habéis de saber que, cuando llegamos á la fonda, nos encontramos con que
nos aguardaban en nuestro cuarto aquellos antiguos amigos que, según
indiqué en el capítulo primero, tenía yo en Salamanca. Era uno de ellos
el distinguido escritor que suele dirigir preciosas cartas á _La Época_
bajo el pseudónimo de _la Baronesa del Zurguén_, y cuyo verdadero nombre
(tiempo es de que lo sepa el público, aunque el interesado se enoje de
mi locuacidad) es D. Ramón Losada. Otro era el erudito cronista de la
provincia y aventajado poeta D. Manuel Villar y Macías. Era el
tercero..... (no en persona, por hallarse algo malo, mas representábalo
un su sobrino) el Dignidad de Chantre de aquella catedral D. Camilo
Álvarez de Castro, de quien hablaremos luego. Diré aquí solamente que su
sobrino y representante, el presbítero D. Elías Ordóñez, no tardó en
hacernos conocer cuánto valía por sí propio, ó sea por su mucha
instrucción y buena crítica. Y estaba, en fin, allí el menor de los dos
discretísimos hijos y herederos del talento de Losada..... En cuanto al
primogénito, también _antiguo_ amigo mío (pues lo conocí cuando todavía
no le apuntaba el bozo), hallábase en el campo con su señora madre.
Pero ¿cómo habían sabido aquellos señores (á quienes pensábamos ir á ver
después de almorzar) que estábamos en Salamanca?--El caso había sido muy
sencillo: un madrileño que nos conocía de vista, pero que no nos
trataba, nos vió llegar á la Estación; el madrileño se lo dijo á un
compañero suyo de oficina, que era amigo mío; el amigo mío, que sabía mi
intimidad con Losada, fué á casa de éste en nuestra busca; Losada envió
en seguida recado al Chantre y á Villar y Macías, y organizóse en el
acto una batida general por todas las fondas y casas de pupilos,
comenzando por el _Hôtel del Comercio_.
--¿De modo (exclamamos nosotros), que ni Frontaura ni su policía saben
nuestra llegada á Salamanca?
--Creemos que no; pero, aunque el Gobernador la supiera, no podría
acudir á ustedes hasta las dos de la tarde. Hoy es el cumpleaños de la
reina D.ª Isabel II, y, con tal motivo, hay besamanos en el Gobierno
civil; ó, mejor dicho, el Gobernador recibe corte.--Si quieren ustedes,
nosotros, cuando vayamos á la recepción, le diremos que están aquí.
--¡De manera alguna! Nosotros debemos procurar que Frontaura ignore
nuestra llegada á su _ínsula_, á fin de sorprenderlo y de poner en solfa
á sus esbirros é inquisidores.
--Pues entonces optamos por no asistir al besamanos oficial, y luego
iremos con ustedes á ver á Frontaura.
--¡Admirable idea! De este modo podrán ustedes hacernos el obsequio de
acompañarnos ahora mismo á visitar la _Universidad_.....
--Con muchísimo gusto.....
--Pues andando.
* * *
Ya que este capítulo ha comenzado en estilo familiar, y que son muchas
las intimidades en él referidas, aprovecho la ocasión de deciros, para
que nos entendamos mejor, que mis tres compañeros de viaje eran: un ex
ministro de Hacienda, muy aficionado á las Bellas Artes y competentísimo
en ellas y en otras muchas cosas; un ex diplomático y ex consejero de
Estado, dado á la arqueología, á la numismática y á la indumentaria, el
cual conoce por su nombre á todos los baratilleros del Rastro de Madrid,
y uno de nuestros más afamados pintores, que ganó en la Exposición
Nacional de hace algunos años el primer premio de Pintura de Historia.
Pues bien: este pintor y yo declaramos, al salir del _Hôtel_, que
nosotros, por razón de oficio, teníamos obligación de estudiar, no sólo
obras de arte, sino costumbres, tipos, paisajes y otras escenas
pictóricas ó novelescas, y que, por consiguiente, sin perjuicio de ir á
la _Universidad_ y á todos los edificios monumentales de Salamanca,
deseábamos contemplar también los sitios, las perspectivas y los cuadros
_naturales_ más característicos de la ciudad, añadiendo (para que el ex
ministro y el ex consejero comprendiesen bien nuestra pretensión) que en
el _Corrillo de la Hierba_ nos habíamos quedado con hambre de
aprendernos de memoria á _aquellos tíos_, ó sea á aquellos vendedores y
compradores, y sus vestimentas, adornos y mercancías.
