Muerto el Adelantado, quedó en su lugar por capitan don Lorenzo y doña

Isabel Barreto, mujer del Adelantado, á quien se obedecia en todo. En el

pueblo crecian las enfermedades y muertes, falta de comidas y abundancia

de armas que los negros daban, hiriendo á los nuestros; lo cual visto

por don Lorenzo salió á castigarlos con poca gente, doce ó catorce

soldados, que los demás estaban enfermos. Salió á los pueblos

comarcanos, y los negros salieron á ellos y á don Lorenzo dieron un

flechazo y á otros tres ó cuatro, y así se volvió al pueblo.

La herida fué en una pierna, tan subtil y pequeña como si le picaran con

un alfiler; empero el dolor le fatigaba mucho, porque la flecha era de

yerba. Al fin, visto que se iban consumiendo, con parecer de todos fué

acordado dejar aquella mala tierra y buscar otra más cercana de

cristianos. Tomado parecer de los pilotos, dijeron la más cercana ser la

China; empero, que no tenian los navios aparejos para ir allá. En este

mismo tiempo se determinó enviar la galeota á buscar el Almiranta, y que

si no la hallase dentro de cuatro dias, se volviese. Partió la galeota y

al parecer á quince leguas de la bahia hallaron cuatro ó cinco islas

bajas, todas llenas de platanales y palmas muy grandes, y algunos buhios

en que los negros tenian sus mujeres y hijos recogidos; llegóse la

fragata á tierra y saltó la gente toda en ella; los negros, mostrando

amistad, salieron con alguna comida y un tiburon asado en barbacoa; un

soldado, entrando en un buhio, halló que en él habia mucha gente

escondida, mujeres y niños; avisó al capitan, el cual pretendió hacer

presa en ellos; empero los negros defendian sus hijos é mujeres, pero no

pudieron tanto que no les tomasen diez ó doce muchachos y muchachas, con

los cuales volvieron al puerto, no poco tristes por no hallar rastro de

la Almiranta dentro del tiempo señalado; llegados á tierra, preguntando

por la salud de los enfermos, _supieron_ que muchos eran ya muertos y

don Lorenzo estaba expirando del flechazo, del cual murió; antes que

muriese pidió confesion; trújosele al vicario, que se habia recogido á

la Capitana por miedo de la muerte, mas allí le salteó y así enfermo en

una silla le trujeron para que confesase á don Lorenzo, á quien

confesándose le dió un parasismo y otro al vicario, al cual sin habla

llevaron á una casa donde se le hicieron algunos regalos con que volvió

en sí; empero el capitan dió aquella tarde el ánima á Dios, el cual

sepultado se dió órden que los pocos que quedaron vivos se embarcasen y

fuesen en busca de las Filipinas, porque en tierra no se podian defender

de los naturales; estuvieron siete dias embarcados, tomando agua y leña

y los más plátanos y cocos que pudieron coger, y con este matalotaje y

desgraciado subceso, por no haber poblado en las primeras islas que

descubrieron, se hicieron á la vela en la Capitana, fragata y galeota, y

dentro de pocos dias llegaron á las Filipinas, _de_ donde algunos

volvieron al Perú, de quien supe lo referido. Lo más que les subcedió no

es de mi intento tractarlo.

