--Buenas noches, mi señora doña Baltasara; ¿también usarced[1] viene
esta noche á la Misa del Gallo? Por mi parte tenía hecha intención de
irla á oir á la parroquia; pero lo que sucede... ¿Dónde va Vicente?
Donde va la gente.[2] Y eso que, si he de decir la verdad, desde que
murió maese Pérez, parece que me echan una losa sobre el corazón
cuando entro en Santa Inés... ¡Pobrecito! ¡Era un santo!... Yo de mí
se decir, que conservo un pedazo de su jubón como una reliquia, y lo
merece... pues en Dios y en mi ánima, que si el señor arzobispo tomara
mano en ello, es seguro que nuestros nietos le verían en los
altares.[3] ... Mas ¡cómo ha de ser!... Á muertos y á idos, no hay
amigos.[4] ... Ahora lo que priva es la novedad... ya me entiende
usarced. ¡Qué! ¿No sabe nada de lo que pasa? Verdad que nosotras nos
parecemos en eso; de nuestra casita á la iglesia, y de la iglesia á
nuestra casita, sin cuidarnos de lo que se dice ó déjase de decir...
sólo que yo, así... al vuelo... una palabra de acá, otra de acullá...
sin ganas de enterarme siquiera, suelo estar al corriente de algunas
novedades.... Pues, sí señor; parece cosa hecha que el organista de
San Román,[5] aquel bisojo, que siempre está echando pestes de los
otros organistas; aquel perdulariote, que más parece jifero de la
puerta de la Carne[6] que maestro de solfa, va á tocar esta
Noche-Buena en lugar de maese Pérez. Ya sabrá usarced, porque esto lo
ha sabido todo el mundo y es cosa pública en Sevilla, que nadie quería
comprometerse á hacerlo. Ni aun su hija que es profesora, y después de
la muerte de su padre entró en el convento de novicia. Y era natural:
acostumbrados á oir aquellas maravillas, cualquiera otra cosa había de
parecernos mala, por más que quisieran evitarse las comparaciones.
Pues cuando ya la comunidad habrá decidido que, en honor del difunto y
como muestra de respeto á su memoria, permanecería callado el órgano
en esta noche, háte aqui que se presenta nuestro hombre, diciendo que
él se atreve á tocarlo.... No hay nada más atrevido que la
ignorancia.... Cierto que la culpa no es suya, sino de los que le
consienten esta profanación... pero, así va el mundo... y digo, no es
cosa la gente que acude...[7] cualquiera diría que nada ha cambiado
desde un año á otro. Los mismos personajes, el mismo lujo, los mismos
empellones en la puerta, la misma animación en el atrio, la misma
multitud en el templo... ¡Ay, si levantara la cabeza el muerto! se
volvía[8] á morir por no oir su órgano tocado por manos semejantes. Lo
que tiene que,[9] si es verdad lo que me han dicho las gentes del
barrio, le preparan una buena al intruso. Cuando llegue el momento de
poner la mano sobre las teclas, va á comenzar una algarabía de
sonajas, panderos, y zambombas, que no haya más que oir... pero
¡calle! ya entra en la iglesia el heroe de la función. ¡Jesús, qué
ropilla de colorines, qué gorguera de cañutos, qué aires de personaje!
Vamos, vamos, qué ya hace rato que llego el arzobispo, y va á comenzar
la misa... vamos, que me parece que esta noche va á darnos que contar
para muchos días.
[Footnote 1: usarced. Contraction of _vues(tr)a merced_, 'your
grace.']
[Footnote 2: ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. See vocabulary.
Note the two senses in which the adverb of place, _donde_, is used.]
[Footnote 3: en los altares. That is to say canonized.]
[Footnote 4: Á muertos y á idos, no hay amigos = 'The dead and
departed have no friends (_or_ are soon forgotten)'.]
