[282] Los Titanes eran hijos de Titán; hermano primogénito de Cronos,

a quien cedió el reino del cielo con la condición de no criar hijo

varón alguno; y como no cumpliera su palabra, se sublevaron contra

él los Titanes, batallando entre sí los dioses, y siendo vencidos

los Titanes. Después los Gigantes, parientes próximos de los

Titanes, guerrearon también contra Zeus, para vengar a los Titanes y

despojarle del cetro, en cuya lucha tomaron parte Heracles y otros

dioses, entre ellos Atenea. Esto estaba representado en el rico y

artístico peplo de Palas, que se sacaba en procesión en Atenas, a lo

cual alude Eurípides.

[283] Melicertes, hijo de Atamante y de Ino, huyendo con su madre

de su padre, se precipitó en la mar. Fue transformado en una deidad

marina bajo el nombre de Palemón. Ino, numen también marino como su

hijo, fue llamada Leucótoe.

[284] Nereo, dios marino, esposo de Doris y padre de las nereidas,

ninfas del mar, habitaba en el mar Egeo.

[285] Viento de Zeus, favorable a sus deseos.

[286] Eurípides dice aquí que Clitemnestra no acompañó a Ifigenia a

Áulide, y lo contrario en la _Ifigenia en Áulide_.

[287] Adviértase que el poeta no afirma que sea necia Artemisa, ni

ignorantes los dioses que se regalaron con las carnes de Pélope, el

hijo de Tántalo, sin conocerlo, a pesar de ser dioses, sino solo que

esas invenciones y patrañas son obra de los hombres.

[288] Ío, hija del río Ínaco, amada por Zeus, que la transformó en

vaca para librarla de los celos de Hera. Guardada y vigilada por

Argos, el de los cien ojos, le fue robada por Hermes, que lo durmió

con sus artes, y picada después por un tábano, enviado también por

la celosa cónyuge de Zeus, que la obligó a emprender esas carreras

furiosas a que alude Eurípides.

[289] Eurotas, río de Esparta, y Dirce, fuente famosa inmediata a

Tebas.

[290] Los peñascos que se juntan son las Simplégades o Cianeas, y

los escollos Fineos, otros peñascos peligrosos inmediatos, y Leuca o

Léucade, una isla cerca de la desembocadura del Danubio, en donde se

suponía que habitaba Aquiles con su madre Tetis.

[291] Argos y Micenas estaban muy próximas.

[292] Ciudad que se hallaba en el golfo del mismo nombre, a unos 40

kilómetros al sur de Corinto. Era el puerto de Argos.

[293] Quiere decir Ifigenia que, a pesar de lo extraordinario y

elevado de su himeneo, cuidó su madre de no faltar a la costumbre

admitida en tales casos en su patria.

[294] Enómao, rey de Pisa, en la Élide, prometió dar su hija

Hipodamía por esposa al que lo venciese en la carrera de las

cuadrigas. Pélope lo venció, y habiéndose negado a cumplir su

promesa, lo mató y se casó con ella.

[295] Últimos no quiere decir que son los dos únicos Atridas

que quedan, sino que ellos dos y Electra pertenecen a la última

generación de esta estirpe.

[296] Llamábase Anaxibia esta hermana de Menelao y Agamenón.

[297] Por haber dado muerte a Halirrotio, hijo de Poseidón.

[298] El congio era una medida de capacidad para líquidos que

contenía algo más de tres litros.

[299] Alcíone, hija de Eolo y esposa de Ceix, rey de Traquinia, se

precipitó en la mar al morir su marido, y fue transformada en el ave

llamada martín pescador. Es pájaro triste y solitario.

[300] Porque no puede volar a Grecia, y lo desea como las aves.

[301] Lucina, invocación de Artemisa, por asistir a los partos.

[302] El Cinto era un monte de la isla de Delos, en el Εgeo, en donde

Leto, hija de Titán y amada por Zeus, dio a luz a Apolo y a Artemisa.

[303] Por haberse recostado en su tronco durante su parto.

[304] Estos cantos del coro son notables por su mérito, y en

particular la antístrofa última, de un sentimiento profundo. Hay

que recordar esa bárbara costumbre de la antigüedad, que autorizaba

al vencedor a disponer a su arbitrio de los bienes y vidas de

sus prisioneros, en virtud de la cual ciudades enteras con todos

sus habitantes eran asesinados en parte, si para nada servían o

podían ofender, y vendidos los restantes como esclavos. Nótese la

insistencia con que, así Ifigenia como las mujeres del coro, aluden

sin cesar al matrimonio.

[305] Castalia, fuente inmediata al altar de Apolo, en Delfos,

y centro de la Tierra, por cuya razón le llamaban los gentiles

_umbilicus terrae_.

[306] La costa Caristia estaba enfrente de Hales, en la parte

meridional de la Eubea.

[307] Estas últimas palabras las dice el coro en nombre del poeta.

[308] Este celebérrimo río, llamado también antiguamente Tritón,

Melas y Siris, nace al sur de Darfour, en los montes Al-Kamar, y

corre primero bajo el nombre de río Blanco al este y noroeste,

dirigiéndose después al Norte y aumentando sus aguas con las del

Maleg, el río Azul y el Tacazzé o Albarah, y riega el Donga, el país

de los Chelouks, el Denka, el Dar-el-Aïze y el Kordofan; toma aquí

el nombre de Nilo, y atraviesa la Abisinia y la Nubia, y llega al

Egipto, en donde corre de sur a norte, dividiéndose en dos brazos

que se subdividen en siete bocas, que forman los deltas. Desbórdase

poco en el alto Egipto, no así en el medio y bajo, cuyas tierras

fecunda con su cieno. Su curso es de 5500 kilómetros. Las fuentes no

se han descubierto hasta el año de 1846. Diodoro de Sicilia atribuye

a Anaxágoras, el maestro de Eurípides, esta opinión que expresa

Helena acerca de las causas de sus periódicas inundaciones. Esquilo,

en _Las Suplicantes_, verso 560, llama a las llanuras regadas por

el Nilo λειμῶνα χιονόβοσκον, pradera fecundada por el derretimiento

de las nieves. Pomponio Mela dice también, I, c. 9: _Crescit porro

Nilus, sive quod solutæ magnis æstibus nives ex commmunibus Æthiopiæ

jugis, largius quam ripis excipi queant, definient_. Esta debe ser,

en efecto, una de las causas de su extraordinario crecimiento,

juntamente con las lluvias torrenciales que lo llenan en el estío.

[309] Antiguo rey de Egipto, cuyo reinado se fija en el año 1280

antes de Jesucristo.

[310] Pequeña isla inmediata a Alejandría.

[311] Hijo de Zeus y de la ninfa Egina; reinó en la isla Enopea, a la

cual dio el nombre de su madre, y fue tan sabio y justo que su padre,

después de muerto, lo nombró juez en los infiernos. Fue padre de

Telamón y de Peleo, padres, respectivamente, de Áyax y de Aquiles.

[312] Nereo, dios marino hijo de Océano y de Tetis, esposo de Doris,

padre de las nereidas, ninfas del Océano. Habitaba en el mar Egeo y,

como Proteo, disfrutaba del doble don de mudar de forma y de predecir

lo futuro. Se le representaba viejo y con la barba azul.

[313] Atenea.

[314] Monte de Troya.

[315] Paris.

[316] Aquiles.

[317] Río de la Tróade.

[318] Hijo de Telamón y de Hesíone y hermano de padre de Áyax, a

quien acompañó al sitio de Troya. A su vuelta fue desterrado por su

padre, furioso al verlo sin su hermano, y fundó Salamina, en Chipre.

Algunos han sostenido que fundó Cartagena, en España, y que llegó en

sus excursiones marítimas hasta el país de los galaicos.

[319] Dios de las riquezas y de las minas de metales preciosos, hijo

de Yasión y de Deméter. Habitaba en los infiernos, y se le representa

ciego y con una bolsa en la mano, para indicar que la fortuna hace

rico de ordinario a quien menos lo merece.

[320] Véase el _Áyax Furioso_ de Sófocles, en donde se representa

detalladamente todo esto que cuenta Teucro.

[321] Testio, rey de la Etolia, hijo de Agénor o de Ares, y padre de

Plexipo y Toxeo y de Altea, Leda o Hipermnestra.

[322] Helena era hija de Zeus y de Leda.

[323] Los Dioscuros, Cástor y Pólux.

[324] Hubo dos Salaminas: una era cierta isla del mar Egeo, en el

golfo Sarónico, a 4 kilómetros de la costa del Ática, en donde

reinaba Telamón, el padre de Teucro, y la otra una ciudad de la costa

oriental de la isla de Chipre, fundada por Teucro, que le dio el

nombre de su patria.

[325] Divinidades marinas, hijas de Aqueloo, de melodiosa voz,

que atraían a los navegantes con sus cantos, y los obligaban a

precipitarse en la mar y ahogarse.

[326] Ya en otro lugar hemos indicado la diferencia que había entre

la flauta líbica y la siringa, compuesta la una ordinariamente de un

solo cañón, y la otra de varios desiguales.

[327] Ninfas de ríos y fuentes, que se representaban coronadas de

hojas de cañas y recostadas sobre un cántaro que derrama agua.

[328] Calcieco, de nicho o templete de bronce, como la de Esparta.

[329] Todos los arqueólogos saben que los griegos no solo pintaban

las estatuas, sino sus templos y más notables edificios.

[330] Es muy bueno esto de las ocultas señales, en cuya virtud

Menelao podría reconocer a Helena. Es tan natural, tan sencillo,

tan infantil, que excita nuestra involuntaria sonrisa, y no solo

lo perdonamos, sino que sentiríamos no verlo escrito. La poesía

griega puede compararse a esos valles de los montes en donde crecen

confundidos flores, arbustos y árboles sin orden ni concierto,

pero formando un todo encantador y risueño, porque vemos en ellos

la mano de Dios sola, la vida inagotable de la Naturaleza; parte

de la moderna se asemeja a esos jardines simétricos en donde todo

es regular y ordenado, con sus cuadros geométricos, sus árboles en

fila, sus fuentes en los ángulos o el centro; en fin, todo prosaico,

artificial y frío.

[331] Calisto, hija de Licaón, seducida por Zeus, transformado en la

diosa Artemisa para lograr su amoroso intento. Hera la convirtió en

osa, no en leona, como dice Eurípides más abajo, y Zeus la trasladó

al cielo con su hijo Arcas, en donde fueron conocidos con los nombres

de la Osa grande y pequeña.

[332] Poco se sabe de esta Cos, citada por Helena sin nombrarla.

Estéfano, en su obra sobre las ciudades, dice así: Κίος δὲ ἀπὸ Κῶ,

ᾕτις Μέροπος γηγενοὺς θυγάτηρ. «Cos (la isla del Egeo, patria de

Hipócrates, Epicarmo y Apeles), llamada así de Cos, hija de Mérope».

Higino, _Astron._, 16, dice que este Mérope fue rey de la isla de

Cos, cuyo nombre viene del de su hija. Parece que Mérope contrajo

himeneo con una ninfa llamada Etemea, castigada a flechazos por

Artemisa, furiosa al contemplar el desprecio con que la trataba.

Perséfone, sin embargo, la arrastró a los infiernos todavía con vida.

Así es de presumir que algunos, como hace aquí Eurípides, atribuyen a

una hija de Mérope lo que otros cuentan de su esposa.

[333] Véase el _Orestes_, en donde se refiere todo esto que dice

Menelao.

[334] Ya en otra ocasión hemos recordado las burlas de Aristófanes

acerca de los harapos que suelen cubrir a los héroes de Eurípides.

Los de Sófocles y Esquilo excitan el terror y la compasión, no por

estos accesorios externos, sino por su especial situación trágica.

Sin embargo, no puede negarse que ahora, al menos, están justificados.

[335] El amor de Teoclímeno a Helena.

[336] No deja de ser dramática la situación de Menelao que, habiendo

dejado a Helena en poder de sus compañeros, oye de los labios de la

vieja portera tan extrañas nuevas. Sus dudas y reflexiones son tan

naturales que no pueden menos de excitar nuestro interés. Tantas

casualidades no son creíbles, y por eso excitan hasta ese punto su

extrañeza; pero como su situación no es a propósito para perder el

tiempo analizándolas, las deja para mejor ocasión.

[337] Parecía lo natural que Menelao, al encontrar inesperadamente

a Helena a quien había dejado oculta en la cueva, creyese que de

cualquier modo había salido de ella y estaba allí como él, pues el

mismo tiempo necesitaban uno y otro para llegar a aquel paraje. Un

marido de nuestros tiempos se hubiera apoderado de ella y la hubiese

arrastrado a la cueva para compararlas y desvanecer sus dudas;

pero Menelao, seguro de que no la dejarían escapar sus compañeros,

dominado de mil supersticiones, desconfiando de todo después de haber

sufrido tantas desdichas, y viéndola correr hacia el sepulcro de

Proteo como hacia un edificio conocido y hablar con el Coro como con

antiguos amigos, vacila, y no sabe qué pensar ni qué hacer.

