en un juego de pelota. Dos jóvenes, hijos de la noble
familia de los Manzanos, mataron en una contienda suscitada sobre el
juego á otros dos jóvenes, muy amigos suyos, é hijos de la familia de
los Monroy. La madre de éstos, D.ª María Rodríguez, buscando á los
agresores y hallándolos en tierra de Portugal, adonde se habían
refugiado huyendo de la justicia, tomó sangrienta venganza en ellos,
cortándoles las cabezas y entrando con ellas triunfante en Salamanca. A
su vez, los deudos de los Manzanos, indignados de aquella bárbara
acción, quisieron ejercer represalias semejantes, y agrupados los Monroy
en torno á D.ª María, defendieron á la vengativa madre, arrastrando unos
y otros á muchos parciales. Los bandos en que se dividieron, y que
tomaron por nombre á las parroquias de Santo Tomé y San Benito, donde
las irritadas familias enemigas tenían sus casas solariegas, duraron
cuarenta años, sembrando la desolación y el espanto en la ciudad y
enrojeciendo muchas veces de sangre sus calles. Impotentes fueron el
Obispo, el Cabildo, las autoridades y el mismo Conde de Benavente, que
intervinieron en la contienda, para poner fin á aquella terrible lucha,
que fomentaban las discordias civiles. San Juan de Sahagún, más feliz
que las autoridades, se interpuso entre los combatientes, y logró
atraerlos á una concordia.»
La segunda versión, más trágica y animada que ésta, es la que figura en
_Recuerdos y Bellezas de España_, y dice del siguiente modo:
«Sobre un lance del juego de pelota trabaron contienda dos hermanos de
la familia de Enríquez de Sevilla con otros dos de la de Manzano[13]:
aquéllos sucumbieron en la atroz refriega, y fueron llevados exánimes á
la casa de su madre.--D.ª María Rodríguez de Monroy no lloró sobre los
cadáveres de sus hijos: nada dispuso acerca de su sepultura: silenciosa,
sombría, fingiendo temer por sí, salió acompañada de criados y escuderos
para su lugar de Villalba; pero á la mitad del camino les anunció
resueltamente que no era fuga, sino venganza lo que meditaba; y
asociándolos con terrible juramento á su plan, los condujo á Portugal,
donde se habían amparado los homicidas. Dónde y cómo los sorprendió, si
fué en Viseo, de noche, derribando las puertas de su posada, no queda
bien averiguado; lo cierto es que á los pocos días volvió á entrar en
Salamanca, animosa y terrible, al frente de su comitiva, enarbolando en
las puntas de las picas las cabezas de los dos Manzanos; y á guisa de
ofrenda expiatoria, más digna del altar de las Euménides que de una
tumba cristiana, las hizo rodar sobre las recientes losas que en la
iglesia de San Francisco, ó en la de Santo Tomé, cubrían los restos de
sus hijos.--Poco sobrevivió á esta feroz proeza, que le valió el epíteto
de _Doña María la Brava_; pero sí más de un siglo los bandos que de ella
nacieron entre los caballeros salmantinos ligados con una ú otra
familia, á los cuales se dice servía de línea divisoria, rara vez
hollada, el _Corrillo de la Hierba_, explicando este título, allá como
en Zamora, por lo solitario y medroso del sitio.--No hay, sin embargo,
más fundamento para derivar de la expresada ocasión el origen de estas
luchas tan habituales en todo el país durante la Edad Media, que para
fijar su término (de 1460 á 1478) en los días de San Juan de Sahagún,
cuyas fervorosas predicaciones, calmando y no extinguiendo la furia de
los ánimos, le acarrearon más de una vez odios y violencias, y por
último, la muerte propinada con veneno.--Bajo los nombres de Santo Tomé
y San Benito, parroquias que encabezaban los dos grandes distritos de la
ciudad, perpetuáronse largo tiempo dichos bandos, recordando aún sus
distintos colores y opuestas cuadrillas, en las justas Reales de la
dinastía austriaca, los antiguos enconos y reyertas.»