[Footnote 5: San Román. A church, originally a mosque, situated in
the northern part of Seville, on the Plaza de San Román. It was
reconstructed by D. Pedro I. Its façade is very plain, the chief
decorative features being an ogival doorway in the center and a
window of similar form to the right. It contains some fine statuary
by Montañés. The fifteenth-century painter Juan Sánchez de Castro is
buried here.]
[Footnote 6: la puerta de la Carne. One of the ancient gates of
Seville, situated in the north wall near the _Matadero_
('slaughter-house'). Hence its name. It was once called the _Puerta
Judía_. But little remains now of the old walls of Seville, which
had a circumference of upwards of ten miles, and were pierced by
fifteen gates and strengthened by one hundred and sixty-six towers.]
[Footnote 7: no es cosa la gente que acude = 'the crowd in
attendance is not small' or 'what a lot of persons have come!' The
expression _no es cosa_ is used familiarly in the sense of _es
mucha_.]
[Footnote 8: volvía. A Common use of the imperfect indicative
instead of the conditional.]
[Footnote 9: Lo que tiene que = 'the fact is.']
Esto diciendo la buena mujer, que ya conocen nuestros lectores por sus
exabruptos de locuacidad, penetró en Santa Inés, abriéndose según
costumbre, un camino entre la multitud á fuerza de empellones y
codazos.
Ya se habiá dado principio á la ceremonia.
El templo estaba tan brillante como el año anterior.
El nuevo organista, después de atravesar por en medio de los fieles
que ocupaban las naves para ir á besar el anillo del prelado, había
subido á la tribuna, donde tocaba unos tras otros los registros del
órgano; con una gravedad tan afectada como ridícula.
Entre la gente menuda que se apiñaba á los pies de la iglesia, se oía
un rumor sordo y confuso, cierto presagio de que la tempestad
comenzaba á fraguarse y no tardaría mucho en dejarse sentir.
--Es un truhán, que por no hacer nada bien, ni aún mira á derechas,
decían los unos.
--Es un ignorantón, que después de haber puesto el órgano de su
parroquia peor que una carraca, viene á profanar el de maese Pérez,
decían los otros.
Y mientras éste se desembarazaba del capote para prepararse á darle de
firme á su pandero, y aquél apercibía sus sonajas, y todos se
disponían á hacer bulla á más y mejor, solo alguno que otro se
aventuraba á defender tibiamente al extraño personaje, cuyo porte
orgulloso y pedantesco hacía tan notable contraposición con la modesta
apariencia y la afable bondad del difunto maese Pérez.
Al fin llego el esperado momento, el momento solemne en que el
sacerdote, despues de inclinarse y murmurar algunas palabras santas,
tomó la Hostia en sus manos.... Las campanillas repicaron, semejando
su repique una lluvia de notas de cristal; se elevaron las diáfanas
ondas del incienso, y sonó el organo.
Una estruendosa algarabía llenó los ámbitos de la iglesia en aquel
instante y ahogó su primer acorde.
Zampoñas, gaitas, sonajas, panderos, todos los instrumentos del
populacho, alzaron sus discordantes voces á la vez; pero la confusión
y el estrépito sólo duró algunos segundos. Todos a la vez como habían
comenzado, enmudecieron de pronto.
El segundo acorde, amplio, valiente, magnífico, se sostenía aún
brotando de los tubos de metal del organo, como una cascada de armonía
inagotable y sonora.
Cantos celestes como los que acarician 'los oídos en los momentos de
éxtasis; cantos que percibe el espíritu y no los puede repetir el
labio; notas sueltas de una melodía lejana, que suenan á intervalos,
traídas en las ráfagas del viento, rumor de hojas que se besan en los
árboles con un murmullo semejante al de la lluvia, trinos de alondras
que se levantan gorjeando de entre las flores como una saeta despedida
á las nubes; estruendo sin nombre, imponente como los rugidos de una
tempestad; coro de serafines sin ritmos ni cadencia, ignota música del
cielo que sólo la imaginación comprende; hímnos alados, que parecían
remontarse al trono del Señor como una tromba de luz y de sonidos...
todo lo expresaban las cien voces del órgano, con más pujanza, con más
misteriosa poesía, con más fantástico color que los habían expresado
nunca .....
