[39] Este tinte melancólico que se refleja en las palabras de Hécuba

y que aquí parece originado de su aflictiva situación, reina también

en la poesía épica griega, cuyos héroes más famosos, como Aquiles,

mueren en la flor de sus años, y en la poesía dramática, en la cual

el destino envuelve en sus sombríos decretos a los héroes y heroínas

más famosos. Hasta en la estatuaria griega se observa, y en sus obras

más célebres se nota sin esfuerzo, contribuyendo a llenar el alma de

dulce melancolía.

[40] Dardania, de Dárdano, hijo de Zeus y de Electra, hija de Atlas,

natural de Samotracia, desde donde pasó a la Teucria, a orillas del

Escamandro, poseyendo después todo este territorio y dándole su

nombre.

[41] Llamose Pérgamo al alcázar de Troya, en el monte Ida, y a las

altísimas murallas que circundaban a aquella ciudad. Virgilio,

_Eneid._, III, dice así:

_Pergama, reliquias Danaum atque immitis Achillei._

Marcial, en el lib. XIV, epigram. 51, se expresa así:

_Pergamus has misit, curvo destringere ferro._

[42] Parte de los despojos enemigos se llevaban a los templos de los

dioses, así entre los griegos como entre los romanos, _ad perpetuam

rei memoriam_, y para animar a los ciudadanos a imitar a los

vencedores.

Virgilio, _Eneid._, VII, 183, dice así:

_Multaque præterea sacris in postibus arma,_

_Captivi pendent currus, curvæque secures,_

_Et cristæ capitum et portarum ingentia claustra,_

_Spiculaque, clipeique, ereptaque rostra carini._

[43] El poeta alude al sueño funesto de Hécuba cuando llevaba a Paris

en sus entrañas, a la respuesta del oráculo aconsejando a Príamo que

lo matase al nacer, y a la ternura de su madre, que por desgracia le

salvó la vida encomendándolo a los pastores del Ida. Este himeneo es

el de Paris y Helena.

[44] He aquí la diferencia capital que separa a la religión gentílica

de la cristiana. Entre ellos la vida era todo, la muerte nada; y

entre nosotros, al contrario, la vida es solo breve peregrinación, y

la verdadera vida comienza en el sepulcro. Esta sola idea fundamental

abre un inmenso abismo entre la antigüedad y la historia cristiana, y

caracteriza profunda e indeleblemente a las letras de los idólatras y

de los cristianos.

[45] Andrómaca parece una buena esposa, aunque ni la ocasión es muy

oportuna para vanagloriarse con sus virtudes, ni sientan bien en sus

labios tales alabanzas.

[46] Lo contrario sucede con más frecuencia.

[47] Acerca de estas palabras de Hécuba solo debemos observar que en

vez de dar al auditorio la excusa de que nunca ha visto nave alguna,

para hacer la comparación que subsigue, impropia, sin duda, de su

aflictiva situación, podía haber suprimido sin obstáculo el exordio

y el símil que le sigue. Tampoco se comprende que diga más abajo

ἄφθογγός εἰμι, muda estoy, habiendo hablado tanto. En todo caso sería

de cansancio, no de horror.

[48] Séneca, _Troades_, 791, dice así:

_... Quid meos retinet sinus_

_Manusque matris?, cassa præsidia ocupas:_

_Fremitu leonis qualis audito tener_

_Timidum juvencus applicat matri latus._

Ahora, como casi siempre, vale más el original que el imitador.

[49] Telamón, hijo de Éaco, rey de Egina, y hermano de Peleo. Huyó

de su patria por haber matado a su hermano primogénito con el disco,

y se refugió en Salamina, casándose con la hija de su rey Cicreo.

Acompañó a Heracles a la conquista de Troya, y en premio le dio aquel

héroe a Hesíone por esposa. Fue padre de Áyax y de Teucro.

