Los nuestros, entre los demás, cuando tenia esta desbaratada canalla á

los Oidores como presos y opresos, sin consentir se les diese de comer,

rompiendo por el escuadron entraban en las casas reales, y les llevaban

la comida en las mangas de los vestidos. Si estos traidorcillos se

declararan de todo puncto, mucho era el riesgo que se corria de perderse

el reino, porque ni por mar ni por tierra les podian hacer daño; tiene

pasos fortísimos aquella provincia para entrar en ella, los cuales

ocupados, no dejaran entrar un pájaro, y _de_ asentadero pueden derribar

á los que contra ellos fuesen, y mientras más fueran, más perdidos; por

lo cual ni el Marqués ni el General Pedro de Arana tienen que atribuirse

mucho en esta pacificacion, sino atribuirla toda á Nuestro Señor, como

lo hicieron, y á las oraciones y diciplinas de todos los conventos de la

cibdad de Los Reyes; soy testigo que en el nuestro todas las noches

despues de maitines habia oracion comun, y en la casa de novicios tres

dias en la semana tambien disciplina y oracion comun sin la que habia en

la iglesia de los padres sacerdotes, que en ella se quedaban en oracion

particular, y despues andaba la disciplina, todos suplicando á Nuestro

Señor no nos castigase con guerra civil. Nuestro Señor dió la paz, que

no se esperaba por manos solas de hombres poderse alcanzar.

Lo mismo se hacia en los demás monasterios; yo escribo lo que en el

nuestro vi, y fué la Majestad de Dios servida se apagase aquesta

centella, por hacernos á todos merced. Ganada esta paz, llana la cibdad,

castigadas las cabezas y otros que se habian desvergonzadamente

señalado, el Visorrey proveyó por corregidor y con título de capitan

general á don Diego de Portugal, caballero muy conocido y de partes muy

necesarias para aquella cibdad, mandando se viniese el General Pedro de

Arana á la cibdad de Los Reyes para hacerle merced, en nombre de Su

Majestad, por sus servicios. El cual llegando al Callao por la mar,

donde el Marqués estaba despachando contra un inglés, como luego

diremos, que ojalá llegara un mes antes, le recibió muy bien y dióle

6.000 pesos de renta por dos vidas; empero, como era muy viejo, gozólos

poco: dentro de breves meses murió. Otras sombras de rebelion hobo en el

Cuzco, de gente muy baja, que es asco tractar sus oficios, ni ponerlos

en historia: un botijero y un no sé qué más, pagaron su desvergüenza en

la horca, porque otro lugar mejor no merecian.

CAPITULO LI

EL MARQUÉS TIENE AVISO DE CHILE QUE UN PIRATA INGLÉS HA LLEGADO AQUELLA

COSTA

Acabado con tan buen subceso lo que de Quito se temia, dende á pocos

meses tuvo el Marqués aviso por un navio, despachado del puerto de

Valparaiso de Chile, que un pirata luterano inglés habia, sin se haber

descubierto en otra parte de toda aquella costa, entrado en él con un

solo navio[27] de 300 toneladas, muy fuerte y bien artillado, y una

lancha, y como entró de repente habiase hecho señor de los navios, donde

halló matalotaje bastante de vino, tocino, biscocho y otras cosas, y

luego puso bandera de paz y de rescate; rescatáronse los navios, aunque

dicen Su Majestad tiene mandado no se haga, mas entonces fué necesario,

porque si no se rescataran los quemara, y no se avisara de Chile su

entrada, como se avisó; porque en anocheciendo, el un navio alzó anclas

y velas, y cogió la delantera al enemigo y vino á dar el aviso con

tiempo.

[27] Tachado: y una lancha.

Cuando el pirata llegó al puerto de Valparaiso, en uno de los navios

estaba su piloto y maestre, llamado Alonso Bueno, casado en la ciudad de

Los Reyes, el cual al general de navio dijo (era hombre noble y

confiado): Bien sé que me has de matar; en la ciudad de Los Reyes tengo

mujer y hijos y hacienda, y debo y me deben; dame licencia para hacer

una memoria que sirva como de testamento, para se la enviar á mi mujer y

descargar mi ánima, y sepa lo que le queda á ella y á sus hijos. El

pirata se lo concedió, porque no le quiso rescatar, tomándole por piloto

para toda esta costa y la de México. Alonso Bueno, con esta licencia,

tomó tinta y papel, y escribe al Marqués dándole aviso del navio del

enemigo, cuán grande, cuán fornido, qué gente y qué piezas de

artilleria traia, y cómo le llevaba por fuerza por piloto de toda esta

costa pero que él le llevaria poco á poco, y le meteria en el Callao;

que tuviese dos navios gruesos á la punta de la isla, para que no se

pudiese huir, y á dos bergantines fuera de la isla al barlovento della,

que en viendo el navio enemigo huyesen para que el enemigo los siguiese

y se metiese en el puerto, y se lo pornia en las manos como lo venia

haciendo. Este aviso diólo secretamente en el puerto de Valparaiso al

capitan Ramir Yañez de Saravia, vecino de la ciudad de Santiago, que

allí habia venido con gente, entraba y salia en el navio enemigo, para

que con la brevedad posible en uno de los navios rescatados, en siendo

de noche, lo despachase al Visorrey del Perú, lo cual así se hizo, y el

general del navio inglés no le pidió el testamento, creyéndole; si se lo

pidiera antes de darlo, luego ahorcara á Alonso Bueno. Recíbese el

aviso, y despáchase el navio, y fué Nuestro Señor servido que no le

faltase viento y llegase muchos dias primero qu'el enemigo. Todo lo cual

sabido por el Visorrey, no le temió, antes se alegró, por esperar en

Nuestro Señor le habia de haber á las manos. Luego nombró por general de

dos galeones que habia en el puerto, muy buenos, á su cuñado don Beltran

de la Cueva; por almirante, á don Alonso de Carvajal, caballero de

hábito de Calatrava. Añadió otro navio grande y muy bueno, de quien

señaló por capitan á...[28] Manrique, y como aquel á cuyo cargo tenia

el reino, estaba apercebido de mucha municion, pólvora, balas rasas y

de cadena, bombas de fuego, mucha y muy buena artilleria, que se labra

en la ciudad tan buena como en Alemaña, piezas de cuarenta quintales y

más; fuese al puerto, en siendo avisado el luterano habia llegado á

Arica, donde no se atrevió ni á surgir; dió priesa al buen aderezo de

los navios, y en la Almiranta nombró otro capitan á...[29] de Pulgar,

hombre experto en la guerra, como el capitan Manrique. Proveyó otras

tres fragatas, que fuesen como busca ruido, y en ellas nombró sus

capitanes: en la una, á...[30] García Gorvalán, cursado mucho en la mar,

y para que si fuese necesario vinieran á dar aviso de lo que pasaba,

hizo gente _y_ pagóla; hobo muchos hidalgos y caballeros que se

ofrecieron, á su costa, ir sirviendo, y aun pagaron soldados, como fué

Luis de la Serna, regidor de Los Reyes, que por ser viejo y enfermo no

fué á servir en persona: envió cuatro soldados á su costa; y otro

vizcaino...[31] Vergara, con otros dos y su persona hizo lo mismo, á

quien el Marqués lo agradeció mucho y alabó. Pidió religiosos en los

monasterios; la obediencia me mandó fuese con un compañero, llamado fray

Bernardino de Lárraga, y fuimos en la Almiranta; en la Capitana iban dos

padres de la Compañia, por respecto del padre Hernando de Mendoza,

hermano del Marqués y cuñado del General. En el otro navio, llamado _San

Joanillo_, y por otro nombre _Nuestra Señora del Rosario_, dos

religiosos de Nuestra Señora de las Mercedes; iban en nuestro navio,

pagados, casi ochenta soldados y más de treinta hijosdalgo y caballeros

á su costa; en la capitana, otros tantos y más, y con el capitan

Manrique, fuera de los soldados, otros amigos suyos, hombres de

vergüenza, y entre ellos el capitan Baptista Gallinato. Aprestáronse los

navios muy bastantemente, y seis ó siete dias antes que partiésemos

llegó de Quito el general Pedro de Arana en la galizabra, capitan della

Joan Martinez de Leiva de Lizárraga, que despues fué en demanda del

enemigo, y llegado persuadia al Marqués le diese licencia para ir en

esta armada con su galizabra, navio menor que cualquiera de los tres, y

hacia mucha agua. Al cual, diciéndole el Marqués: ¿Cómo quieres ir, si

la galizabra hace tanta agua que de tres á tres horas da á la bomba? Al

cual respondió graciosamente: Tambien, señor, un hombre orina de tres á

tres horas, y no se muere.

