_En el pago 'el Ojo de Agua

Dicen que me han de matare,

Con una cuchilla mota[29]

Que no corta por hincare._

Semejante paragoge, exigida sin duda por las necesidades del canto

está, como es sabido, en la índole del idioma, siendo peculiar al

antiguo verso octosílabo; pues conviene advertir aquí que dicho miembro

poético parece haber sido el principal agente de transformación del

latín al volverse éste romance. Por ello denominaríase genéricamente

así, a la serie asonantada de tales versos. La baja latinidad ofrece

muchos ejemplos de semejante estructura en sus coplas populares:

_Ad Maronis mausoleum

Ductus fudit super eum

Pie rorem lacrymé.

"Quem te", inquit, "reddidissem,

Si te vivum invenissem,

Poëtarum maximé"._

El mismo verso inicia la transformación del latín en francés, allá por

el siglo XI:

_Dus gart madame Alienor,

La reïne chi fus tensor

De sens, de amur, de beuté,

De largesce e de leauté._

Y en cuanto al castellano, su índole rítmica es de tal modo

octosilábica, que casi todos los refranes forman, como he dicho, un par

octosílabo. Las mismas frases sentenciosas tienden a tomar esta medida;

y así, nuestro contemporáneo José Santos Álvarez, que no era poeta,

escribió en octosílabos involuntarios casi todos aquellos pintorescos

"Cuentos de Fray Mocho" donde dialogan, haciendo filosofía popular, los

tipos del bajo pueblo. Por esto, Hernández escribió en octosílabos su

_Martín Fierro_, que así hubo de incorporarse naturalmente a la memoria

popular; mientras las octavas endecasílabas del _Lázaro_ de Ricardo

Gutiérrez, con ser muy bellas algunas y estar vaciadas en el molde de

la épica preceptiva, yacen enterradas en el panteón antológico. Es que

la épica constituye un fenómeno nacional, más que un acontecimiento

literario, como lo demuestra, por otra parte, el Romancero; y de aquí

que Hernández, al tomar por vehículo el verso en cuestión, cometiera

uno de sus habituales instintivos aciertos, hablando el lenguaje

poético que debía para ser entendido, e incorporando simultáneamente

al castellano y al futuro idioma de los argentinos, un elemento

primordial. El octosílabo es el idioma mismo, estéticamente hablando.

Como el gaucho no concibió la poesía sino a la manera primitiva que en

la libertad de su instinto debió necesariamente adoptar, sus coplas

nunca estuvieron separadas de la danza y de la música. Las mismas

serenatas, fueron más bien diversión lugareña, en la cual el empleo de

la décima, estrofa ciertamente impracticable para el gaucho, denunciaba

la intervención de poetas más cultos. El gaucho no conoció sino dos

modos de cantar: el acompañamiento de danza y la payada. Empleaba en

el primero toda la riqueza musical que revela el capítulo siguiente; y

con ello, lo mejor de su estro. El segundo era un recitado monótono,

apenas variado por tal cual floreo, que, exactamente como pasaba en

el canto griego, repetía el tema melódico sobre la prima y la cuarta.

Las estrofas de payar solían ser la cuarteta y la sextina empleada por

Hernández. No daré ejemplos de esta última, puesto que he de citarla

con abundancia al estudiar el poema. De las coplas de danza, pondré muy

pocas típicas, advirtiendo antes, que ellas reducíanse a tres formas

estróficas: la cuarteta común, a veces con sus versos alternados por

estribillos de seis, ocho y diez sílabas; la cuarteta de seguidilla, y

la hexasílaba, alternada también a veces con estribillos de tres y de

cuatro sílabas, que eran simples glosolalias: _vidalita_, _caramba_.

Todo ello demuestra que se trataba de estrofas para cantar; y a

mayor abundamiento lo corroboran los estribillos; pues muchas veces

interrumpen el sentido de los versos, al no tener relación alguna con

ellos.

Ejemplo de cuarteta alternada con estribillos hexasílabos y octosílabos:

_Vida mía de mis ojos,

--La luna y el sol.--

Piedra imán de mis sentidos,

--Alégrate corazón.--

No puedo pasar sin verte,

--La luna y el sol.--

Vuelvo a tus plantas rendido.

