[123] Conocida es la veneración que en Grecia y Roma se mostró a

los ancianos. Aulo Gelio, II, 15, dice así: _Apud antiquissimos

Romanorum neque generi neque pecuniæ præstantior honos tribui quam

ætati solitus : majoresque natu a minoribus colebantur ad deum prope

et parentum vicem : atque in omni loco, inque omni specie honoris

priores potioresque habiti : a convivio quoque, ut scriptum est in

antiquitatibus, seniores a minoribus domum deducebantur : eumque

mores accepisse Romanos a Lacedæmoniis traditum est : apud quos

Lycurgi legibus major omnium rerum honos majori ætati habebatur._

Juvenal en la sát. XIII, 54, dice también:

_Credebant hoc grande nefas, et morte piandum,_

_Si juvenis vetulo non adsurrexerat, et si_

_Barbato cuiqumque puer, licet ipse videret,_

_Plura domi farra, et majoris glandis acerbos._

[124] Elocuente testimonio de que nada hay nuevo en la tierra, cuando

hace tantos años los revolucionarios obedecían a móviles interesados

y egoístas, como ahora sucede con frecuencia. Y, en efecto, el hombre

es siempre el mismo, y las mismas sus debilidades y pasiones.

[125] Los eruditos no están de acuerdo en este punto, y unos piensan

que Heracles fue iniciado en los misterios de Eleusis antes de bajar

a los infiernos, y otros que Eurípides, como Aristófanes en _Las

Ranas_, habla de misterios infernales. Acaso los primeros fuesen

necesarios para ser iniciados en los segundos, o que Eurípides hable

en sentido figurado.

[126] Hermíone era una ciudad edificada en la misma península en que

estaba Trecén, en la costa SE, a la falda del monte Pron. (Pausanias,

II, c. 35, pág. 191). Después dice así este autor: «Es digno de

verse el templo de Deméter, situado en la cima del Pron, construido

por Clímeno, hijo de Foroneo, y por su hermana Ctonia... Detrás del

templo hay dos explanadas, que se denominan de Hades y de Clímeno,

y después la laguna Aquerusia, cercada de un muro de piedra. En

la explanada de Clímeno hay una sima por la cual sacó Heracles al

Cancerbero, según cuentan los habitantes de Hermíone».

[127] De buen grado sonreímos observando el placer de los héroes

de la antigüedad cuando se ven libres del infierno. Natural era,

en efecto, que así sucediese, porque, entre otras cosas, eran muy

amantes del sol y de la luz, y en el palacio y en el reino de Hades

se vivía en las tinieblas.

[128] Horacio, en su _De Arte Poet._ (169-175), dice a este propósito:

_Multa senen circumveniunt incommoda, vel quod_

_Quærit, et inventis miser abstinet, ac timet uti;_

_Vel quod res omnis timide, gelideque ministrat;_

_Dilator, spe longus, iners, avidusque futuri,_

_Difficilis, querulus, laudator temporis acti_

_Se puero, censor, castigatorque minorum._

[129] Mnemósine, hija de Urano. Enamorose de ella Zeus, y de estos

amores nacieron las nueve musas, llamadas también piérides, porque

vieron la luz en el monte Piero. Mnemósine era la Memoria. Eurípides

dice en otra tragedia que la madre de las musas fue Harmonía, la

esposa de Cadmo.

[130] Delos, una de las Cícladas, en donde Leto, perseguida por mar y

tierra por la celosa Hera, dio a luz a Artemisa y Apolo. Poseidón se

apiadó de ella e hizo brotar a Delos del seno de los mares.

[131] Esta fábula del canto del cisne antes de morir, tan en boga

hace muchos siglos, es una pura ficción de los poetas, porque

nunca canta. Su voz, como la de todos los palmípedos, es áspera y

desagradable.

[132] El texto griego dice terminantemente ὄλβου κελαινὸν ἅρμα, el

negro carro de la felicidad. El epíteto κελαινόν parece impropio

a primera vista, porque debiera ser lo contrario; pero en nuestro

concepto no lo es, porque el poeta, al llamarle κελαινόν, _negro_,

_horrible_, _sombrío_, no se refiere al color o aspecto del carro

antes de romperse, sino después de roto, y ya desde entonces debe

serlo así para el que lo poseyó.

[133] Coronábanse los griegos y usaban guirnaldas de flores en

sus fiestas, danzando y cantando en coros, a semejanza de los que

formaban las ninfas y las musas. Por esta razón los ancianos invitan

a las de los parajes vecinos más famosos a compartir su alegría.

El Asopo era un río de la Beocia, hijo del Océano y de Tetis, que

tuvo veinte hijas y dos hijos; el Ismeno, otro río que corría cerca

de Tebas. Las rocas de Apolo son las de su templo de Delfos, o el

Parnaso con sus dos cumbres.

[134] Iris, hija del centauro Taumante y de Electra, mensajera de los

dioses, y especialmente de Hera, que la transformó en el arco llamado

Iris, llevándola al cielo. La Locura es un ser alegórico.

[135] La celosa Hera, perseguidora incansable de las amadas de su

celestial esposo, no ofendió a Heracles, hijo de Zeus y de Alcmena,

mientras obedeció las órdenes de Euristeo, esperando que perecería en

alguna de sus arriesgadas empresas. Ahora que se ha salvado de todas

y ganado inmensa gloria, firme en su propósito de perderlo, trama su

ruina y la de toda su estirpe.

[136] Cuando leemos estas palabras que Eurípides pone en boca de la

Locura, nos parece que asistimos a la representación de los dramas

religiosos que tan en boga estuvieron en otro tiempo. En el _Prometeo

encadenado_, de Esquilo, aparecen también la Fuerza y la Violencia.

Así es que los griegos son muy dignos de estudio, porque entre

ellos encontramos en germen todas las invenciones dramáticas de los

tiempos posteriores. Y esto que afirmamos de un género literario, es

extensivo a todos los demás, como sucede también en la Filosofía y en

la Política, pues que muchas ideas nuevas, o que pasan por tales en

ambas esferas, fueron ya conocidas entre ellos.

[137] Las Gorgonas eran hijas de Forcis y Ceto, y se llamaban Esteno,

Euríale y Medusa. Habitaban cerca del jardín de las Hespérides, y su

aspecto era tan horroroso que convertían en piedras a los que las

miraban. Perseo las mató con ayuda de Atenea, y esta, en trofeo de su

victoria, puso la cabeza de Medusa en su égida.

[138] El tímpano y el tirso eran instrumentos de que usaban los

gentiles en las fiestas de Dioniso. El primero era exactamente igual

a nuestros panderos o panderetas, adornados también con cascabeles,

y se tocaba con la mano o con un pedacito de madera. El tirso era un

palo largo en cuya extremidad se sujetaba una piña u hojas de yedra o

de parra, formando ramillete.

[139] Encélado, terrible gigante, hijo del Tártaro y de la Tierra,

vencido por Atenea en la guerra de los titanes y los dioses. Zeus lo

sepultó en las entrañas del Etna, y cuando se revuelve tiembla la

Sicilia. Es el mismo de quien nuestro Herrera dice en su oda _A don

Juan de Austria_:

Cuando con resonante

Rayo y furor del brazo impetuoso.

A Encélado arrogante

Júpiter poderoso

Despeñó airado en Etna cavernoso.

[140] Siempre que se derramaba sangre humana creían los griegos que

se manchaba el que la tocaba y el lugar en que se vertía, y, por

consiguiente, era preciso purificarlo, ya haciendo un sacrificio,

ya fumigaciones religiosas. En el primer caso, todos los asistentes

rodeaban el altar, y un esclavo, llevando el cesto donde se guardaba

el cuchillo del sacrificio, la ceniza y las coronas, daba una vuelta

alrededor, de izquierda a derecha. El sacrificador entonces imponía

silencio (en latín _favete linguis_) y, cogiendo un trozo de leña

encendido, lo sumergía en el agua lustral, y rociaba con ella a los

circunstantes. Este agua servía después a todos, y se llevaba con

el cesto y la ceniza en torno del ara. Seguía a esto la oración,

después la consagración de la víctima, poniéndole ceniza en la frente

y arrojando al fuego parte de su lana o crin, y por último, el

sacrificio.

[141] Mégara. Niso, hijo de Pandión, tenía entre sus cabellos uno

color de púrpura, de cuya existencia dependía la conservación de

su reino. Cuando Minos, rey de Creta, puso sitio a Mégara, Escila,

hija de Niso, enamorada del sitiador, cortó el cabello purpúreo de

su padre y lo dio a Minos, que se apoderó de la ciudad y desdeñó a

la traidora doncella. Los dioses convirtieron a Niso en gavilán y a

Escila en alondra.

[142] Las cuarenta y nueve hijas de Dánao, que degollaron a sus

esposos la noche de bodas. (V. _Las Fenicias_).

[143] Procne, hija de Pandión, rey de Atenas, se casó con Tereo, rey

de Tracia, y tuvo un hijo llamado Itis. Su esposo violó a Filomela,

su cuñada, arrancándole después la lengua para que no lo supiese

Procne. Esta precaución bárbara fue inútil, sin embargo, porque lo

supo la agraviada esposa. Para vengarse mató a Itis, sirviéndoselo

a su marido en un festín. Los dioses convirtieron a Procne en

golondrina, a Filomela en ruiseñor y a Tereo en abubilla.

[144] Indudablemente debieron formar un cuadro trágico por excelencia

los cadáveres de los hijos de Heracles no lejos de su padre,

entregado al sueño y sujeto con cuerdas a una columna, el mísero

Anfitrión y el coro de ancianos. No sabemos que en ninguna de las

obras que tratan de la literatura dramática griega se haya llamado

la atención hacia esta tendencia artística de los griegos, que hoy

se denomina plástica, y que está tan en consonancia con sus ideas y

costumbres.

[145] Este símil de la nave es muy frecuente en Eurípides, y

podríamos indicar muchos pasajes de sus tragedias en que se repite

casi en los mismos términos. Sabido es que los atenienses eran un

pueblo muy dado a la navegación y al comercio y la primera potencia

marítima de la Grecia, y que sus comparaciones habían de ser análogas

a sus costumbres.

[146] Esta sobriedad que muestran los griegos en sus composiciones

dramáticas es muy notable en más de un concepto, porque nos revela

su depurado gusto en tales materias. Heracles despierta poco a poco,

y al pronto no conoce a sus hijos, atento solo a las palabras de

Anfitrión, que lo prepara antes de oír la horrible nueva. Otro poeta

no lo hubiera hecho así: Heracles despertaría de repente, reconocería

a sus hijos, y atado a la columna daría voces y horribles lamentos.

[147] Todos los héroes y heroínas de la antigüedad pagana, así los

griegos como los romanos, apelan al suicidio cuando la desesperación

los agobia, y especialmente cuando la vergüenza los mueve. Áyax

en Sófocles, Fedra en Eurípides, y los ilustres suicidas romanos,

prueban todos a una que lo que nosotros miramos como un crimen,

casi era para ellos una virtud. Recuérdese que en los distintos

poemas en que los héroes descienden a los infiernos, nunca se hace

mención de la pena que sufren los suicidas. Esto debe atribuirse, en

nuestro juicio, a sus ideas religiosas, porque el arrepentimiento

no era entre ellos una de las más estimables virtudes, y a sus

nociones confusas de los premios y castigos de la otra vida, y en

parte también a su amor exclusivo a la patria, pues fuera de ella no

esperaban gloria ni salud, y a cierto deseo del renombre que les daba

su muerte.

[148] Teseo y Heracles eran primos segundos, porque Etra, madre

del primero, fue hija de Piteo, y Alcmena, madre del segundo, de

Lisídice, y Piteo y Lisídice, hijos de Pélope e Hipodamía.

[149] M. Artaud, en sus notas a esta tragedia, II, 430, dice así:

_Ce dialogue entre Amphytrion et Thésée est un chant lyrique: il est

probable que les paroles de Thésée font allusion au mode lugubre sur

lequel Amphytrion a entonné son chant_. Parécenos, sin embargo, que

se equivoca este ilustrado traductor de Eurípides, porque ni el metro

nos autoriza a pensar que exista tal canto lírico, ni hay necesidad

de semejante hipótesis para explicar las palabras de Teseo. Basta

el tono con que se pronuncian las palabras, y el gesto y expresión,

para indicar el afecto que domina a quien habla, ya de tristeza, de

alegría o de otra pasión cualquiera.

[150] Otra vez nos vemos obligados a citar a M. Artaud, y no para

alabarlo, como quisiéramos y como lo hemos hecho otras veces. El

texto vulgar griego dice así:

Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς,

ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας.

(_Furioso stimulo agitatus, venenis hydræ centipitis_). Su traducción

por el escritor citado es la siguiente: _C’est dans l’égarement de

sa fureur, causé par les poisons de l’hydre aux cent têtes_. Esta

versión, demasiado literal, no expresa el pensamiento del poeta,

porque el sentido es absurdo. De la tragedia se desprende claramente

que la locura de Heracles es obra de la vengativa y celosa Hera,

nunca del veneno de la hidra de Lerna. Tampoco puede deducirse así de

la tradición mitológica, porque a dicho veneno no se le atribuye más

virtud que la de matar a aquellos a quienes hería la flecha empapada

en él. Nosotros creemos que la respuesta de Anfitrión comprende dos

partes, que es preciso entender de distinta manera: la primera,

Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς, _furioso stimulo agitatus_, se refiere a

Heracles, y la segunda, ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας, _venenis hydræ

centipitis_, es la contestación a la pregunta de Teseo: δράσας.

[151] En estos campos de Flegra, cerca de Cumas, se dio la batalla

entre los dioses y los gigantes. Llamáronse así porque abundaba

en ellos el azufre, y porque se ven llamas, que provienen de la

combustión natural de esta sustancia.

[152] Cuando Anfitrión traía los rebaños de bueyes de Electrión,

padre de Alcmena, que habían robado los teléboas, lanzó su maza

contra un buey que se había separado de sus compañeros, acertándole

en los cuernos, y de rechazo, hirió en la cabeza a su suegro,

dejándole muerto. Es necesario tener esto presente, y entender lo que

dice Heracles de Anfitrión en el sentido de que, siendo desafortunado

el tronco de un linaje no criminal, sus descendientes también lo son.

De otra suerte no se comprendería que así tratase a su padre.

[153] Cuando su madre Alcmena vio las dos serpientes que amenazaban

en la cuna a su hijo, entonces de ocho meses, comenzó a dar gritos

horrorizada; pero Heracles se incorporó, y estrechándolas entre sus

manos, ahogó a ambas.

[154] Este Tifón, dios egipcio, hermano de Osiris, aparece también en

la mitología griega como el principal gigante que hizo la guerra a

los dioses. Fue padre de Gerión y del Cancerbero, y yacía vencido por

Zeus bajo el Etna o bajo la isla Inarime.

[155] Los homicidas sufrían por cierto tiempo la pena del destierro,

y no volvían a su patria hasta después de haberse purificado. Cuando

el muerto era pariente del asesino y habían de perseguirlo las

Furias, todos estaban obligados a huirlo para no mancharse con su

contacto.

[156] Todo esto parece rezar con Zeus, que se casó con su hermana

Hera y cargó de cadenas a su padre Cronos por reinar en el cielo.

Indudablemente este diálogo es un anacronismo, por razonable

que nos parezca, pues Heracles y Teseo no hablaron nunca, o no

debieron hablar así. Dedúcese de las frases osadas e irreligiosas

de Eurípides, que oye un pueblo entero en una fiesta popular y

consagrada al culto, cuáles debían ser las creencias del auditorio y

la honda brecha que la filosofía había hecho en el politeísmo. Los

dioses no solo cometen verdaderos crímenes, según afirma el poeta,

sino que tal es su moralidad que ni aun se inquietan ni afligen por

esto. No se puede decir más porque tales dioses ni podían ni debían

ser adorados.

[157] Este es el complemento filosófico de lo dicho antes por Teseo

acerca de los dioses. A la noción politeísta, desfigurada por

los poetas y por la imaginación popular, cuya existencia combate

Eurípides, sustituye esta otra idea más elevada de Dios, que revela

sin ambages una nueva creencia. Probable parece que este trágico

la aprendiera en la escuela de Anaxágoras, cuyas persecuciones

provinieron principalmente de la osadía y entereza que desplegó

atacando las preocupaciones religiosas populares, y defendiendo

doctrinas monoteístas mucho más racionales y sensatas.

[158] Es muy bella esta despedida de Heracles, por la ternura que

respira y por los sentimientos que expresa. No es posible negar que

Eurípides, siempre que quiere, y cuando no lo arrastra su filosofismo

o sus pretensiones oratorias, es incomparable en la pintura de

afectos. Poseía a raudales ese raro e inapreciable don de sentir

cierto orden de belleza moral que nace con el hombre y no puede

adquirirse con el estudio.

[159] Por su candor, naturalidad y sencillez nos agradan estas

palabras de Heracles y Teseo. Viendo este a su amigo agobiado por

tan grandes calamidades, le recuerda sus gloriosas empresas e

inolvidables trabajos, más bien para infundirle fortaleza que para

humillarlo, y Heracles, algo picado por el recuerdo, lo reconviene de

manera que le obliga a callarse.