[338] Hera fue siempre celosa, vengativa y cruel, y no pudo perdonar

la injuria que le hizo Paris, dando a Afrodita la palma de la belleza

en los bosques de Ida. Con este objeto supone Eurípides que solo

dejó al hijo de Príamo una vana sombra, alterando a su capricho

la tradición y atribuyendo a una de las deidades principales del

Olimpo tan bárbara venganza, puesto que por un fantasma aéreo y para

satisfacer su rencorosa pasión, causó la muerte de tantos griegos y

troyanos.

[339] El texto griego dice terminantemente: πικρὰς ἐς ἀρχὰς

βαίνεις. Esta locución, muy común en la lengua helénica, es natural

en un pueblo acostumbrado a oír frecuentemente a sus oradores y

familiarizado con los términos de la Retórica. Otras muchas frases

revelan también que era una ciudad marítima y mercantil.

[340] Los personajes de Eurípides, siempre que hablan del lecho,

dan a entender lo que media realmente, esto es, que estaban a

considerable altura, hasta el extremo de que para llegar a ellos

se hacía uso de una escalera (_gradus_) o de un taburete alto

(_scamnum_). Venían a ser una especie de sofás muy grandes, con una

elevación en la cabecera y a veces otra en los pies (ἀνακλιντήριον)

y un respaldo en uno de los lados, mientras que el otro (_sponda_)

dejaba franca la entrada. Fuertes fajas (_fascias, restes,

institae_), sujetas en el catre, sostenían un colchón bien relleno

(_torus, culcita_) con un travesero y una almohada (_cubital,

cervical_).

[341] Hermes, mensajero de los dioses.

[342] Como este mensajero es un esclavo, no osa, sin permiso de su

dueño Menelao, tomar parte en el diálogo de ambos esposos, y solo

cuando este le da licencia para ello se atreve a hablar con sus

dueños.

[343] Famoso adivino, hijo de Téstor, que acompañó a los griegos a su

expedición a Troya y predijo que duraría diez años, y que la flota

que conducía a los guerreros no saldría del puerto de Áulide hasta

que Agamenón sacrificase a su hija Ifigenia en el altar de Artemisa.

Homero dice que murió de despecho, vencido por el adivino Mopso.

[344] Heleno, otro adivino hijo de Príamo, a quien cautivó Odiseo en

la guerra de Troya, y después de tomada fue hecho esclavo de Pirro,

cuya amistad se granjeó prestándole importantes servicios. Pirro le

cedió su esposa Andrómaca, y al morir, parte de sus estados.

[345] Esta diatriba contra el arte de las adivinaciones, aunque

conforme con nuestras ideas, no deja de ser un rasgo inaudito de

irreligiosa osadía, tratándose de un griego de la antigüedad.

Justamente, uno de los lazos comunes que unía a los distintos pueblos

de la Grecia era esta creencia en los oráculos, y la veneración que

se profesaba a algunos, como al de Apolo en Delfos, asilo sacrosanto

en tiempo de disturbios, a cuyo lustre contribuían con sus dones

todas las ciudades helénicas.

[346] Esta tempestad de que habla Menelao es la que promovió Poseidón

a ruego de Atenea, para vengarla de la profanación de su templo por

Áyax, de todo lo cual hacemos mención en _Las Troyanas_, verso 77 y

siguientes.

[347] Nauplio, rey de la Eubea y padre de Palamedes, que pereció

apedreado en el campamento de los griegos junto a Troya, por engaño

de Odiseo, se vengó de sus enemigos encendiendo hogueras en el

promontorio Cafereo, y atrayendo hacia él a los vencedores de Ilión,

cuyas naves se estrellaron casi todas en los escollos.

[348] Creta, a consecuencia de los amores de Pasífae, de la

expedición de Teseo y de la muerte de Minotauro era para los griegos

una isla novelesca.

[349] Hallábanse estas grutas, en las cuales Perseo cortó la cabeza

de la Gorgona, en la parte occidental del delta del Nilo.

[350] Las frases pronunciadas antes por la vieja portera del palacio

de Proteo, cuando Menelao se llega a él pidiendo hospitalidad.

Recuerda lo que le ha dicho del odio que su señor profesa a los

griegos y sus noticias sobre Helena, la hija de Zeus, incomprensibles

entonces pera él.