Y basta ya de anécdotas y de historias, que se hace tarde, y tenemos que
salir para Madrid antes del obscurecer.....
* * *
Así dijimos nosotros aquel día, tratando de volver á la _Fonda del
Comercio_; pero todavía fuimos á contemplar, por consejo de nuestros
amigos (y de ello nos alegramos extraordinariamente), la _Torre_
denominada _del Clavero_, que hasta entonces sólo habíamos divisado á
cierta distancia.
Dicha _Torre_ pertenecía antes á un extenso edificio; pero hoy se ha
quedado aislada y sola, como padrón conmemorativo de la Edad Media.--Su
figura es de lo más elegante y gallardo que nos han legado aquellos
tiempos. Cuadrada por la parte inferior, conviértese luego en octógona,
y resaltan de ella ocho garitas preciosísimas, que la hacen más
voluminosa por arriba que por abajo. Los capacetes que cubren estas
garitas descuellan sobre el cuerpo de la torre, dibujando en el cielo
una especie de corona feudal que ennoblece aquel esbeltísimo monumento.
Toda la fábrica es de granito, y mide 28 metros de elevación por seis y
medio de anchura.--Edificóse en 1484, á expensas de D. Francisco de
Sotomayor, _Clavero_ de la orden de Alcántara, y hoy pertenece al señor
Marqués de Santa Marta.--Recientemente han construído en lo alto de ella
una especie de templete ú observatorio de pésimo gusto; y, pues me honro
con la amistad de dicho señor Marqués, atrévome á suplicarle que mande
derribar aquel detestable apéndice, por muy asombrosas que sean las
vistas que desde él se disfruten.--Los fueros del arte, mi querido D.
Enrique, son superiores á los derechos del individuo[14].
* * *
A todo esto eran las tres de la tarde, y el tren para Madrid salía á las
cinco.--¡Demasiado sabíamos lo mucho que nos quedaba que ver!.....
Salamanca encerraba todavía iglesias, palacios, colegios, casas
históricas y otros monumentos, para cuyo examen se requería por lo menos
una semana de continuo andar..... Pero no podíamos disponer de más
tiempo, y, además, estábamos tan rendidos, que teníamos que sentarnos á
descansar en los trancos de las puertas, con gran asombro de los
transeuntes.....--¡Habíamos andado tantísimo en dos días escasos!.....
Emprendimos, pues, la _retiraaa_; y ya, desde aquel momento hasta la
mañana siguiente, que llegamos á esta Villa y Corte, no hicimos más que
recapitular nuestras impresiones de Salamanca.....
He aquí un sucinto _resumen_ de las mías.
* * *
La _Universidad_ ha sido, moral y materialmente, el alma y la vida de
Salamanca, la fuente de su grandeza y de su renombre, la ocasión y
origen de casi todos sus mejores monumentos.--Si hubo allí los famosos
_Colegios mayores_, llamados del _Arzobispo_, de _San Bartolomé_ (el
viejo), de _Oviedo_ y de _Cuenca_ (de los cuales sólo existen ya los dos
primeros); si fundaron otros cuatro Colegios las _Órdenes militares_, y
contáronse además infinidad de _Colegios menores_, de _Seminarios_, de
_Escuelas_, etc.; si todas las Órdenes monásticas erigieron suntuosos
Conventos; si los Jesuítas levantaron allí su mejor Casa, y si fué la
Ciudad del Tormes mansión predilecta de Reyes y Magnates, que la
embellecieron con multitud de palacios y de iglesias, todo se debió á
aquel foco permanente de sabiduría, á aquel centro que atraía las
miradas de Europa, á aquel emporio de la enseñanza, adonde iban á
estudiar por millares (y muchas veces acompañados de sus familias) los
jóvenes más ricos y nobles de toda España.--Cuando Toledo, y Segovia, y
Burgos, y Valladolid, y todas las ciudades castellanas decaían; esto es,
cuando se hubo entronizado en nuestro suelo la calamitosa dinastía
austriaca, Salamanca se libró, por excepción y privilegio, de aquella
postración general, que muy luego rayó en indescriptible miseria; y este
privilegio y esta excepción fueron también debidos á la perdurable boga
de su Universidad, al respeto que infundía, al constante atractivo que
ejerció sobre Reyes, Prelados, Grandes, Sabios y hasta Santos,
obligándolos á ir á rendirle pleito-homenaje y á enriquecerla más y más
con nuevas fundaciones.