[160] _Vorlesungen über dramat. Kunst und Literatur_, IX. pág. 161.

La traducción francesa de esta obra notabilísima se ha agotado hace

ya tiempo.

[161] Argos fue fundada por Ínaco hacia el año 2000 antes de J. C.

[162] El fenicio Ínaco, padre de Ío y de Egialeo, dio su nombre a

este río de la Argólida (hoy Najo o Planizza), que corre de N a S,

pasa por Argos y desagua en el golfo Argólico.

[163] Este rey, el último de Ilión y descendiente de Dárdano,

fundador de su linaje, murió al pie del ara de Zeus Herceo, adonde se

había refugiado, a manos de Pirro o Neoptólemo, hijo de Aquiles.

[164] El texto griego dice ὑψηλῶν δ᾽ ἐπὶ ναῶν, en los elevados

templos, porque los de Zeus, Hera y Atenea, según Vitruvio, se

edificaban generalmente en las eminencias. Adviértase que Hera era

adorada generalmente en Argos, y que, como sucede entre nosotros, se

depositaban en los edificios consagrados al culto los trofeos de los

enemigos.

[165] De todos estos personajes hemos hablado ya en nuestras notas al

_Orestes_.

[166] Este pretexto, como puede verse en el _Agamenón_ de Esquilo,

y más adelante en esta misma tragedia (versos 1010-1014), fue el

sacrificio en Áulide de Ifigenia, hija de Clitemnestra y de Agamenón.

En Esquilo se atribuye también a sus celos de Casandra, esclava hija

de Príamo, que trajo de Troya.

[167] Electra pronuncia aparte estas palabras que encerramos en un

paréntesis, porque de otra manera no se podría suponer que diga en

ellas delante de su esposo que no lleva el cántaro en su cabeza

obligada por la necesidad, y poco después lo contrario.

[168] Los griegos se rasuraban el cabello en señal de duelo, y lo

ofrecían a los manes de sus parientes muertos, como hace aquí Orestes.

[169] El mesodo (en griego μεσῳδός) significa propiamente

_entrecanto_. Era una especie de estribillo o canto corto que se

halla entre las estrofas.

[170] Esquilo refiere en _Las Euménides_ la muerte de Agamenón a

su vuelta de Troya. Al salir del baño, su esposa Clitemnestra lo

envolvió en una red, y ella y Egisto lo cosieron a puñaladas.

[171] El palio (φᾶρος, ἱμάτιον) era un paño grande de lana, cuadrado

o cuadrilongo, que se sujetaba en la garganta o en el hombro con

un broche. A veces era el único vestido que cubría el cuerpo; pero

generalmente se ponía encima de la túnica. Se llevaba de distintas

maneras, según el capricho de su dueño o la estación del año.

[172] En todas las casas había a la puerta una estatua de Febo,

θυραῖος o ἀγυιεύς. (V. nuestra nota a _Las Fenicias_).

[173] Esto es, que varía de residencia, errando de una ciudad en

otra, por lo cual es más triste su condición.

[174] De Orestes.

[175] En efecto, no se podía llevar más lejos la continencia,

lo cual, si choca a nosotros, más extraño debía parecer a su

auditorio, poco acostumbrado a la práctica de esa virtud. Así lo

siente Eurípides, y de aquí sus esfuerzos para hacer más verosímil

su singular ficción, hija solo de su deseo de no imitar en nada a

Sófocles y Esquilo.

[176] Porque ni era su padre, ni la casó como debía, sino con la

dañada intención de envilecerla.

[177] La malevolencia de Eurípides al bello sexo no puede ocultarse,

porque, ansioso de ofenderlo, no teme faltar a la verdad.

Ordinariamente sucede lo contrario.

[178] Estas frases bárbaras y desnaturalizadas, y en boca de una

virgen como Electra, de regia estirpe o hija del ínclito Agamenón,

nos repugnan hasta lo sumo. No cabe belleza de ningún género en este

espectáculo, cuando hasta tal punto se atropellan los sentimientos

naturales, y sabiendo sobre todo que el poeta no cree en la

influencia del destino, ni el pueblo que lo escucha. Cualquiera diría

que su objeto, más que revestir con los gratos colores de la poesía

estas tradiciones populares, es hacerlas odiosas a toda costa.

