Luisa, ejecutados por uno de los más insignes entre los varios grandes
escultores españoles que han llevado el apellido _Álvarez_. Refiérome á
D. Manuel Álvarez, llamado comúnmente _el Griego_, hijo también de
Salamanca y autor de las cinco hermosas estatuas de la _Fuente de Apolo
y las Cuatro Estaciones_ que embellecen el Salón del Prado de esta
coronada villa.....--Pues bien: los tales bustos fueron derribados y
destruídos en no sé qué asonada popular, sin consideración alguna á su
mérito artístico..... ¡Y, sin embargo, todavía hay artistas que no son
reaccionarios!
Muchos otros bustos de antiguos Reyes é ilustrados Capitanes hay en las
enjutas de los arcos de dos lados de la plaza; pero valen tan poco como
esculturas, y es tan problemático su parecido, que el motín los
respetó.--Bastante más que todos ellos nos interesó una sencilla lápida
que conmemora, en la fachada de la casa núm. 19, que _allí vivió y murió
el famoso poeta salmantino_ D. JOSÉ IGLESIAS.
* * *
Terminado el examen de la _Plaza Mayor_, atrajeron nuestra vista y
despertaron nuestra curiosidad dos altísimas torres gemelas, dominadas
por una cúpula y un cimborio, y no exentas de majestad y gallardía, que
asomaban á lo lejos, hacia la parte del Sudoeste, por encima de las
intermedias manzanas de casas.
--¿Qué será aquello?--volvimos á preguntarnos.
--Aquello..... (respondió un bondadoso transeunte, que nos miraba con
tanta extrañeza como nosotros á las dos torres), aquello es _la
Compañía_.
--¡Ah, ya!..... _Los Jesuítas_.....
--Justamente.....; la grandiosa Casa de los Padres.....
--Muchísimas gracias.....--replicó el más _liberal_ de nosotros cuatro,
levantando la sesión con un saludo.
Y todos nos dirigimos allá resueltamente.
Pero, no bien salimos de la _Plaza Mayor_, entramos en una plaza.....
mínima, que nos enamoró mucho más que la que dejábamos. ¡Tanto nos
enamoró, que si los hijos del país hubiesen oído nuestras celebraciones,
las habrían considerado irónicas y burlescas!
Porque se trataba de una plazoletilla triangular, de irregulares líneas
y viejo y abigarrado caserío, donde no había dos balcones iguales, ni
dos edificios simétricos, ni monumento alguno bueno ni malo; nada, en
fin, que fuese elegante, ordenado, lujoso, ó tan siquiera limpio. ¡Y en
esto precisamente consistían su belleza artística, su encanto poético,
su color histórico!
El _Corrillo de la Hierba_ se llama aquel sitio.--Se lo recomiendo á
toda persona de buen gusto que vaya á Salamanca.--Verá allí
aglomeraciones de casas viejas, como las que figuran en las decoraciones
teatrales ó en los cuadros referentes á la Edad Media; verá allí un
variado y grotesco repertorio de balcones, aleros, guardapolvos y
barandajes sumamente característicos; verá puertas chatas, paredes
barrigonas, ventanas tuertas, pisos cojos y tejados con la cabeza dada á
componer, como no los encontrará en ninguna otra parte.--Y ¡qué escenas
localiza en aquel sitio la imaginación! ¡Qué fondo aquel para un lienzo
que representase el célebre motín en favor de los Comuneros, ó las
sangrientas riñas á que dió ocasión D.ª María _la Brava_, ó una de
aquellas temerarias revueltas contra los Franceses, coronadas luego de
gloria por la batalla de Arapiles!
Además de los multiformes tenduchos que rodean la plazuela, y que le
añaden animación y fuerza dramática, veíase á aquella hora una infinidad
de _puestos_ amovibles ó _matutinos_; es decir, una multitud de
lugareñas sentadas en el suelo, con su cesta de huevos al lado, y
rodeadas de pollos, pavos y gallinas.--Aquellas mujeres, vestidas con
pesadísimos dobles refajos, y liadas en una especie de manta, parecían
montones de lana de vivos colores, de cuyo fondo salían pregones tan
agrios y desapacibles como el cacareo ó los graznidos de las propias
aves pregonadas.
