La muerte de risa era la postrera, y tenía un grandísimo cerco de

confiados y tarde arrepentidos. Gente que vive como si no hubiese

justicia y muere como si no hubiese misericordia. Éstos son los que,

diciéndoles: “Restituid lo mal llevado”, dicen: “Es cosa de risa”.

“Mirad que estáis viejo y que ya no tiene el pecado que roer en vos:

dejad la mujercilla que embarazáis inútil, que cansáis enfermo; mirad

que el mismo diablo os desprecia ya por trasto embarazoso y la misma

culpa tiene asco de vos”. Responden: “Es cosa de risa, y que nunca se

sintieron mejores”. Otros hay que están enfermos, y, exhortándolos a

que hagan testamento, que se confiesen, dicen que se sienten buenos y

que han estado de aquella manera mil veces. Éstos son gente que están

en el otro mundo y aún no se persuaden a que son difuntos.

Maravillóme esta visión, y dije, herido del dolor y conocimiento:

--¡Diónos Dios una vida sola y tantas muertes! ¡De una manera se nace

y de tantas se muere! Si yo vuelvo al mundo, yo procuraré empezar a

vivir.

En esto estaba, cuando se oyó una voz que dijo tres veces:

--Muertos, muertos, muertos.

Con esto se rebulló el suelo y todas las paredes, y empezaron a salir

cabezas, brazos y bultos extraordinarios. Pusiéronse en orden con

silencio.

--Hablen por su orden--dijo la Muerte.

Luego salió uno con grandísima cólera y priesa y se vino para mí, que

entendí que me quería maltratar, y dijo:

--Vivos de Satanás, ¿qué me queréis, que no me dejáis muerto y

consumido? ¿Qué os he hecho que, sin tener parte en nada, me disfamáis

en todo y me echáis la culpa de lo que no sé?

--¿Quién eres--le dije con una cortesía temerosa--que no te entiendo?

--Soy yo--dijo--el malaventurado _Juan de la Encina_[410], el

que, habiendo muchos años que estoy aquí, toda la vida andáis, en

haciéndose un disparate, o en diciéndole vosotros, diciendo: “No

hiciera más _Juan de la Encina_; daca los disparates de _Juan de la

Encina_”. Habéis de saber que para hacer y decir disparates, todos

los hombres sois _Juan de la Encina_, y que este apellido de Encina

es muy largo en cuanto a disparates. Pero pregunto si yo hice los

testamentos en que dejáis que otros hagan por vuestra alma lo que no

habéis querido hacer. ¿He porfiado con los poderosos? ¿Teñíme la barba

por no parecer viejo? ¿Fuí viejo, sucio y mentiroso? ¿Llamé favor el

pedirme lo que tenía? ¿Enamoréme con mi dinero y el quitarme lo que

tenía? ¿Entendí yo que sería bueno para mí el que a mi intercesión

fué ruin con otro que se fió dél? ¿Gasté yo la vida en pretender con

qué vivir, y, cuando tuve con qué, no tuve vida que vivir? ¿Creí las

sumisiones del que me hubo menester? ¿Caséme por vengarme de mi amiga?

¿Fuí yo tan miserable que gastase un real segoviano en buscar un cuarto

incierto? ¿Pudríme[411] de que otro fuese rico o medrase? ¿He creído

las apariencias de la fortuna? ¿Tuve yo por dichosos a los que al lado

de los príncipes dan toda la vida por una hora? ¿Heme preciado de

hereje y de malreglado en todo y peor contento, porque me tengan por

entendido? ¿Fuí desvergonzado por campear de valiente? Pues si _Juan de

la Encina_ no ha hecho nada desto, ¿qué necedades hizo este pobre _Juan

de la Encina_? Pues en cuanto a decir necedades, sacadme un ojo[412]

con una. Ladrones, que llamáis disparates los míos y parates[413] los

vuestros, pregunto yo: ¿_Juan de la Encina_ fué acaso el que dijo:

“Haz bien y no cates a quién[414]”, habiendo de ser al contrario: “Si

hicieres bien, mira a quién”? ¿Fué _Juan de la Encina_ quien, para

decir que uno era malo, dijo: “Es hombre que ni teme ni debe”[415],

habiendo de decir que ni teme ni paga? Pues es cierto que la mejor

señal de ser bueno es ni temer ni deber, y la mayor de la maldad, ni

temer ni pagar. ¿Dijo _Juan de la Encina_: “De los pescados, el mero;

de las carnes, el carnero[416]; de las aves, la perdiz, de las damas,

la Beatriz”? No lo dijo, porque él no dijera sino: “De las carnes, la

mujer; de los pescados[417], el carnero; de las aves, el Ave María, y

después la presentada[418]; de las damas, la más barata”. Mirad si es

desbaratado _Juan de la Encina_: no prestó sino paciencia, no dió sino

pesadumbres; él no gastaba con los hombres que piden dinero ni con las

mujeres que piden matrimonio. ¿Qué necedades pudo hacer _Juan de la

Encina_, desnudo por no tratar con sastres, que se dejó quitar de la

hacienda por no haber menester letrados, que se murió antes de enfermo

que de curado, para ahorrarse el médico? Sólo un disparate hizo, que

fué, siendo calvo, quitar a nadie el sombrero, pues fuera menos mal ser

descortés que calvo, y fuera mejor que le mataran a palos porque no se

quitaba el sombrero, que no a apodos porque era calvario[419]. Y si por

hacer una necedad anda _Juan de la Encina_ por todos esos púlpitos y

cátedras, con votos, gobiernos y estados, enhoramala para ellos, que

todo el mundo es monte[420] y todos son Encinas.

En esto estábamos, cuando, muy estirado y con gran ceño, emparejó[421]

otro muerto conmigo, y dijo:

--Volved acá la cara; no penséis que habláis con _Juan de la Encina_.

--¿Quién es vuesamerced--dije yo--, que con tanto imperio habla, y

donde todos son iguales presume diferencia?

--Yo soy--dijo--el _Rey que rabió_[422]. Y si no me conocéis, por

lo menos no podéis dejar de acordaros de mí, porque sois los vivos

tan endiablados, que a todo decís que se acuerda del _Rey que rabió_,

y, en habiendo un paredón viejo, un muro caído, una gorra calva, un

ferreruelo lampiño, un trabajazo rancio, un vestido caduco, una mujer

manida de años y rellena de siglos, luego decís que se acuerda del _Rey

que rabió_. No ha habido tan desdichado rey en el mundo, pues no se

acuerdan dél sino vejeces y harapos, antigüedades y visiones[423]. Y ni

ha habido rey de tan mala memoria ni tan asquerosa ni tan carroña[424]

ni tan caduca, carcomida y apolillada. Han dado en decir que rabié, y

juro a Dios que mienten; sino que han dado todos en decir que rabié, y

no tiene ya remedio. Y no soy yo el primero rey que rabió ni el solo,

que no hay rey, ni le ha habido, ni le habrá, a quien no levanten que

rabia. Ni sé yo cómo pueden dejar de rabiar todos los reyes. Porque

andan siempre mordidos por las orejas de envidiosos y aduladores que

rabian.

Otro, que estaba al lado del _Rey que rabió_, dijo:

--Vuesa merced se consuele conmigo, que soy el _rey Perico_[425],

y no me dejan descansar de día ni de noche. No hay cosa sucia, ni

desaliñada, ni pobre, ni antigua, ni mala, que no digan que fué en

tiempo del _rey Perico_. Mi tiempo fué mejor que ellos pueden pensar.

Y para ver quién fuí yo y mi tiempo y quién son ellos, no es menester

más que oíllos, porque en diciendo a una doncella; ahora la madre:

“Hija, las mujeres, bajar[426] los ojos y mirar a la tierra, y no a

los hombres”, responden: “Eso fué en tiempo del _rey Perico_; los

hombres han de mirar a la tierra, pues fueron hechos della, y las

mujeres al hombre, pues fueron hechas dél”. Si un padre dice a su hijo:

“No jures, no juegues, reza las oraciones cada mañana, persígnate en

levantándote, echa la bendición a la mesa”, dice que: “Eso se usaba en

tiempo del _rey Perico_”. Ahora le tendrán por un maricón si sabe[427]

persignarse, y se reirán dél si no jura y blasfema. Porque en nuestros

tiempos más tienen por hombre al que jura que al que tiene barbas.

Al que acabó de decir esto se llegó un muertecillo muy agudo, y sin

hacer cortesía, dijo:

--Basta lo que han hablado, que somos muchos y este hombre vivo está

fuera de sí y aturdido.

--No dijera más _Mateo Pico_[428], y vengo a eso sólo.

--Pues, bellaco vivo, ¿qué dijo _Mateo Pico_, que luego andáis _si

dijera más, no dijera más?_ ¿Cómo sabéis que no dijera más _Mateo

Pico_? Dejadme tornar a vivir sin tornar a nacer: que no me hallo bien

en barrigas de mujeres, que me han costado mucho, y veréis si digo más,

ladrones viejos. Pues si yo viera vuestras maldades, vuestras tiranías,

vuestras insolencias, vuestros robos, ¿no dijera más? Dijera más y

más, y dijera tanto, que enmendárades el refrán, diciendo: “Más dijera

_Mateo Pico_”. Aquí estoy, y digo más, y avisad desto a los habladores

de allá; que yo apelo deste refrán con las mil y quinientas[429].

Quedé confuso de mi inadvertencia y desdicha en topar con el mismo

_Mateo Pico_. Era un hombrecillo menudo, todo chillido, que parecía que

rezumaba[430] de palabras por todas sus conjunturas, zambo de ojos y

bizco de piernas, y me parece que le he visto mil veces en diferentes

partes.

Quitóse de delante y descubrióse una grandísima redoma de vidrio.

Dijéronme que llegase, y vi jigote, que se bullía en un ardor[431]

terrible, y andaba danzando por todo el garrafón, y poco a poco se

fueron juntando unos pedazos de carne y unas tajadas, y déstas se

fué componiendo un brazo, un muslo y una pierna, y, al fin, se coció

y enderezó un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me

olvidé, y esta visión me dejó tan fuera de mí, que no diferenciaba de

los muertos.

--¡Jesús mil veces!--dije--. ¿Qué hombre es éste, nacido en

guisado[432], hijo de una redoma?

En esto, oí una voz que salía de la vasija, y dijo:

--¿Qué año es éste?

--De seiscientos y veintidós[433]--respondí.

--Este año esperaba yo.

--¿Quién eres--dije--, que, parido de una redoma, hablas y vives?

--¿No me conoces?--dijo--. La redoma y las tajadas, ¿no te advierten

que soy aquel famoso nigromántico de Europa[434]? ¿No has oído decir

que me hice tajadas dentro de una redoma para ser inmortal[435]?

--Toda mi vida lo he oído decir--le respondí--; mas túvelo por

conversación de la cuna y cuento de entre dijes[436] y babador. ¿Qué tú

eres? Yo confieso que lo más que llegué a sospechar fué que eras algún

alquimista, que penabas en esa redoma, o algún boticario. Todos mis

temores doy por bien empleados por haberte visto.

--Sábete--dijo--que[437] mi nombre no fué del título que me da la

ignorancia, aunque tuve muchos; sólo te digo que estudié y escribí

muchos libros, y los míos quemaron, no sin dolor de los doctos[438].

--Sí, me acuerdo--dije yo--. Oído he decir que estás enterrado[439] en

un convento de religiosos; mas hoy me he desengañado.

--Ya que has venido aquí--dijo--, desatapa esa redoma.