Nuestros compañeros de viaje hallaron muy justa esta demanda, y, en su
virtud, los bondadosos salmantinos que á todos nos servían de _cicerone_
nos prometieron hacernos dar cuantos rodeos creyesen interesantes,
aunque tardásemos mucho tiempo en llegar á la _Universidad_.
Principiaron, pues, por llevarnos á la _Plaza de las Verduras_, contigua
á la Mayor, no sin que antes, al pasar nuevamente por ésta (y
prescindiendo ya de aficiones y leyes arquitectónicas), nos detuviésemos
á mirarla con ojos de amantes de la Pintura y de la Poesía; y á fe que
nos maravilló sobremanera y arrancó celebraciones generales el
pintoresco efecto que hacía la proyección de los verdes árboles sobre la
dorada piedra de arcos y fachadas, así como el recorte de estos mismos
dibujos monumentales sobre el cielo azul y purísimo de aquella hermosa
mañana de otoño.....
Pasamos entonces á la _Plaza de las Verduras_.
La _Plaza de las Verduras_, extensísima, muy desnivelada, de trazado
irregular, con grandes y viejos edificios históricos, y con otros
vulgares y feísimos, viejos también, nos pareció una amplificación del
_Corrillo de la Hierba_.--Su lado más largo y más alto estaba todo lleno
de puestos de frutas, legumbres y otros comestibles. Veíanse allí, en
lechugas, pimientos, escarolas, cardos, acelgas y coliflores, todos los
verdes de la paleta de nuestra madre Natura, mientras que las peras, los
melocotones, los nísperos, los tomates, las manzanas, las uvas, los
higos, las naranjas, las granadas, los limones y otros frutos,
ostentaban variados colores y despedían ricos aromas.
Nada hay más hermoso ni agradable en el comercio (á lo menos para mí),
que estos bazares, vulgo mercados, en que se venden la inocencia y
hermosura naturales y la eterna verdad campesina..... Allí no había
falsificación, violencia ni engaño alguno: aquellas manzanas eran
manzanas; aquellas uvas eran uvas; aquellos higos eran higos, y todo
aquello había brotado amorosamente del seno de la tierra para alimentar
al hombre.--En comparación de los puestos de frutas y legumbres, ¿qué
son las carnicerías, las pescaderías, las tiendas de caza y los rimeros
de latas llenas de conservas?--¡Cementerios, campos de batalla, losas de
hospital; algo que representa la muerte en lugar de la vida!--¡Ah! ¿Por
qué no se contenta el hombre con ser herbívoro?
Y ¡qué _color_ (pictóricamente hablando), ó qué variedad de colores
fuertes (para decirlo con más claridad), en los trajes de vendedoras y
vendedores, de compradores y compradoras!--¡Cuánta ropa, á principios de
Octubre! ¡Cuánta lana! ¡Qué refajos, qué mantas, qué capas, qué
capotes, qué anguarinas!
Por el abrigo y color general, así como por el dibujo ó hechura, la
indumentaria de aquellas gentes recuerda á León y á Galicia. Y es que la
provincia de Salamanca forma ya parte de aquel triángulo Noroeste de
nuestra España por donde no se va á ninguna parte.--Por Andalucía, que
es otro rincón, ó, mejor dicho, otro _cujón_ de Europa (subrayo esta
palabra, porque todavía no está en el Diccionario), se va á África, se
va á América, se ha ido á Filipinas..... Así es que allí no se detiene
nada; allí no hay remanso; allí corre el tiempo; allí cambian las
modas.--Pero en el _cujón_ Noroeste de la Península no circula el aire
de las mudanzas: en él se estaciona todo, lo mismo las modas que los
sentimientos; cosa que, por idéntico motivo, acontece también en otro
país de análoga situación: en la Bretaña de Francia.
Y no se me diga que por Salamanca se va á Portugal..... ¡La frontera
lusitana es peor que la del agua! ¡Es una frontera de hielo!--El Miño
resulta más ancho, más hondo y más amargo que el Océano.
Volviendo á las salmantinas rurales, diré que, más que sus refajos
amarillos y sus pañuelos en la cabeza (_toilette_ frecuente en España),
llamó nuestra atención una manta larga y angosta de mucho abrigo y
vivísimos colores, que llevaban sobre los hombros y luego cruzada sobre
el pecho. Esta especie de _schal_ oriental se llama la _sayaguesa_,
porque proviene del pueblo de Sayago, en la limítrofe provincia de
Zamora.