--Alégrate corazón._--

Cuarteta alternada con estribillos hexasílabos y decasílabos:

_Me dices que soy un pobre,

--La pura verdad.--

Pobre pero generoso.

--Vamos, vidita, bajo el nogal.--

Como el hueso de la cola,

--La pura verdad.--

Pelado pero sabroso.

--Vamos, vidita, bajo el nogal._--

Estribillo hexasílabo:

_Ay, ay, ay, ay, ay...

Déjame llorar...

Que sólo llorando,

Remedio mi mal._

Estribillo de heptasílabos y hexasílabos alternados que sólo tienen

aplicación en el canto:

_Vuela la perdiz madre,

Vuela la infeliz,

Que se la lleva el gato,

El gato mis mis._

Estribillo pentasílabo combinado con un endecasílabo dactílico, y

también aplicado exclusivamente al canto:

_Por qué has llorado,

Quién te ha pegado,

Talvez conmigo

Te habrán celado...

A un amor fino le has pagado mal!_[30]

La riqueza rítmica de la poesía gaucha, dependía, como se vé, del

canto al cual estaba ella unida; pues insisto en que, tratándose de

combinaciones estróficas propiamente dicho, el gaucho sólo conoció la

cuarteta y la sextina de payador, formadas con estos únicos metros: el

pentasílabo, el heptasílabo (combinados en la cuarteta de seguidilla),

el octosílabo y el hexasílabo.

En cambio, cada una de esas estrofas sueltas, era un poemita completo;

exactamente como sucede en la poesía japonesa cuyo origen es análogo.

Constituídas por una imagen o por la evocación de una escena que

resultan centrales con relación a complejos estados psicológicos, su

poder sugestivo es notable y su eficacia verbal sorprendente. En su

lacónica sencillez, son organismos completos, como los trozos musicales

y las danzas con los cuales forman la tríada clásica que representa la

perfección del arte rítmico.

Las estrofas citadas más arriba, expresan el subyugamiento del amor

y la jactancia picaresca del poeta pobre. Repitámoslas, para ver que

cualquier amplificación saldría redundante al ser dos expresiones

cabales de dos estados completos de la sensibilidad:

_Vida mía de mis ojos,

Piedra imán de mis sentidos,

No puedo pasar sin verte,

Vuelvo a tus plantas rendido._

Obsérvese que cada verso es, por su parte, una expresión completa, de

donde resulta la fuerza penetrante de la estrofa. El primero, declara

la pasión con intenso pleonasmo; el segundo, dice la atracción por

antonomasia; el tercero, la angustia de la ausencia; el cuarto, la

suprema rendición. Eso es, a la verdad, todo el amor en su genuina

sencillez.

_Me dices que soy un pobre;

Pobre, pero generoso;

Como el hueso de la cola,

Pelado pero sabroso._

Hé ahí otra expresión completa. La galantería picaresca del gaucho,

ante un desvío egoísta, todavía lo desprecia con la materialidad cruda

de la comparación. La exactitud pintoresca de esta última, agota el

tema con un rasgo definitivo.

Veamos, ahora, un tributo regio, como lo hubiera concebido el mismo

Salomón en su _Cantar_; bien que por delicada cortesía, el poeta lo

disimuló en una familiar ternura de diminutivos:

_Si me hubieras avisado

Cuando te ibas a bañar,

Yo te habría hecho un pocito

Llenito de agua de azhar_[31]

O bien la típica escena de las declaraciones pastoriles, en tono de

ironía sentimental:

_Qué lindo es ver una moza

Cuando la están pretendiendo,

Se agacha y quiebra palitos,

Señal que ya está Queriendo._

Supóngase trasladada al lienzo esta impresión, y tendremos un cuadro

completo.

Apréciese el misticismo amoroso de esta otra composición cuya verdad no

retrocedió ante el rasgo prosaico, según pasa con todos los artistas

sinceros:

_En el mar de tu pelo

Navega un peine,

Y en las olitas que hace

Mi amor se duerme._

¿No es deliciosa esta evocación de ribera tranquila que parece peinada

por la revesa, mientras la amada va desatando con sedosa lentitud

las ondas de su cabello? El encanto de la imagen poética, o sea la

emoción de belleza bajo su expresión más amable, consiste en esas

aproximaciones.