[351] Ejemplos innumerables que hemos visto en otras tragedias nos

enseñan que entre los antiguos griegos los altares de los dioses

servían de asilo a los criminales y desdichados, y como Menelao solo

ve un sepulcro, no un templo ni un altar, extraña esta costumbre de

los egipcios, distinta de la de sus compatriotas. Sin más explicación

se comprende fácilmente que Helena, expuesta a los ardores amorosos

de Teoclímeno, cuidase de dormir de noche en el sepulcro, no en el

palacio de su amante desdeñado.

[352] Teónoe, de θεός, dios, y νοῦς, entendimiento.

[353] Neleo, hijo de Poseidón y de Tiro, y hermano de Pelias, a quien

ayudó a usurpar el cetro de Yolco, que empuñaba Esón; desterrado

después por el usurpador, fundó Pilos y Mesenia, y se casó con

Cloris, de quien tuvo doce hijos, y a Néstor entre ellos. Se atrevió

a pelear con Heracles, y murió a sus manos con casi todos sus hijos,

excepto Néstor. Neleo fue uno de los argonautas. Su hijo y sucesor,

de quien habla Menelao, el Matusalén de los griegos, asistió al

combate de los centauros y los lapitas, y capitaneó a pilios y

mesenios en el sitio de Troya, en donde perdió a su hijo Antíloco.

Néstor, como hemos dicho, era tan viejo que, según Homero, contaba

tres edades de hombre, y fue también muy famoso por su sabiduría y su

elocuencia.

[354] Desde los tiempos más remotos fueron mirados los egipcios

por los demás gentiles, sobre todo por los griegos, como un pueblo

excesivamente religioso, fanático y supersticioso, y su país como

la patria natural de prodigios y portentosas maravillas. Recuérdese

también que entre los idólatras la purificación corporal era signo

de la espiritual, y consecuente con esta creencia la divina Teónoe,

purifica la atmósfera que respira y la tierra que pisa con el fuego,

el azufre y la resina.

[355] Curiosas son en extremo estas razones de alta política

que mueven a las diosas Hera y Afrodita, atentas a que no sufra

menoscabo entre los mortales la idea que tienen de su poder. La

vanidad mujeril, que así reinaba entre los griegos en el cielo como

en la tierra, excitan a cada una a favorecer o dañar a Helena y

Menelao; y aunque Artemisa a la conclusión del _Hipólito_ diga que

está prohibido a los dioses usurpar lo que a otros corresponde, ni

intervenir en sus asuntos particulares, ocurría sin duda a veces

que chocaban sus intereses, y en este caso no había otro recurso

que celebrar solemnes consejos, en los cuales se resolvían tan

importantes cuestiones.

[356] Algo crítica es la situación de Teónoe, porque en último caso

probará que ella, simple mortal, si favorece a Menelao y a Helena,

es más justa y filantrópica que la misma Afrodita, lo cual no habla

muy alto en favor de su piedad para con una divinidad injusta.

Obsérvese la tendencia irreligiosa de Eurípides, siempre dispuesto a

rebajar a los dioses y a ensalzar a los hombres a costa de aquellos,

pues dentro de poco Teónoe demostrará con su conducta que, fiel a

la memoria y a la voluntad de su padre, despreciando las iras de su

hermano y de Afrodita, se declara sin rebozo por lo que cree justo y

humano.

[357] Seguramente no será necesario llamar la atención de los

lectores hacia la castiza y natural belleza de los dos discursos que

pronuncian Helena y Menelao. Nutridos de sólidas razones, llenos de

espontáneos y sencillos afectos y apropiados a la aflictiva situación

en que ambos se encuentran, prueban una vez más el indispensable

talento dramático de Eurípides, siempre que no lo extravíe el

filosofismo, su amor a la novedad, su afán inmoderado de distinguirse

de los demás poetas, y como consecuencia de todo esto, las radicales

alteraciones que hace sufrir a las fábulas mitológicas tradicionales,

al carácter de los personajes que intervienen en ellas, consagrado

por los siglos, y a los dioses que forman en los negocios humanos, a

imitación de lo que sucede en _La Ilíada_, una parte tan activa.

[358] El de profetizar, de que se ha hablado antes.

[359] Estas opiniones filosóficas de Eurípides, que expone en

distintos pasajes de sus tragedias, provienen sin duda de su maestro

Anaxágoras, y no dejan de ser curiosas. En su concepto, el cuerpo,

formado de tierra, vuelve a ella después de la muerte, y el alma,

emanación del Éter, torna también a él. Acaso los griegos, dotados

de singular perspicacia para penetrar en los arcanos psicológicos,

hubieron de conocer el problema, que aún no ha resuelto la ciencia

en nuestros días, abandonada a sí misma, esto es, el de la unión del

alma y del cuerpo, espíritu simple la primera y materia compuesta

el segundo. La Filosofía hasta ahora se limita a consignar el hecho

de esta unión, pero no lo explica ni probablemente podrá explicarlo

nunca.

[360] Aquí respira de nuevo la animosidad de Eurípides contra el

bello sexo.

[361] Fácilmente recordarán los lectores que la palabra cenotafio (de

κενοτάφιον, _sepulcro vacío_) de que usa antes Helena, indica con

claridad que Menelao no ha de ser sepultado en él, sino que se le va

a erigir en el supuesto de que ha perecido en la mar, llevándose esta

su cadáver. Menelao representará ante Teoclímeno el papel de náufrago

compañero de aquel héroe, que se ha salvado con trabajo. Recuérdese

también que en casi todas las tragedias de Eurípides las mujeres

son de ordinario las que urden estos astutos artificios, como en la

_Hécuba_, para mutilar a Poliméstor, y en la _Electra_, para vengarse

de Menelao.

[362] Alusión al falaz faro encendido por Nauplio para vengarse de

los griegos, de que ya hemos hablado más arriba.

[363] Justa y terrible acusación que Eurípides lanza contra los

dioses del gentilismo, aunque más propias del filósofo que enseña

que del poeta, intérprete de la tradición y de las creencias de sus

mayores. La verdad es que el Olimpo con sus númenes, víctima de

pasiones humanas y personificación antropomórfica de la sencilla

religión de un pueblo primitivo y no alumbrado por la luz de la

revelación, era ya en tiempo de Eurípides poética ficción, tan

desnuda de verosimilitud como opuesta a la razón filosófica.

[364] Sabido es que los antiguos cazadores usaban de una red grande

y muy fuerte (_longo meantia retia tractu. Nemes Cyneg._, 300), con

la cual, antes de comenzar la batida, rodeaban vasta extensión de los

montes para impedir que la caza se dispersase en la llanura.

[365] Helena, con refinada astucia, llama señor a Teoclímeno, cual

si fuera su esposo, dejándole entrever que ya consiente en su nuevo

himeneo.

[366] Fácilmente apreciarán los lectores la finísima ironía que

respiran estas palabras de Helena, comprensibles en sus dos sentidos

solo para los espectadores, no para Teoclímeno, ignorante de todo lo

ocurrido.

[367] Recuérdese lo que antes hemos dicho repetidas veces acercado la

importancia que daban los griegos a la sepultura.

[368] Esta es la principal razón que da Helena a Teoclímeno para

convencerle de la verdad de su aserto, pues no es fácil suponer que

su propia hermana se uniese con dos extranjeros, como eran Menelao y

Helena, para engañar a su hermano.

[369] La pregunta de Teoclímeno retrata fielmente la pasión amorosa

del hijo de Proteo, que si finge en un principio participar del

dolor de su amada, y casi parece olvidarse de su amor, aprovecha sin

embargo la primera coyuntura favorable para enterarse de lo que más

interesa a la satisfacción de sus deseos.

[370] El texto original dice: κενοῖσι θάπτειν ἐν πέπλων ὑφάσμασιν,

porque el peplo no envolvía al cadáver, como se acostumbraba en tales

casos.

[371] Jenofonte en su _Cirop._, VIII, 3, 24, dice así: Ἐπεὶ δὲ

ἀφίκοντο πρὸς τὰ τεμένη, ἔθυσαν τῷ Διὶ, καὶ ὡλοκαύτωσαν τοὺς ταύρους·

ἔπειτα τῷ Ἡλίῳ, καὶ ὡλοκαύτωσαν τοὺς ἵππους. «Habiendo llegado

después a los templos, sacrificaron a Zeus, consumiendo las llamas

toros enteros; luego sacrificaron al sol, y el fuego devoró entonces

por completo _a los caballos_ que se inmolaron». Se ve, pues, que

entre los persas, prototipo de los bárbaros para los griegos, se

sacrificaban caballos a los dioses.

Obras dramáticas de Eurípides (2 de 3) · 第 22 / 23 段