Las salmantinas tienen renombre de guapas y valientes.--Lo primero puedo
asegurarlo: en la _Plaza de las Verduras_ había más de una refajona que
nada habría perdido en aligerarse de tres ó cuatro arrobas de lana. Por
lo que toca á su valentía, ya Plutarco la calificó de heroica, al citar
el denuedo con que libertaron á sus padres, hermanos y maridos, presos
en poder de Aníbal, y yo debo añadir que hechos posteriores, y aun de
este siglo, demuestran que las matronas del Tormes no han degenerado de
su antigua pujanza.--Pero no se deduzca de este párrafo que á mí me
gustan las mujeres valientes: yo creo (ó _creía_, cuando pensaba en
estas cosas) que uno de los mayores encantos de las hembras es la
pusilanimidad.
Y basta ya de verduleras.
* * *
Desde el Mercado nos dirigimos, dando un rodeo, hacia la _Calle de la
Rúa_, cuyo anticuado aspecto habíamos oído celebrar mucho; pero, antes,
al pasar por cierta solitaria plazuela, tuvimos que hacer otra parada
para contemplar á dos notabilísimos personajes que, rodeados de gran
número de bestias y de montones de costales llenos y vacíos, contaban
dinero á la puerta de una vetusta casa, como si en ella acabasen de
comprar ó de vender trigo, cebada, maíz ó cosa tal.
Eran dos _charros_, quieto decir, eran dos soberbios ejemplares de la
más peregrina singularidad social é indumentaria de esta tierra. Eran
dos hombres colosales, hermosos, con aire de muy ricos, vestidos
suntuosísimamente, con chaqueta y calzón corto de terciopelo negro y
chaleco de raso azul, todo ello muy adornado de gruesos y pomposos
botones de plata, y con unas camisas tan bordadas, rizadas y llenas de
primores, que cada pechera representaba el trabajo de seis años de una
comunidad de monjas.--Cualquiera de aquellos dos arrogantes y
espléndidos rústicos habría sido llamado con razón _El Rey de los
Tíos_..... Y, en efecto, por su corpulencia, por su lujo y por su
inocente y cómica ufanía, había en ellos mucho del pavo _real_.
La _Baronesa del Zurguén_ nos dijo que eran dos _charros_ de primera, y
que debían de proceder del campo de Ciudad-Rodrigo, tierra clásica de
tales prójimos nuestros.--En Salamanca los hay también. Casi todos los
labradores de la Puerta de Zamora visten de charro, con más ó menos
ostentación, y en el Ayuntamiento de la aristocrática ciudad del Tormes
hay _siempre_ un concejal de tal clase, con su traje y todo.--Los ya
dichos _clásicos_ del campo de Ciudad-Rodrigo se hablan de _vos_ muy
formalmente.
El mismo Losada nos invitó entonces á llegarnos á su casa, que no estaba
lejos, y nos enseñó un traje completo de _charra_, cuidadosamente
guardado en antiquísimo cofre, y causáronnos asombro el lujo y el gusto,
verdaderamente regios, de aquellas vestiduras. Paños, terciopelos y
rasos, recamados y bordados de oro con tanta gracia como profusión;
encajes, tules, preciosas cintas, ricas joyas y otros accesorios de gran
mérito y coste componían aquel raro uniforme femenino, que me recordó
los trajes que las judías ricas sacaban á relucir los sábados en Tetuán.
Y, á propósito, ¿qué son los _charros_?--¿No se diferencian del resto de
los españoles más que en la ropa? ¿Constituyen raza aparte? ¿Tienen
alguna organización social íntima y secreta?--Yo no lo sé, ni me he
acordado de preguntarlo en Madrid á personas más leídas ó instruídas que
yo. Pero es cosa que debe de constar en muchos libros.....--Ya lo
averiguaré con el tiempo; y, si no, me moriré con esta dulce ignorancia,
que tanto campo deja á las suposiciones de mi fantasía.
* * *
En el ínterin, y no sin grande emoción, seguíamos marchando hacia la
veneranda _Universidad_, que, como todos sabéis, es una de las mayores
glorias de España.