CAPITULO LX

SOLA UNA DESGRACIA LE SUBCEDIÓ AL MARQUÉS

Habia sido el Marqués uno de los caballeros dichosos de nuestras edades,

si todos estos buenos subcesos no se le aguaran con la muerte de la

ilustrísima y cristianísima marquesa, que dejó enterrada en Cartagena,

lo cual en estos reinos dolió mucho; empero, llevóla Nuestro Señor á

gozar del cielo, donde tiene otro mejor y más perpétuo marquesado, y al

Marqués con próspero viaje á España, sin borrasca, ni tormenta, ni cosa

que les diese pena, la flota llena de plata, así de Su Majestad como

suya y de particulares, donde Su Majestad le recibió muy alegremente

haciéndole mucha merced, y le hará más, por sus méritos y partes y

virtudes tan excelentes, cuantas en nuestros tiempos junctas no se

hallan en un supuesto, ni en los pasados en muchos. Tiene bonísimo y

galano entendimiento, como quien nació para mandar y gobernar. Con

señores, es señor; con caballeros, es caballero; con capitanes, es

capitan; con soldados, es soldado, y, finalmente, con todos estados se

sabe acomodar muy bien; amigo de hacer bien á todos, y en particular de

casar huérfanas; dió renta é hizo merced en nombre de Su Majestad al

hospital de San Andrés, de los españoles, á quien dejamos dicho, su

padre, de buena memoria, dió mucha limosna de su hacienda. Esto en

breve, que es más recopilacion[37] de historia que historia, habemos

dicho, dejando á los que son dotados de más facundia y mejor estilo que

el nuestro para que sus libros se enriquezcan con las obras heroicas del

Marqués, y esperamos que Su Majestad le hace mercedes muy copiosas[38].

[37] Tachado: que.

[38] Siguen ocho líneas tachadas é ilegibles.

CAPITULO LXI

DEL ILUSTRÍSIMO ARZOBISPO DE MÉXICO

Dentro de breve tiempo qu'el Marqués de Cañete entró en la cibdad de Los

Reyes, vino á ella por órden de Su Majestad el ilustrísimo Arzobispo de

México, á la sazon en la misma cibdad Inquisidor, el licenciado

don...[39] de Bonilla, varon integérrimo en todo género de virtud, y no

de pequeña penitencia y oracion, como su vida y ejemplo son

bastantísimos testigos; de bonísimo y claro entendimiento, y de

prudencia admirable; amado grandemente de todo el reino por su mucha

virtud, y temido por la mucha rectitud que en su vida se conoce; amigo y

favorecedor de los que administran justicia, y de los que son en

contrario, que conciernan á su tribunal, con gran cordura castigador.

Proveyóle Su Majestad, siendo fiscal de la Inquisicion en México,

conociendo todas estas partes y calidades suyas, para que visitase la

Real Audiencia desta ciudad de Los Reyes y para que tomase cuenta á los

oficiales reales, á quien habia muchos años ni se visitaban ni tomaban

cuentas, y asimismo á otros muchos, como al cabildo de la ciudad y

escribanos; á quien Su Majestad, muy servido de lo que ha hecho y hace,

le hizo merced de la Silla metropolitana de México, con esperanzas que

á mayor dignidad le ha de sublimar. Ha hecho y hace su oficio con tanta

rectitud y cristiandad cuanta se esperaba; ha condenado y privado á

algunas personas, y ha sacado á luz muchas cosas tocantes á la Hacienda

Real que estaban solapadas, y aunque á algunos les parece va muy

despacio y desean verle fuera destos reinos, son hombres interesados y

culpados en cosas que le están encomendadas; los demás no le querrian

ver fuera del reino. Luego que Su Majestad le hizo merced del

arzobispado, no quiso gozar más del salario de Visitador, contentándose

con la renta del arzobispado, porque no es persona que tracta de

riquezas temporales, sino de las eternas y del cielo. Este capítulo en

breve me pareció engerir aquí como cosa importante y que pertenecia

tractar della, por haber venido el ilustrísimo de México en estos

tiempos á este reino con oficio en el cual ha servido mucho, mucho, á

Dios Nuestro Señor y á su Rey, y esperamos les hará más servicios.

[39] En blanco en el ms.

Como los hombres seamos mortales y nuestras vidas dependan de quien es

la vida por esencia, fué Nuestro Señor servido llevársele para sí de una

enfermedad que casi no fué conocida de los médicos; procedióle de que

siendo quebrado y no viviendo con tanto recato de la quebradura, se

rompió más de lo acostumbrado, y salieron las tripas, de suerte que no

fué posible, con los remedios que se hicieron, volverlas á su lugar.

Hizo su testamento, y está enterrado en nuestro convento de Los Reyes,

adonde dejó cuatro mil pesos de limosna: hiciéronsele sus obsequias con

la pompa requisita, con no poco dolor de todo el pueblo, y más del

Virrey don Luis de Velasco, que en todas cosas le consultaba para el

bien del reino; diósele sepultura en la capilla[40] principal, junto al

altar mayor, en medio de otros dos Obispos que allí están enterrados.

