claramente en esta crítica que hace de la _Electra_ de aquel poeta.
La semejanza que en ella encuentra esta heroína entre su cabello
y sus huellas con las de su hermano le bastan para afirmar su
proximidad y después reconocerlo. Pensamos, sin embargo, que no es
esto tan pueril como se supone, y que Esquilo, habiendo trazado
a valientes rasgos el carácter de Electra, doncella vehemente,
apasionada y cuya imaginación solo piensa en su padre y en Orestes,
preocupada constantemente con la idea de su venganza, crea que el
cabello y las huellas que ha visto junto al sepulcro de Agamenón
pertenecen a su hermano. De todas maneras, ni al poeta ni a la
composición conviene descender a estas críticas literarias, que
rebajan la elevación necesaria en uno y otra.
[194] Esta invención de la señal o cicatriz de Orestes no tiene el
mérito de la originalidad, porque es una imitación de la escena que
leemos en el canto XIX de _La Odisea_, cuando la nodriza de Odiseo lo
reconoce al lavarse, viendo la que le hizo el jabalí del Parnaso al
visitar este héroe a Autólico y sus hijos.
[195] La palma (φοῖνιξ, _phœnix dactylifera_) símbolo de la victoria
entre griegos y romanos, a causa de su mucha elasticidad y de la
resistencia que opone al que intenta romperla. (Aulo Gel., III, 6).
Dábase como premio a los atletas y conductores de carros que vencían
a sus adversarios, como dice Horac., IV, 2: _Sive quos Elea domum
reducit palma cœlestes_; y de aquí, por extensión, a todo el que
triunfaba.
[196] Era costumbre de los griegos invitar al sacrificio a los
caminantes o extranjeros que llegaban en el momento de celebrarlo,
porque, como es sabido, los dioses solo saboreaban el humo que
despedía la carne de las víctimas, y los sacrificadores la misma
carne.
[197] Los gentiles, lo mismo que los hebreos, se purificaban con
frecuencia, sobre todo en ciertos actos solemnes, simbolizando la
pureza del alma o el deseo de adquirirla con la purificación del
cuerpo. Entre los griegos, las paridas se purificaban a los diez días
del parto, porque los nueve primeros son los de más peligro.
[198] Zeus fue padre de Tántalo, este de Pélope, Pélope de Atreo y
Atreo de Agamenón, padre de Orestes y Electra.
[199] M. Artaud recuerda a este propósito que si Pan trajo esta
cordera de vellón dorado, fue para vengar al cochero Mírtilo, a quien
Pélope precipitó en la mar, porque uno y otro eran hijos de Hermes.
Nosotros, en honor de la verdad, debemos decir que Apolodoro no hace
a Pan hijo de Hermes, sino de Zeus, y que este es el padre que le dan
los mitólogos. Dice así Apolod., _Biblioth._, cap. IV, pár. 2:
Ἀπόλλων δὲ τὴν μαντικὴν μαθὼν παρὰ Πανὸς τοῦ Διὸς καὶ Ὕβρεως
Para entender bien estos cantos del coro, es preciso recordar
nuestras notas al _Orestes_, en donde se refieren las discordias de
la casa de Pélope.
[200] Llamábase ágora, ἀγορά, la plaza pública de las ciudades
griegas. Las más bellas y regulares, sobre todo las del Asia Menor,
eran cuadradas; en la Hélade había muchas, cuya forma se ajustaba a
la configuración del suelo; pero todas estaban rodeadas de pórticos,
στοαί, compuestos de una o de dos filas de columnas, que terminaban
en un terrado. Las antiguas ágoras no tenían pórticos continuos,
sino que las atravesaban distintas calles. Tal era, entre otras,
la plaza pública de Elis, descrita por Pausanias, l. VI, c. XXIV.
En el ágora celebraba el pueblo sus asambleas; en ciertos casos,
como en Megalópolis y en Atenas, una parte de los pórticos estaba
dispuesta de tal manera que los magistrados podían administrar en
ellos justicia. Dentro se elevaban los templos de muchas deidades,
y altares y estatuas en honor de los dioses y de los ciudadanos que
habían merecido bien de la patria. Algunos pórticos estaban decorados
con pinturas, y en ese caso se llamaban _poeciles_, ποικίλια:
eran verdaderos museos llenos de retratos de hombres ilustres, o
conmemorativos de las hazañas más gloriosas de los ciudadanos. De
estos monumentos no quedan ni en la Hélade ni en el Asia Menor sino
restos incompletos. (Batissier, _Histoire de l’art monumental_, pág.
189).
[201] Amón, nombre de Zeus entre los pueblos de la Libia. Se le
representaba de ordinario con cuernos de carnero. En los desiertos
de la Libia tenía un celebérrimo templo, cuyos oráculos fueron muy
famosos. Alejandro lo visitó, y corrompiendo a los sacerdotes, fue
proclamado hijo del dios.
[202] Esto es, de Hades, el Zeus de las tinieblas, como el otro del
cielo.
[203] Tal es el terror y la ansiedad de Electra que no reconoce a
este mensajero, servidor de su hermano. Verdad es que nada tenía
de extraño, pues solo lo había visto entre otros momentos antes, y
cuando su ánimo, embargado por la alegría de ver a Orestes, no podía
fijarse mucho en él.
[204] Alfeo (hoy Rufia), río de la Élide que nacía en la Arcadia,
cerca de Megalópolis, pasaba por Herea, regaba las llanuras de
Olimpia y de Pisa y desembocaba en el mar Jónico.
[205] Salsamola, harina de cebada tostada y espolvoreada de sal que
se usaba en los sacrificios, y aun se ofrecía sola, y se esparcía
sobre las víctimas. Compárese este sacrificio con el descrito en
el _Heracles furioso_, advirtiendo que uno es propiciatorio y otro
expiatorio.
[206] Este cuchillo dórico era grande, parecido al que usan nuestros
carniceros para despedazar la carne. Hállase representado en muchos
bajorrelieves de sepulcros, sobre todo en uno bellísimo de Pompeya.
[207] Los griegos medían a veces el tiempo ateniéndose al que se
invertía en recorrer el estadio, ya por la frecuencia con que se
celebraban entre ellos estos certámenes, ya para expresar con alguna
novedad su pensamiento. Según Pausanias, la carrera a caballo del
estadio era de dos diarcos, es decir, cuatro veces su longitud.
[208] No se sabe la diferencia que había entre el cuchillo dórico y
el ftío, pero es de presumir que su distinta forma se adaptase a los
dos diversos usos a que alude el poeta, y este último debía ser más
pesado y fuerte que el primero.
[209] El Alfeo, como hemos dicho más arriba, pasaba por Olimpia, en
donde se celebraban los famosos juegos. El anacronismo es evidente,
pues los juegos comenzaron 775 años antes de Jesucristo, y la época
en que se supone ocurrir la acción cae hacia el año 1180 antes de
dicha Era.
[210] De su padre Estrofio el focidio.
[211] Este rencor inextinguible que Electra abriga contra Egisto
hasta después de muerto, es repugnante e indigno de una doncella de
su estirpe. Ni sus pasadas desdichas e intolerables agravios, ni su
espíritu de venganza debían hallar satisfacción en proferir tales
injurias contra un muerto. No obstante, el odio de la mujer, dado
cierto carácter, es profundo y vehemente hasta el delirio, como lo
probó Fulvia, la mujer de Antonio, atravesando con un punzón de oro
la lengua de Tulio.
[212] Prosigue el poeta desenvolviendo en este diálogo el carácter de
la virgen Electra, de la hija de Agamenón, descendiente de dioses, y
en verdad que es poco feliz en esta parte, porque solo nos inspira
el horror y el desprecio, y es infinitamente inferior a Esquilo, su
odiado rival. La Electra de Esquilo es una especie de Medea, dominada
como esta de un furibundo vértigo, ciega y desatentada, que asesina a
su madre en uno de sus transportes. Esta, a pesar de los esfuerzos de
Eurípides, nos parece fría, calculadora, egoísta, cruel e interesada,
y, a nuestro juicio, como dijimos en el prólogo, una criminal tan
despreciable como vulgar.
[213] Cástor y Pólux, los Dioscuros, hijos de Zeus, que eran para los
marineros paganos lo que San Telmo para los nuestros, su protector y
abogado.
[214] Ifigenia, la sacrificada en Áulide por Agamenón.
[215] Este largo discurso de Clitemnestra es ocioso e inoportuno,
porque ni la ocasión es a propósito para pronunciarlo, ni lo exige
el desarrollo del drama. Eurípides, sin embargo, a lo Voltaire, no
pierde esta coyuntura de desahogar el odio que profesa a las mujeres
y su animadversión a las tradiciones y héroes más venerandos, y
examina con la impasibilidad de un filósofo las causas a que se
atribuía el sitio de Troya y los sucesos que, como el sacrificio de
Ifigenia, le precedieron.