Pero, antes de darle vista, aun nos detuvimos un poco en la _Calle de la
Rúa_, digna por todo extremo de su renombre.--Yo no recuerdo haber
pasado en pueblo alguno por calle que tenga tanto carácter de
autenticidad secular; donde tan íntegros é intactos se vean los antiguos
usos y costumbres; donde tan viva y patente se toque la España de la
Edad Media, no ya representada por mudos monumentos ni aislados
edificios, sino por las tiendas y por los talleres que siguen abiertos
al público; por las mercancías que en ellos se venden ó se elaboran; por
la disposición de sus escaparates, mostradores y armarios; por las
industrias allí fehacientes; por todas las casas, sin excepción alguna,
desde las de aspecto señorial hasta las más humildes y vulgares; por sus
vidrieras, visillos, cortinas, esteras y zarzos; por los muebles en
activo servicio que se columbran en algunas salas bajas; por el color,
el empedrado y hasta los transeuntes de la misma calle; por todo, en
fin, lo que es su estado presente, su movimiento actual, su existencia
social de hoy.....
Abundaban en aquella calle las tiendas de filigranas de plata y oro,
trabajadas éstas del propio modo que en tiempos de la Reina Católica, y
había también bastantes librerías.....--¡Librerías en Salamanca! ¡Era de
esperar! Estábamos en la patria del saber.....--Pero ¡ay! ya dista mucho
el comercio de libros de Salamanca de lo que fué antiguamente..... Yo he
leído que, cuando el famoso D. Antonio Agustín era estudiante (él mismo
lo refiere), había en la ciudad 52 imprentas y 84 librerías.
En todo lo demás, nosotros cogíamos intacta y con el polvo de los siglos
la decrépita _Calle de la Rúa_. Y no sólo aquella calle, sino el resto
de Salamanca; pues es de advertir que éramos sus primeros visitadores
después de la inauguración del ferrocarril, á que asistieron S. M. el
Rey y su comitiva..... Aun no se había profanado nada por insustanciales
curiosos; aun no se había alineado, revocado ni _hermoseado_ cosa
alguna, defiriendo á las críticas de los doctores madrileños de ornato
público á la moderna; aun Salamanca era Salamanca.....--¡Quiera Dios que
continúe así todavía!
Pero basta ya de humoradas y de bromas.--Descubrámonos y saludemos.....
Hemos llegado á la _Universidad_.
* * *
Más que un edificio, la _Universidad_ de Salamanca es un barrio de la
ciudad.
Altas y simétricas construcciones, de varia y magnífica arquitectura,
forman tres lados de una extensa plaza cuadrilonga. Todos aquellos
nobles alcázares dependen de la _Universidad_ propiamente dicha, cuyo
gran palacio, separado de los demás por el angosto paso de una calle,
ocupa el cuarto lado y preside majestuosamente aquel Foro de las
ciencias.
Pálido y débil, comparado con la realidad, será siempre cuanto se diga
en elogio de la bellísima fachada del Capitolio de la
sabiduría.--Hállase labrada en el más primoroso y delicado estilo del
Renacimiento, y parece una enorme filigrana calada en piedra por los
plateros de la calle de la Rúa, parece un trabajo chino de marfil,
parece la mística puerta de algún lugar santo. Benvenuto Cellini se
hubiera enorgullecido de cincelar en oro una creación semejante. Los
árabes que bordaron la Alhambra habrían declarado también que sus
mejores templetes y camarines no excedían en finura, suntuosidad é
idealismo á tal maravilla del arte cristiano.
Gloria de los Reyes Católicos es aquella página de piedra, y así lo
pregonan los _bustos_ de Fernando y de Isabel que ocupan un gran
medallón sobre la puerta principal; así lo confirma el venerable escudo
de sus armas, y así lo reza terminantemente una leyenda ó rótulo, que
dice en griego: «_Los Reyes á la Universidad, y la Universidad á los
Reyes_.»
En los amplios muros de los otros edificios que forman la plaza, esto
es, en las paredes de las vastas y monumentales dependencias
universitarias del Hospital de Santo Tomás para el socorro de
estudiantes pobres, y de las Escuelas Menores ó _Instituto_ (cuya linda
fachada es plateresca), vense, desde el suelo hasta muy grande altura,
los infalibles, clásicos letreros encarnados y los tradicionales
_vitores_ en abreviatura que escribió el entusiasmo estudiantil, en
siglos ya pasados, con motivo de tales ó cuales reñidas oposiciones.....