Yo empecé a hacer fuerza y a desmoronar tierra con que estaba enlodado

el vidrio de que era hecha, y díjome:

--Espera. Dime primero[440]: ¿hay mucho dinero en España? ¿En qué

opinión está el dinero? ¿Qué fuerza alcanza? ¿Qué crédito? ¿Qué valor?

Respondíle:

--No han descaecido las flotas de las Indias, aunque los extranjeros

han echado unas sanguijuelas[441] desde España al cerro del Potosí, con

que se van restañando las venas y a chupones se empezaron a secar las

minas.

--¿Ginoveses[442] andan a la zacapela[443] con el dinero?--dijo

él--. Vuélvome jigote. Hijo mío, los ginoveses son lamparones del

dinero, enfermedad que procede de tratar con gatos[444]. Y vese que

son lamparones porque sólo el dinero que va a Francia[445] no admite

ginoveses en su comercio. ¿Salir tenía yo, andando esos usagres de

bolsas[446] por las calles? No digo yo hecho jigote en redoma, sino

hecho polvos en salvadera quiero estar antes que verlos hechos dueños

de todo.

--Señor nigromántico--repliqué yo--, aunque esto es así, han dado

en adolecer de caballeros en teniendo caudal, úntanse de señores y

enferman de príncipes. Y con esto y los gastos y empréstidos[447] se

apolilla la mercancía y se viene todo a repartir en deudas y locuras. Y

ordena el demonio que las putas vendan las rentas reales dellos, porque

los engañan, los enferman, los enamoran, los roban, y después los

hereda el consejo de Hacienda. La verdad adelgaza y no quiebra[448];

en esto se conoce que los ginoveses no son verdad, porque adelgazan y

quiebran.

--Animádome has--dijo--con eso. Dispondréme a salir desta vasija--como

primero me digas en qué estado está la honra en el mundo.

--Mucho hay que decir en esto--le respondí yo--. Tocado has una tecla

del diablo. Todos tienen honra, y todos son honrados, y todos lo

hacen todo caso de honra. Hay honra en todos estados, y la honra se

está cayendo de su estado, y parece que está ya siete estadios debajo

tierra. Si hurtan, dicen que por conservar esta negra de honra, y

que quieren más hurtar que pedir. Si piden, dicen que por conservar

esta negra honra, y que es mejor pedir que no hurtar. Si levantan un

testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen; que un hombre honrado[449]

antes se ha de dejar morir entre dos paredes, que sujetarse a nadie;

y todo lo hacen al revés. Y al fin en el mundo todos han dado en la

cuenta, y llaman honra a la comodidad y con presumir de honrados y no

serlo se ríen del mundo.

--El diablo puede salir a vivir en ese mundecillo--dijo él[450]--.

Considérome yo a los hombres con unas honras títeres, que chillan,

bullen y saltan, que parecen honras, y mirado bien son andrajos y

palillos[451]. ¿El no decir verdad será mérito? ¿El embuste y la

trapaza, caballería? ¿Y la insolencia, donaire? Honrados eran los

españoles cuando podían decir deshonestos y borrachos[452] a los

extranjeros; mas andan diciendo aquí malas lenguas que ya en España

ni el vino se queja de malbebido ni los hombres mueren de sed. En mi

tiempo no sabía el vino por dónde subía a las cabezas, y ahora parece

que se sube hacia arriba[453]. Pues los maridos, porque tratamos de

honras, considero yo que andarán hechos buhoneros[454] de sus mujeres,

alabando cada uno a sus agujas. Hay maridos calzadores, que los meten

para calzarse la mujer con más descanso y sacarlos fuera ellos. Hay

maridos linternas, muy compuestos, muy lucidos, muy bravos, que vistos

de noche a escuras parecen estrellas, y llegados cerca son candelilla,

cuerno y hierro, rata por cantidad. Otros maridos hay jeringas, que

apartados atraen, y llegando se apartan. Pues la cosa más digna de

risa es la honra de las mujeres, cuando piden su honra, que es pedir

lo que dan. Y si creemos a la gente y a los refranes que dicen:

“Lo que arrastra honra[455]”, la honra del marido son las culebras

y las faldas. No estoy dos dedos[456] de volverme jigote, dijo el

nigromántico, para siempre jamás: no sé qué me sospecho. Dime, ¿hay

letrados?