De aquí tantos soberbios edificios de los siglos XVI y XVII, y de aquí
también el haberse conservado cuidadosamente los de épocas anteriores.
Es decir, que la segunda barbarie demoledora de monumentos; la barbarie
que en otras regiones de España destruyó, blanqueó, reformó y afeó
tantas y tan preciosas obras artísticas en los tiempos que median entre
los Reyes Católicos y Carlos III, no llegó á las orillas del
Tormes.--En cambio, llegaron después otros bárbaros, émulos de los
Atilas y Alaricos, y destruyeron dos terceras partes de los edificios
monumentales de Salamanca..... Refiérome á los franceses y á los
ingleses (durante la Guerra de la Independencia), y también á los
iconoclastas modernos, que tanto y tanto han derribado al grito de
progreso y libertad, en sus varios períodos de dominación ó de anarquía.
Otra de las razones que más han influído para que Salamanca pueda
calificarse de _Museo arquitectónico_ (donde se hallan, perfectamente
conservados, exquisitos modelos de las obras más perecederas y hoy más
destruídas, por lo nimio y menudo de sus primorosos detalles), es la
excelente, inmejorable calidad de la piedra de todos sus monumentos.
Esta piedra, llamada _franca_, se encuentra á una legua de la ciudad,
cerca de Villa Mayor. Blanda al principio como la cera, el tiempo la
pone tan dura como el bronce y le da un hermosísimo color de oro.
Admite, pues, y conserva perfectamente las más finas y delicadas
labores, y de aquí la riqueza de obras platerescas que acabamos de
enumerar y las muchas que no hemos citado, todas las cuales parecen
recién hechas en sus menores tallas, sin embargo de estar á la
intemperie: de aquí también aquellas afiladas aristas de las esquinas
de la _Casa de las Conchas_; aquella tersura de sus muros, que parecen
bruñidos; aquellos atletas, de tan admirable musculatura, de la _Casa de
la Salina_; aquella férrea solidez de la _Catedral Fuerte_, ó sea de la
_Catedral_ vieja; aquellos primores del patio del _Colegio del
Arzobispo_, y tantos y tantos otros prodigios de escultura y
arquitectura como ve el viajero en todas partes.
Conque hagamos punto final.
He concluído mi penosa tarea, incompleta (ó sea _diminuta_, como se dice
en el foro) para lo mucho que requería la gran Ciudad de los Fonsecas y
Maldonados, pero harto larga para ser obra de un mero aficionado á las
Bellas Artes, incompetente en todas ellas, y poco dado á escudriñar y
explotar libros ajenos.
Réstame añadir que dedico estas pobres páginas, como recuerdo cariñoso,
á mis amigos los Excmos. Sres. D. Servando Ruiz Gómez y D. José España,
y á mi camarada Dióscoro Puebla.
1878.
LA GRANADINA[15]
PROGRAMA
Supongo que los panegiristas de _Las Mujeres españolas_ que preceden á
_La Mujer de Granada_ en el orden alfabético, habrán escrito ya más de
una disertación sobre la mujer en general, comparada con el hombre, y
sobre las españolas ó ibéricas en particular, comparadas con las hembras
de otros países. A mayor abundamiento, el ilustre redactor[16] del
_Prólogo_ capital de la obra ha sabido, como no podía menos tratándose
de pensador tan profundo, desempeñar magistralmente la parte sinfónica
de esta composición, sin que á su mirada comprensiva se obscurezca
ninguno de los aspectos sumarios del asunto, ni en la esfera filosófica,
ni en la moral, ni en la meramente literaria.