[50] Salamina era una isla del mar Egeo, en el golfo Sarónico,

a cuatro kilómetros del Ática, famosa por la batalla que ganó

Temístocles a los persas.

[51] Esta oliva, que se veneró mucho tiempo en Atenas, fue la que

hizo brotar Atenea en su disputa con Poseidón, que a su vez creó el

caballo de un golpe de su tridente.

[52] Laomedonte, rey de Troya, prometió a Heracles doce de sus

mejores caballos si libraba a su hija Hesíone de un monstruo marino

que Poseidón había suscitado contra Troya en venganza de la mala fe

de su rey, pues este había pactado con él y con Apolo que les daría

cierto salario si edificaban las murallas de Troya, y faltó después

a su promesa villanamente. Heracles, en efecto, libró a Hesíone de

la muerte; pero Laomedonte tampoco cumplió su palabra. El hijo de

Alcmena tomó entonces a Troya y mató a Laomedonte y a todos sus

hijos, excepto a Príamo, a quien colocó en el trono.

[53] Estos caballos, tan codiciados de Heracles, fueron presente de

Zeus para consolar a Laomedonte de la pérdida de Ganimedes, a quien

Zeus robó transformado en águila para que sirviese de copero en el

Olimpo en lugar de Hebe.

[54] Este amante de la Aurora era Titono, hijo de Laomedonte, de

extraordinaria belleza, y padre de Memnón el egipcio y de Ematión.

Su amada obtuvo de Zeus que le concediese la inmortalidad; pero

habiéndosele olvidado pedir también para él juventud perpetua, llegó

a ser tan viejo que la Aurora lo convirtió en cigarra, sin duda

porque esta la saluda al aparecer en el horizonte.

[55] El filósofo es el que habla, no Hécuba. Sin duda estas palabras

aluden al sistema astronómico de los torbellinos, que se arrastran

unos a otros, y a la doctrina de Anaxágoras, su maestro, que enseñaba

la existencia de un ser supremo, ya se le llamase Zeus, ya se le

diese otro cualquier nombre. Eurípides no se contenta con poner en

boca de Hécuba esta invocación insólita, y por si pasa desapercibida,

le pregunta a continuación Menelao cuál es la causa de dirigir a

los dioses preces inauditas, sin duda para llamar la atención hacia

ellas. Por lo demás, calificar la existencia de Zeus, del _pater

hominum atque deorum_, de pura invención humana es una verdadera

impiedad, supuestas aquellas creencias.

[56] Hécuba, cuando llevaba a Paris en sus entrañas, soñó que daba a

luz una antorcha encendida que devoraba su palacio.

[57] Paris o Alejandro, después que fue reconocido como hijo de

Príamo, fue de embajador a Esparta, en donde reinaba Menelao, casado

ya con Helena, a pedir su tía Hesíone, robada, como hemos dicho

antes, por Heracles, que la dio en premio de su ayuda a Telamón.

Menelao se ausentó entonces, dejándolos solos, y se embarcó para

Creta a recoger la herencia de Creteo, su abuelo materno, rey de

aquella isla.

[58] Uno de los hijos de Príamo.

[59] Amiclas, llamada también Táigete, ciudad del Peloponeso, próxima

a Esparta, al pie del Taigeto, célebre por haber nacido en ella

Cástor y Pólux, y por sus excelentes perros. Virgilio en el lib. III,

_Georg._, dice así:

_Armaque Amycleumque canem, Cressamque pharetram._

[60] Afrodita se llama en griego Ἀφροδίτη, y la locura, la falta de

prudencia, ἀφροσύνης. Se ve fácilmente que es la misma la raíz de

ambas voces.

[61] Eurípides, como hace nuestro Calderón con Semíramis y otros

personajes antiquísimos, habla de ellos y de sus pueblos como si

fuesen de su tiempo; y así como Troya simboliza el lujo y la molicie

asiática, así también supone que la Esparta de Menelao era igual a la

de su época; esto es, pobre y poco amante de placeres.