--Hay plaga de letrados--dije yo--. No hay otra cosa sino letrados.

Porque unos lo son por oficio, otros lo son por presunción, otros por

estudio, y déstos pocos, y otros (éstos son los más) son letrados

porque tratan con otros más ignorantes que ellos (en esta materia

hablaré como apasionado), y todos se gradúan de dotores y bachilleres,

licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan que

por las universidades, y valiera más a España langosta perpetua que

licenciados al quitar[457].

--Por ninguna cosa saldré de aquí--dijo el nigromántico--. ¿Eso pasa?

Ya yo[458] los temía, y por las estrellas alcancé esa desventura, y por

no ver los tiempos que han pasado embutidos de letrados me avecindé en

esta redoma, y por no los ver me quedaré hecho pastel en bote.

Repliqué:

--En los tiempos pasados, que la justicia estaba más sana, tenía

menos dotores, y hala[459] sucedido lo que a los enfermos, que cuantas

más juntas de dotores se hacen sobre él, más peligro muestra y peor le

va, sana menos y gasta más. La justicia, por lo que tiene de verdad,

andaba desnuda; ahora anda empapelada como especias. Un Fuero-Juzgo

con su _maguer_ y su _cuemo_[460], y _conusco_ y _faciamus_ era

todas las librerías. Y aunque son voces antiguas, suenan con mayor

propiedad, pues llaman sayón al alguacil y otras cosas semejantes.

Ahora ha entrado una cáfila de Menoquios, Surdos y Fabros, Farinacios

y Cujacios[461], consejos y decisiones y responsiones y lecciones

y meditaciones. Y cada día salen autores, y cada uno con tres

volúmenes: _Doctoris Putei_[462], 1. 6, vol. 1, 2, 3, 4, 5, 6 hasta 15;

_Licenciati Abbatis De Usuris_; _Petri Cusqui In Codicem_; _Rupis_,

_Brutiparcin, Castani_; _Montocanense De Adulterio et Parricidio_;

_Cornazano_, _Rocabruno_, etc.[463] Los letrados todos tienen un

cimenterio por librería, y por ostentación andan diciendo: “Tengo

tantos cuerpos”. Y es cosa brava que las librerías de los letrados

todas son cuerpos sin alma, quizá por imitar a sus amos.

No hay cosa en que no nos dejen tener razón; sólo lo que no dejan

tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sí. Y los

pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar a él,

que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas; los pleitos son

sobre que el dinero sea de letrados y del procurador sin justicia, y

la justicia sin dinero de las partes. ¿Queréis ver qué tan[464] malos

son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera porfías; y si

no hubiera porfías, no hubiera pleitos; y si no hubiera pleitos, no

hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no hubiera enredos;

y si no hubiera enredos, no hubiera delitos; y si no hubiera delitos,

no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles, no hubiera cárcel;

y si no hubiera cárcel, no hubiera jueces; y si no hubiera jueces, no

hubiera pasión; y si no hubiera pasión, no hubiera cohecho. Mirad la

retahila de infernales sabandijas que se produce de un licenciadito, lo

que disimula una barbaza y lo que autoriza una gorra. Llegaréis a pedir

un parecer, y os dirán:

--Negocio es de estudio. Diga vuesamerced que ya estoy al cabo. Habla

la ley en propios términos.