[28] En blanco en el ms.

[29] En blanco en el ms.

[30] En blanco en el ms.

[31] En blanco en el ms.

Pasó esto por donaire, y no le dejaron ir.

CAPITULO LII

PARTE LA ARMADA DEL PUERTO EN BUSCA DEL ENEMIGO, AGUA ARRIBA

Con tanto y buen recado los navios, con tanta y buena gente y mejores

ganas de se ver con el enemigo, nos hicimos á la vela una tarde, y antes

el Marqués visitó los navios y prometió hacer mercedes á todos,

animándolos á que cada uno hiciese lo que debia, así al servicio de

Nuestro Señor como de nuestro Rey.

Otro dia salimos fuera de la isla y fuimos en busca del enemigo, que no

sé si fué muy acertado, por tenernos cogido el luterano y ganado el

barlovento, el cual en esta mar y en todas es la mayor parte de la

victoria, y principalmente en esta nuestra costa; porque como los navios

no sean igualmente veleros, unos suben más, otros menos, que es unos son

mejores de la bolina que otros, por lo cual no pueden ir en conserva

como cuando navegan á popa, ni se pueden socorrer los unos á los otros

tan prestos, y á veces es imposible socorrerse. Empero al Marqués

parecióle no era posible el enemigo írsenos de las manos, y pretendió

tenerle rendido antes que al paraje de Lima llegase. Nuestra Almiranta y

el pataje donde iba el capitan García Gorvalán eran los mejores veleros,

y por esta razon éramos los más delanteros. La órden que llevaba era

ésta: que no nos desabrazásemos de la tierra de diez á doce leguas, y

que á las noches fuésemos la vuelta de la mar, y de dia viniésemos la

vuelta de la tierra, que era lo cierto é conveniente. El Marqués tenia

por momentos chasquis por tierra, con aviso dónde llegaba el enemigo. El

armada seguia su derrota en busca dél. Sucede, pues, que llega el

enemigo á la playa de Chincha, y luego fué dello avisado el Marqués, el

cual despachó un barco de pescadores, con órden que no parase hasta

hallar el armada, avisando al General dónde habia llegado el cosario, y

que dos ó tres dias se habia detenido en aquella playa. Alonso Bueno

venia cumpliendo todo lo que habia escripto. Sábado, pues, víspera de

la Trinidad del año de 94, á la tarde, hallándonos un poco en alta mar,

siete leguas más abajo de donde el enemigo estaba, llega el aviso del

Marqués á la Capitana. El General disparó luego una pieza de artilleria;