Al leerlos, parecíame estar en aquellos tiempos de ruidosísimas
controversias escolásticas, cuyo estrépito llenaba toda la nación,
preocupando y agitando lo mismo á los eclesiásticos que á los seglares,
así á los plebeyos como á los nobles y á los mismos Reyes; y aun
recordaba que en mi niñez figuré en algún bando de seminaristas en pro ó
en contra de este ó aquel opositor, y escribí también con almagre
rótulos como aquéllos.....--¡Ay! pasó ya la boga y la importancia de
tales lizas, como antes habían pasado las justas y los torneos, y como
pasarán sin duda alguna, cuando les llegue su hora, estas empeñadas
luchas electorales y parlamentarias que hoy apasionan tanto á los
pueblos..... Lo que nunca pasará ni cambiará es el fondo de las cosas
humanas, que siempre resulta el mismo: ¡vanidad y discordia con
diferentes nombres ó pretextos!
En medio de aquella plaza, compás ó patio, y dando frente á la
_Universidad_, álzase desde la primavera de 1868 la _Estatua de Fray
Luis de León_, discípulo que fué y luego catedrático, de aquel emporio
del saber.--Por ninguna parte se veía alma viviente. No sé si á causa de
la festividad del día, ó de ser la una de la tarde, ni fuera ni dentro
de la _Universidad_ (según vimos después) había nadie que turbara el
religioso silencio y melancólica soledad de tan venerandos sitios.....
Nosotros nos sentamos al pie de la estatua, y nos pusimos á recapacitar
en la historia y en la grandeza de cuanto teníamos ante la
vista.--Nuestra emoción era verdadera, profunda, unánime, y, por lo
tanto, silenciosa..... Únicamente oíamos, ó creíamos oir, sobre nuestra
cabeza, una gran voz, la voz de Fray Luis, que repetía con dulce y
formidable acento, como al salir de la prisión:
«_Decíamos ayer_.....»
* * *
No intentaré en manera alguna contar la historia ni hacer la descripción
de la _Universidad_ salmantina. Semejante empeño requeriría un tomo en
folio. Diré solamente las cosas de más bulto, tal y como vayan
presentándose á mi memoria.
Fundó la _Universidad_ Alfonso XI, rey de León, padre de San Fernando.
Durante mucho tiempo estuvo albergada (¡significativa hospitalidad!) en
la _Catedral Vieja_; pero reinando Alfonso XI se emancipó de la
dirección del Obispo de Salamanca y se hizo _pontificia_. Es decir, que
desde entonces el Papa fué el verdadero _Rector_; teniendo en ella por
Delegado al Maestrescuela de la Catedral, á cuya dignidad iba anejo el
cargo de Cancelario de la Universidad. Este era quien confería los
grados y ejercía el juzgado eclesiástico y civil-escolástico, con
autoridad real y pontificia. El Rector no era más que el Jefe
administrativo y económico del Establecimiento.
Llegó á contar, por término medio, unos ocho mil estudiantes, y aun
recuerdo haber leído que, en algunas matrículas, éstos ascendieron á
doce mil.
En 1569 las Cátedras eran setenta: diez de Cánones, diez de Leyes, siete
de Medicina, siete de Teología, once de Filosofía, una de Astrología,
una de Música, una de lengua Caldea, una de Hebreo, cuatro de Griego y
diez y siete de Retórica y Gramática.
Allí hubo estudiantes de todas las naciones, y muy principalmente
ingleses é irlandeses católicos, después que abrazó la Reforma Enrique
VIII.--De esta última tierra no falta aún en Salamanca un contingente
fijo de escolares, como veremos después al hablar del _Colegio de
Irlandeses_.
En la Universidad de Salamanca explicaron maestros tan insignes como
Nebrija, Fray Luis de León, Melchor Cano, el Brocense, Fray Domingo
Soto, Covarrubias, etc., y aprendieron los santos siguientes: San Juan
de Sahagún, Santo Tomás de Villanueva, Santo Toribio de Mogrovejo, San
Juan de la Cruz, San Pedro Bautista, San Miguel de los Santos y el Beato
Juan de Rivera. Cursaron también en aquellas aulas los grandes
fundadores Diego de Anaya y el Cardenal Jiménez de Cisneros, los
célebres historiadores D. Diego Hurtado de Mendoza, Bartolomé de las
Casas, Zurita, Nicolás Antonio y Ambrosio de Morales, el famoso
conquistador Hernán Cortés, los sabios escritores Arias Montano, D.
Antonio Agustín, Chumacero y Saavedra Fajardo, y los insignes literatos
y poetas Cervantes, Villegas, Meléndez Valdés, Iglesias, Jovellanos,
Cienfuegos, Quintana y D. Juan Nicasio Gallego.
Confundida desde hace mucho tiempo la _Universidad_ con la Catedral, los
Doctores tienen asiento en el coro, y los Canónigos en los actos
universitarios.