Un presentimiento de olvido inspira este otro verdadero poema en

veinticuatro sílabas, donde la impresión del lecho sólo, y por ello

convertido en tumba, da intensidad trágica a la pasión:

_De terciopelo negro

Tengo cortinas,

Para enlutar mi cama

Si tú me olvidas._

La expresión es menos intensa, pero de una poesía más romántica

en la copla siguiente, que con psicología sutil generaliza sobre

todo un paisaje, adecuándolo al estado interior, la tristeza de las

separaciones:

_No hay rama en el campo

Que florida esté...

Todos son despojos

Desde que se fué._

Espiritualizada en el dolor del poeta, la desolación invernal de la

Naturaleza, tiene por causa la ausencia del bien amado. De ella dimana

que todo sea despojo y aridez, y que lo notemos así en la aspereza de

la rama desnuda.

Véase este otro poemita, el más perfecto quizá, pues consiste en un

solo rasgo de cariñosa picardía:

_Tiene la vida mía

Un diente menos.

Por ese portillito

Nos entendemos._

Es todo un pequeño idilio, y usted vé la muchacha, más simpática con su

defecto, como la fruta picada; el galán, entre amartelado y socarrón,

que la requiebra; el portillo del cerco, donde se entienden en dulce

clandestinidad: que de ahí viene la picardía, sabrosa como un beso

robado.

La expresión caballeresca de la fidelidad, no resulta menos delicada,

porque sea rudo el lenguaje:

_Tomá este puñalito

Y abrime el pecho,

Ahi verás tu retrato

Si está bien hecho._

También está llena de picaresca gallardía la siguiente jactancia de

conquistador:

_Una caña de pescar

Tengo para mi consuelo;

Cuando un peje se me va,

Ya otro queda en el anzuelo._

Y esta otra sobre el mismo tema:

_Yo soy pescador de amor,

Boto mi anzuelo a la mar,

Al peje que quiero pesco,

Y al que nó lo dejo andar._

O todavía esta graciosa prevención de la cita:

_Si tu madre te manda

Cerrar la puerta,

Hacé sonar la llave,

Dejála abierta._

Por último esta apasionada quejumbre que lamenta en su demisión la

crueldad del amor trompero:

_De aquel cerro verde

Quisiera tener

Hierbas del olvido

Para no querer._

Todos los matices del sentimiento animan, pues, esa poesía, que las

danzas comentaban a su vez con su plástica y sus movimientos. La

variedad de aquellos pasos, así como su carácter despabilado, en el

cual nunca llega a lascivo, ni siquiera a voluptuoso el rasgo picante,

demuestra una cultura verdaderamente notable, por la gracia de su

expresión y la abundancia de su alegría.

Figuraba también en ello un rasgo de noble simpatía humana. El ciego

conseguía, como ejecutor habitual de semejante música, un alivio

decoroso de su desgracia. Y así, el respeto del mendigo, ennobleció el

sentimiento popular por medio del arte. Aquella belleza descubierta en

el alma del mísero, para siempre anochecida tenía, por ser ésta análoga

a la nocturna profundidad, la elevación de una estrella.

La poesía gaucha era, pues, un agente de civilización. Representaba

para el campesino las letras antes de la lectura; la estética como

elemento primordial de enseñanza. El gaucho fué, por ella, el más culto

de los campesinos. Con ella afinaba su lenguaje, habituándolo a la

cortesía que consecutivamente pulió también sus maneras: _rerum verba

sequuntur_. Ellas manifestaban cortedad, pero no torpeza. El talante

gaucho denunciaba sin brusquedad, un hombre libre. Hasta en los

carnavales donde solía embriagarse, el jolgorio orgiástico no asumía

caracteres repugnantes. Los juegos epónimos consistían en refregar

suavemente el rostro de las muchachas con un puñadito de almidón

perfumado de albahaca o de clavo; en quebrarles sobre la cabeza con

moderada depresión, el huevo cargado de agua olorosa; y los tálamos

eventuales, eran, lejos de la casa, en secreto, los raigones del ombú

apartado o las matas ribereñas del hinojal. El propio concepto de la

vida, resultaba poético en su generosidad y su culto del valor. Hasta

los defectos correspondientes, eran exageraciones de tales tendencias.