[62] Ambos fueron hermanos de Helena y famosos luchadores y marinos.

Como Pólux solo era inmortal, porque su padre fue Zeus, y Tindáreo

el de su hermano, rogó a su padre que concediese la inmortalidad

a Cástor o se la quitase a él, y Zeus le otorgó que viviese uno

de ellos mientras el otro habitaba en los infiernos. Por eso dice

Virgilio:

_Si fratrem, Pollux alterna morte redemit_

_Itque reditque viam toties._

Al fin fueron convertidos en astros, y forman el signo de Géminis.

[63] Porque entre los bárbaros, no entre los griegos, los reyes y

grandes personajes eran adorados a la usanza oriental.

[64] El texto griego dice terminantemente:

τί δ᾽ ἔστι; μεῖζον βρῖθος ἢ πάροιθ᾽ ἔχει;

Su verdadera traducción es, pues, la nuestra, por más que nos haga

reír y nos parezca más propia de comedia que de tragedia. Lo ridículo

no tanto es aquí lo que dice Menelao, que sospecha si Helena estará

encinta, cuanto su sorpresa y el susto que lleva.

[65] M. Artaud, II, pág. 143, cita muy oportunamente estas palabras

de Pomponio Mela: «El monte Ida, al salir el sol, ofrece aspecto

muy diferente del que tiene en otras horas: cuando se mira desde su

cumbre hacia la madrugada, se observan ciertas llamas que se cruzan

y desaparecen; y a medida que viene el día, parece que se acercan y

confunden.» Lo mismo sucedía en el Olimpo, y de aquí, sin duda, que

supusieran los paganos que uno y otro eran residencia de los dioses.

Hoy se explica esto por las auroras boreales.

[66] Porque los frigios celebraban en los plenilunios alegres fiestas.

[67] Todavía existen restos de estas construcciones ciclópeas. (Véase

a Batissier, _Histoire de l’art monumental_).

[68] El coro habla del istmo de Corinto.

[69] Los espejos de los antiguos eran circulares, con mango, o

cuadrados como los nuestros, aunque jamás los fijasen en ningún

otro mueble. En un principio se hacían de metal blanco formado de

una aligación de cobre y estaño (Plinio, _Η. N._, XXXIII, 45) y

después de plata. Se pulimentaba su superficie, y se conservaba este

pulimento con polvos de piedra pómez, que se pasaban por él por medio

de una esponja atada al marco con un pequeño cordón.

[70] Hubo varias ciudades llamadas así en la Tróade, en Macedonia, en

la Misia y en la Laconia, a orillas del Eurotas. Eurípides habla de

esta última.

[71] El templo de Atenea Calcieco.

[72] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia, fue rey de Yolco, en

donde se refugió Peleo huyendo de la venganza de los parientes de

su suegro, a quien mató involuntariamente en la caza del jabalí de

Calidón. Enamorose de él la mujer de Acasto, y enfurecida de su

castidad, engañó a su esposo como la mujer de Putifar, haciéndole

creer que había intentado violarla. Acasto desterró de su reino a

Peleo, y cargándolo de cadenas, lo dejó abandonado en los montes. Tal

es la versión de los mitólogos. Sin embargo, o este mito no es bien

conocido, o la tradición a que alude Eurípides diverge de aquel. En

efecto, cuando Aquiles había muerto y su hijo Neoptólemo era hombre,

puesto que se trata de una época posterior al sitio de Troya, cuando

Neoptólemo se había desposado con Andrómaca, no debía estar Peleo,

ya viejo, en disposición de inspirar a las mujeres pasiones tan

violentas.

[73] Como trofeo de Aquiles, padre de Neoptólemo.