[216] Casandra, la inspirada hija de Príamo, que, al finalizar el
sitio de Troya, tocó en suerte a Agamenón, que la trajo consigo a
su palacio. (V. el _Agamenón_, de Esquilo, y _Las Troyanas_, de
Eurípides).
[217] Lo mismo que en _Hécuba_ esta y Poliméstor defienden su
causa ante su juez Agamenón, y en _Orestes_ él y Tindáreo ante
Menelao, así en esta tragedia Clitemnestra y Electra, madre e hija,
atacan y defienden a su esposo y padre como si se hallasen en un
juicio, lo cual prueba, o que el gusto del público había sufrido
no poco detrimento, o que el poeta, recordándoles en sus tragedias
espectáculos tomados de la vida real de los espectadores, buscaba
por este medio atraerse sus simpatías con menoscabo de su fama y sin
consideración alguna a la índole augusta y elevada de este linaje de
composiciones, que nunca debía confundirse con la comedia.
[218] Dice bien Eurípides, porque la felicidad posible en la tierra
no es hija de las riquezas ni de la nobleza, sino de la virtud y
de la modestia. Ordinariamente, los que se casan con mujeres más
ricas que ellos son esclavos, y los que lo hacen con nobles, si no
lo son ellos, tenidos en poco, y una cosa y otra motivo continuo
de disgustos. Creemos que fácilmente convendrán con nosotros los
lectores en que una de las causas principales que contribuyen a
la inmortalidad de ciertos poetas griegos y latinos es que sus
sentencias son verdaderas y útiles casi siempre, interesantes a la
vida humana y universales para todos los hombres y para todas las
épocas y países. Muchas de ellas en su tiempo pudieron tener hasta el
mérito de la novedad.
[219] Electra habla aquí irónicamente, porque sabe muy bien que no
debe temerlo habiendo muerto a manos de Orestes.
[220] Esto es, los diez días, como Electra había dicho antes.
[221] Estos grandes golpes de efecto, estas escenas perfectamente
calculadas para hacer fuerte impresión en el auditorio, son
frecuentes en las tragedias de Eurípides. Figúrense los lectores
cuáles serían los sentimientos de aquel innumerable público cuando se
abrían las puertas de la casa de Electra y dejaban ver los cadáveres
de Egisto y Clitemnestra, mientras sus hijos, presa ya de terribles
remordimientos, se abandonan a ellos, y en cantos sublimes invocan
a los dioses, expresan el horror que su propio delito les infunde y
lloran y se quejan.
[222] No se puede llevar más lejos la criminal impudencia de una
doncella. No solo anima a su hermano a cometer el matricidio, crimen
raro por lo horrible; no solo le ayuda con sus manos a perpetrarlo,
sino que se vanagloria y enorgullece de haberlo cometido, cuando
Orestes, que es un hombre, parece pesaroso de su acción. Ni aun tiene
la disculpa de pronunciar estas palabras para aminorar la culpa de su
hermano y para atenuar hasta cierto punto el delito, compartiendo con
él su responsabilidad, puesto que, a ser así, lo hubiese indicado el
poeta de otra cualquier manera.
[223] Halirrotio fue hijo de Poseidón y de la ninfa Éurite, y murió
a manos de Ares por haber violado a Alcipe, hija de este dios y de
Aglauro. Poseidón acusó a Ares, y se celebró el juicio en la colina
de Ares, y fueron doce los dioses que absolvieron al acusado.
[224] Las sentencias del Areópago fueron respetabilísimas hasta la
época de Eurípides, de general corrupción en todas las instituciones.
[225] Pausanias (_Arcad._, c. 38) y Estrabón (l. VIII, c. 8) hablan
de un célebre templo de la Arcadia consagrado a Zeus Liceo. Este
nombre de Liceo viene de λύκος, lobo, sin duda porque, abundando
estas fieras en la Arcadia, sus habitantes miraban a Zeus como su
protector contra ellas.
[226] Llamose así una ciudad poco conocida de la Arcadia. Esta misma
profecía hace Apolo en _Orestes_, v. 1013, en donde dice:
κεκλήσεται δὲ σῆς φυγῆς ἐπώνυμος
Ἀζᾶσιν Ἀρκάτιν τ᾿ Ὀρεστεία πóλις.
[227] Esta fábula forma el argumento de la _Helena_, de Eurípides.