Agréguese á esta algarabía el disputar de los hombres, los gritos de los
muchachos, la charla de las criadas que hacían la compra, el ruido de
los talleres, el son de unas campanas vecinas que tocaban á niño muerto,
los perros ladrando, los pobres pidiendo limosna, bestias cargadas que
iban y venían, y el correspondiente vocear del que las arreaba, y se
formará juicio aproximado del _Corrillo de la Hierba_, á las diez de la
mañana de un día de Octubre del ya casi octogenario siglo XIX.
De buena gana nos hubiéramos estado allí hasta las once; pero las torres
de la _Compañía_ seguían llamándonos, y no era cosa de desairarlas
cuando alguno de nosotros acababa de cobrar en Madrid fama de
jesuíta.--Continuamos, pues, nuestra marcha en aquella dirección,
tomando por una solitaria calle, que creo se llamaba de _Sordolodo_.
VII
LA CASA DE LAS CONCHAS.--IGLESIA Y COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE
JESÚS.--MÁS IGLESIAS Y PALACIOS.
Desde que penetramos en aquella calle, Salamanca tomó á nuestros ojos un
nuevo aspecto.--Ya no era la señorona del siglo pasado representada por
la _Plaza Mayor_: tampoco era la revoltosa ciudadana del siglo XVI, que
gritaba y luchaba en el _Corrillo de la Hierba_: ya era una dama gótica,
tan severa como triste; mucho más triste, á decir verdad, que en la
_Calle de Zamora_.
La en que acabábamos de entrar y las adyacentes eran angostas y
torcidas, como anteriores al uso de los coches urbanos: blasones
nobiliarios y portadas artísticas de la Edad Media adornaban sus
ruinosas casas, y un silencio de muerte servía allí de melancólico
acompañante á la romántica soledad.--Ni una sola tienda profanaba
aquellos portales. No se veía alma viviente ni en rejas ni en balcones.
Dijérase que en tal barrio no vivía criatura humana. Parecía aquello,
más que realidad de los tiempos presentes, engendro fantástico de un
poeta de 1838, de un Espronceda, de un Zorrilla, de un García
Gutiérrez.
Salimos al fin frente por frente del _Colegio de la Compañía_, y ya nos
disponíamos á estudiar la enorme y suntuosa fachada de su iglesia,
cuando reparamos que en la acera opuesta se alzaba una de las maravillas
arquitectónicas más célebres de Salamanca; uno de los monumentos que
íbamos buscando _ex-profeso_ en aquel viaje; uno de los palacios más
bellos y singulares que nos ha legado el siglo XV.--Me refiero á la
_Casa de las Conchas_.
Nosotros la conocíamos, como todo el mundo, por la fotografía y por el
grabado: nosotros habíamos contado muchas veces con el dedo sobre el
papel las elegantísimas _conchas_ de piedra que cubren su extensa
fachada..... Pero hay que ver el edificio en el _original_, con su color
y su tamaño, para formar completo juicio de su gentileza y hermosura.
Hay que ver, por ejemplo, la sombra _natural_ que proyectan las
abultadas _conchas_, heridas por el sol, sobre la dorada piedra del
pulimentado muro: hay que ver las cuatro preciosas ventanas, dos de
ellas muy parecidas á ajimeces árabes, que interrumpen á largos trechos
la planicie de aquellas paredes: hay que ver aquellas esquinas, de
afilada y correctísima arista, como si fuesen de bruñido acero, y de las
cuales se destacan, campeando en el aire, bellísimos escudos de piedra,
que son otros tantos primores artísticos: hay que ver, en fin, aquellas
otras grandes conchas de hierro que cubren á su vez, por vía de clavos,
la gran puerta de entrada, y el precioso herraje de aquellas
_melodramáticas_ rejas (perdonadme el adjetivo), y aquel gran Escudo
Real que _preside_ la fachada, y todos aquellos perfiles aristocráticos
y piadosos que ennoblecen el exterior de tan poético palacio.....--Ya he
dicho que data del siglo XV. Así lo revela su arquitectura, cuyo
conjunto es gótico decadente con detalles platerescos; y así lo indican
también el yugo y el haz de flechas, blasón especial de los Reyes
Católicos, que se ven en el mencionado Escudo Real.
Las _conchas_ que ostenta todo el edificio significan que el que lo
mandó construir era caballero santiagués y que había ido ó tenía hecho
voto de ir en peregrinación á Compostela, así como los escudos con
_cinco lises_ que adornan las esquinas y la espalda del palacio, prueban
que el tal santiagués pertenecía á la poderosa y esclarecida familia de
los Maldonados de Salamanca.