La sórdida ambición de la riqueza, el crimen venal, no existieron en

los pagos gauchos sino como rarísima monstruosidad. El ratero fué más

bien un gracioso; el cuatrero alardeaba una arrogante despreocupación

de paladín. El peligro inherente a toda empresa irregular, constituía

su precio honorífico. Decíase de los bravos "que no tenían el cuero

para negocio".

Sus juegos, antes que el interés, ambicionaban el honor del triunfo,

alardeando mañas despejadas y oportunas, gallardas actitudes, vigorosa

destreza. Así, entre los de barajas, el truco rápido y decidor, a puros

lances de ingenio; entre los de habilidad, la taba caracterizada por

movimientos y actitudes ciertamente dignos de la escultura. Entre los

hípicos, _el pato_, consistente en la disputa por una pelota de cuero

con dos manijas, que bandos rivales dirimían a caballo, arrancándose

alternativamente, aquel chisme, mientras corrían los campos hasta dejar

triunfantes los colores prendidos a sus chaquetas por las mozas en

sendos moños azules y carmesíes.

En los trabajos rurales, parecida elegancia varonil. Revolvíase

furioso en los corrales el ganado arisco, o disparábase por los campos

con irrupciones de huracán; y viera usted ese criollo de bronce que

arrojaba su lazo en prolongado regular serpenteo de veinte brazas sobre

el cuello del bagual, y lo detenía en toda su furia, dándolo contra

el suelo como un peñasco, sin rayar una cuarta el polvo donde clavara

su talón. O aquél que se dejaba caer a los lomos del potro indomable,

desde el cabezal de la tranquera, y sin bridas ni montura aguantaba

firme, cuadras y cuadras, los corcovos tremendos, excitándolos todavía

con la espuela pasada de intento por paletas y verijas, y coronando su

proeza con certero rebencazo en la nuca, para salir de pié, triunfante,

a media vara del tumbado animal. O todavía otro, que atropellaba para

bolear, empinado en los estribos, alto el brazo formidable, peinada de

huracán la greña, tronada con estrépito arrebatador su nube de tierra.

Y cuando lanzaba contra la perseguida bestia el zumbante ingenio, el

cintarazo de su cordel iba a trabar cerviz y jarretes en polvorienta

balumba de remolino.

La paciencia filosófica recobrábase en las pausadas labores del

arado, que va desvolviendo, al paso como meditabundo de la yunta, las

motas cabelludas de paja; o al chirrío perezoso de la carreta en cuyo

pértigo se adormila el picador, hasta integrar con aquellos espíritus

románticos la sugestión sentenciosa engendrada por el silencio

del desierto. El peligro que comportaba recorrer aquella incierta

llanura, acentuó la índole reflexiva del carácter gaucho, enseñándole

la contemplación del cielo. La noche abrióle su cuadrante estelar

con certidumbre consoladora. Mientras al lado del fuego encendido

en un hoyo para que no le denunciasen las llamas, consumía su parca

ración, atento el oído a los rumores del campo, el caminante solitario

apreciaba con melancólico interés la compañía de los astros exactos.

Nunca fueron ellos más dulces en su perenne seguridad, al corazón

sensible del peregrino. La antigua poesía de los zodiacos estaba en

su alma primitiva con el atavismo de aquellos pastores sabeos que

congregó como un puñado de ardiente arena la ráfaga profética del

Islam. Aquellas luminosas letras del destino, parecían escribir también

sentencias inmutables en la doble profundidad de su espíritu y de la

noche.

Ah, quien no haya sentido la paz campestre en torno de un vivac

pampeano, bajo la soledad que serena el alma como una música, y la vía

láctea que describe la curva inmensa de la noche como una aparición

angelical inclinada sobre una lira; quien no se haya extremecido

hasta lo más hondo de su ser con aquella presencia de la eternidad

descendida sobre el desierto, ése no sabe lo que es la poesía del

infinito.

Iba así caminando la noche a paso lento por la hierba. Dijérasela, a la

cabecera del peregrino, la aproximación prudente de una madre enlutada.

