--¿Quién sois y que hacéis aquí? preguntó Teobaldo al monje.
--Yo soy, contestó éste, un humilde servidor de Dios, religioso del
monasterio de Montagut.
--Pero ... interrumpió el barón, Montagut ¿no es un señorío?
--Lo fué, prosiguió el monje ... hace mucho tiempo. ... Á su último
señor, según cuentan, se le llevó el diablo; y como no tenía á nadie
que le sucediese en el feudo, los condes soberanos[1] hicieron
donación de estas tierras á los religiosos de nuestra regla, que están
aquí desde hará cosa de ciento á ciento veinte años. Y vos ¿quién
sois?
[Footnote 1: condes soberanos. See p. 121, note 1, and p. 123, l.
22.]
--Yo ... balbuceó el barón de Fortcastell, después de un largo rato de
silencio; yo soy ... un miserable pecador, que arrepentido de sus
faltas, viene á confesarlas á vuestro abad, y 15 á pedirle que le
admita en el seno de su religión.