Y, en efecto, la _Casa de las Conchas_ fué primero de los Maldonados,
señores de Barbalos; luego la heredaron los Marqueses de Valdecarzana, y
hoy la posee el cinco veces Grande de España, Conde de Santa Coloma, en
su calidad de Conde de las Amayuelas.
* * *
Por cierto, y perdonadme la digresión, que Francisco Maldonado, el
célebre _comunero_, el compañero de Bravo y de Padilla, el _degollado_
del gran cuadro de Gisbert, no pertenecía á la rama principal de la
familia mencionada, de la cual era jefe, aunque tampoco dueño de la
_Casa de las Conchas_, un D. Pedro Maldonado y Pimentel, también afecto
á la causa de las Comunidades, del cual me parece oportuno decir aquí
algunas cosas, de todos sabidas, por si hay alguien que las tenga
olvidadas, cosa que á mí me acontecía no hace muchas horas.....
Notorio es que Salamanca acudió en auxilio de Segovia contra el alcalde
Ronquillo, como casi todas las ciudades castellanas. Principió en
Salamanca la cosa por un gran motín (¡indudablemente estalló en el
_Corrillo de la Hierba_!), durante el cual quemó el pueblo una casa del
mayordomo del terrible Fonseca, arzobispo de Santiago, derribó otras
muchas, y arrancó las varas á las autoridades. En tal coyuntura, el
poderoso D. Pedro Maldonado y Pimentel, creyendo que los victoriosos
amotinados no podían hacer nada bueno en Salamanca, y sí se lucirían
muchísimo yendo en auxilio de los Comuneros, formó con ellos una crecida
hueste, y los llevó á luchar contra los imperiales. Los salmantinos
lidiaron en diferentes jornadas con varia fortuna, que se les declaró al
fin totalmente adversa en los campos de Villalar. Al lado de Maldonado
Pimentel, ó mejor dicho, en las filas de su gente, peleó allí como bueno
otro Maldonado, algo pariente suyo y también hijo de Salamanca, y ambos
cayeron prisioneros después de su derrota.--Fueron entonces condenados á
muerte los principales cabecillas ó jefes de Comuneros; pero como el D.
Pedro Maldonado Pimentel tuviese parentesco con el famoso Conde de
Benavente, consiguióse que el otro Maldonado, conocido por _el de la
calle de los Moros_, muriese en lugar suyo con Bravo y con Padilla, cual
si este bárbaro ardid pudiera deslumbrar á la opinión pública..... ni
aun en tiempos en que no había periódicos.--Y al cabo sucedió que los
imperiales, después de guardar encerrado algunos meses al Maldonado
Pimentel, diéronse cuenta de que nadie había sido engañado con la
sustitución referida, y tuvieron que degollarlo también, me parece que
en Simancas, un año después que á su homónimo.--Por manera que el
insigne D. Pedro trocó por un año de vida los siglos de popularidad que
ha disfrutado, y disfrutará todavía muchísimo tiempo, la memoria del
pobre D. Francisco, y el alto honor de figurar en el mencionado cuadro
de Gisbert.
Conque volvamos á la _Casa de las Conchas_.
* * *
La puerta estaba abierta: llamamos, sin embargo, y no nos
respondieron.....--¿Qué hacer en tal apuro, sabiendo, como sabíamos por
la fotografía y el grabado, que el patio era bellísimo?
Perdone el Sr. Conde de Santa Coloma: el partido que tomamos fué
colarnos de rondón en su casa, bajo la salvaguardia de nuestras buenas
intenciones.....
Y ¡qué patio vimos!--Su estilo podía calificarse de mixto de gótico y
mudéjar: las líneas generales tenían más de mudéjares que de otra cosa:
en las ventanas y demás pormenores predominaba lo gótico.--De una ó de
otra suerte, todo era allí gallardo, primoroso y del mejor gusto,
causando verdadero asombro la prolijidad y esmero de la ejecución. Baste
decir que la dura piedra semejaba trenzados de cuerdas como si fuese
cáñamo, y hasta calados de encajes, como si fuera lino.....