Véome, pues, por fortuna, dispensado de establecer aquí temerarios y
abstrusos prolegómenos, á medida de mis intereses, respecto de las
candentes cuestiones genéricas y diferenciales que ventilan hace 5856
años los dos sexos beligerantes en que se divide la especie humana, y
dispensado también de definir, á medida de mis afectos, si la mujer
_blanca_ es superior ó inferior á la _negra_, la _roja_, la _morena_ y
la _amarilla_, ó si entre las _blancas_ debemos preferir la _europea_, y
entre las europeas á la _latina_, entre las latinas á la _católica_, y
entre las católicas á la _ibérica_, todo ello (¡gran iniquidad!) sin
audiencia de las pobres agraviadas.--En cambio, y aunque supongo también
que otros de mis colegas lo habrán hecho, no puedo menos de discurrir un
poco, por vía de Introducción, acerca de los inconvenientes con que
tropezamos los autores de estas monografías al pretender clasificar á
las mujeres de cada una de las actuales Provincias de España en una
casilla aparte, que delimite técnicamente pretendidas variedades de su
naturaleza ó de sus costumbres.
Estuviera aún dividida España al tenor de los antiguos reinos, ó de las
vulgares y significativas denominaciones de _Mancha_, _Rioja_,
_Alcarria_, _Alpujarra_, etc., etc., y sería obvio, en la mayor parte de
los casos, trazar lindes y fijar término á los diversos hábitos y usos,
á los varios caracteres y á las distintas cualidades intrínsecas que
constituyen todavía (pésele al nivelador ferrocarril y á la uniformidad
democrática) la pintoresca heterogeneidad de la población de nuestro
suelo, rico también de contrastes topográficos y pictóricos. Pero la
prosaica y anti-artística Administración, al hacer la vigente
demarcación de Provincias, no tuvo ni pudo tener en cuenta (lo reconozco
imparcialmente) la historia, las tradiciones y las prácticas de cada
región para encerrarla en sus efectivas fronteras, sino que atropelló
por todo y cortó por lo sano, como la expropiación forzosa, mutilando y
desorganizando ciertas aglomeraciones etnográficas, legendarias ó
políticas, que venían á ser el sistema ganglional de nuestro pueblo, y
de aquí ha resultado (perjuicio baladí para la Administración, y acaso
trascendentalísimo á los ojos de los verdaderos estadistas) la
disgregación y dislocación de muchos intereses y sentimientos que eran
al par efecto y causa del inveterado organismo geográfico, resultando
también (y es lo que en este punto nos importa discernir) esa fría
pléyade de Provincias de oficio que tan pobremente brillan á los ojos
del artista ó del poeta, por ser las unas idénticas á sus adyacentes,
por ser otras pedazos arrancados á un antiguo nobilísimo reino, y por
ser no pocas meros caprichos arbitrarios, sin blasón ni carácter
propios.
Ahora bien: el libro de _Las Mujeres españolas_ ha tenido que acomodarse
á la actual división administrativa, en virtud de muy atendibles
consideraciones, y nosotros, los redactores de tal obra, nos veremos por
ende expuestos á cada instante y obligados muchas veces, ya á
repetirnos, ya á anularnos recíprocamente, ya á contradecirnos unos á
otros en nuestros juicios y apreciaciones.