[228] Este Proteo, distinto de su homónimo el dios marino multiforme,
fue un rey de Egipto que, según una tradición distinta de la de
Homero, tuvo a Helena en depósito en su palacio hasta que se acabó la
guerra de Troya.
[229] Región del Peloponeso, cuyos límites eran la Élide, la Arcadia,
la Sicionia, el golfo de Corinto y el mar Jónico.
[230] Parte de la Grecia antigua, entre la Beocia al E, la Etolia al
O, el mar de Eubea al NE, y rodeada de las tres Lócridas.
[231] El colono.
[232] La ciudadela de Atenas.
[233] Obsérvese el arte con que Eurípides acumula al fin de su
tragedia las escenas patéticas, que han de hacer en su auditorio más
duradera impresión. Tras la muerte de Clitemnestra y los lamentos y
quejas de sus hijos, la aparición de los Dioscuros, el destierro de
los criminales, calamidad gravísima entre los antiguos, y su tierna
separación.
[234] Áulide, ciudad ribereña de la antigua Beocia, situada frente a
Calcis, en Eubea.
[235] Euripo, estrecho que separa a la isla de Eubea del Ática y de
la Beocia, famoso por los singulares remolinos que en él producen el
flujo y el reflujo.
[236] Sirio es una estrella muy brillante que forma un ojo de la
constelación de Taurus o el Toro. No está, sin embargo, inmediata a
las Pléyades, por cuya razón hay que suponer con M. de Boissonnade
que el poeta emplea la palabra Sirio en el sentido de estrella muy
reluciente.
[237] Tindáreo, hijo de Ébalo, rey de Esparta, y esposo de Leda,
madre de Clitemnestra, mujer de Agamenón.
[238] Testio, rey de Etolia.
[239] Calcas, célebre sacrificador y adivino griego, hijo de Téstor,
que, según dice Homero, murió despechado al verse vencido en su arte
por Mopso.
[240] Taltibio, heraldo del ejército griego.
[241] Calcis, capital de la Eubea, y esta isla grande, de forma
oblonga, hoy Negroponte, en el mar Egeo, que se extendía a lo largo
de las costas del Ática, de la Beocia, de la Lócrida y de los
Melieos, desde el cabo Sunio hasta la Tesalia.
[242] Esta Aretusa, porque hay otras tres, es de la Eubea.
[243] Protesilao era rey de una parte de la Tesalia, y Palamedes,
hijo de Nauplio, rey de la Eubea e inventor del juego de ajedrez.
[244] Héroe cretense que con Idomeneo fue a Troya con las naves de
Creta.
[245] Nireo, rey de Naxos, hijo de Caropo y de Aglaya, el más hermoso
de los griegos de la expedición a Troya después de Aquiles.
[246] Quirón, centauro famoso por su sabiduría, pedagogo y maestro de
Aquiles.
[247] Eumelo, hijo de Admeto y nieto, por tanto, de Feres, padre de
Admeto, reyes de una región de Tesalia.
[248] Porque su madre Tetis era nereida.
[249] Euríalo, según _La Ilíada_.
[250] Uno de los siete sitiadores de Tebas.
[251] Teseo, personaje histórico, héroe griego y fundador de Atenas,
pero cuya vida ha llegado hasta nosotros exornada con innumerables
fábulas. Créese que floreció en el siglo XIII o XIV antes de
Jesucristo. No se sabe quién puede ser este hijo, porque en _La
Ilíada_, de donde está tomado este pasaje, no se dice nada del hijo
de Teseo.
[252] Cadmo, hijo de Agénor, rey de Fenicia, fundó a Tebas, en la
Beocia, e importó en Grecia la escritura fenicia. Sembró los dientes
de un dragón y nacieron hombres, y uno de ellos fue Leitos.
[253] La Fócida era una región de la antigua Grecia, entre la Beocia
al E, la Etolia al O, el mar de Eubea al NE y el golfo de Corinto al
S, y rodeada de las tres Lócridas. Delfos y el Parnaso estaban en su
territorio.
[254] Áyax el impío, no el de Salamina; Tronio era la capital de su
reino.
[255] Néstor, rey de Pilos y de los mesenios, hijo de Neleo y
de Cloris, héroe griego, notable por su edad avanzada y por su
prudencia. Pilos era una ciudad de la Mesenia, en frente de
Esfacteria, que desempeñó un papel importante en la guerra del
Peloponeso. El Alfeo era un río de la Élide.