De buena gana hubiéramos llevado más adelante nuestra exploración; pero
no nos atrevimos á tanto, y salimos de aquella interesantísima casa como
habíamos entrado en ella, llenos de respeto á su carácter señorial y
religioso, y de admiración á sus bellezas artísticas.
* * *
Desventajosa en sumo grado para la arrogantísima _Iglesia de los
Jesuítas_ (que, como he dicho, se alza frente á la _Casa de las
Conchas_) es la transición de un edificio á otro. Todo lo que el
caballeresco palacio gótico tiene de fino, delicado y como espiritual,
lo tiene de pesado, rudo y meramente corpóreo el enorme templo
greco-romano que erigió allí la Compañía de Jesús. Y aun todavía fuera
menor tal desventaja, si el estilo pagano de la católica iglesia se
distinguiese por su pureza y corrección..... (que, entonces, ya sería
cuestión de gusto ó de escuela entre clásicos y románticos); pero
acontece que este suntuoso templo es _barroco_ dentro de su mismo
estilo, dado que pecó desde su origen contra las reglas clásicas y luego
sufrió el pernicioso influjo de los peores tiempos de la arquitectura
neogentílica.
Pero ¿á qué cansarme en explicar lo que ya tiene su nombre propio?--Esta
iglesia de la _Compañía_ es un nuevo ejemplar, sumamente característico,
de la que hoy se llama en las Academias _Arquitectura jesuítica_, bien
que exceda en majestad y hermosura á cuantas erigieron los discípulos de
Loyola en España, Portugal y América.
Resumiendo: el templo de que tratamos sólo es _grandioso_ por el
_grandor_ material de su tamaño y por los tesoros que representan
tantísimas disformes piedras como se ven empleadas en su estupenda
escalinata, en una portada inmensa, en dos recias y vistosas torres, en
una ingente cúpula coronada por altísimo cimborio, y en infinidad de
estatuas, agujas, escudos, bolas, molduras, balcones y ventanas; que de
todo hay en aquella fachada, y todo gigantesco, descompasado,
descomunal.....
La _Iglesia y Colegio de la Compañía_ fueron fundados por Felipe III y
Margarita de Austria. Ambos edificios ocupan más de 20.000 metros
cuadrados. Para construirlos, ó sea para explanar el terreno en que se
alzan, se derribaron dos iglesias y tres manzanas de casas,
suprimiéndose dos calles enteras.--Por cierto que la _Casa de las
Conchas_ se vió en peligro de venir también al suelo, y que, si no se
consumó semejante atentado, debióse, según unos, al valor cívico y
tradicional cultura de los hijos de Salamanca, y, según conseja vulgar,
á lo inadmisible de cierta humorística é indecorosa condición, que no
creo llegara á formularse.....
En el _Colegio_ hay habitación para 300 misioneros, y todos los salones,
aulas y demás dependencias de una verdadera universidad.
En fin: un portero nos dijo, como supremo encomio, que las llaves de
toda la casa pesan diez y nueve arrobas.....--¡Qué español rancio es
este criterio estético!
El interior de la iglesia no es tan grande de tamaño ni tan ostentoso
de forma como hace presumir su exterior. De orden dórico, y sólo rico en
vulgares retablos churriguerescos, resulta frío é insignificante.
Únicamente llama allí la atención el _Retablo del Altar Mayor_, por lo
enorme, colosal y complicadísimo de su estructura. Puede decirse que es
una tempestad de pino y oro, al par que un motín contra las reglas
arquitectónicas. En los fustes de las que no sé si llamar _columnas_, se
ven enredadas hojosas vides de tamaño natural, con sus racimos
correspondientes; todo ello dorado y luego bruñido. Las gigantescas
estatuas de los cuatro Evangelistas, que también forman parte de la
_composición_, parece que cruzan un páramo en día de mucho viento: ¡tan
infladas y revueltas están sus vestiduras!
Arrodillada en medio de aquel solitario templo vimos á una guapísima
peregrina, demasiado hermosa, limpia y elegante para penitente, ó,
cuando menos, para excitar ideas de penitencia. Apoyábase en el báculo;
pendía el amplio sombrero sobre su espalda de cariátide, y tenía fijos
en el altar mayor unos grandes y relucientes ojos que parecían dos soles
negros.....--Comedia ó tragedia (yo creo piadosamente que sería lo
último), aquella actitud, aquella santa vestidura, el lugar de la acción
y nuestras propias circunstancias nos infundieron respeto, y ni nos
curamos de preguntar á nadie quién era la peregrina, ni hemos vuelto á
hablar de ella desde entonces.....
