Dista esta cibdad de la cordillera tres leguas, y con todo eso el calor

á su tiempo de dia y de noche es crecido, y el frio en el suyo; á este

tiempo suelen venir algunas borrascas de nieve tan buenas como en

Salamanca, con tanto Norte, que arrancan los árboles de cuajo, y á los

que no, con la mucha nieve que cae sobre ellos los desgaja; es pueblo

lluvioso desde mediado abril, que comienzan las aguas cuotidianamente,

hasta agosto; unos años son más, otros menos, como en todos los reinos,

que es cuando comienzan los nortes, los cuales en este reino son

recísimos, y mientras más arriba, más vehementes, y al principio son

poco menos que pestilencia; traen mucho catarro y dolor de costado

consigo, y asimismo en todo el Perú, como actualmente lo expirimentamos

en este valle de Jauja, donde escribimos esto; tres meses no ha dejado

de correr y nos ha traido el sarampion á los niños, y viejos, é mozos, y

á las viejas bastante catarro, con el cual se ha llevado no pocas. Los

vecinos y moradores todos tienen sus viñas, cual mayor, cual menor, y

tierras de pan, donde cogen trigo, maíz, garbanzos, lentejas, melones y

las demás legumbres, de suerte que no hay plaza donde se venda cosa

alguna, ni pulperia; las camuesas y manzanas que se dan, parece no

creible; con ellas se engordan los cebones[53]. El que no las tiene, con

enviar una carreta á casa de su vecino se la daran de valde, y así se

hace. Un buen hombre portugués, un poco fuera de la cibdad, aunque agora

ya están dentro, plantó cuatro cuadras, unas frontero de otras, todas de

camuesos y manzanas, que al tiempo de la fructa entrar en ellas es

entrar en una casa de olores, y no le sirven más que de perderse, y

darlas á carretadas. La comarca desde las tejas de la cibdad es

abundantísima de todo género de ganado: en los campos, hatos de yeguas

cimarronas, de donde cada año sacan no pocos _caballos_ para la guerra;

algunos salen bonísimos; fuera desto hay crias de caballos; los mejores

son de Alonso de Córdoba, que tambien la tiene de mulas que envia á

Potosí, y aprueban muy escogidamente; allá no se usan, porque la tierra

es cenegosa, particularmente de la cibdad de Chillán adelante.

[53] En el ms., _cevonones_.

Todo este reino es faltísimo de sal, desde Coquimbo á Osorno y Chilué;

llevase en navios de acá del Perú y es una de las mejores mercaderias;

vale en Santiago de Chile una hanega de sal, doce pesos de oro de veinte

quilates, que es el de contracto. Aunque proveyó Dios en el distrito

desta cibdad, doce leguas della, una laguna que es comun, donde debajo

del agua (no es fábula) se cria la sal, y en el verano á tal tiempo se

desacota, á donde van los indios, y vecinos envian sus carretas y traen

la que pueden; andan los indios que la sacan, en el agua hasta la

rodilla y con las manos sacan la sal, que en unas seras de paja echan;

es negra, empero para guisar de comer y salar cecinas es bastante. Si el

año ha sido lluvioso[54] hay poca sal; si un poco seco, hay mucha;

empero la sal del Perú siempre tiene su precio. Cae tambien al verano á

la redonda de Santiago el rocio sobre ciertas yerbas, el cual cuajándose

en ellas se vuelve sal, como el rocio sobre los sauces se vuelve maná;

esta es muy poca; los indios cogen estas yerbas en unas mantas,

sacúdenlas y la sal despídese dellas; es como cosa de fructa. Truena

poco y llueve muy suavemente, tres y cuatro dias sin cesar; miramos á la

parte del Sur si comienza á aclarar un poco, y si aclara, la serenidad

es cierta; es muy lodosa, por ser fundada en tanto llano, y porque el

servicio es de carretas, y por el consiguiente, en el verano es de

mucho polvo. Sustenta cinco conventos: el nuestro con casi treinta

frailes y estudio; el de San Francisco, con otros tantos; la Merced,

seis ó siete; los que tienen San Augustin y los padres de la Compañia no

lo sé, porque se fundaron despues que yo salí de aquel reino. Sustenta

tambien otro monasterio de monjas subjetas al Ordinario; la Orden que

profesan _son de_ las de la Encarnacion de Los Reyes; debe tener

veinticinco monjas de velo. La gente de la cibdad es muy afable y bien

partida, y la que sustenta y ha sustentado de cuarenta años á esta parte

la guerra contra Arauco, que si no, ya se hobieran despoblado algunas

cibdades de las de arriba, en particular la Conception. Los campos son

abundantes de madera y muy buena, roble y otra que llaman Canela, porque

huele un poco á ella y los polvos hacen estornudar bastantemente;

acipreses en la cordillera muy gruesos, muy altos, y olorosísimos; yo

fuí á cortar unos pocos para nuestro convento, doce leguas del pueblo, y

corté aciprés y acipreses, que cuatro indios hacheros cortando uno solo,

no se vian el uno al otro; traense ajorro; de aquí se proveen los

mantenimientos y pertrechos para la guerra. Sobre esta pobre cibdad

cargan las derramas á nunca pagar, sin perdonar á viuda ni huérfana. Es

de cuando en cuando molestada de temblores vehementes, y es cosa no

creible; las casas cuyos cimientos son sobre la tierra no padecen

detrimento con ellos; las que los tienen fondos, éstas corren riesgo y

se abren; los temblores no son de vaiven como los deste reino, sino como

saltando para arriba, y son más peligrosos. Conócese fácilmente cuando

ha de venir el temblor: si á la puesta del sol á dos horas antes, á la

parte de la mar hay una barda (así la llaman los marineros) de nubes,

que corre Norte Sur, es cierto aquella noche ó otro dia el temblor. Uno

vi en esta cibdad; más miedo me puso que los que he visto en este reino.

[54] En el ms., _llovioso_.

CAPITULO LXXVI

DE LAS DEMÁS CIBDADES DE CHILE

De la cibdad de Santiago, de quien acabamos de decir, á la cibdad de la

Concepcion, ponen setenta leguas de las buenas; todo el camino es fértil

para ganados de toda suerte, para trigo y maíz y demás legumbres, y

viñas, en el cual camino encontramos con algunos rios malos de vadear, y

vienen crecidos al verano con mucha agua que se derrite de las nieves de

la cordillera, como son Maipo, Cachapoal, Maule, Ñúble, el rio de Itata;

los cuales al ivierno llevan poca agua y los arroyos cuyos nacimientos

no es de las sierras nevadas, traen mucha agua. Esta cibdad de la

Concepcion es puerto de mar, con abundancia de pescado, y seguro, si no

es cuando reina Norte en el ivierno, y muchas veces en el verano, porque

ningun mes hay en todo este tiempo que no viente poco ó mucho, y siempre

trae agua, la cual azota las paredes[55] de las casas, y es necesario,

por ser de adobes ó tapias, aforrarlas con alguna cosa que del agua las

defienda. Su asiento es sobre una ciénega junto á un arroyo pequeño.

Poblóse aquí, porque la guerra no ha dado lugar á otra cosa, y los

vecinos tuviesen agua seguramente; en tiempo de paz, antes de la muerte

del gobernador don Pedro de Valdivia, fué muy abundante de naturales,

los cuales se han consumido con la guerra de más de 54 años á esta

parte, y con matarse los unos á los otros como fácilmente lo hacen, así

en las borracheras como con ponzoña, sin que se les castigue nada.

