Las cuencas del Moncayo[1] repitieron de eco en eco el bramido de las
trompas, el latir de la jauría desencadenada y las voces de los pajes
resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y
perros se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los
marqueses de Almenar,[2] señalara,[3] como el más á propósito para
cortarle el paso á la res.
[Footnote 1: El Moncayo. See p. 8, note 1.]
[Footnote 2: Marqueses de Almenar. A title taken doubtless from the
little town of Almenar (650 inhabitants) situated in the province of
Soria near the right bank of the Rituerto river, southwest of the
Moncayo, and not far from that mountain.]
[Footnote 3: señalara. A relic of the Latin pluperfect (in _-aram_,
_-eram_), popularly confounded with the imperfect subjunctive. Its
use is now somewhat archaic, and is restricted to relative clauses.
See Ramsey's _Spanish Grammar_, H. Holt & Co., 1902, § 944.]
Pero todo fué inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó á las
carrascas jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo,
rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco,
perdiéndose entre los matorrales de una trocha, que conducía á la
fuente.
--¡Alto!... ¡Alto todo el mundo! gritó Iñigo entonces; estaba de Dios
que había de marcharse.
Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles
dejaron refunfuñando la pista á la voz de los cazadores.
En aquel momento se reunía á la comitiva el héroe de la fiesta,
Fernando de Argensola,[1] el primogénito de Almenar.
[Footnote 1: Argensola. A name familiar to students of Spanish
literature from the writings of the illustrious brothers Bartolomé
and Lupercio Leonardo de Argensola (sixteenth century). It is also
the name of a small town of some 560 inhabitants in the province of
Barcelona.]
--¿Qué haces? exclamó dirigiéndose á su montero, y en tanto, ya se
pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos.
¿Qué haces, imbécil? ¡Ves que la pieza está herida, que es la primera
que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que
vaya á morir en el fondo del bosque! ¿Crees acaso que he venido á
matar ciervos para festines de lobos?
--Señor, murmuró, Iñigo entre dientes, es imposible pasar de este
punto.
--¡Imposible! ¿y por qué?
--Porque esa trocha, prosiguió el montero, conduce á la fuente de los
Alamos; la fuente de los Álamos, en cuyas aguas habita un espíritu del
mal. El que osa enturbiar su corriente, paga caro su atrevimiento. Ya
la res habrá salvado sus márgenes; ¿como la salvaréis vos sin atraer
sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos
reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Pieza que se
refugia en esa fuente misteriosa, pieza perdida.
--¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y
primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me
escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de
mis excursiones de cazador.... ¿Lo ves?... ¿lo ves?... Aún se
distingue á intervalos desde aquí ... las piernas le faltan, su
carrera se acorta; déjame... déjame... suelta esa brida, o te revuelco
en el polvo.... ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue á la
fuente? y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores.
¡Sus! ¡_Relámpago_! sus, caballo mío! si lo alcanzas, mando engarzar
los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.
Caballo y jinete partieron como un huracán.
Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza;
después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como el, permanecían
inmóviles y consternados.
El montero exclamó al fin:
--Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto á morir entre los
pies de su caballo por detenerle. Yo he cumplido con mi deber. Con el
diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su
ballesta; de aquí adelante, que pruebe á pasar el capellán con su
hisopo.[1]
[Footnote 1: hisopo = 'aspergillum.' A brash or metallic instrument
for the sprinkling of holy water. As to the efficacy of holy water
against evil spirits St. Teresa of Avila (1515-1582) speaks as
follows:
I have learned from frequent experience that there is nothing better
(than holy water) to drive them away and to prevent them from
returning: they flee at the sight of the Cross, but return. The
virtue of holy water must be great indeed.
See _Escritos de Santa Teresa_, "Libro de su vida," capítulo 31, in
the _Biblioteca de Autores Españoles_, Madrid, Rivadeneyra, 1861, p.
94.
L'Abbé Jean Joseph Gaume has written a work, entitled _l'Eau lénite
au XIXe siècle_ (Paris, 1866), in which he also advocates the use of
holy water to-day for similar purposes.]