llegáronse los dos navios gruesos y patajes. No sé quién le aconsejó que

mandase aquella noche le siguiesen, porque haria farol, y dió cuenta del

aviso que tenia del Marqués; hízose su mandado, y en lugar de ir la

vuelta de la mar, venimos la vuelta de tierra, con pocas velas y viento,

y con unas olas muy hinchadas que daban muestra del mucho temporal que

otro dia habiamos de tener. Cuando amaneció y volviamos la vuelta de la

mar, porque nos hallábamos no cinco leguas de tierra, descubrimos al

enemigo al barlovento de nuestra armada, á lo que decian los pilotos

cuatro leguas más arriba, el cual, como nos descubrió, preguntó á Alonso

Bueno ¿qué navios eran aquellos? Respondióle: los grandes llevan

mercaderias á Arica para Potosí; los pequeños son barcos que van por

vino y trigo á los valles que dejamos atrás; pero viendo que íbamos la

vuelta de la mar, y como en su seguimiento, él tambien dejó de venir á

popa via, y viró la vuelta de la mar á la bolina; el pataje donde iba el

capitan Gorvalán hallóse más á barlovento que ninguna otra de nuestras

velas, y tiró tras él, y le ganó el barlovento; pero como era pataje, y

sin gente ni artilleria, no se atrevia á aferrar con el enemigo, y

aunque aferrara era imposible nosotros favorecerle, digo la Almiranta,

que se halló más á barlovento que las demás velas; tras nosotros, y á

sotavento, se seguia la nao del capitan Manrique; la Capitana se halló

más metida en tierra y más á sotavento; visto al enemigo, y su lancha

delante dél, luego le comenzaron á seguir, atesando las velas todo lo

posible para alcanzarle y pelear con él conforme al órden que del

Marqués se llevaba; mas fué Nuestro Señor servido que cargó tanto el

viento, y con tanta furia, que la Capitana quebró el mástil mayor de

gavia, y no pudiendo sufrir la fuerza del esgarrón arribó á popa al

puerto; lo mismo hicieron los patajes. Es cierto que en mi vida ceñí

espada, y que viendo al enemigo y cuán lejos estaba de nosotros, y el

viento que tomaba más fuerza, que ni me alboroté, ni pareció habiamos de

venir á las manos. Nuestra nao seguia al enemigo, y en pos de nosotros

la del capitan Manrique, y atesando todo lo posible las bolinas, con la

furia del viento rómpesenos el boliche de la vela mayor de gavia, que

para tomarle y coserle se pasaron más de dos horas, y como sin vela

mayor de gavia, ni á bolina ni á popa salga ni navegue mucho el navio,

en este tiempo el navio del capitan Manrique nos cogió el barlovento, y

delante de nosotros iba navegando, cuando con una ola muy muy grande da

una cabezada el navio y hace pedazos la entena mayor, y no pudiendo

navegar, ya nuestra vela de gavia estaba cosida, fácilmente le dejamos

atrás, y nunca más le vimos hasta lunes otro dia á las diez horas. La

Almiranta, pues, sola iba siguiendo al luterano, y ganándole tierra, el

cual bien creyó habiamos de pelear; echó la barca fuera, y alijó su

navio limpiándole la cubierta; todo esto vimos, é ya que anocheció no

estábamos media legua dél, pero en anocheciendo, cerrándose la noche,

aunque seguimos un poco de tiempo nuestra derrota, viéndonos solos

amaináronse las velas y con pocas y bajas íbamos la vuelta de la mar; ya

que amaneció, ni navio de amigo, ni de enemigo, viamos. La culpa que tan

mal nos sucediese, y que un solo navio con una lancha se nos fuese no se

ha de atribuir sino á la soberbia nuestra; por ventura nos parecia

éramos poderosos contra toda Inglaterra. Tambien la echamos al que dió

el consejo que la víspera de la Trinidad, sábado, en la noche viniésemos

la vuelta de tierra; porque es así cierto que, si se hace y guarda la

órden del Marqués, y aunque no la diera se habia de guardar, que de

noche fuéramos la vuelta de la mar, de dia á la de tierra, cuando

volviéramos, el domingo de la Trinidad, sobre tierra, hallábamos al

enemigo sobre ella y el armada á barlovento dél, y era imposible

írsenos; á la mar no se podia ir, porque se la teniamos ganada; pues

habia de abordar en tierra; eso queriamos, sino que debió imaginar quien

dió el consejo que, como estábamos enmarados y no mucho, cuando llegó el

aviso del Marqués donde estaba el enemigo, si el bordo de la mar

lleváramos aquella noche, el enemigo pasara entre la tierra y nosotros,

y por ventura, ó no le viéramos á la mañana, ó no le alcanzáramos, y

otra excusa no hay; tambien es cierto que si el capitan inglés fuera

hombre de conocimiento de mar, muy á su salvo pudiera cazar á popa

contra la Almiranta, viéndola sola y sin quien la pudiera favorecer, y

si esto hace, necesariamente habiamos de huir, porque no le habiamos de

esperar con el lado descubierto á la bolina, para que en él asentara su

artilleria y nos echara á fondo. Nuestro navio era imposible poder

disparar contra él, porque las escotillas del artilleria estaban

calafeteadas, y cuando no lo estuvieran, no nos podiamos aprovechar

dellas, por el barlovento, por no estar muy altas, y no se poder hacer

punteria; por el sotavento menos, por ir debajo del agua, sino qu'el

enemigo, conociendo no le podiamos esperar, no quiso acometernos, y la

mar andaba tan alta, que ni los de barlovento ni los de sotavento se

podian aprovechar de pieza ni de arcabuz, y llegados á aferrar, mejores

éramos que ellos.