Cuando el organista bajó de la tribuna, la muchedumbre que se agolpo á
la escalera fué tanta, y tanto su afán por verle y admirarle, que el
asistente temiendo, no sin razón, que le ahogaran entre todos, mando á
algunos de sus ministriles para que, vara en mano, le fueran abriendo
camino hasta llegar al altar mayor, donde el prelado le esperaba.
--Ya véis, le dijo este último cuando le trajeron á su presencia;
vengo desde mi palacio aquí sólo por escucharos. ¿Seréis tan cruel
como maese Pérez, que nunca quiso excusarme el viaje, tocando la
Noche-Buena en la Misa de la catedral?
--El año que viene, respondió el organista, prometo daros gusto, pues
por todo el oro de la tierra no volvería á tocar este órgano.
--¿Y por qué? interrumpió el prelado.
--Porque... añadió el organista, procurando dominar la emoción que se
revelaba en la palidez de su rostro; porque es viejo y malo, y no
puede expresar todo lo que se quiere. El arzobispo se retiró, seguido
de sus familiares. Unas tras otras, las literas de los señores fueron
desfilando y perdiéndose en las revueltas[1] de las calles vecinas;
los grupos del atrio se disolvieron, dispersándose los fieles en
distintas direcciones; y ya la demandadera se disponía á cerrar las
puertas de la entrada del atrio, cuando se divisaban aún dos mujeres
que, después de persignarse y murmurar una oración ante el retablo del
arco de San Felipe,[2] prosiguieron su camino, internándose en el
callejón de las Duenas.[3]
[Footnote 1: revueltas= 'turns.' The streets of Seville are many of
them crooked like those of Toledo and other Moorish cities in
Spain.]
[Footnote 2: San Felipe. See p.95, note 4.]
[Footnote 3: el callejón de las Duenas. See p.98, note 1.]
--¿Qué quiere usarced? mi señora doña Baltasara, decía la una, yo soy
de este genial. Cada loco con su tema.... Me lo habían de asegurar
capuchinos[1] descalzos y no lo creería del todo.... Ese hombre no
puede haber tocado lo que acabamos de escuchar.... Si yo lo he oído
mil veces en San Bartolomé,[2] que era su parroquia, y de donde tuvo
que echarle el senor cura por malo, y era cosa de taparse los oídos
con algodones.... Y luego, si no hay más que mirarle al rostro, que
según dicen, es el espejo del alma.... Yo me acuerdo, pobrecito, como
si lo estuviera viendo, me acuerdo de la cara de maese Pérez, cuando
en semejante noche como ésta bajaba de la tribuna, después de haber
suspendido al auditorio con sus primores.... ¡Qué sonrisa tan
bondadosa, qué color tan animado!... Era viejo y parecía un ángel...
no que éste ha bajado las escaleras á trompicones, como si le ladrase
un perro en la meseta, y con un color de difunto y unas... Vamos, mi
señora doña Baltasara, créame usarced, y créame con todas veras... yo
sospecho que aquí hay busilis....
[Footnote 1: capuchinos= 'Capuchins.' An order of mendicant friars
founded in 1528 by Matteo di Bassi, and named from the pointed
capouch or cowl that distinguishes their dress. Honesty, as well as
poverty and humility, is supposed to be one of their crowning
virtues.]
[Footnote 2: San Bartolomé. The church of St. Bartholomew is
situated on the Plaza de San Bartolomé in the northeastern part of
the city. It was built on the site of a Jewish synagogue, after the
expulsion of the Jews by the Christian kings of Spain. Its present
architecture is Doric and dates only from the eighteenth century.]
Comentando las últimas palabras, las dos mujeres doblaban la esquina
del callejón y desaparecían.
Creemos inútil decir á nuestros lectores quién era una de ellas.