Toman un quintal de libros, danle dos bofetadas hacia arriba y hacia

abajo, y leen de priesa[465], arremedando un abejón; luego dan un gran

golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, muy esparrancado[466]

de capítulos, y dicen:

--En el propio caso habla el jurisconsulto. Vuesamerced me deje los

papeles, que me quiero poner bien en el hecho del negocio, y téngalo

por más que bueno, y vuélvase por acá mañana en la noche. Porque estoy

escribiendo sobre la tenuta[467] de Trasbarras; mas por servir a

vuesamerced lo dejaré todo.

Y cuando al despediros le queréis pagar, que es para ellos la verdadera

luz y entendimiento del negocio que han de resolver, dice, haciendo

grandes cortesías y acompañamientos:

--¡Jesús, señor!

Y entre Jesús y señor alarga la mano, y para gastos de pareceres se

emboca un doblón.

--No he de salir de aquí--dijo el nigromántico--hasta que los pleitos

se determinen a garrotazos. Que en el tiempo que por falta de letrados

se determinaban las causas a cuchilladas, decían que el palo era

alcalde[468], y de ahí vino: Júzguelo el alcalde de palo. Y si he de

salir, ha de ser sólo a dar arbitrio a los reyes del mundo; que quien

quisiere estar en paz y rico, que pague los letrados a su enemigo para

que lo embelequen[469] y roben y consuman. Dime, ¿hay todavía Venecia

en el mundo?

--Sí la hay--dije yo--: no hay otra cosa sino Venecia y venecianos.

--¡Oh! doyla al diablo--dijo el nigromántico--por vengarme del mismo

diablo, que no sé que pueda darla a nadie, sino por hacerle mal.

Es república ésa que, mientras que no tuviere conciencia, durará.

Porque si restituye lo ajeno, no le queda nada. ¡Linda gente! La

ciudad fundada en el agua; el tesoro y la libertad, en el aire; la

deshonestidad, en el fuego.

Y, al fin, es gente de quien huyó la tierra y son narices de las

naciones y el albañal de las monarquías, por donde purgan las

inmundicias de la paz y de la guerra. Y el turco los permite por

hacer mal a los cristianos; los cristianos, por hacer mal a los

turcos, y ellos, por poder hacer mal a unos y a otros, no son moros ni

cristianos. Y así dijo uno dellos mismos en una ocasión de guerra, para

animar a los suyos contra los cristianos:

--Ea, que antes fuisteis venecianos que cristianos.

--Dejemos eso, y dime: ¿hay muchos golosos de valimientos de los

hombres del mundo?

--Enfermedad es--dije yo--ésa de que todos los reinos son hospitales.

Y él replicó:

--Antes casas de orates entendí yo; mas según la relación que me

haces, no me he de mover de aquí. Mas quiero que tú les digas a esas

bestias que en albarda tienen la vanidad y ambición, que los reyes y

príncipes son azogue en todo. Lo primero, el azogue, si le quieren

apretar, se va: así sucede a los que quieren tomarse con los reyes

más mano de lo que es razón. El azogue no tiene quietud: así son los

ánimos por la continua mareta de negocios. Los que tratan y andan con

el azogue, todos andan temblando: así han de hacer los que tratan con

los reyes, temblar delante dellos de respeto y temor, porque, si no,

es fuerza que tiemblen después hasta que caigan. ¿Quién reina ahora en

España, que es la postrera curiosidad que he de saber, que me quiero

volver a jigote, que me hallo mejor?

--Murió Filipo III--dije yo.

--Fué santo Rey y de virtud incomparable--dijo el nigromántico--, según

leí yo en las estrellas pronosticado.

--Reina Filipo IV días ha--dije yo[470].

--¿Eso pasa?--dijo--. ¿Que ya ha dado el tercero cuarto para la hora

que yo esperaba?

Y diciendo y haciendo subió por la redoma y la trastornó y salió fuera.

Iba diciendo y corriendo:

--Más justicia se ha de hacer ahora por un cuarto que en otros tiempos

por doce millones[471].