[74] La mayor ignominia que se podía sufrir entre griegos y romanos,

era la de quedar insepulto. Así nos lo dice Vegecio, y así es de

presumir, no solo por lo que Homero nos cuenta al principio de _La

Ilíada_, en donde mira como una de las mayores desdichas de los

aqueos la de no ser sepultados a causa de la peste, sino también por

el cuidado que muestran los trágicos, así Esquilo como Sófocles y

Eurípides, de no omitir nunca esta importantísima o imprescindible

ceremonia. Cuando amenazaba algún naufragio, los que poseían riquezas

solían atárselas a la cintura con una inscripción en que manifestaban

su voluntad de cederlas al que los encontrase, siempre que enterraran

su cadáver. Entre los cristianos, a pesar de recomendarse como obra

de misericordia el enterrar los muertos, no se le da esa importancia,

y los héroes de nuestros teatros mueren, y después el poeta se guarda

bien de decir si son o no sepultados, lo cual nunca omitían los

griegos. En nuestro concepto esta diferencia proviene de que para

nosotros el cuerpo es polvo vil y despreciable, y el alma, inmortal,

riquísimo oro de Ofir. Todo cambia en este mundo, y especialmente las

costumbres que se fundan en determinadas creencias, pues faltando o

variando estas, faltan o varían aquellas.

[75] El buen sentido de Eurípides le hace pensar en este punto

como piensan los cristianos más cuerdos, y es muy de extrañar en

un pagano. Y sin embargo, podría pasar entre ellos, que no tenían

de la otra vida la idea que nosotros, careciendo de las luces de

la revelación; pero es inconcebible que los que preconizan las

excelencias de la caridad, mirándola como una de las principales

virtudes, gasten en suntuosos funerales lo que bastaría para hacer la

felicidad de muchas familias desgraciadas y virtuosas.

[76] Llama Cronio a Zeus, porque fue hijo de Cronos y de Rea.

[77] Estas palabras se dirigen a Príamo.

[78] La conclusión de esta tragedia con el incendio de Troya y su

ruina, nos prueba que el arte escénico llegó entre los griegos a

grande altura, o, por lo menos, que no se escaseaban los gastos

en este género de espectáculos, puesto que como las tragedias se

representaban de día y al aire libre, no podía haber entre ellos las

imitaciones que entre nosotros, y era preciso hacer todo esto a lo

vivo, o lo que es lo mismo, pegar fuego a la ciudad entera, que debía

verse en lontananza.

[79] Anfitrión, rey de Tirinto, en la Argólida, hijo de Alceo, nieto

de Perseo y esposo de Alcmena, hija de Electrión, rey de Micenas.

Habiendo matado a su suegro en una disputa, huyó a Tebas, y mandó los

ejércitos tebanos en diversas expediciones militares, que le hicieron

célebre, si bien favorecieron los proyectos amorosos de Zeus, pues

este, tomando su forma, visitó varias veces el lecho de su esposa.

Alcmena dio a luz dos hijos: Heracles, que lo era de Zeus, e Ificles,

de Anfitrión.

[80] De este Alceo, rey de Tirinto, tomó Heracles el nombre de

Alcides.

[81] Perseo, hijo de Dánae y de Zeus, que, transformado en lluvia

de oro, penetró en su palacio y la sedujo. Sabedor Acrisio de la

deshonra de su hija Dánae, la arrojó a las olas con su hijo, y

fueron llevados por ellas a Serifos, en donde su rey Polidectes

los socorrió. Ya hombre, Perseo libró a su madre de la brutal

lujuria de su protector, venció a las Gorgonas y cortó la cabeza de

Medusa, de cuya sangre nació el caballo alado Pegaso. Montado en él

libró a Andrómeda de un monstruo marino, y se casó con ella. Mató

involuntariamente con el disco a su abuelo Acrisio, le sucedió en el

trono de Argos, y fue padre de Esténelo y de Electrión.

[82] Ya en _Las Fenicias_ hemos hablado de este dragón y de los hijos

de sus dientes, así como de Creonte, hijo de Meneceo.