Y cuando el alba venía con su caja de cristal que contiene para los

mortales la belleza del mundo, el lucero solitario brillaba como la

previsora brasa doméstica, donde a poco encenderíase, triunfante, el

fogón de oro del sol.

NOTAS:

[26] Vino ordinario, de mucho cuerpo, usado antiguamente en la campaña.

[27] Los torneos de armas recibían también el nombre de _tenzones_.

[28] _Las Tres Marías_, son, como es sabido, las estrellas del cinto de

Orión, en las cuales la mitología araucana veía las boleadoras de los

caciques legendarios.

[29] _Mota_, por _bota_ o despuntada.

[30] Aquel prodigioso innovador y primero entre los líricos

castellanos, que fué Góngora, ofrece en sus romances y letrillas muchos

estribillos de análoga, cuando no más complicada estructura:

_Al campo te desafía

La colmeneruela.

Ven, Amor, si eres dios, y vuela,

Vuela, Amor, por vida mía,

Que de un cantarillo armada,

En la estacada

Mi libertad te espera cada día._

(Romances Amorosos, III.).

_Por el alma de tu madre,

Que murió siendo inmortal,

De envidia de mi señora,

Que no me persigas más.

Déjame en paz amor tirano,

Déjame en paz._

(Id. id. X.).

[31] Es así según lo requiere la medida del poeta gaucho, como debe

escribirse esta palabra para conservarle la ortografía arábiga y

diferenciarla de _azar_, lance de juego; aunque, en este caso, también

significa flor. Los árabes pronuncian más bien _adjar_, pero nunca

hacen trisílaba la voz.

V

=La música gaucha=

Conforme al principio más constante del arte popular, la música de

los gauchos fué siempre inseparable del canto y de la danza. Jamás

ha existido música popular aislada de la voz humana y de la acción

representativa. Desde la tribu más salvaje, con sus rústicos tambores,

hasta la sociedad más civilizada, con sus ricas orquestas, el caso

repítese invariablemente. Así sucedió entre los griegos, que no

conocieron el arte aristocrático, sino como fruto de decadencia. La

misa cantada que fué el más alto espectáculo artístico de la Edad

Media, combina también los tres elementos: música, poesía y pantomima

o acción. Nuestras óperas hacen lo propio[32]. Semejante persistencia

a través de estados sociales tan diversos, revela, seguramente, una

tendencia fundamental del alma humana; con lo cual, música, poesía y

danza popular, adquieren singular importancia para el estudio de la

psicología colectiva.

Siempre que hay combinación de ritmos,--y esto sucede con todos los

movimientos regulares--el más lento y elemental de dichos ritmos,

tiende a determinar el compás de la combinación. Por esto la música

y el canto quedan subordinados a la danza cuyos pasos determinan la

medida musical y la poética. La danza es una combinación estética de

los movimientos y actitudes de la marcha natural, cuya armonización

rudimentaria está en el paso militar, acompasado por el son del

tambor, rudimento musical a su vez.

Ahora bien, el ritmo fundamental del cual proceden todos los que

percibimos, es el que produce nuestro corazón con sus movimientos de

diástole y de sístole: el ritmo de la vida, así engendrado en la misma

raíz del árbol de la sangre. El primer par rítmico, consiste, pues,

en dos sonidos iguales separados por una pausa, como los "golpes" del

corazón; mas, la periodicidad a la cual llamamos ritmo, no se torna

sensible, sino con la repetición de dicho par. Los salvajes y los

niños, limitan a esto su música. El primer elemento musical, resulta,

así, tetramétrico. El paso militar y el tambor que lo acompasa,

consisten en la misma repetición. Los elementos fundamentales del

verso, que empiezan, naturalmente, por ser prosa cantada, resultan de

igual naturaleza. Dicha prosa debe haber consistido, además, en los

monótonos arrullos maternales, y en las pocas frases exaltadas cuya

repetición constante forma el lenguaje del amor.

El ritmo de los primitivos versos, como el de las marchas militares,

está formado por grupos binarios, y sobre todo, por múltiplos de

cuatro. De aquí el predominio del octosílabo en la poesía popular.