Yo quise partir tras él, cuando me asió del brazo un muerto, y dijo:

--Déjale ir. Que nos tenía con cuidado a todos. Y cuando vayas al

otro mundo, di que _Agrages_ estuvo contigo, y que se queja que le

levantéis: _Agora lo veredes._ Yo soy _Agrages_. Mira bien que no he

dicho tal. Que a mí no se me da nada que ahora ni nunca lo veáis. Y

siempre andáis diciendo: _Ahora lo veredes, dijo Agrages._ Sólo ahora,

que a ti y al de la redoma os oí decir que reinaba Filipo IV, digo

que ahora lo veredes. Y pues soy _Agrages_, ahora lo veredes, dijo

_Agrages_[472].

Fuése, y púsoseme delante, enfrente de mí, un hombrecillo, que parecía

remate de cuchar[473], con pelo de limpiadera, erizado, bermejizo y

pecoso.

--Dígote sastre[474]--dije yo.

Y él tan presto dijo:

--Oir, que no pica[475]. Pues no soy sino solicitador. Y no pongáis

nombres a nadie. Yo me llamo _Arbalias_, y os lo he querido decir para

que no andéis allá en la vida: “Es un _Arbalias_”, a unos y a otros,

sin saber a quién[476] lo decís[477].

Muy enojado, a mí se llegó un hombre viejo, muy ponderado de testuz,

de los que traen canas por vanidad, un gran haz de barbas, ojos a la

sombra muy metidos[478], frentaza llena de surcos, ceño descontento

y vestido que, juntando lo extraordinario con el desaliño, hacía

misteriosa la pobreza.

--Más despacio te he menester que _Arbalias_--me dijo--. Siéntate.

Sentóse y sentéme. Y como si le dispararan de un arcabuz, en figura de

trasgo se apareció entre los dos otro hombrecillo, que parecía astilla

e _Arbalias_, y no hacía sino chillar y bullir. Díjole el viejo, con

una voz muy honrada[479]:

--Idos a enfadar a otra parte, que luego vendréis.

--Yo también he de hablar--decía, y no paraba.

--¿Quién es éste?--pregunté.

Dijo el viejo:

--¿No has caído en quién puede ser? Éste es _Chisgaravís_[480].

--Docientos mil déstos andan por Madrid--dije yo--, y no hay otra cosa

sino Chisgaravises.

Replicó el viejo:

--Éste anda aquí cansando los muertos y a los diablos; pero déjate

deso y vamos a lo que importa. Yo soy _Pedro_, y no _Pero Grullo_, que

quitándome una _d_ en el nombre, me hacéis el santo, fruta[481].

Es, ¡Dios!, verdad que, cuando dijo _Pero Grullo_, me pareció que le

vía[482] las alas[483].

--Huélgome de conocerte--repliqué--. ¿Qué, tú eres el de las

profecías, que dicen de _Pero Grullo_[484]?

--A eso vengo--dijo el profeta estantigua[485]--; deso debemos de

tratar. Vosotros decís que mis profecías son disparates, y hacéis mucha

burla dellas. Estemos a cuentas. Las profecías de _Pero Grullo_, que

soy yo, dicen así:

Muchas cosas nos dejaron[486]

Las antiguas profecías:

Dijeron que en nuestros días

Será lo que Dios quisiere.

Pues, bribones, adormecidos en maldad, infames, si esta profecía se

cumpliera, ¿había más que desear? Si fuera lo que Dios quisiere, fuera

siempre lo justo, lo bueno, lo santo; no fuera lo que quiere el diablo,

el dinero y la cudicia. Pues hoy lo menos es que Dios quiere y lo más

lo que queremos nosotros contra su ley. Y ahora el dinero es todos los

quereres, porque él es querido y el que quiere, y no se hace sino lo

que él quiere, y el dinero es el Narciso, que se quiere a sí mismo y no

tiene amor sino a sí[487]. Prosigo:

Si lloviere hará lodos,

Y será cosa de ver

Que nadie podrá correr

Sin echar atrás los codos.

Los Sueños, Volume I · 第 12 / 17 段