[83] Este Euristeo es el famoso hijo de Esténelo, rey de Micenas,

a quien obedeció siempre Heracles por haber nacido algunas horas

después. Por su orden ejecutó sus famosos trabajos.

[84] El Ténaro era un promontorio de la Laconia en su costa SO, a

cuyo pie se veía una caverna que despedía vapores mefíticos, por lo

cual se le miraba como la entrada de los infiernos.

[85] Sobre Dirce y Anfión y Zeto, véase _Las Fenicias_.

[86] Habla irónicamente.

[87] Minias, nombre común a los habitantes de Yolco, en la Tesalia,

y a los de Orcómeno, en Beocia. Anfitrión alude a estos últimos, a

quienes venció Heracles, libertando a los tebanos de la obligación de

pagarles cierto tributo.

[88] Los tafios o teléboas habitaban en las pequeñas islas del mismo

nombre, entre la Acaya y Léucade, llamados así de Tafio y Teleboas,

hijos de Poseidón, que reinaron en ellas. Fueron famosos piratas,

vencidos por Anfitrión y los tebanos, por haber dado muerto a los

hermanos de su esposa Alcmena.

[89] El coro alude a los hijos de Heracles.

[90] La famosa hidra de Lerna tenía un cuerpo con cien cuellos,

rematando en otras tantas cabezas, que renacían duplicadas al

cortarse. Cuando Heracles combatió con ella, y a fin de evitar esta

funesta reproducción, empleó a su escudero Yolao en cauterizar las

heridas que le hacía. Heracles mojó en la sangre sus flechas, que

desde entonces fueron mortales.

[91] El león de Nemea era de monstruoso tamaño, y no se le podía

herir ni con el hierro, ni con el bronce, ni con las piedras, y, por

consiguiente, era necesario luchar con él a brazo partido. Escondíase

en el monte Tretos, y desde su guarida devastaba todo el territorio

comprendido entre Micenas y Nemea. Heracles lo persiguió, cerró la

entrada de la caverna en donde habitaba, y lo ahogó en sus robustos

brazos, llevando desde entonces consigo como un trofeo su hermosa y

grande piel.

[92] En la guerra de los dioses y de los gigantes, junto a Palene,

Heracles fue terrible auxiliar de los primeros.

[93] La guerra de Heracles y de los centauros fue de esta manera:

un centauro, llamado Folo, que daba hospitalidad a Heracles, quiso

obsequiarlo espléndidamente y para ello destapó un tonel de vino tan

añejo como exquisito, cuyo aroma atrajo a la casa de Folo a todos los

demás centauros, que a toda costa querían beber de él, oponiéndose

Heracles y su huésped. Este se retiró al fin, y dejó al héroe con sus

enemigos, trabándose al fin la batalla entre uno y otros, y siendo

vencidos los segundos, a pesar del socorro que les dio su madre

Néfele (_nube_).

[94] Foloe, monte de la Tesalia, próximo al Otris, en donde Heracles

peleó con los centauros. Sid. en el _Paneg. de Mayor._, dice así:

_... non sic Pholoetica monstra_

_Atque Pelethronios Lapithas semelejus Evan..._

[95] Monte de la Eubea, llamada antiguamente Abántida, o país de los

abantes. Homero nunca la denomina Eubea.

[96] Los abantes, valientes y belicosos, fueron un pueblo originario

de Tracia que se estableció en la Eubea.

[97] Estos límites atlánticos son las columnas de Heracles, o

estrecho de Gibraltar, la última tierra conocida de los griegos hacia

el occidente. Así, cuando hablan de los límites atlánticos, es como

cuando nosotros lo hacemos del Polo.

[98] Helicón, famoso monte de la Beocia, muy celebrado por los poetas.

Ovidio en sus _Metam._, lib. II, dice así:

_Virgineusque Helicon et nondum Oeagrius Haemus._

Y Estacio en su _Tebaid._, lib. VII:

_Horrent Tyrrhenos Heliconia plectra tumultus._

[99] El Parnaso, monte de la Fócida, consagrado a las musas, cuyas

dos cumbres se llamaban Cirra y Nisa, según Juvenal y Lactancio.