[40] Tachado: _mayor_.

Con lo hasta aquí tractado nos parece haber concluido con la brevedad

posible dejando escriptos los caminos desde Quito á Talina, y lo demás

digno de memoria subcedido en tiempo de los Virreyes que han gobernado

los reinos del Perú, desde el marqués de Cañete, don Hurtado de Mendoza,

de buena memoria, hasta don García de Mendoza, su hijo, subcesor en el

marquesado; todo lo cual, á lo menos la mayor parte, habemos visto ó

sabido por relaciones verdaderas, que es lo menos que en estos ringlones

dejamos á esta escritura encomendado, porque no quedase anegado en el

profundo del rio del olvido.

A don García de Mendoza subcedió don Luis de Velasco, caballero del

hábito de Santiago, mudado del Virreinato de México al del Perú, cuyos

hechos, virtudes y buen gobierno dejamos que lo traten otros, donde

tendran bien que extender las alas de sus ingenios; y porque tambien

habemos visto la gobernacion de Tucumán y de Chile, tractaremos con

brevedad lo visto y sabido.

CAPITULO LXII

DEL CAMINO DE TALINA Á TUCUMÁN

Llegamos en lo que atrás dejamos escripto al último pueblo y términos

del Perú, conforme á la division de los obispados, que es á Talina,

pueblo de los indios Chichas, desde el cual, siete leguas más adelante,

está un arroyo y paredoncillos llamados Calahoyo, desde donde comienza

la jurisdiccion, conforme á la jurisdicion eclesiástica, de Tucumán. El

primer obispo desta provincia, el reverendísimo fray Francisco de

Victoria, de quien habemos tractado, entrando á su iglesia, aquí[41]

tomó la posesion, y por esto decimos que es de la jurisdicion de Tucumán

cuanto á lo eclesiástico.

[41] En el ms., _á que_.

Desde aquí al primer pueblo de españoles de la provincia de Tucumán,

llamado Salta, fundado en un valle muy ancho y espacioso, del propio

nombre, de buen temple, con su invierno y verano al revés de España, se

ponen más de cien leguas, todas despobladas, á lo menos por el camino

que yo fuí siendo provincial de aquella provincia y de la de Chile, que

por dar órden en ciertos frailes nuestros que allí estaban me fué

forzoso desde la ciudad de Lima tomar este camino por tierra. Empero al

presente, despues que la provincia de Omaguaca, que confina con los

Chichas, y en el traje no se diferencian dellos, se ha reducido y

admitido sacerdotes, vase por un camino más poblado, donde hay tambos á

sus jornadas y en algunos servicio.