Repartimientos de seiscientos indios tributarios y más no tienen hoy

veinte indios, y así al respecto. Es abundante de todas comidas el

suelo, y de oro, si hay quien labre la tierra y lo saque; junto al

pueblo están las viñas, y se hace vino, aunque no tan bueno como el de

Sanctiago, porque la uva no madura á ponerse dulce. Los edificios son

pobres respecto de la guerra continua, y bajos respecto de la vehemencia

de los vientos. El ivierno es asperísimo, con Nortes y lluvias; el

verano es templado. Agora cuarenta años se retiró la mar, y despues

salió con tanta furia y bramidos que casi anegó todo el pueblo, y luego

sucedieron terremotos muy frecuentes, que echaron la mayor parte del

pueblo por el suelo, y el año pasado de 604 subcedió á las cinco de la

tarde otra inundacion de la mar, con tanta vehemencia y bramidos, que

anegó la mayor parte del pueblo, y en el convento de señor Sanct

Francisco, donde yo residia y vivo, derribó la cerca, que es de piedra,

por tres ó cuatro partes, y se llevaba las piedras grandes, como si

fueran paja; anegó todo el convento, y cuando se retiró dejó algunas

lizas y otros peces en el claustro, y me compelió á mí y á otros salir

por las paredes; y el fuerte, qu'es de tapias, arruinó, llevándoselas y

dando con ellas más de veinte pasos adelante. Si esta inundacion fuera

de noche pereciera mucha gente, y si algun temblor viniera se arruinara

todo el pueblo; fué Nuestro Señor servido que la inundacion fuese de dia

y no subcediese temblor alguno.

[55] En el ms., _paderes_.

CAPITULO LXXVII

DE ALGUNOS OTROS PUEBLOS DESTE REINO

De la Concepcion, llegándonos á la cordillera Nevada, dista la cibdad de

San Bartolomé de Gamboa doce leguas, cuatro de la cordillera; poblóla el

gobernador Martin Ruiz de Gamboa en buen sitio, llano; la comarca de muy

buen suelo, fértil de todo género de comidas y viñas, junto á un rio que

cria muy buenas truchas y otros peces de buen gusto. Aquí no alcanzan

tanto los temblores. Casi toda la madera de las casas es de aciprés muy

oloroso, que se cria en mucha cantidad en la cordillera, en la cual, en

valles que hay en ella, estaban poblados indios que llamamos Puelches,

bien dispuestos, belicosos, los cuales, así por nuestra parte,

defendiéndonos dellos, como por las guerras civiles que entre sí han

traido, se han acabado casi todos.

_Ongol._--Dista deste pueblo la cibdad de Ongol, por otro nombre llamada

de los Infantes, poblada por don García de Mendoza, marqués de Cañete,

siendo gobernador deste reino, de muy buena gente, es un llano cuyo

suelo tiene las propiedades de San Bartolomé y de la Concepcion; hace

ventaja en las viñas, porque el vino de aquí es muy bueno; tenia

abundancia de indios comarcanos y belicosos, los cuales despues de la

muerte del gobernador Martin García de Loyola se rebelaron y compelieron

á despoblar el pueblo, el cual despobló el gobernador don Francisco de

Quiñones; si fué acertado ó no, otros lo dirán.

Agora Alonso García Ramon lo pretende poblar y envia gente para ello,

porque conviene así para que los pocos indios rebelados se reduzcan al

servicio de Su Majestad. No se puebla donde estaba antes, aunque cerca

de allí, sino más llegado al rio llamado Biobio, por impedir el pasaje á

los indios de Puren y á otros.

De aquí á la cibdad Imperial ponen diez y ocho leguas, en medio de las

cuales está la quebrada Honda que llaman, donde cotidianamente se

hallaban indios de guerra emboscados para hacer suerte en los nuestros

que caminaban por allí. Esta ciudad, antiguamente, cuando la pobló

Valdivia, era abundantísima de indios más que otra alguna. Vecinos hubo

que tuvieron encomendados 25.000 indios y más, como fueron el Adelantado

Jerónimo de Alderete y el gobernador Villagrán, y otros 18.000, y á

quince mil indios, y dende abajo; todos estos indios eran dóciles y

pacíficos, y pretendiendo echar de la tierra á los españoles se

concertaron de no sembrar un año; las justicias no advirtieron en ello;

llegó el año de la hambre, perescieron casi todos, y se comian los unos

á los otros sin perdonar padre á hijo ni hijo á padre, y se halló indio

cortarse un pedazo del muslo y asarlo para lo comer.

Desta suerte los repartimientos muy grandes no quedaron en mil indios, y

los menores casi en ninguno, los cuales despues de la muerte del

gobernador Loyola se rebelaron, cercaron la ciudad y la tuvieron en

mucho aprieto de hambre; los que persuadieron esta rebelion fueron los

indios más regalados de los españoles, y criados desde niños en sus

casas, más ladinos que nosotros. Salió de la Concepcion el gobernador

don Francisco de Quiñones, y la despobló, y así se está hoy, y los

indios con sus guerras civiles se han menoscabado y se van menoscabando,

de suerte que cuando se tornen á reedificar habrá muy pocos naturales.

El suelo es abundante para todo género de comidas y ganados, y es rico

de oro, principalmente el rio que llaman de las Damas; aquí no llegan

las uvas á madurar de suerte que se pueda hacer vino dellas. Dista de la

mar aun no seis leguas, de donde se proveia de pescado; tiene cerca la

provincia de Puren, que siempre la ha fatigado con guerra. De aquí á la

Villa Rica, un poco más metida á la cordillera, ponen 17 leguas, con dos

rios en medio, que no se dejan vadear; pásanse en balsas ó canoas; el

suelo es rico de oro; por eso la llamaron la Villa Rica. Muerto Loyola,

tambien se rebelaron los naturales y la pusieron en tanto aprieto de

hambre, que murieron casi todos los nuestros della, y no quedaron sino

doce ó quince soldados, tan sin fuerzas y flacos para defenderse, que

fácilmente los indios entraron en la cibdad y mataron los pocos que

habian quedado. Robáronla y quemáronla, y así se está hoy destruída;

esta cibdad tuvo continuamente guerra con los indios de la cordillera,

que usan de yerba casi irremediable.

CAPITULO LXXVIII

DE LA CIBDAD DE VALDIVIA

Desde esta Villa Rica á Valdivia ponen otras quince ó veinte leguas; fué

muy rica de oro que subia de la ley; parte dello se sacaba en sus

términos, y parte ó lo más venia de la Villa Rica á fundirse allí y

marcar. Pobló el gobernador Valdivia esta cibdad á la ribera de un rio

navegable y seguro, á donde los navios llegaban á surgir tan cerca de la

barranca del rio á donde se fundó el pueblo, que las gavias llegaban á

las ventanas, y para embarcar y desembarcar no era necesario batel, sino

echar una tabla ancha y entrar y salir por ella. Hubo hombre que á

caballo entró y salió de un navio. Es abundante de mucho monte de buena

madera para edificios, que era el trato desta ciudad, donde habia muchos

ingenios para sacar y aserrar la madera.

El suelo, para maíz abundante; el trigo se sembraba diez y doce leguas

de la ciudad en unos llanos que llaman de Valdivia, donde acudia con

abundancia; traíase al pueblo parte por tierra hasta el rio, de donde en

canoas se proveia la cibdad. Agora 35 años, poco más ó menos, subcedió

un temblor tan vehemente que asoló cinco cibdades deste reino: La

Concepcion, Imperial, Villa Rica, Osorno, y esta Valdivia; y á un navio

qu'estaba surto en este rio lo sacó y echó en tierra buen trecho de

donde estaba, que nunca más se aprovecharon del y allí quedó como el

arca de Noé en los montes de Armenia. Este rio procede de una laguna

grande de la cordillera Nevada; desemboca por entre dos cerros; con el

terremoto se juntaron los cerros y el rio quedó en seco por algunos

años, hasta que creciendo la laguna emparejó y rompió por medio de los

dos cerros, que se juntaron con tanta vehemencia y tanta agua, que robó

mucha parte de los llanos arriba dichos, y se llevó mucha cantidad de

naturales y la cibdad corrió algun riesgo, y desde entonces corre el rio

por su madre como antes. Permaneció esta cibdad en mucha abundancia, así

de oro como de comidas, hasta que agora cinco años, víspera de Sancta

Catalina, por los pecados de los que en ella vivian. Nuestro Señor la

castigó, enviando sobre ella muchos indios, así de los subjetos como de

los de La Imperial, despues de la muerte del gobernador Loyola, y de

noche los indios dieron en la cibdad y la entraron, saquearon y mataron

todos los que en ella habia varones, y se llevaron más de trescientas

mujeres mayores y menores, niños y niñas; robaron las tiendas v las

iglesias y en las imágenes hicieron grandes crueldades, siendo todos

baptizados y casados y ladinos, y los más ladinos mayores crueldades

hacian en los nuestros, y más oprobios en las imágines, y hasta hoy no

se han rescatado ni podido rescatar las mujeres, niños ni niñas, porque

á los varones todos los han muerto; mas como Nuestro Señor castigó

aquella cibdad, tambien castiga á los naturales porque se volvieron á

las antiguas bestialidades de sus padres, matándose los unos á los

otros, como lo hacen, así en borracheras como con ponzoña. Será muy

dificultosa reedificarse aquesta cibdad por la falta de los naturales y

aspereza de la tierra, y para nosotros ser infrutífera.

CAPITULO LXXIX

DE LA CIBDAD DE OSORNO

De Valdivia á Osorno, que la pobló don García de Mendoza, marqués de

Cañete, de mucha y muy buena gente, ha veintidós leguas de camino;

cuando se pobló era abundante la comarca de naturales que fácilmente, al

parecer, recibieron la fe y comenzaron á rescebir la pulicía humana,

vistiéndose como nosotros y acudiendo á las iglesias en sus pueblos con

algun cuidado. El suelo era muy abundante para comidas y ganados. Muerto

Loyola, tambien estos indios, aunque se habian disminuido mucho, que no

llegaban á 8.000, se rebelaron, cercaron la ciudad y la entraron y

quemaron las iglesias, y en las imágines hacian lo mismo que los de

Valdivia; pusieron á la cibdad en mucho aprieto de hambre, y cuando la

entraron y saquearon se llevaron una monja profesa de Sanct Francisco, y

se la tuvieron allá algunos años, hasta que el capitan...[56] la sacó y

la restituyó á su Orden. Estos indios, en un recuentro mataron al

coronel Francisco del Campo, yendo por comidas para la cibdad de Osorno

con otros españoles, como diremos; finalmente, en tanto estrecho

pusieron á Osorno, que compelieron á todos los cercados, con el mejor

órden que les fué posible, dejar el pueblo y despoblarlo y irse á la

cibdad de Castro, que por otro nombre llaman Chilué, de quien luego

diremos, treinta y cinco leguas, poco más ó menos, de Osorno; donde en

el camino padecieron mucho trabajo de hambre, ciénegas, rios, y las

pobres mujeres padescian más, porque algunas caminaban á pie. Los

naturales de Osorno luego consumieron todo cuanto ganado ellos tenian, y

lo que guardaban de sus amos, porque habia más de 400.000 ovejas de

Castilla, más de 50.000 vacas, más de 40.000 yeguas y mucha cantidad de

ganado porcuno, y en tan breve tiempo lo consumieron todo, que el dia de

hoy, que no ha cinco años que se despobló Osorno, no se halla en el

distrito una cabeza de ningun ganado. Consumiéronlo, porque si los

españoles volviesen á reedificar á Osorno no hallasen que comer.

Hicieron otra cosa en gran daño suyo; que no sembraron, y faltándoles

las carnes faltóles las comidas, y sobre la hambre dieron en comerse

unos á otros, y así se han consumido y acabado, que no hay hoy 2.000

indios; tomaban un cuarto de indio, echábanlo en el camino y

emboscábanse; pasaban otros indios de ellos mismos, arrebataban la

carne, salian los emboscados y matábanlos y comiánselos. En estas

bestialidades y otras han caido por sus pecados, ya políticos ladinos,

vestidos como nosotros, los más dellos ricos de todo género de ganados;

ninguno sabia cultivar la tierra sino con bueyes que proprios tenian.

[56] En blanco en el ms.

CAPITULO LXXX

DE LA CIBDAD DE CASTRO

En cuarenta y dos grados de altura hay cantidad de islas, unas mayores,

otras menores; unas más pobladas que otras, de á legua, de á dos leguas,

entre las cuales hay una, la mayor, llamada Chilué, de tres leguas de

largo y de siete ó ocho de circuito; fué muy poblada de naturales, donde

los españoles poblaron una cibdad llamada Castro, á donde se recogieron

los que vivian en Osorno. Esta isla, con las demás, no tienen suelo para

trigo; dase poco y mal, por ser la costelacion muy lluviosa; para cebada

es mejor y para papas, que son como turmas de tierra de Castilla, sino

que se siembran á mano y crecen mucho, de á dos y tres libras, de

razonable mantenimiento. Los ganados nuestros multiplican, no con tanta

abundancia como en la tierra firme; es abudante de mucha madera, y dende

esta isla al estrecho de Magallanes, que son doce grados, la tierra es

muy áspera, la costa muy brava y sin puertos, poco poblada, aunque los

que en ella viven son como gigantes. La isla es pobre de oro; plata, ni

por imaginacion en ella se halla. Los años pasados, un pirata inglés, el

tercero que desembocó por el Estrecho, llegó allí, saqueo el pueblo y

mató al cura, un clérigo muy honrado y buen cristiano; predicando lo

mandó arcabucear; sabido por el coronel Francisco del Campo, antes que

le matasen como habemos dicho, salió de Osorno con cuarenta soldados,

pocos más, y entró en Castro; vino á las manos con el pirata, matóle

diez y ocho ó veinte luteranos; el pirata se escapó por la codicia de

los soldados nuestros, que se ocuparon en robar lo que los luteranos

enemigos habian robado. Algunos naturales de la tierra firme inquietan á

los nuestros, por lo cual se ha puesto un presidio de soldados en un

puerto veinte leguas de Castro, llamado Calermapo, con que se refrenan

estos indios.

Y esto cuanto á los pueblos españoles deste reino de Chile.

CAPITULO LXXXI

DE LOS OBISPOS DESTE REINO

El primero, aunque no se consagró, fué don Rodrigo González, clérigo que

se halló en la conquista deste reino con don Pedro de Valdivia, y fué su

confesor; varon afable y predicador; murió de gota rescebidos los

Sanctísimos Sacramentos; á quien subcedió el obispo Barrionuevo, de la

Orden de San Francisco, varon religioso, de muchas y buenas partes;

tambien murió en buena vejez; á quien subcedieron dos obispos, porque se

dividió este reino en dos obispados; en el de Sanctiago, que llega hasta

los Cauquenes, seis ó siete leguas adelante del rio de Maule.

En el de Sanctiago subcedió Fr. Diego de Medellin, deudo nuestro, varon

gran religioso de la Orden de Sanct Francisco, que fué provincial en el

Perú de su sagrada religion, de gran ejemplo y cristiandad, así en

España como acá; acabó de hacer la iglesia mayor de Santiago y el coro,

y feneció en buena vejez, casi sin calentura, hombre ya de noventa años.

El otro obispado se llamó de La Imperial, desde los términos de los

Cauquenes hasta Chilué; fué proveido en él por primer obispo Fr. Antonio

de Sant Miguel, de la misma Orden, varon de muchas y loables virtudes;

gobernó con mucho ejemplo y cristiandad y fué casi como profeta del

castigo que Nuestro Señor, por nuestros pecados, lleva adelante en estos

reinos, predicando los españoles que en ellos viven y vivian se

volviesen á Dios y hiciesen penitencia y enmendasen sus vidas, porque le

adivinaba su corazon habia de caer la mano pesada de Dios sobre las

cibdades que agora están despobladas, como ha caido; fué promovido al

obispado de Quito, en cuyos términos, veinte y cinco leguas antes de

allegar á su silla, murió loabilísimamente en un pueblo llamado

Riopampa.

Subcedióle en el obispado de La Imperial don Agustin de Cisneros,

arcidiano, varon docto en cánones y muy principal, de buenas y loables

costumbres; gobernó cinco ó seis años con muy buen ejemplo de vida y

acabóle una enfermedad de gota; á quien sucedí yo, sin merecerlo[57], en

este tiempo tan trabajoso, donde era necesario un varon de grandes

partes y virtudes para ayudar á llevar los trabajos de los pobres y

socorrerlos en sus necesidades; empero falta lo principal, que es la

virtud, y el pusible, por ser el obispado paupérrimo, que apenas me

puedo sustentar, y no tengo casa donde vivir, que si en Sanct Francisco

no me diesen dos celdas donde vivir, en todo el pueblo no habia cómodo

para ello; con todo esto, tengo más de lo que merezco, porque si lo

merecido se me hubiera de dar, eran muchos azotes.

[57] Al margen: Fr. Reginaldo.

CAPITULO LXXXII

DE LOS PERLADOS Y RELIGIOSOS DE LAS ORDENES

Descripción colonial, libro segundo (2/2) · 第 16 / 19 段