Observemos, todavía, que el paso de los cuadrúpedos es naturalmente

tetramétrico, lo cual explica que algunos caballos, sin mediar

enseñanza alguna, marchen al ritmo del tambor. Las imágenes regulares

que cada nota musical produce en las placas sonoras de los gabinetes de

física, están constituídas por figuras fundamentales en número de ocho

o de múltiplos de ocho; lo cual da la razón científica de la octava.

Por último, las famosas series de Mendeleef en la clasificación química

de los cuerpos, son también óctuplas.

Sabido es que los árabes atribuyen la invención de sus ritmos poéticos

fundamentales a la imitación del paso del camello y del caballo, lo

cual suministra una comprobación valiosa, por tratarse de raza y lengua

tan diversas.

La idea de reunir los sonidos en grupos ternarios, debió nacer de la

sensación producida por los binarios cuya combinación sistematizada es

ya una operación intelectual. La repetición del primer terno rítmico,

necesaria para sensibilizar el ritmo, engendra el verso hexasílabo más

sencillo, o sea el del arrullo.

la-_lá_-la | la-_lá_-la

Pero, como después de todo, el terno rítmico es una creación

artificial, su combinación en la poesía popular limítase a la

repetición mencionada. Necesita unirse a un disílabo o a un

tetrasílabo para figurar en la métrica bajo las formas pentasilábica

y heptasilábica. Por lo demás, los hexasílabos más comunes, son

combinaciones de disílabos y tetrasílabos, o de disílabos solamente. El

grupo binario predomina, pues, en todas las combinaciones.

Los pies o unidades métricas fundamentales del verso antiguo, dan

clara idea de estas formaciones primitivas. El yambo y el troqueo,

pares silábicos que se compensan por oposición simétrica, tienen su

equivalente ternario en el tribraquio. El espóndeo, o sea el ritmo

binario perfecto, tiene por equivalentes ternarios al anapesto (tan

binario como valor rítmico, que suele substituir al yambo) y al dáctilo

o heroico, que es el fundamento del exámetro homérico. Todos estos

valores resultaban perceptibles, porque la poesía antigua era cantada.

Con eso, el canto adquirió a su vez acentos peculiares, adoptados por

nuestra música instrumental a medida que aumenta en ella la tendencia

expresiva.

El latín popular que adoptó los metros de nuestras lenguas romanas en

substitución de los clásicos, conserva como un residuo de la antigua

acentuación silábica, o escansión, la individualidad perceptible de los

miembros ternarios y cuaternarios cuya duplicación engendró al verso

hexasílabo y al octosílabo. He aquí algunos ejemplos.

Primera forma, o doble ternario, que es la más rara:

_In risu--iocundo,

Et tandem--eloquio

Resonat--facundo._

Forma disilábica del hexasílabo:

_Tales--versus--facio

Quale--vinum--bibo._

Disílabo con tetrasílabo:

_Nisi--quod inopia

Cogit--me cessare._

Tetrasílabo con disílabo:

_Unicuique--proprium

Dat natura--munus._

Forma binaria del octosílabo:

_Bibit--hera--bibit--herus,

Bibit--miles--bibit--clerus._

Forma tetramétrica:

_Alte clamat--Epicurus:

Venter satur--est securas._[33]

Los metros fundamentales de la poesía, son, pues, el pentasílabo, el

hexasílabo, el heptasílabo y el octosílabo, que los españoles legaron

a los gauchos y que componen, precisamente, toda nuestra métrica

popular. La música y las danzas argentinas, tienen, naturalmente, el

mismo origen; correspondiendo su compás al de los citados versos y sus

combinaciones.

La música introducida por los conquistadores en América, fué aquélla

del siglo XVI que había invertido ya totalmente la escala antigua, o

sea la escala descendente menor (_mi, re, do, si, la, sol, fa, mi_)

conservada a nivel durante la Edad Media, en la escala ascendente de

_do_, engendrando la tonalidad y con ella el dominio de las terceras

mayores naturales. Pero como el ritmo del arte antiguo, dependía de

las duraciones silábicas, siendo por ello más sencillo y natural que

el nuestro, la música popular ha conservado rudimentos antiguos cuya

aparición, anómala a primera vista, queda de este modo explicada.

El Payador, Vol. I Hijo de la Pampa · 第 7 / 18 段