[256] La Élide era una región pequeña del Peloponeso, en su parte
occidental, entre la Acaya y la Mesenia, que comprendía varios
estados insignificantes autónomos, y a Olimpia, tan célebre por sus
juegos. Todos estos personajes y pueblos no merecen aclaraciones
prolijas, que serían además superfluas e impertinentes. Otro tanto
puede decirse de los tafios, que le siguen, porque todo esto discrepa
de las tradiciones y datos autorizados preexistentes acerca de la
guerra de Troya y del ejército griego. Solo añadiremos que las islas
Equínadas estaban situadas en el golfo de Corinto, frente a la
desembocadura del Aqueloo.
[257] Parece probable, o casi seguro, que en esta larga tirada de
versos del Coro hay interpolaciones posteriores a la fecha de la
composición de esta tragedia por Eurípides, desde el Epodo, que
sigue a la primera estrofa y antístrofa, hasta su conclusión. Lo
advertimos así a los lectores, y nos fundamos para hacerlo en la
extensión innecesaria y evidentemente absurda de este pasaje, en su
inoportunidad manifiesta, en su contradicción con cuanto ha escrito
el poeta en casos análogos, en la ignorancia de las exigencias
escénicas del autor, sea el que fuere, en la impropiedad de que
esas mujeres, que, como fugitivas y avergonzadas, vieron la armada
griega, se fijaran en lo que no pudieron contemplar con detenimiento
ni tampoco interesarles, y, por último, en el fondo, en la forma
y en la exposición y los detalles. No ya Eurípides, ningún poeta
mediano se hubiera atrevido a estampar su nombre al pie de centón
semejante, prosaico y no bueno, sin orden ni concierto, plagado de
inexactitudes, y en abierta oposición con _La Ilíada_, su fuente, que
sabían de memoria los griegos, y a la que rendían todos un verdadero
culto.
[258] Esta comparación de Clitemnestra y de Ifigenia con las yeguas
y su lavado de pies en la fuente, nos chocan, desde luego, y han
chocado también antes a otros, porque algunos lo han suprimido. No
imitamos su ejemplo porque, como traductores, no estamos autorizados
para enmendar la plana al autor, diga lo que dijere, a no ser alguna
indecencia o porquería inadmisible por completo. Por otra parte, la
relación común entre los dos términos del símil es la de la mayor
libertad, y en este sentido es exacta. Además, a un niño inocente
se asemeja con frecuencia un corderillo, y hasta a algo más alto y
sagrado, un valiente a un león, un hombre sanguinario a un tigre,
etc. La consideración y el respeto que sentimos y demostramos a la
mujer influye también en nuestro desagrado, pero conviene no olvidar
que las costumbres, ideas y sentimientos de los griegos del tiempo de
Eurípides eran más sencillos y naturales que los nuestros, y que los
de la época de la guerra de Troya, en que pasa la acción, lo eran más
todavía.
[259] Estos cestos contenían las primicias que habían de ofrecerse en
los sacrificios.
[260] En señal de reconciliación.
[261] Olimpo, famoso tocador de flauta.
[262] Egina, isla y ciudad del mar Egeo, entre la Argólida y el
Ática, en el golfo Sarónico, llamada así de la ninfa del mismo
nombre, hija de Asopo, uno de los ríos helénicos.
[263] Pelión, monte de Tesalia, en Magnesia, al sur, prolongación del
Olimpo.
[264] Apídano, río de Tesalia, que nace en el monte Otris, pasaba
cerca de Farsalia y desembocaba en el Peneo.
[265] La luna llena, así entre los griegos como en otros pueblos, se
ha mirado como causa bastante para influir en la vegetación, en la
madurez de los frutos y en la procreación de los animales.
[266] Febea por haber construido Apolo sus murallas.
[267] El texto griego dice así: Δεξιᾶς ἕκατι μὴ μέλλ᾽, εἴ... Como han
sido tan diversas las versiones que se han hecho de estas palabras,
ambiguas y poco inteligibles para nosotros, sobre todo después de
conocer dichas versiones, a semejanza de lo que sucede a los jueces
después de oír a los abogados de los litigantes, y hasta se ha
llegado a dudar si la diestra en cuestión es la de Clitemnestra o del
esclavo, nos atrevemos a disentir de todos y a traducir esta frase
de otra manera. La diestra es a nuestro entender de Clitemnestra,
porque es lo más natural y sensato suponer que el esclavo, conmovido
profundamente por noticias tan aflictivas para su antiguo dueño y
la hija de este, Clitemnestra, y por la venida de la madre y de
la hija al campamento, y por otra parte deseando vivamente besar
o tocar la mano de su señora por afecto, y acaso como medio de
contar de antemano con la aquiescencia y el permiso de ella para
hablarle, diese a entender ese deseo en sus ademanes, retardando,
por consiguiente, explicarse, y que Clitemnestra, comprendiéndolo y
ansiando oírlo, pronunciase las palabras que escribimos, no opuestas
tampoco, sino conformes con la gramática y el significado del texto.