Esta provincia de Omaguaca es fértil de todo género de mantenimiento, y

de oro, ovejas de la tierra. Sirvió á la ciudad de La Plata y estuvo

repartida. Yo conocí algunos encomenderos que tenian sus repartimientos

en ella, mas como se rebelaron no habian dellos algun provecho, ni

alguno tienen ya reducidos. La causa por que estos indios se rebelasen,

no la sé; por ventura, por se ver lejos de la ciudad de La Plata, que

dista della más de noventa leguas; contra los cuales salió un vecino

della con soldados, llamado Pedro de Castro, hombre de muy buenas

partes, pero matándole en una guazabara, los soldados, sin cabeza,

saliéronse, y así se quedaron junctamente con otros sus confines,

llamados los Casavindos y Cochiñocas. Pero habrá siete años qu'el

principal curaca desta provincia, cuando iba á Tucumán, llamado

Viltopoco, envió algunos indios principales á la Audiencia de La Plata,

pidiendo queria servir y pagar moderado tributo, poblar los tambos que

hay de su tierra á Talina, dar en ellos al precio que en Talina

gallinas, carneros de Castilla y de la tierra, para cargas, maíz, y lo

demás, como en los tambos del Perú, y darian indios para las minas de

Potosí, _y_ admitirian sacerdotes, con tal condicion que no habian de

tener otro encomendero que á Su Majestad. La Real Audiencia admitió el

partido, é yo, llegando á Talina, me detuve allí algunos dias esperando

el sacerdote señalado, que si viniera me fuera con él por ahorrar de

tanto despoblado y riesgo de algunos indios de guerra, mas Nuestro

Señor fué servido llegase en salvo á Salta; ya el dia de hoy se entra y

sale por aquel camino, y los indios han cumplido lo que prometieron; yo

llegué á Salta, y en todo el camino no vi cosa digna de ser escrita, si

no es, á tres ó cuatro jornadas de Talina, unas salinas en despoblado,

las más famosas que creo hay en el mundo; es un valle que debe tener más

de tres leguas de ancho, y de largo, segun me informé, más de quince; la

sal más blanca que la nieve, de la cual se aprovechan los indios

Casavindos y Cochiñocas y los de la provincia de Omaguaca; de lejos, con

la reberveracion del Sol, no parece sino rio, y á los que no la han

visto espanta, pensando han de pasar un rio tan ancho; llegados, admira

ver tanta sal; los que iban por aquel camino á Salta llevaban alguna,

por ser aquella provincia falta della. Llegado á Salta hallé allí al

Gobernador Juan Ramirez de Velasco, y sabiendo que Viltopoco se habia

reducido al servicio de Su Majestad, envió un capitan con diez soldados

bien apercebidos á tomar la posesion de aquella provincia por su

gobernacion, los cuales llegando y por Viltopoco sabida su venida, les

dijo se volviesen á Tucumán, donde habian salido, porque no habia de ser

subjecto á aquella gobernacion, sino á la Audiencia de los Charcas;

donde no, los haria matar á todos. El capitan y soldados tuvieron por

bien volverse á Salta, estando yo presente en el pueblo cuando fueron y

volvieron; no creo dista Omaguaca de Salta treinta leguas.

Llegando á Omaguaca, poco menos de doce leguas está un valle muy fértil

de suelo, pero no poblado de pueblos, llamado Jujui, donde habrá siete

años quel mismo gobernador Juan Ramirez de Velasco pobló un pueblo de

españoles que para la paz de Omaguaca, si se quisiere tornar á rebelar,

y para la quietud de Salta por respecto de los indios de Calchacuy, fué

muy necesario, el cual en breve tiempo ha crecido mucho, y los padres

Teatinos tienen allí ya una casa, y para el poco tiempo que ha se pobló,

rica de ganados y estancias. Es el mismo temple quel de Salta; á siete

leguas dél envió allí á poblar con título de teniente de gobernador y

capitan, á don Francisco de Argaranaiz, de nacion vizcaino, vecino de la

cibdad de Santiago. El un[42] valle y el otro son abundantísimos de

comida, trigo, maíz, aves, carneros, vacas, y todas fructas nuestras,

viñas, de donde el dia de hoy hacen vino; tienen las plagas que hay en

toda la provincia de Tucumán, que por no tornarlas á referir son las

siguientes: frio á su tiempo, que es desde Mayo hasta Octubre,

insoportable y sequísimo más que el de Potosí, y principalmente los tres

meses Junio, Julio y Agosto; calor al verano de dia y de noche, y más en

Diciembre, Enero, Febrero y Marzo. Las hitas que dijimos haber en la

provincia de Los Charcas, grandes y asimismo pequeñas en gran cantidad;