A fines del reinado de Felipe II, esto es, en lo más cerrado del
absolutismo, todavía se proveían las Cátedras á pluralidad de votos de
los estudiantes de la respectiva asignatura, é igual procedimiento
democrático se empleaba para la elección de Consiliarios.
En la _Capilla Pontificia_ de la Universidad no se pedía, ni se pide
hoy, por el Obispo, sino por el Papa y por los Doctores del
Establecimiento.
Cada nuevo Papa dirigía á la _Universidad_ salmantina una carta
especial, participándole su elección; y cuando había en Castilla nuevo
Rey, la _Universidad_, en vez de enviarle Procuradores que le prestasen
pleito homenaje, se reunía como en Cortes, por su propia cuenta, y le
juraba fidelidad directamente.
En el claustro de las antiguas _Escuelas Mayores_ vimos una leyenda en
que se dice que, «congregados por Alfonso X (el Sabio) los varones más
doctos de aquella Academia, se consiguió por último concluir las _Leyes
Patrias_ (Las Siete Partidas) y las _Tablas Astronómicas_.»
La Universidad tenía muchos locales ó sucursales en la ciudad, con el
nombre de _Colegios incorporados_. Entre ellos se contaban cuatro
_Mayores_, cuatro _Militares_ (de las Órdenes de San Juan, Santiago,
Calatrava y Alcántara), veintiún _Menores_ y dos _Seminarios_. Casi
todos ellos ocupaban soberbios edificios monumentales con muchas
dependencias.--¡Es decir, que toda Salamanca era Universidad, y lo es
todavía, y lo será siempre en la mente de las generaciones, como Toledo
es su catedral, y Granada su Alhambra, y cada ciudad aquello que le dió
vida y grandeza y á cuya sombra amiga nacieron y prosperaron los demás
elementos de su esplendor y poderío!
«_Tesoro de donde proveía á sus reinos de gobierno y de justicia_»,
llamó Carlos V á la _Universidad_ de Salamanca;--y eso que Carlos V fué
más europeo que español.
* * *
Después de contemplar y conmemorar todas estas cosas, sentados al pie de
la estatua de Fray Luis de León, penetramos al fin en la _Universidad_,
y recorrimos con profundo respeto aquellos antiguos claustros, donde se
pasearon, en la alegre edad de su adolescencia, tantos y tantos hombres
ilustres.
Admiramos los magníficos _artesanados_ de aquellos techos. Visitamos la
_Capilla pontificia_, y en ella _adoramos_ los _restos de Fray Luis de
León_, encontrados hace doce años en las ruinas de su convento de San
Agustín (de que ya sólo queda el sitio en la ciudad del Tormes), y
guardados hoy en decorosa urna de mármoles blanco y negro, que ocupa una
hornacina de dicha capilla.--Y del propio modo, ó sea con igual
veneración que ya habíamos visto la _estatua_ y la _tumba_ del gran
maestro, vimos después su _aula_ y su _cátedra_.....
El _aula_ tiene los mismos bancos de tosco pino en que se sentaron los
discípulos de Fray Luis. Dichos bancos se reducen á una viga sin alisar,
para asiento, y otra por delante para apoyar el libro. Estas segundas
vigas están muy labradas por los cortaplumas de los estudiantes, que han
tallado en ellas, durante siglos, iniciales, fechas, cruces y
caricaturas.
La _cátedra_ es también de pino viejo; pero no nos pareció contemporánea
del autor de la _Profecía del Tajo_, sino mucho más moderna.--De
cualquier modo, en aquel paraje fué donde exclamó: «_Decíamos
ayer_.....» al reanudar, después de largos años de cautiverio, sus
lecciones de Teología y de Literatura Sagrada.
Mucho hablamos allí y muchísimo más nos quedó que hablar acerca del
célebre agustino, de sus inspiradas poesías, de sus hermosos escritos en
prosa, del error en que se estuvo mucho tiempo creyéndolo hijo de
Granada, por haberlo confundido con el otro insigne Fray Luis, y del
excelente drama del segundo Marqués de Gerona, titulado _Fray Luis de
León_.....
--Pero ya se había concluído el besamanos; eran las dos, y decidimos ir
á buscar, sin pérdida de tiempo, al amigo Frontaura, al festivo autor de
_El Caballero particular_, al ingenioso director de _El Cascabel_, al
muy bien conceptuado Gobernador de Salamanca, que nada sabría (tal
ilusión nos halagaba por lo menos) de nuestra estancia en la capital de
sus dominios.
IX