Y es cuanto recuerdo de _la mejor casa que los Jesuítas tuvieron en
España_.--Esta frase no me pertenece: se la oí al ya difunto Padre
Manrique.--Por mi parte debo añadir que Salamanca debía tal desagravio á
San Ignacio de Loyola; pues (como ya veremos más adelante) el
celebérrimo fundador de la Compañía de Jesús fué procesado y estuvo
preso en la ínclita ciudad del Tormes.
* * *
Libre nuestra atención del poderoso atractivo de la _Casa de las
Conchas_ y de la _Iglesia y Colegio de los Jesuítas_, volvió á fijarse
en el carácter poético y artístico de aquel histórico barrio. Pero lo
que ya nos asombraba en él no era tanto su aire de vejez y de romántica
melancolía, como la grandeza monumental que siguió desplegando á
nuestros ojos.
_Calle de la Compañía_ se llama la que comienza en los edificios
citados, y, así ella como todas las plazuelas, calles y callejas
inmediatas, se componen de una sucesión de altas construcciones de
piedra, ó sea de una no interrumpida serie de palacios, de iglesias, de
conventos, de colegios y de casas señoriales, que nos infundía respeto
y veneración. Todo era allí monumento, como en algunos barrios de
Ferrara, Pisa y Florencia. Por todas partes alzábanse padrones de
historia militar, de devoción, de aristocracia ó de ciencia, según la
arquitectura y destino de cada edificio.--¡Oh! No podíamos negarlo:
estábamos en la Atenas castellana: estábamos en _Roma la Chica_.
¡Doquier piedra, silencio y soledad! Mas esta soledad no era ya medrosa
como la de las ruinas ó la de los cementerios: era plácida y augusta
como la de los claustros. Cierto que nadie pasaba, ni parecía haber
pasado hacía mucho tiempo, por aquellas nobilísimas calles: certísimo
que altas hierbas crecían entre las losas y guijas del empedrado.....;
pero no sé si la presencia de tanto escudo de armas como adornaba las
esquinas, las fachadas, las puertas, los canceles, los balcones y las
rejas de templos, colegios y palacios, ó si lo bien conservados que se
veían hasta los más menudos detalles arquitectónicos de cada página de
piedra, ó si la índole y forma cristianas de aquellos monumentos, les
hacían aparecer vivos, subsistentes, militantes como las cerradas
ermitas que conservan su campana, como los mudos conventos en cuya
portería arde por la noche una luz ante la imagen de María, ó como los
desnudos árboles del invierno, cuando se ve que sus ramas se doblan,
pero no se quiebran, al impulso de los huracanes.....
¡Ah! sí..... Salamanca no representa una edad pasada ó una raza muerta,
como acontece con muchas ciudades ricas en monumentos gentiles:
Salamanca existe todavía con toda su antigua vitalidad, aunque en
estación tan desfavorable. Y existe, porque no ha caducado enteramente
la civilización á que debió su vida; porque los ideales de que son noble
símbolo sus iglesias y colegios, siguen imperando en la Nación que
reconstruyeron los Reyes Católicos; porque, ya que no dentro de las
viejas murallas que besa el Tormes, á lo menos en los flamantes hoteles
del ensanche de Madrid, se perpetúan, con sus antiguos blasones, las
familias aristocráticas que levantaron aquellos palacios que nosotros
íbamos viendo; porque subsisten, en fin, la Religión cristiana, la
Monarquía española, la Nobleza de Castilla y hasta las democráticas
Leyes patrias que defendieron las Comunidades; es decir, todos los
veneros de la grandeza salmantina.
Si todo esto desapareciese, Salamanca, por muy bien conservados que
guardase sus monumentos, no pasaría de ser un cadáver, como Nínive ó
Pompeya.
Pero dejémonos de discursos, y enumeremos, siquier rápidamente, las
cosas que vimos aquella mañana antes de regresar á la fonda.
* * *
En una esquina próxima al Colegio de la Compañía leímos en letras de oro
y sobre marmórea lápida, que allí vivió el gran poeta Meléndez Valdés.