en el verano mucho mosquito de los zancudos y rodadores; moscas en este

tiempo son innumerables, y de tal calidad, que si se acierta á tragar

una en la comida, revuelve de tal manera el estómago que hace lanzar

hasta la viva sangre, por lo cual, en las cocinas, sobre el fuego,

están dos indios con sus aventadores ahuyentando las moscas. Es así que

en la cibdad de Esteco una mujer de un vecino tenia en su casa un

soldado enfermo (en esta provincia no hay yerbas medicinales ni médicos,

sino abundancia de lechetrezna, que es poco menos que tóxico), y no

mejorando tomó dos moscas, desleyólas en una escudilla de caldo de ave y

sin decirle alguna cosa diósela á beber. Purgó tan bien con ella, que

dentro de pocos dias sanó; esto yo lo pregunté á la misma que dió la

purga. Es abundante de tres géneros de víboras de las de cascabel, y de

otras más pequeñas, como las de España, y de otras llamadas volantines,

porque abalanza más de diez pasos á picar. Proveyó Dios en esta

provincia de unas culebras pequeñas que no hacen daño alguno, antes son

provechosas, las cuales tienen dominio sobre las víboras, de tal manera

que en viendo la víbora de cascabel á esta culebra, luego se vuelve boca

arriba, y llegando esta culebra la degüella y mata; así lo afirman los

nuestros que viven en aquella region.

[42] En el ms., _una_.

Críanse culebras grandes de las que llaman bobas, y otras, _y_ moscas

que en asentándose sobre la carne la dejan llena de gusanos. Vientos al

ivierno recísimos, sea Sur ó sea Norte, que son los que dominan en esta

provincia y que parece andan en competencia uno un dia, otro otro; al

verano cualquiera destos vientos es fuego. Pedriscos frecuentes, y de

tal manera, tan recios y de piedras grandes, que no se atreven á hacer

atechadas[43] las casas, si no es cual ó cual; cúbrenlas con unos

terrados de más de una tercia de grueso, muy bien pisados con pisones,

un poco corrientes porque no haga canal el agua; es tierra en partes

montañosa y muy llana, los árboles infructíferos, llenos de espinas; los

más son algarrobos; empero, no se come la fructa sino de unos que se

aparran por el suelo; los otros son crecidos como encinas. Los campos

son abundantes de estos animales ponzoñosos, por lo cual en apeándose el

pasajero ha de mirar dónde pone los pies; hay lagartos de sequera tan

grandes como los que dijimos producia la tierra Chiriguana; matamos uno

en una dormida; Dios nos libró dellos; admirónos cuando le vimos; era

tan grande como un caimanillo, y es cierto que se alborotó el

alojamiento como si vinieran sobre nosotros indios de guerra. Es muy

falta de agua, como lo son las tierras llanas, y las aguas de los rios

malas, gruesas y salobres, á las riberas de los cuales son los pueblos

de los indios y de los españoles; en la tierra que es montañosa se crian

leoncillos y tigres en cantidad, que no dejan de noche dormir á los

caminantes con sus bramidos. Los tigres son dañosos si no ven candelada.

Los indios para guarecerse dellos en los caminos que hay montaña, sus

dormidas tienen en los árboles, á los cuales suben por unos escalones

hechos á mano en los mismos árboles, con hachas cortando, donde ponen

los pies para subir y descendir.

[43] Tachado: cúbrenlas.

El suelo de toda esta provincia es salitre y mientras más cavan, más

salitroso, por lo cual todas las fructas nuestras (que de la tierra

ninguna vi) son de bonísimo sabor, y las hortalizas; mas los árboles

duran poco. En toda esta provincia se dan viñas, membrillos, granadas,

manzanas, etcétera; el vino que se hace dura muy poco, porque se vuelve

vinagre.

Los rios desta provincia, particularmente el de Esteco y el de Santiago

del Estero, al ivierno son como el Nilo, salen de madre y extiéndense

por aquellas llanadas regando la tierra, que allá llaman bañados, y

aquel año es más abundante que hay más bañados; aran y en ellos

siembran; los campos y llanos son espaciosísimos, porque así como

estando en alta mar no vemos sino cielo y agua, así en aquella provincia

de Esteco para adelante no vemos sino cielo y llanuras, y éstas corren

más de 400 leguas sin que se halle ni se vea un cerrillo, ni casi una

piedra. Camínanse todos estos llanos y caminos en carretas, las cuales

no llevan una puncta de hierro, ni los caballos gastan mucho herraje,

por ser tierra fofa.