Virgilio en sus _Georg._, lib. III, dice así:

_Sed me Parnassi decerta per ardua dulcis raptat amor._

[100] Estas palabras del coro y las anteriores que Lico le dirige,

parecen indicar que existían entre los tebanos dos distintos

partidos, en uno de los cuales dominaban los ancianos, enemigos de

Lico, y en el otro los jóvenes, sus favorecedores. Eurípides retrata

así al vivo la situación especial de aquellas ciudades griegas,

dominadas por facciones, ya para hacer resaltar los inconvenientes

de los partidos políticos cuando el patriotismo no los contiene

en ciertos límites, ya la tendencia natural que se observa en los

ancianos a conservar lo antiguo, opuesta a la de los jóvenes,

irreflexivos y ávidos de novedades.

[101] Eurípides, en boca de Mégara, habla como filósofo que rechaza

los mitos y tradiciones, no como griego que les da crédito. Orfeo,

antes que Heracles, bajó a los infiernos y volvió de ellos, y después

Heracles y Odiseo, y entre los romanos Eneas, supuesto fundador de su

ciudad.

[102] Aquí tenemos el fatalismo oriental, que lleva al hombre a la

inercia y al aniquilamiento de su ser, aunque bajo otro aspecto pueda

también inspirarle la indiferencia ante el peligro.

[103] Allá va esa tirada filosófica, que parece de Voltaire, nada

propia, en verdad, de un espectáculo esencialmente religioso.

Sin embargo, ahora al menos no está de todo punto injustificada,

atendida la situación especial de Anfitrión y de sus nietos. Tampoco

se puede negar que lo frecuente en tales casos es renegar de los

poderes sobrenaturales, lo que por desgracia así sucede entre los

gentiles como entre los cristianos, siendo de observar que semejantes

impiedades prueban siempre lo que está muy lejos de pensar el que las

profiere: la existencia de Dios o de los dioses.

[104] El plectro (en griego πλῆκτρον, de πλήσσω, hiero) era un

pedacito de madera o de pluma, que servía para tocar la cítara. En el

Vaticano se conserva un antiguo fresco de Pompeya, en el cual vemos

una joven que toca la lira con su mano izquierda, y con la derecha

hace vibrar las cuerdas con el plectro.

[105] Los centauros fueron hijos de Ixión y de una nube, que tomó

la forma de Hera. En _La Ilíada_ de Homero, como hemos dicho antes,

los que luchan con los centauros son los lapitas y su rey Pirítoo,

ayudado de Teseo, no de Heracles.

[106] Famoso río de la Tesalia, que nacía en los confines de la

Macedonia, corriendo entre el Olimpo y el Osa, y el célebre valle de

Tempe. Desembocaba en el golfo Termaico, y se le miraba como a padre

de Dafne, porque el laurel (δάφνη) abunda en sus orillas.

[107] El Pelión es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, al S,

especie de prolongación del Olimpo, que formaba un cabo. Fue obra de

los gigantes para escalar el cielo.

[108] Hómola, monte de Tesalia, inmediato al Olimpo.

[109] Esta cierva de cuernos de oro habitaba en la Acaya y en Énoe

(Argos). Uno de los trabajos de Heracles fue apoderarse de ella, y lo

consiguió al cabo de un año, según unos aprisionándola en una red,

según otros sorprendiéndola de noche, y según Eurípides matándola con

sus flechas. Como su muerte no agradó a Artemisa, que se veneraba en

Énoe, la aplacó ofreciéndosela en don.

[110] Diomedes, hijo de Ares, rey de la Bistonia (Tracia), tenía

caballos antropófagos, de los cuales se apoderó Heracles, matando a

su dueño y a los que los guardaban, y derrotando a los bistonios.