Más abajo descubrimos la que un azulejo denominaba _Plazuela de San
Benito_, la cual, más que plaza, parecía el compás de una
Cartuja.--Tampoco había allí gente. Lo único que allí había era una
hermosa iglesia, consagrada al Santo que da nombre á aquel lugar;
iglesia que, según supimos luego, había servido además de panteón á la
familia de Maldonado, cuando era lícito dormir el sueño eterno al pie de
los altares, ó sea en tiempos en que no se anteponía á todo _la
higiene_.
Después fuimos hallando muchas casas góticas ó platerescas, en cuyas
lindísimas portadas se veían grandes escudos que nos indicaban la
familia á que pertenecían ó habían pertenecido.--El _sol_ de los Solís,
las _cinco lises_ de los Maldonados, y, sobre todo, las _estrellas_ de
los Fonsecas, abundaban más que ningún otro blasón.
Y aquí debo apuntar que la casa de Fonseca fué, durante siglos, la más
poderosa de Salamanca, así en lo civil como en lo eclesiástico, y que,
aparte de sus grandes guerreros, la hicieron célebre en toda la
cristiandad aquel severísimo Arzobispo de Santiago y Patriarca de
Alejandría de que tanto hablan las historias, y otro Arzobispo de
Santiago y de Toledo, hijo suyo, á quien debieron los salmantinos
importantísimas fundaciones, como diremos oportunamente.
De la plazuela de San Benito pasamos á otra no menos solitaria y
monumental, denominada _del Águila_, siendo de advertir que, como no
encontrábamos á nadie que pudiese indicarnos el camino, teníamos que
guiarnos por la posición del sol, á fin de llegar pronto al hotel, pues
iba siendo hora de almorzar..... en su reglamento y en nuestro estómago.
En la _Plazuela del Águila_ se eleva un hermoso edificio greco-romano,
que colegimos sería la famosa _Iglesia de las Agustinas_, de que tanto
habíamos oído hablar en Madrid.--Ni por un instante nos ocurrió penetrar
en ella, sino que dejamos su examen para la tarde ó para el día
siguiente, á fin de estudiarla con el debido detenimiento.
Pero de un peligro caíamos en otro, y cuanto más apretábamos el paso,
mayores prodigios arquitectónicos nos salían al camino tratando de
detenernos.....
De la _Plaza del Águila_ pasamos á la de _Monterrey_, y nos encontramos
frente á frente del magnífico palacio de este nombre, que es otra de las
maravillas de Salamanca, según podéis ver en los escaparates de los
fotógrafos de esta villa y corte, y que sirvió de modelo para el
Pabellón Español de la Exposición de París de 1867.
Huímos, pues....., bien que jurándonos volver al cabo de pocas horas.--Y
no huíamos ya solamente para que no se enfriara el almuerzo, sino porque
nos aturdía aquella rápida sucesión de emociones, tanta nueva belleza,
tanta poesía, tanta historia, tanto portento de diverso orden como
llamaba nuestra atención por todas partes y á un mismo
tiempo.--¡Necesitábamos descansar, hacer algunos apuntes, descargar
nuestra memoria!.....
Llegamos, al fin, al hotel.....--Y considerando yo ahora que mis
lectores estarán también necesitados de algún reposo, pongo punto á este
capítulo, dejando para el siguiente el hablarles del almuerzo y de otras
cosas interesantísimas, ninguna de las cuales (dicho sea entre
paréntesis) tendrá nada que ver con la Arquitectura.
VIII
LA PLAZA DE LAS VERDURAS.--LA FRONTERA DE PORTUGAL.--EL REY DE LOS
TÍOS.--UN TRAJE DE CHARRA.--LA CALLE DE LA RÚA.--LA UNIVERSIDAD.
Del almuerzo que nos aguardaba en la fonda debo decir, no como dato
oficioso y trivial, sino para instrucción de los viajeros que vayan á
Salamanca, que nada tenéis allí que temer, y sí muchos goces que
prometeros, por muy gastrónomos y delicados que seáis.--El _Hôtel del
Comercio_ se encargará de no desmentirme.--¡Qué tortilla! ¡qué truchas!
¡qué jamón! y ¡qué peras..... _de cristal_! (Este era su nombre.)--Lo
único medianejo fué el vino.....; pero á bien que nosotros teníamos
todavía en nuestra despensa ambulante, no _de lo nuevo_ (que dice el
marido de Inés en los versos de Baltasar de Alcázar), sino _de lo
bueno_.