La continuación del diálogo entre la señora y el siervo parecen
continuar también nuestra opinión.
[268] El Sípilo es un monte de Lidia, en cuya cima se fundó una aldea
del mismo nombre, en donde reinó y vivió Tántalo, padre de Pélope, y
tronco de la estirpe de los Atridas.
[269] La salsamola o harina salada, la cebada sagrada, el agua
lustral y los pelos de la víctima que se arrojaban al fuego componían
las ofrendas de las sacrificios.
[270] Ínaco, fundador del reino de Argos, era un fenicio que al
frente de un ejército compuesto de pastores fenicios, egipcios y
árabes, conquistó la parte del Peloponeso llamada la Argólida, y
reinó allí sesenta años.
[271] Este Tántalo no es ni puede ser el fundador del linaje de los
Atridas, como dice uno de los traductores extranjeros de Eurípides,
a quien no nombramos, sino otro Tántalo, primo hermano de Agamenón e
hijo de Tiestes, su tío, esto es, de la misma familia de Egisto, el
amante adúltero de Clitemnestra y asesino con ella de Agamenón.
[272] Por haber soñado su madre Hécuba que daría a luz una antorcha
que abrasaría a Europa y Asia.
[273] Sísifo, hijo de Eolo y nieto de Heleno, cuya concubina,
Anticlea, fue la madre de Odiseo. Fundó a Éfira, después Corinto, e
instituyó los juegos ístmicos. Cometió grandes crímenes, y murió al
fin a manos de Teseo. Hades le concedió volver a la tierra un solo
día para hacerse enterrar, y no quiso regresar al infierno, siendo
entonces condenado a subir un peñasco a lo más alto de una roca
escarpada, desde cuya cumbre caía de nuevo en el abismo.
[274] Perseo, héroe griego, hijo de Dánae y de Zeus, que se convirtió
en lluvia de oro para poseerla. Cortó la cabeza de la gorgona Medusa,
de cuya sangre brotó el caballo Pegaso, y al fin sucedió a su abuelo
Acrisio en Argos, fundando a Micenas con murallas pelásgicas o
ciclópeas.
[275] Las llama el poeta paternales porque el sacrificio es en favor
de su padre, y por lo mismo se dice antes que Agamenón toque el ara
con su diestra, para que le sea propicio.
[276] Táuride, puerto del Quersoneso Táurico (Crimea), en donde
habitaban los tauros, pueblo escita o medio escita, que inmolaban a
su gran diosa Opis, o Artemisa Ortia, víctimas humanas.
[277] Pisa, capital de la Élide, en donde reinaron Enómao y Pélope.
[278] Estrofio era rey de la Fócida y padre de Pílades, el amigo
inseparable de Orestes, y esposo después de la misma Ifigenia.
Electra, hermana de Orestes, lo envió a la corte de Estrofio para
salvarlo de las asechanzas de su madre Clitemnestra y de su amante
adúltero Egisto.
[279] Estos dos peñascos que se besan son las Simplégades o Cianeas,
en el Bósforo, el uno en Asia y el otro en Europa.
[280] Dictina, invocación de Artemisa, cazadora, que tiende redes, de
δίκτυον, red.
[281] El texto aparece aquí tan embrollado y confuso, y la
significación de las palabras tan oscura e ininteligible, que no es
extraña, sino, al contrario, muy natural la diversidad de versiones
que se han hecho. La intención del poeta es sin duda recordar los
crímenes espantosos de la estirpe de los Atridas, raza maldita, que
inspiraron repugnancia y horror hasta a los dioses, y entre ellos
al Sol, el más impasible, cuya aversión y enojo se manifestó de dos
maneras, alejándose hacia el Sur y aumentando el frío en nuestro
hemisferio boreal, cuando comenzaron los Tantálidas y Pelópidas sus
fechorías, y ocultándose o eclipsándose cuando Tiestes robó a su
hermano Atreo el cordero de vellón de oro, cuyo poseedor había de ser
el rey de Argos, y Atreo, en venganza, dio a comer a Tiestes su mismo
hijo.