CAPITULO LIII

VUÉLVESE LA ARMADA AL PUERTO

El Almirante, viéndose solo en alta mar, púsose mar al través para ver

si algun navio de los nuestros parecia, y en particular el del capitan

Manrique, el cual á hora de media dia llegó donde estábamos, á quien el

Almirante mandó no se desabrazase de nuestro navio, y habido consejo

pareció se debia ir al puerto en busca del General para seguir su órden,

y no le hallando en la mar, cuatro leguas antes de entrar en el puerto

despachó el Almirante á un criado suyo con el maestre del navio, llamado

Andrés Gomez, dándole relacion de lo que pasaba, y no entraria en el

puerto hasta ver su mandamiento, porque no sabia del General; recebido

este despacho, el Marqués le mandó se volviese al puerto, y dentro de

tres dias se aderezase y proveyese de todo lo necesario, y con título de

General, con el navio del capitan Manrique, se partiese luego y siguiese

al enemigo hasta Inglaterra, y la conducta de capitan general se la

enviaria al puerto. Con este recado nos volvimos al puerto, á donde aun

no habia entrado la Capitana, no poco tristes, porque á seis velas se

nos habia el enemigo ido; la culpa ya dije fueron nuestros pecados y

soberbia, y el que aconsejó aquella noche viniésemos el bordo de tierra;

no la tiene el General, porque no sabe de bordos de mar ni de tierra, ni

marear velas; sabe gobernar un ejército entero, sabe pelear y mandar

pelear, y sabe acudir á la sangre ilustrísima de donde desciende. Porque

pasó así: recebida por el Almirante la respuesta del Marqués, me enseñó

la carta y le dice: Señor, esto no habrá efecto, porque el General no

desembarcará en tierra hasta verse con el enemigo y traerlo rendido, ó

morir en la demanda, y cuando el Marqués le quitare el cargo, irá por

soldado, porque á su ser y honra no le conviene otra cosa; y así fué,

porque surto en el puerto y sabido lo que el Marqués proveia, no quiso

salir del navio, sino fué un domingo á oir misa, y luego se volvió á

embarcar, y finalmente, viendo el Marqués que el General no queria dejar

de ir en busca del enemigo con el oficio, ó como soldado, le mandó

seguir al luterano tomando la nao Almiranta por capitana, y á la

galizabra por Almiranta, en que se embarcase el Almirante. El cual

pareciéndole se le hacia agravio, porque la galizabra es navio pequeño,

y apenas cabian en él sus hijos, que llevaba dos mancebos de buenas

esperanzas y pensamientos, como lo mostraron visto el enemigo, ni sus

criados, pidió le diesen la Capitana en que meterse, la cual á su costa

aderezaria, pues el daño no era tanto ni de tantos dias, donde serviria

como lo habia hecho, y habria lugar para su casa y criados y los demás

hijosdalgo y caballeros que se le habian allegado; en esto se pasaron

algunos dias, pocos, y no concediéndosele lo que pedia, pareció no

satisfacia á su honra, y se le agraviaba (y si era agravio ó no, no es

de mio juzgarlo), se quedó y con él los caballeros y hijosdalgo que á su

mesa sustentaba muy cumplidamente, y los religiosos que con él íbamos

tambien nos quedamos.

CAPITULO LIV

EL MARQUÉS DESPACHA SEGUNDA VEZ EN SEGUIMIENTO DEL ENEMIGO

Excusándose don Alonso de Carvajal porque no le daban, ó su navio, ó la

Capitana, como habemos dicho, el Marqués nombró por almirante á Lorenzo

de Heredia, hijodalgo, nacido en la cibdad de Huánuco, hombre de brio y

buenas partes, dándole la galizabra, y en ella por capitan al mismo que

la ha traido y nombramos arriba, gran enemigo de ingleses, sin temor

alguno dellos, por haberse visto muchas veces en la mar del Norte y

peleado con ellos, y haber hecho muchas y muy buenas suertes, que á esta

sazon ya tenia dado á la galizabra y tomádole el agua, donde se metieron

los soldados necesarios; el General, con la brevedad posible, con solos

dos navios muy bien aderezados y con soldados pagados; de los demás

caballeros hijosdalgo que la primera vez á su costa fueron, pocos ó

ningunos admitió; partió del puerto del Callao, y llegando á la playa de

Trujillo halla allí al piloto Alonso Bueno, que unos dicen el enemigo le

echó en tierra, otros que de noche se lanzó á la mar, y nadando se

escapó; recibiólo el General en la Capitana, y fuese con él; llegó al

cabo de San Francisco, ó un poco más abajo, antes que el enemigo

atravesase para Tierra Firme; descubriéndolo la galizabra aferró con él,

y la Capitana, queriendo darla favor, aferró tambien con la galizabra y

la nao enemiga; peleó valientemente con los enemigos, de los cuales

murieron más que los nuestros, y desaferrándose pelearon hasta que la

noche los despartió, á cañonazos; los ingleses se espantaban viendo cuán

buen artilleria era la nuestra, porque les pasaban de claro en claro el

navio.