Yo, por ejemplo, al proponerme describir á la _Granadina_, hállome con
que mi provincia no es toda la Andalucía, ni tan siquiera todo el
antiguo reino de Granada; tropiezo con que, al llegar este libro á la G,
ya contendrá descripciones cumplidísimas de las mujeres de Almería,
Cádiz y Córdoba; y encuéntrome, finalmente, con que después han de venir
los artículos sobre las de Jaén y las de Málaga, tan parecidas á las
hijas del Darro, del Guadalfeo y del Guadix. No extrañe, pues, el lector
que desatienda en ocasiones puntos de vista extensivos á todas las
Andaluzas, ni que, por el contrario, señale algunas veces como condición
propia de la Granadina lo que caracterice también á la de Almería y á
la malagueña. ¡Sin esta libertad de acción fuera imposible sacar las
siguientes fotografías!
Una advertencia más, y entramos en materia.
Mi plan es estudiar muchas Granadinas en diversos escenarios de la
capital, de las ciudades subalternas, de los pueblos pequeños, y de los
campos. No se confundan, pues, nunca las especies, y téngase siempre á
la vista que estarán siendo simultáneo objeto de nuestras observaciones
las ricas de las aldeas y las pobres de las ciudades; las mendigas de la
capital y las petimetras de los cortijos; las elegantes huríes que
bostezan en coche por la _Carrera del Genil_ y las hechiceras _cursis_
que cimbrean su primoroso talle, vestido de limpia indiana, en un
balconcillo de madera festoneado de flores; las terribles alcaldesas de
monterilla, más tiesas que D. Rodrigo en la horca, y las
interesantísimas hijas bien criadas de padres del antiguo régimen,
moradoras de ciudades que, aun siendo de cuarto orden, presumen de más
históricas que Alejandría y Atenas.....
Hay, como veis, mucha tela cortada, y tenemos, por consiguiente, que
ahorrar de razones.....--¡Arriba, pues, el telón!
CAPÍTULO I
LA GRANADINA COMO ANDALUZA
Quedamos en que á estas horas os han dicho otros colaboradores de este
libro lo que es Andalucía. Os habéis, pues, hecho cargo del almo júbilo
con que se ríe el Todopoderoso en aquel pedazo de cielo que deja
transparentarse la gloria desde el Guadiana hasta el Segura, y desde
Sierra Morena hasta los dos mares: habéis respirado aquel aire tibio y
balsámico, que difunde, en Abril como en Diciembre, el aliento de nuevas
rosas; habéis contemplado aquellas matizadas vegas, patrimonio á la par
de Flora y Ceres, aquellos cármenes y huertos que no ensoñó Babilonia;
aquellos bosques de naranjos y limoneros, como los imaginados por la
Fábula; aquellos inmensos olivares y pomposas viñas que absorben y dan
por fruto la luz y el calor del sol; aquellas costas en que tienen
colonias las palmeras de Oriente y los plátanos de Occidente, y aquellos
mitológicos ríos que desaparecen leguas y leguas bajo la fresca bóveda
que tejen el arbolado y las malezas de sus fértiles orillas: habéis
doquiera recibido la descarga eléctrica, ó sea la conversación, de
aquella raza vívida, locuaz, entusiasta, turbulenta, que es á un tiempo
sentimental y festiva, infatigable y perezosa, y os ha causado asombro
y hasta miedo tanta gracia, tanto fuego, tanta poesía como brotan
incesantemente de aquellas bocas siempre llenas de réplicas felices, de
chistes rapidísimos, de embustes ingeniosos, de áticas sales, de donosas
comparaciones, de atrevidas hipérboles, y de más retórica, en fin, para
todos los casos y todos los gustos, que enseñaron Aristóteles, Horacio,
Cicerón y los mismos Santos Padres! ¡Y allí, por último, ha surgido ante
vuestros ojos, como una sílfide, como una llama de colores, como una
tentación viva, la Eva morena, la Elena romántica, la Venus católica y
vestida, la mujer andaluza, para decirlo de una vez....., superstición
de britanos, locura de franceses, chochez de rusos y alemanes y
perdición de los españoles!