CAPITULO LXIII

DEL VALLE DE SALTA, COMARCA Y CALCHAQUÍ

Volviendo á proseguir nuestro camino y description de la provincia de

Tucumán, de Jujui se llega en una jornada al valle de Salta y pueblo del

mismo nombre, de españoles, muy moderno, aunque más antiguo que el de

Jujui; valle espacioso, alegre, de buenas aguas; por estar más á la

cordillera participa de algunas sierras llenas de arboleda.

El asiento es bueno y llano; es abundante de las plagas que acabamos de

decir. Poblólo el licenciado Lerma, gobernador de aquella provincia,

para freno, como lo es, de los indios de Calchaquí; danse en él todos

los árboles fructales nuestros y viñas, mucho maíz y trigo. A un lado al

Poniente le demora la provincia de Calchaquí, indios belicosos; el

vestido es como el de los Omaguacas y Chichas; los indios, con manta y

camiseta; las indias, unas camisetas largas hasta los tobillos; no hay

más vestido. Estos indios por dos veces se han llevado dos pueblos de

españoles, y esta última, habrá doce ó catorce años, por órden de don

Francisco de Toledo, el capitan Pedro de Zárate fué con sesenta hombres,

pocos más, á reducirlos; tenia allí cerca indios de encomienda, pero

alzados; fueron con él algunos vecinos de la cibdad de La Plata, que

tambien tenian allí sus repartimientos y habian servido; llegó allá,

pobló; parecióle tener poca gente para sustentarse; dividióse, saliendo

con la mitad á Tucumán á pedir favor; visto por los indios, dieron en

los otros treinta que habian quedado en el pueblo, y aunque se

defendieron bravamente, como eran pocos los mataron á todos; no se

escaparon tres á uña de caballo. Esta provincia de Calchaquí es tierra

alta; es sierra faldas de la cordillera grande deste reino del Perú, que

Norte Sur le atraviesa hasta el estrecho de Magallanes. Es rica de oro y

plata; cuando se les antoja sirven un poco de tiempo al pueblo; cuando

no, vuélvense á las armas.

Eran muchos; agora son pocos, porque las guerras civiles entre ellos los

han consumido. Llegando yo á Salta los vi allí, y un mestizo criado

entre ellos, entre otros indios con quien traian guerra. El mestizo

acaudillaba aquellos con quien se habia criado y tenia tan avasallados á

los Calchaquis, que les forzó á venir á pedir favor á Juan Ramirez de

Velasco contra el mestizo, y si se lo daban le sirvirian en Salta. Salió

Juan Ramirez con la gente que le pareció bastante, y en breve á los unos

y á los otros redujo, prendió al mestizo, trújolo á Salta, donde le vi;

no sabia nuestra lengua, porque no la habia oído; agora no sé cómo

están.

CAPITULO LXIV

DE LA CIBDAD DE ESTECO

Del valle de Salta dista la cibdad de Esteco, así llamada la tercera en

órden, de Tucumán, cincuenta leguas de buen camino carretero: es

abundante de mantenimientos y de fructas de las nuestras; en especial

las grandes son de las buenas del mundo; edificada á la ribera de un rio

grande que en verano sólo se vadea. Los vecinos estaban descontentos del

asiento, porque la madre del rio es arenisca y no pueden hacer molinos

en él, y tractaban mudarse, como dicen se han mudado, casi 25 leguas más

hacia Salta, á un asiento mucho mejor, del mismo temple y más fresco,

llamado Palca Tucumán, donde el rio Grande, como de un arroyo que

tienen á la falda de un cerro, se pueden sacar acequias y hacer molinos,

y para acabar de pacificar unos indios de aquella provincia, belicosos,

llamados Lules, es asiento mucho más cómodo; si á este asiento se han

mudado, será pueblo muy regalado, fresco y muy sano, donde para el

edificio de las casas tienen mucha madera, y el suelo no salitroso,

piedra para hacer cal y buena tierra para teja.

El un suelo y el otro es abundante de pastos, y este segundo mucho más,

y para ganados mejor qu'el de Esteco, y está veinticinco leguas más

cerca del Perú.

CAPITULO LXV

DE LA CIBDAD DE SANTIAGO DEL ESTERO

Descripción colonial, libro segundo (2/2) · 第 13 / 19 段