Otro dia de mañana tornan los nuestros á ver al enemigo (que fué necio,

conociendo la ventaja de nuestra parte, aquella noche no mudar derrota y

escaparse); torna la galizabra aferrar con él y á pelear, pero

desaferrándose la nao enemiga dispara una pieza de artilleria y da con

el mástil mayor de nuestra galizabra en el agua; luego tocóle un clarin

como cantando victoria; mas nuestro capitan Leiva de Lizárraga no por

eso desmayó, y llegándosele el General le dijo se recogiese á un puerto

allí cercano, para se reparar; respondió no tenia necesidad, porque con

medio mástil seguiría al enemigo, y le rendiria, y replicándole el

General que con qué velas, dijo: de las orejas mías haré velas para

seguirle; llegó la noche y despartiéronse; otro dia de mañana tornan á

ver al enemigo, al cual ya faltaba la gente, porque viendo los nuestros

que las velas aquella noche no las habian renovado ni cosido, que

estaban hechas arneros de las balas de nuestra artilleria, conocieron

que ya no tenia gente y le habian muerto mucha; con esto vanse nuestros

navios para el enemigo, y quiso Dios que disparando la galizabra una

pieza da en la triza de la vela mayor y échala en el suelo; de la

Capitana se dispara otra, que se llevó tres ó cuatro soldados,

apercebidos para en aferrando ponerse fuego y quemarse á ellos y á los

nuestros. Entonces el cosario inglés levantó una banderilla en que

confesó rendirse; entraron los nuestros dentro, saquearon lo que

pudieron y alegres con la victoria, preso y rendido el enemigo, fuese á

Tierra Firme al puerto de Panamá, á donde rehizo las quiebras de los

navios. Subcedió esta victoria dia de Nuestra Señora de la Visitacion, 2

de Julio del año de 94, como dijimos; luego despachó el General un

caballero de los criados del Marqués con la nueva de la victoria; llegó

á Los Reyes en breve, porque saltando en tierra, y caminando de dia y de

noche, mudando caballos, _fué_ en menos de 25 dias, á las 10 de la

noche. El Marqués á aquella hora avisó á la iglesia mayor y monasterios

repicasen las campanas, y saliendo de su casa, acompañado de toda la

cibdad, á caballo, anduvo las estaciones por los monasterios dando

gracias á Nuestro Señor por la victoria, y tan á poca costa de los

nuestros.

Todo lo referido vi en una carta quel padre presentado fray Tomás de

Heredia me escribió, sacada de otra que su hermano el almirante Lorenzo

de Heredia le escribió de Tierra Firme.

Gobernó el Marqués seis años estos reinos, sin que le subcediese cosa

mal en que pusiese las manos, enviando cada año mucha plata á Su

Majestad más que ningun Virrey antecesor suyo, porque sacó mucha de la

composición de las tierras y heredades que los españoles poseian, para

que se les quedasen fijas y perpétuas, sin que dende en adelante hobiese

pleito sobre ellas; vendió otras muchas que estaban yermas por no haber

herederos algunos, particularmente en los Llanos. La cibdad de Los Reyes

estuvo abundantísima de pan y demás mantenimientos, y las cosas todas

puestas en mucho órden y concierto, sin que en todos estos seis años

sucediese en el reino disparate digno de memoria, si no fué el de Quito,

que largamente habemos referido. A su importunacion Su Majestad le hizo

merced mandarle ir á su marquesado, porque estando acá le heredó,

dejando en el gobierno deste reino al Visorrey don Luis de Velasco,

caballero del hábito de Santiago, que gobernaba los reinos de México, el

cual agora con mucha rectitud y cristiandad nos gobierna.

CAPITULO LV

DE LA JORNADA Y DESCUBRIMIENTO QUE HIZO EL ADELANTADO ALVARO DE AMENDAÑA

Descripción colonial, libro segundo (2/2) · 第 11 / 19 段