Ahora bien: pues que ya conocéis la _tierra_ y la _gente_, y de juro
también os han llevado, para que estudiéis las costumbres, á los toros
del Puerto y de Sanlúcar, y á las ferias de Mairena y del Rocío, y á la
Semana Santa de Sevilla, y de paseo ó gran parada á la plaza de San
Antonio de Cádiz, y de profana romería á la beata Sierra de Córdoba, y
en todas estas _exposiciones regionales_ habréis encontrado á las más
genuinas andaluzas de alto y bajo copete, ora á pie, ora en las ancas de
brioso caballo regido por apuesto contrabandista, ora en jumento con
jamugas ó con maldita la cosa, ora en calesa, calesín ó birlocho; ya con
vestido á media pierna, pañuelo de crespón encarnado y la cabeza orlada
de claveles; ya con falda de espléndidos faralares, valioso mantón
chinesco y toca blanca, al gusto de Goya; ya de legítima torera, con
monillo, ceñidor y sombrero calañés; ya arrastrando luenga cola de seda
y tremolando la clásica mantilla de casco, bandera negra de las
españolas contra toda la extranjería; aquí tañendo las castañuelas, y
bailando, verbigracia, el _Vito_; allí cantando, al son de sus palmas,
la apasionada _Soledad_, ó entonando, con lágrimas en la voz, ¡sin
palmas y con suspiros!, la _Caña_ quejumbrosa y lastimera; aquí
abriéndose paso con su rumboso meneo entre una turba de majos, que
arrojan á sus pies capas y sombreros para que le sirvan de alfombra;
allí volviendo valientemente una esquina, y al mismo tiempo la cara en
sentido inverso, como fascinadora culebra que no quiere que se escape el
pajarillo; es decir, pues que ya habéis visto á la mujer técnica de la
_Tierra de María Santísima_, sea duquesa ó labradora, generala ó
cigarrera, en el pleno ejercicio de su privativo poder, de su peculiar
gallardía, de su porte soberano, tengo que principiar por advertiros
que.....
(AXIOMA)
_La Granadina no es andaluza de profesión._
Quiero significar con esto que la Granadina, aunque posee todos los
encantos especiales de las andaluzas, su imaginación, su donaire y su
belleza no es, ni nunca pretende ser, el consagrado prototipo de la raza
bética; no es, ni siquiera entre la gente ordinaria, la jacarandosa
macarena pintada en el forro de los calañeses y sobre las cajas de pasas
de Málaga; no es, ni de ello presume, la estereotipada heroína de las
saladísimas piezas de Sanz Pérez; no es, en fin, la mujer andaluza, tal
como la tienen metida en la cabeza los extranjeros; tal como se la
dieron á entender la Nena y la Petra Cámara, y tal como ellos van á
admirarla allende Despeñaperros, á riesgo y hasta con ansia de que
salgan á robarlos los Grandes de España de primera clase que, según es
sabido, despluman, trabuco en mano, á los periodistas franceses que
pasean sus tesoros por España!!!
No: la Granadina no hace gala del género andaluz, ni en su
pronunciación, ni en sus actitudes, ni en su estilo, ni en sus hábitos.
Es en lo que principalmente se diferencia de las hijas del Guadalete,
del Guadalquivir y del Guadalmedina (ríos cuyos nombres valen un
_imperio_, en el sentido recto de la palabra), las cuales, por muy damas
que sean (y las hay principalísimas, que pueden echarse á pelear con las
mejores de Madrid), siempre, siempre..... (¡no me lo neguéis!) abundan
en su propio andalucismo, á sabiendas de lo que en el orbe vale y puede
esta calidad.....--Por el contrario: aunque la Granadina, en su
pronunciación, en sus actitudes, en su estilo y en sus hábitos, revele
constantemente su idiosincrasia andaluza, es de una manera indeliberada,
inconsciente, inadvertida. Creeríase que no se tiene por tal, ó que
ignora que las andaluzas gozan fama en ambos hemisferios de jocosas por
antonomasia. Ello es, repito, que nunca alardea en tal guisa, ó, para
hablar más á la buena de Dios, nunca la echa de graciosa..... ¡Y lo es
tanto!