[111] Hebro, río de la Tracia que sale de los montes Ródope, corre

primero hacia el E, después hacia el S, y desagua en el mar Egeo.

[112] Anauro, río de la Tesalia.

[113] Cicno, hijo de Ares, que residía en Anfanas, ciudad situada

en la parte meridional de la Tesalia, cerca de Traquinia, ya en los

confines de la Lócrida. Cicno era un bandido como Sinis y Escirón,

que murieron a manos de Teseo. (V. el _Hipólito_).

[114] Atlas, hijo de Jápeto y de Clímene, y rey de la Mauritania, fue

transformado en montaña por haber hecho la guerra contra los dioses

en favor de los gigantes. Se cree que la fábula de que sostenía el

cielo con los hombros proviene de sus conocimientos astronómicos, o

de que, mirando los gentiles al monte Atlas como al más alto de la

tierra, que tocaba al cielo, supusieron que lo sostenía. Heracles lo

sustituyó en esta penosa tarea por algún tiempo.

[115] Mujeres guerreras que habitaban a las orillas del Termodonte,

y que, según se dice, extendieron sus conquistas hasta las fronteras

de la Asiria y del Tanais, y fundaron a Éfeso, Esmirna y Magnesia.

Fueron vencidas por Heracles.

[116] La laguna Meótide, hoy mar de Azov, al N del Ponto Euxino, con

el cual comunicaba por el Bósforo cimerio. El río más caudaloso que

desagua un ella es el Tanais o Don.

[117] Este vestido de oro y este famoso tahalí estaban en poder de

las amazonas y de su reina Hipólita, y fueron un presente de Ares,

dios de la guerra. Acompañaron a Heracles muchos griegos, y su

expedición es muy parecida a la de los argonautas.

[118] Gerión, hijo de Crisaor y de Calírroe, y rey de la Eritea o de

las Baleares, gigante robustísimo de tres cuerpos, poseía grandes

rebaños de bueyes, que alimentaba con carne humana. Guardábalos

además un perro de dos cabezas y un dragón de siete. Heracles lo

mató y se apoderó de sus bueyes. Diodoro de Sicilia enumera en este

orden los trabajos de Heracles: 1.º, el león de Nemea; 2.º, la hidra

de Lerna; 3.º, el jabalí de Erimanto; 4.º, la cierva de cuernos de

oro; 5.º, las aves de la laguna Estinfalia; 6.º, los establos de

Augías; 7.º, el toro de Creta; 8.º, los caballos de Diomedes; 9.º,

las amazonas; 10, Gerión; 11, el cancerbero; 12, las Hespérides y

Atlas. Eurípides ha omitido algunos y trastornado el orden en que los

ejecutara, según convenía a su propósito.

[119] Otros dicen que Heracles recibió la clava de Hefesto, en

recompensa de los servicios que prestó a los dioses en la guerra de

los gigantes.

[120] Máxima epicúrea y doctrina moral filosófica, muy del gusto

del vate de Canossa. Sin embargo, examinándolas sin pasión, podemos

decir que no es tan perjudicial como a primera vista parece, porque

la tristeza y la falta de salud, que tanto amargan la vida, suelen

ser hijas de los excesos, los cuales deben evitarse, con arreglo a

esta doctrina. Entre el ascetismo y estos principios no hay otra

diferencia sino que, predicando el primero, no es tan fácil que

sus prosélitos incurran en la exageración, al paso que las máximas

epicúreas son resbaladizas de suyo.

[121] Zeus Salvador, Ζεὺς Σωτήρ, una de sus infinitas advocaciones.

Según leemos en Pausanias, se veía en Tespias una estatua de bronce

de este dios, que se le había consagrado por libertar a dicha ciudad

de un terrible dragón. Tenía un templo en Argos, otro en Trecén, otro

en Mantinea y otro en Megalópolis.

[122] Irónicamente.

Obras dramáticas de Eurípides (2 de 3) · 第 19 / 23 段