II

Una vez despierta, Lita no pudo volverse a dormir. Con los ojos abiertos

como los de un ratoncillo, esperó que llegase el día. Esa noche dormía

en su cuarto, con miss Mary. Porque, cuando no sintiera dolores, dormía

en su cuarto, con miss Mary, esa dormilona que roncaba como un fuelle.

Cuando los sentía, dormía junto a la cama de su mamá, y esto era un

consuelo. Y era tan buena Lita que, delirando por dormir junto a su

mamá, para no afligirla, nunca exageró sus dolores. A veces hasta los

disimulaba...

Esa mañana se sentía sin embargo dispuesta a usar de toda su energía

para imponer su voluntad. En cuanto se coló la luz por las rendijas de

la puerta, llamó a miss Mary. Miss Mary se levantó medio dormida, miró

el reloj, dijo que era demasiado temprano y pidió a Lita que durmiese un

poco más... Lita protestó... hizo abrir los postigos... ¡y ordenó a miss

Mary, en el tono más conminativo, que fuese en el mismo momento a

comprarle agujas de tejer y lana blanca, celeste y rosada!

Miss Mary se negó, probablemente sin comprender bien. Todavía no estaban

abiertas las tiendas... Esperaría a que se levantase la señora...

Insistió Lita... Y entre niña y niñera entablose una tremenda disputa,

de la cual resultó llorando la niña... Al oírla, su mamá, que dormía en

el cuarto contiguo con el oído siempre despierto, se apareció envuelta

en elegantísimo peinador de blondas. Besó a Lita en los cabellos,

escuchó estupefacta su petición, y le observó:

--¡Pero si tú no sabes tejer, mi tesoro!

Mimosa y llorosa, contestó la niña:

--No importa, mamá. Tú me enseñarás.

--¡Tejer tu!... ¡No es posible!... Eres muy chica. ¡Y te gastarías esos

lindos ojitos míos y esas queridas manitas!... Yo he de tejerte cuánto

me pidas: una carpeta para tu mesita, un pañolón para tu muñeca... Di,

¿qué más quieres?

--¡Por favor, mamá!--rogaba la niña, sollozando casi.--¡Enséñame a tejer

a mí, tú que eres tan buena! ¡Ten lástima de mí!

--¿Y qué quieres tejer?

--Tres colchas para los niños pobres. Una blanca, y otra celeste, y otra

rosada. ¡Pero quiero tejerlas pronto yo sola, solita!... Después, mamá,

¡escucha bien, mamá!... Después Dios me curará y podré correr como los

demás chicos... ¡Mándame comprar ya lo que necesito, mamita querida!

Como miss Mary, la señora no se movía... Parecía enternecida y

asombrada... Y Lita, desconsolándose por tales retardos y vacilaciones,

comenzó a derramar el más amargo llanto de su vida, de su pequeña vida

siempre llena de lágrimas.

También despertó al papá con su llanto. Y el papá vino a verla, vestido

con una bonita «robe-de-chambre» de seda azul rameada de negro. ¡Parecía

un chino con esa «robe-de-chambre»!... Pero como era también muy bueno,

se enteró de lo que quería su hijita inválida, y cambió con su mamá

algunas palabras. Aunque hablaban en voz baja y en el otro extremo de la

pieza, Lita les oyó perfectamente...

La voz ronca del padre decía:

--Está demasiado agitada. Es necesario tranquilizarla. ¿No tiene fiebre?

La voz fina de la madre contestaba:

--Parece que no; ahora le pondremos el termómetro... ¡Pobre chica!...

¡Tiene demasiada imaginación para su estado!... Ha soñado curarse...

Habla de curarse... Yo creo que tejer no le haría mal.

--Habrá que consultar al médico. Tú sabes que no quiere que se fatigue,

¡ni que te fatigues tú tampoco!

La señora suspiró... El señor parecía preocupado por la obstinación de

Lita. Pues Lita no era caprichosa. