todas despobladas, á lo menos las cuarenta, porque á diez leguas della
llegamos á dos poblezuelos de indios. Esta cibdad es la cabeza de la
gobernacion y del obispado; es pueblo grande y de muchos indios; al
tiempo de su conquista poblados á la ribera del rio, como los demás de
la cibdad del Estero; ya se van consumiendo por sus borracheras. Son los
indios desta provincia muy holgazanes de su natural; en los rios hallan
mucho pescado, de que se sustentan: sábalos, armados y otros; saben muy
bien nadar, y péscanlos desta manera, como lo[44] he visto: échanse al
agua (los rios, como no tienen ni una piedra, corren llanísimos) ceñidos
una soga á la cintura; están gran rato debajo del agua y salen arriba
con seis, ocho y más pescados colgando de la cintura; débenlos tomar en
algunas cuevas, y teniendo tanto pescado, no se les da mucho por otros
mantenimientos; son borrachos como los demás, y peores; hacen chicha de
algarroba, que es fortísima y hedionda; borrachos, son fáciles á tomar
las armas unos contra otros, y cuando no, sacan su pie y fléchanselo.
Son grandes ladrones; todos caminan con sus arcos y flechas, así por
miedo de los tigres como porque salen indios á saltear, y por quitar una
manta ó camiseta á un caminante no temen flecharle; los arcos no son
grandes; las flechas, á proporcion; pelean casi desnudos. En toda esta
tierra y llanuras hay cantidad de avestruces; son pardos y grandes, á
cuya causa no vuelan, pero á vuelapie, con una ala, corren
ligerísimamente; con todo eso los cazan con galgos, porque con un
espolon que tienen en el encuentro del ala, cuando van huyendo se hieren
en el pecho y desangran. Cuando el galgo viene cerca, levanta el ala que
llevaba caida, y dejan caer la levantada; viran como carabela á la
bolina á otro bordo, dejando el galgo burlado. Hay tambien liebres,
mayores que las nuestras; son pardas, no corren mucho. Es providencia de
Dios ver los nidos de los pájaros en los árboles; cuélganlos de una rama
más ó menos gruesa, como es el pájaro mayor ó menor, y en contorno del
nido engieren muchas espinas; no parecen sino erizos, y un agujero á una
parte por donde el pájaro entra ó á dormir ó á sus huevos, y esto con el
instinto natural que les dió naturaleza para librarse á sí y á sus
hijuelos de las culebras. Es toda esta provincia abundantísima de miel y
buena, la cual sacan á Potosí en cueros; es abundante de trigo, maíz y
algodon, cuando no se les yela; siémbranlo como cosa importante, es la
riqueza de la tierra; con ello se hace mucho lienzo de algodon, tan
ancho como holanda, uno más delgado que otro, y cantidad de pávilo,
medias de puncto, alpargates, sobrecamas y sobremesas, y otras cosas por
las cuales de Potosí les traen reales. Críase en esta provincia la grana
de cochinilla muy fina, con que tiñen[45] el hilo para labrar el
algodon. Es abundante de todo género de ganado de lo nuestro, en
particular vacuno, de donde los años pasados, porque en Potosí ó
provincia de los Charcas iba faltando, lo vi sacar, y se vendia muy
bien, y bueyes de arada, y se vendia la yunta á sesenta pesos. Caballos
solíanse sacar muy buenos; ya se ha perdido la casta y cria, por
descuido de los dueños, de tal manera que es refran recibido en toda la
provincia de Los Charcas: de hombres y caballos de Tucumán, no hay que
fiar; tanto puede la mala fama.
[44] En el ms., _le_.
[45] En el ms., _tienen_.
El edificio de las casas es de adobes, como en las demás ciudades, sino
que en estas dos, como la tierra es salitrosa, vase desmoronando el
adobe, y cada año es necesario reparar las paredes. El rio es grande, y
de verano se vadea, mas conviene mucho saber el vado, porque los rios
desta provincia son de tal calidad que, si no es por donde se vadean
cuotidianamente, y con la frecuencia del pasaje el suelo está fijo, por
las demás partes, aunque el agua no llegue á la rodilla, se sume el
caballo y caballero en el cieno. Es cosa de admiracion pisamos aquí, y
tiembla más de diez pasos adelante la tierra cenosa, detrás y á los
lados; padécese en esta ciudad mucho, por no haber molino ni poderse
hacer, porque ya dijimos estos reinos ser de esa calidad; pasan por
tierra arenisca, donde no se halla una piedra, ni se puede hacer ni
sacar acequia dellos; á la primera avenida, allá va todo. Vino á
Santiago un extranjero, estando yo en aquella provincia, y proferiase á
hacer un molino, como en los rios grandes de Alemaña, en medio dél;
escogió el lugar, conciértanse, y volviendo de ver el rio y lugar, en
llegando á la ciudad, dánle unas calenturas que dentro de ocho dias se
lo llevaron á la otra vida. Hay algunas atahonas, no son tres, mas los
dueños muelen sólo para sus casas; si otro ha de moler, ha de llevar
caballo propio; si no, quédese; hacen unos molinillos que traen á una
mano, de madera, con una piedra pequeña traida de lejos; muelen á los
pobres indios que las traen, porque para una hanega son necesarios tres
indios de remuda; empero, el pan es el mejor del mundo.
A la mano derecha desta ciudad, á las faldas de la sierra, hay otra
ciudad llamada San Miguel de Tucumán, pueblo más fresco y de mejores
edificios y aguas.
CAPITULO LXVI
DE LA CIBDAD DE CÓRDOBA
Desta cibdad de Santiago á la de Córdoba, qu'es la última en esta
provincia, hay pocas menos de noventa leguas, todas llanas, sin
encontrar una piedra, y casi todas despobladas, porque en saliendo de un
pueblo de indios, á quince leguas andadas de Santiago, hasta Córdoba, no
se pida más poblado, si no es un poblezuelo de obra de doce casas, diez
leguas ó poco más de Córdoba. Pobló esta cibdad y conquistó los indios
que la sirven don Jerónimo de Cabrera, siendo gobernador; llenos los
campos de avestruces, venados y vicuñas y demás sabandijas. En todas
estas leguas no vi cosa digna de notar. El camino, carretero, y así
caminé yo desde Esteco á esta cibdad, que son poco menos de 200 leguas,
si no son más, y desde aquí se toma el camino á Buenos Aires, tambien en
carretas, que son otras 200, pocas menos; toda la tierra llana, y en
partes tan rasa que no se halla un arbolillo. El hato y comida se lleva
en las carretas; las personas, en caballos; pero no se ha de caminar más
de lo que los bueyes pueden sufrir, que es á cuatro leguas cada dia, y
para cada carreta son necesarios por lo menos cuatro bueyes; pastos,
muchos y muy buenos; agua, poca.
La cibdad de Córdoba es fértil de todas fructas nuestras, fundada á la
ribera de un rio de mejor agua que los pasados, y en tierra más fija
que la de Tucumán, está más llegada á la cordillera; danse viñas, junto
al pueblo, á la ribera del rio, del cual sacan acequias para ellas y
para sus molinos; la comarca es muy buena, y si los indios llamados
Comichingones se acabasen de quietar, se poblaria más. Tres leguas de la
cibdad, el rio abajo, en la barranca dél, se han hallado sepulturas de
gigantes, como en Tarija. Los campos crian muchas víboras y hitas, que
dél vienen volando á la cibdad en anocheciendo, como si no bastasen las
que se crian en las casas; es abundante de todo género de ganado
nuestro, y de mucha caza, venados, vicuñas y perdices. Hállanse en esta
provincia de Tucumán unos pedazos de bolas de piedra llenos de unas
punctas de cristal, ó que lo parece, labradas, transparentes, unas en
cuadro, otras sexavadas; yo las he visto y tenido en mis manos; estas
punctas están muy apeñuscadas unas con otras, y tan junctas como granos
de granada; son tan largas como el primer artejo del dedo de en medio,
comenzando desde la lumbre del dedo, y gruesas como una pluma de ansar
con lo que escribimos; he dicho todas estas particularidades por lo que
luego diré; estas bolas son tan grandes y tan redondas como bolas
grandes de bolos; críanse debajo de tierra, y poco á poco naturaleza las
va echando fuera; cuando ya (digamos así) están maduras, y un palmo
antes de llegar á la superficie de la tierra, se abren en tres ó cuatro
partes, con un estallido tan recio como un arcabuz disparado, y un
pedazo va por un cabo y otro por otro, rompiendo la tierra; los que ya
tienen experiencia dello acuden adonde oyen el trueno y buscan estos
pedazos, que hallan encima de la superficie de la tierra; yo creo que,
fuera destas punctas, hay en medio de la bola alguna cosa preciosa que
naturaleza allí cria y no la quiere tener guardada. Aquellas punctas, si
las labrasen lapidarios, deben ser de algun precio; allí no las estiman
en cosa alguna.
CAPITULO LXVII
DE LOS GOBERNADORES QUE HA HABIDO EN TUCUMÁN DESDE EL MARQUÉS DE CAÑETE
ACÁ
Los gobernadores que en esta provincia de Tucumán he conocido, el
primero fué el general Francisco de Aguirre, que por Su Majestad la
gobernó y acabó de allanar; varon para guerra de indios, bravo; vecino
de Coquimbo, contra el cual ciertos soldados, y creo uno ó dos pueblos,
se le amotinaron, tomando por cabeza á un Fulano Berzocana, soldado
valiente, los cuales le prendieron; pero viniendo al Audiencia de La
Plata envió el Audiencia un juez y hizo justicia del Berzocana y otros,
y concluidos sus negocios en el tribunal del Audiencia y del
reverendísimo de aquella cibdad, volvió á su gobernacion; despues por
órden de la Santa Inquisicion salió á Los Reyes, de donde volvió á su
casa á Coquimbo[46] y en Copiapó, pueblo de su encomienda, acabó la
vida, dicen trabajosamente.
[46] En el ms., _Quoquimbo_.
Subcedióle Fulano Pacheco, que salió bien de su gobernacion; digo en
paz, porque los tres que se siguen acabaron como diremos. A Pacheco le
subcedió don Jerónimo de Cabrera, hermano de don Pedro Luis de Cabrera,
á quien el marqués de Cañete, de buena memoria, embarcó para España,
como arriba declaramos. Don Hierónimo era muy diferente en trato y
condicion de su hermano, muy noble, afable, con otras muy buenas
calidades de caballero. Amplió aquella gobernacion, porque pobló la
cibdad de Córdoba y conquistó los indios de su comarca. En su tiempo
comenzaron á comunicar los del Paraguay con los del Tucumán y los de
Chile.
Subcedióle un caballero de Sevilla, Pedro de Abreu, dicen deudo suyo,
empero enemigo capital, que desde España andaban encontrados los deudos
de don Hierónimo con los de Pedro de Abreu, porque con don Hierónimo
nunca habia tenido Pedro de Abreu que dar ni que tomar, ni le conocia;
hóbose rigurosamente con don Hierónimo en la residencia, ó con testigos
falsos, ó sin ellos, le cortó la cabeza por traidor, diciendo tractaba
de alzarse con la provincia y tiranizarla, lo cual confesó don
Hierónimo, dándole tormento sobre ello; oí decir á un Oidor de La Plata
habérsele hecho mucha injusticia, pero quedóse degollado; sus hijos
siguieron la causa y no fué dado en el Audiencia por traidor, por lo
cual les volvieron los indios de encomienda y demás haciendas.
A cabo de pocos años á Pedro de Abreu subcedió el licenciado Lerma, el
cual, procediendo en la residencia contra Abreu, le degolló. El
licenciado Lerma, de los de Tucumán, unos le alaban, otros le vituperan;
en cosa de justicia le tenian por buen juez; en otras, como desmandarse
con palabras muy afrentosas contra los vecinos en presencia dellos, era
demasiado. Este licenciado Lerma pobló á Salta, cosa muy importante para
la quietud de Calchaquí; ya desto tractamos, y por quejas que habian ido
contra él al Audiencia, yendo con socorro y de su hacienda á Salta para
los que allí estaban, le encontró al alguacil mayor de los Charcas, que
por órden del Audiencia le iba á prender y traer preso y que el gobierno
quedase en los alcaldes, lo prendió y trujo á la cibdad de La Plata; el
cual en seguimiento de su causa fué á España y miserabilísimamente y
paupérrimamente murió en la cárcel de Madrid, sin tener con qué se le
dijese una misa, y por amor de Dios pidieron á la puerta de la cárcel,
allí puesto su cuerpo, para enterrarlo, á lo cual acertando á pasar por
allí un religioso nuestro que de estos reinos habia ido á los negocios
desta provincia, llamado el Presentado fray Francisco de Vega, que le
conocia, preguntando quién era el difunto y diciéndole qu'el licenciado
Lerma, ayudó bastantemente para que le enterrasen. Todas estas
particularidades, parecerán menudas, he dicho para que se vean los fines
desdichados destos tres gobernadores, y que es verdad: matarás, y
matarte han, etc.
Al licenciado Lerma le subcedió Juan Ramirez de Velasco, caballero bien
intencionado, el cual pobló dos pueblos de españoles en las faldas de
la cordillera vertientes á Tucumán, el uno donde fué poblado los años
pasados la cibdad de Londres, y se despobló por no se poder sustentar, á
causa de ser los indios muchos y muy belicosos; el otro más adelante, á
la misma falda de la cordillera; es tierra fértil y que produce
abundancia de oro y plata; los indios agora no son tantos, por lo cual
han sido fáciles de reducir; hanse consumido en guerras civiles unos con
otros; el Inga los tuvo subjetos, y por la falda desta cordillera
llevaba su camino Real hasta Chile; servíanle y tributábanle oro en
cantidad, y de allí se lo traia acá al Perú; su capitan, con la gente de
guerra, estaba en un fuerte recogida, y no salia dél sino era cuando
algunos indios se le rebelaran; reducidos y castigados, volvíase á su
fuerte; este caballero es bien[47] intencionado, dócil y que fácilmente
recibe la razon y se convence; creo no le subcederá lo que á los
sobredichos. Tomóle la residencia don Fernando de Zárate, caballero de
hábito, vecino de La Plata y muy rico y de bonísimo entendimiento; no sé
hasta agora más dél.
[47] Tachado: entendido.
En esta provincia hay algunos religiosos del Seráfico San Francisco, y
en todos los pueblos tienen, desde Salta á Córdoba, conventos pequeños
de uno ó dos religiosos; sólo en Santiago del Estero se sustentan
cinco ó seis muy escasamente.
Pasando yo por esta provincia (y esto me compelió ir por ella á Chile)
hallé seis ó siete religiosos nuestros, divididos en doctrinas; uno en
una desventurada casa en Santiago; más era cocina que convento; es
vergüenza tratar dello, y tenianle puesto por nombre Santo Domingo el
Real; viendo, pues, que no se podia guardar ni aun sombra de religion en
él, los saqué de aquella provincia; es cosa de lástima haya ningunos
religiosos en ella, porque un solo fraile en un convento, y en un
pueblo, ¿qué ha de hacer? un ánima sola, decimos, ni canta ni llora, y
más en tiempos tan miserables donde las cosas van tan de caida. De
Nuestra Señora de las Mercedes hay cual ó cuales religiosos, y esto de
la provincia de Tucumán.
CAPITULO LXVIII
DEL REINO DEL PARAGUAY
A la parte del Oriente de toda la provincia de Tucumán demora (hablando
como marineros) el Rio de la Plata; no sé la causa por qué le pusieron
esto nombre; en él no se ha hallado una puncta, ni de oro; acá
llamámosle el Paraguay; no le he visto, mas quien ha atravesado á todo
Tucumán puede decir lo que della ha oído á españoles que cada dia salen
á ella. Tiene algunas cibdades y grandes; la mayor y más principal se
llama la Asumption, cabeza de aquel reino, con mucha gente, los más allí
nacidos, mestizos y mestizas; los españoles meros son pocos. Abundante
de mucho mantenimiento, caña dulce, cosas de azúcar muchas y muy buenas;
vino bonísimo; fundada á la barranca del rio, que en muchos géneros y
muy buenos de pescados es fértil, donde todos los allí nacidos, así
varones como mujeres, desde niños se enseñan á nadar y nadan
galanamente, y no es falta que las mujeres lo sepan, porque Platon en su
_República_ queria que las mujeres supiesen pelear. La segunda cibdad el
rio abajo, segun dicen 150 leguas, se fundó en nuestros dias por el
capitan Juan de Garay, de nacion viscaino, hombre nobilísimo y muy
tenido de los indios, llamada Sancta Fe; conocílo y tractélo en la
cibdad de La Plata. El capitan Juan de Garay, viviendo en la Asumption,
donde era vecino, en cabildo pidió le diesen algunos mestizos, allá
llamados montañeses, y pocos españoles, que él queria aventurarse é irse
el rio abajo con ellos, llenos de Chiriguanas caribes (y todos lo son,
unos comen carne humana, otros no) á descubrir la tierra y ver si podia
dar con la comarca de Tucumán, para comenzar á tener comercio con ella y
con el Perú, y no estuviesen allí acorralados viviendo como bárbaros;
porque si Nuestro Señor le diese ventura de comunicarse con Tucumán, y
de allí con el Perú, entrarian unos y saldrian otros y les vernía quien
les predicase, porque habia muchos años no oian sermon; diéronle la
gente que pidió, y en barcos ó bergantines echóse el rio abajo; tuvo en
el camino, por ir siempre á la ribera, muchos recuentros con los indios,
que algunos dellos tienen esta calidad: cuando quieren que nadie entre
en su tierra, so pena de la vida, toman un calabazo grande, y pasado con
dos flechas ó tres y muy embijado, cuélganlo de un árbol; cuando no
quieren hacer mal á los que entran en su tierra cuelgan una garza
blanca, muerta, de un árbol. No es mal aviso para los comarcanos.
El capitan Juan de Garay, prosiguiendo su viaje, hallando buen sitio y
comarca desembarcó en tierra y pobló esta cibdad de Santa Fe; con los
indios no tuvo mucha dificultad en conquistarlos, y llanos, determinó
caminar al Occidente la tierra adentro, por donde los indios le guiaban,
diciendo haber españoles; siguiólos. A la sazon tambien de la cibdad de
Córdoba habia salido otro capitan con gente hácia el Oriente, en busca
del Rio de la Plata, que tambien los indios decian habia un rio
caudalosísimo por aquella parte, poblado de indios, el cual los nuestros
entendían no podia ser otro que el de la Plata, como lo era; fué Dios
servido que los unos y los otros se encontraron, recibieron y hablaron
amigablemente, y desde entonces se comunica el Rio de la Plata con
Tucumán y Tucumán con el Rio de la Plata. De Santa Fe á Córdoba no hay
más distancia de sesenta leguas, llanísimas, las treinta sin agua, si no
es en medio del camino un pozo muy hondo; empero de allí sacan agua para
las personas y los caballos y bueyes; el dia de hoy se frecuenta mucho
este camino, y traen de Santa Fe bonísimo vino, y de la Asumption,
porque como vienen el rio abajo llegan en breve á Santa Fe, y muchas
cosas de azúcar y conserva bonísimas, como se hacen en Valencia.
Estando yo en Córdoba llegó allí un mercader con tres ó cuatro carretas
cargadas de vino bonísimo y conservas, y le compré dos arrobas para mi
viaje de allí á Chile, á quince reales de á ocho el arroba, y pasó con
ello á Santiago del Estero, y estuvo determinado ir á Chile, donde las
conservas y azúcar vendiera muy bien. Salieron de la Asumption pocos
años ha, no son ocho, á poblar el rio llamado Bermejo, donde sin
dificultad los indios, que son muchos, se redujeron; son los más
ingeniosos que se han hallado en estas partes; tienen buenas casas, á
dos aguas; hacen arcos de madera de medio puncto, como si á compás los
sacasen; vi en Santiago del Estero una muchacha que, sin haber tomado
aguja en su vida en la mano, labraba como si desde que nació se hubiera
criado labrando.
El Rio de la Plata, antes de llegar á este rio Bermejo, en el camino
hace un salto que por debajo dél es el camino real, por donde pasan á
caballo y las carretas sin riesgo alguno; más arriba están poblados, y
de antiguo, dos pueblos de españoles que ha muchos años no tienen
sacerdote, fundados en tierra calidísima; los hombres allí andan y traen
las caras amarillas como los de Santa Marta en el reino de Tierra Firme.
Solíase caminar desde el Brasil al Rio de la Plata en el paraje de la
Asumption (digo venia el camino á salir frontero ó poco más arriba de
donde está poblada la Asumption), distancia de docientas leguas, por
tierra poblada y no mal camino; yo he visto hombres en la provincia de
la Plata que desde el Brasil, con otros, vino hasta Asumption; agora no
se camina; los indios han cerrado el camino por los malos tractamientos
de los nuestros.
Es la provincia del Rio de la Plata abundantísima de todo género de
mantenimientos, así de la tierra como nuestros, y para cañas de azúcar
fertilísima; antes que entrara allá un Andrés Martín, que conocí en la
cibdad de La Plata, no se aprovechaban ni hacian miel de las cañas, sino
del azúcar que reventaba como resina dellas; agora de todo se
aprovechan; si como es abundante y fértil de mantenimientos lo fuera de
oro ó plata, era la mejor provincia del mundo, pero Nuestro Señor no
puso el oro ni la plata sino en tierras inhabitables; el oro por la
mayor parte por el calor y la plata por el mucho frio, porque los
hombres se contentasen con poco; mas la soberbia humana y cobdicia, lo
inhabitable, como haya oro ó plata, lo hace habitable.
Es la tierra abundante del mal francés, y proveyóles Nuestro Señor del
palo que llaman sancto, en mucha cantidad; hay pocos médicos; púrganse
de las demás enfermedades con el agua de un pescado que en ella cuecen,
y el pescado sirve como gallina el dia de la purga, aunque tienen
abundancia dellas. Los indios son todos Chiriguanas, más tractables que
los de la provincia de los Charcas; no comen carne humana, pero hablan
la misma lengua; son así bien dispuestos y valientes; son grandes
holgazanes, como los demás, y la fertilidad de la tierra les[48] hace no
acudan á las cosas de la fe como les era necesario. Admirado desto,
diciéndomelo un padre de San Francisco que salió de aquella provincia á
Esteco, estando yo allí y visitándolo, me dijo no me admirase, porque en
apretando á los indios un poco á la doctrina, con sus mujeres y hijos se
van veinte leguas y más de la cibdad, y tan buena tierra hallan allí y
tan fértil como en la cibdad ó en sus pueblos, y como uno destos tenga
una víbora de cascabel que comer, tiene muy buena comida y cena, y no ha
menester más, las cuales fácilmente las cazan, y no las temen, que no
temerlas parece barbaridad. Castigaron los viejos conquistadores y
criaron en mucha policia á los montañeses y á los meros españoles, como
á ellos los criaron sus padres. Ningun muchacho habia de hablar, ni
cubrir cabeza, ni sentarse delante de los viejos, aunque tuviesen
barbas, ni los viejos al más estirado llamaban sino tú, cuando mucho un
vos muy largo. A los montañeses enseñaban primero á leer, escribir y
contar; luego les daban oficio, y á lo que más se inclinan es á
herreros, y son primísimos oficiales; son grandes arcabuceros, flecheros
y nadadores, recios hombres á caballo; andando en la guerra, luego
quitan las calzas y zapatos y desnudan los brazos; ya han perdido esta
policia, muertos los viejos, y son la gente más mentirosa del mundo, y
como un hombre no tracte verdad, no le pidan honra.
[48] En el ms., _los_.
Esta provincia tiene muchos árboles de la tierra, fructales, más que
Tucumán, y mejor madera para las casas, y el temple, como el rio va
declinando más á la mar, se va subiendo á este nuestro polo, y así es
más fresco. Sancta Fe está en treinta grados y Buenos Aires en treinta y
siete, donde yela y nieva como la altura lo pide.
CAPITULO LXIX
DEL PUERTO Y PUEBLO DE BUENOS AIRES
El puerto de Buenos Aires, de pocos años á esta parte se ha tornado á
poblar, respecto de la contratacion que hay del Brasil con el Rio de la
Plata y Tucumán; dicen distar de la boca del rio treinta leguas, ó pocas
menos. No tiene servicio de indios, que si lo tuviera hobiera crecido
mucho, y por esta razon se despobló este pueblo de Buenos Aires lo mismo
que la fortaleza llamada de Gaboto. Tiene el rio por aquí más de tres
leguas de ancho, y la boca más de diez; cuando se despobló no pudieron
los españoles traer consigo particularmente los caballos y yeguas sin
que dejasen algunos.
Este ganado se ha multiplicado tanto en aquellos llanos que á los
chapetones les parece montañas de árboles, y así cuando caminan y no hay
un arbolillo tamaño como el dedo paraleno, viendo las manadas dicen:
¿Pues aquella no es montaña? vamos allá á cortar leña, y son las manadas
de los caballos y yeguas. Salen á caza dellos como á venados; están
gordos, que al primer apretón quedan estancados; á los que son potros
atan, doman y hácenlos caballos; he visto en Córdoba muy buenos caballos
destos. Pero con ser este paraje á su tiempo muy frio se crian muchas
víboras. Los venados en todo el Rio de la Plata son muy grandes y no de
menores aspas; las pieles curan y hacen dellas cueras que parecen de
ante, y algunos por de ante las venden. En el camino de Córdoba á Buenos
Aires, y desde Santa Fee por tierra, es necesario ir muy apercebidos de
armas y arcabuces, y en las dormidas velarse, porque salen algunas veces
indios cazadores de venados, y fácilmente se atreven contra los
nuestros; sus armas son arco y flecha, como los Chiriguanas, y demás
desto usan de unos cordeles, en el Perú llamados aillos, de tres
ramales, en el fin del ramal una bola de piedra horadada por medio, por
donde entra el cordel; estas arrojan al caballo que va corriendo, y le
atan de pies y manos con la vuelta que dan las bolas, y dan con el
caballo y caballero en tierra, sin poderse menear; destos aillos usan
para los venados; pónense en paradas, y como va el venado corriendo lo
ailla fácilmente.