[179] El texto griego dice así:

οὐ γὰρ οὐδ’ ἀζήμιον γνώμην ἐνεῖναι τοῖς σοφοῖς λίαν σοφήν.

La traducción de M. Artaud es la siguiente:

_Une sagesse trop raffinée chez les sages n’est pas non plus sans

dangers._

Hartung lo traduce de esta otra manera:

_Ohne Schmerzen ist es nicht, Dass höhre Einsicht Menschen über andre

hebt._

El pensamiento del autor parece ser, o que en igualdad de

circunstancias el hombre más civilizado es más sensible que el

inculto y el muy sabio más que el civilizado, o que el exceso de

sabiduría tiene, entre otros inconvenientes, el de afectar más el

alma, porque cuanto más sabio es el hombre mejor conoce la extensión

y alcance de una desdicha.

[180] Las de oír a Electra.

[181] Electra alude aquí a su situación excepcional de ser casada y

virgen, y a esto atribuye su aislamiento, pues siendo virgen no puede

concurrir con ellas a las fiestas, porque no pasa por tal, ni tampoco

con las matronas, porque su conciencia se lo impide, sabedora de su

virginidad. Esta es también la causa de que huya de Cástor (hijo,

como su madre, de Zeus y de Leda, que es mortal y dios de año en

año), pues para él ya no es virgen, habiéndose casado con el colono.

[182] De molde viene aquí a Eurípides esta ocasión para disertar un

poco sobre la nobleza, la virtud y el valor, aunque ni la situación

de los personajes lo consienta ni lo exija, ni tal disertación

aumente en lo más mínimo los quilates de la tragedia. Nuestra opinión

en este particular es que deben mirarse como síntoma de decadencia

literaria estos esfuerzos de los escritores en poner de relieve su

persona o sus ideas siempre que se trate de una fábula (llámesele

drama, epopeya o novela), en la cual, a ser posible, se debería

suprimir hasta el recuerdo de su existencia.

[183] Según dice Pausanias, el Tanao es un río poco caudaloso que

riega las fronteras de la Argólida y desagua en el golfo Tiríntico.

[184] Sabida es la fábula de Arión, el poeta músico griego, que se

supone autor del ditirambo, su viaje a Italia con Periandro, rey de

Corinto, su exposición de ser robado a la vuelta, codiciosos los

marineros de las riquezas que traía, y el medio de que se valió para

librarse de la muerte, tocando la lira y precipitándose al mar, en

donde lo recogió un delfín, llevándolo ileso hasta el cabo Ténaro, en

la Laconia.

[185] Estas famosas armas fueron un presente que Hefesto hizo a

Aquiles, el hijo de Tetis, y la causa de la locura de Áyax cuando, a

la muerte de su dueño, fueron adjudicadas a Odiseo.

[186] El Osa es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, a lo largo

del golfo Termaico, célebre porque en él habitaron los centauros, y

por ser uno de los que levantaron los gigantes para escalar el cielo.

[187] Quirón, centauro, hijo de Cronos y de Fílira, gran cazador,

médico y astrónomo famoso. Habitaba en el monte Pelión, en la

Tesalia, y fue maestro de Heracles y de Odiseo. Herido por una flecha

empapada en la sangre de la hidra de Lerna, murió y fue trasladado al

cielo, en donde forma el signo de Sagitario.

[188] Maya, una de las Pléyades, hija de Atlas y de Pléyone, fue

amada por Zeus, de quien tuvo a Hermes.

[189] Las Pléyades, cuyo nombre proviene, según unos, de su madre

Pléyone, según otros del verbo griego πλέω (navego), porque

transformadas en astros se muestran en la época más favorable a la

navegación, fueron hijas de Atlas y de Pléyone, como queda dicho.

Eran siete: Maya, Electra, Táigete, Astérope, Mérope, Alcíone y

Celeno.

[190] Véase _Las Fenicias_. Esta presa era los caminantes, que

llevaba en sus garras cuando no acertaban sus enigmas.

[191] La Quimera, hija de Tifón y de Equidna, tenía la cabeza de

león, la cola de dragón y el cuerpo de cabra, y vomitaba llamas.

Denominose también así un monte de la Licia, en donde, según se

dice, hubo un volcán que dio origen a esta fábula. Murió a manos de

Belerofonte, que la atacó montado en el caballo Pegaso.

[192] El pañuelo no era, sin duda, conocido de los antiguos griegos.

Obras dramáticas de Eurípides (2 de 3) · 第 20 / 23 段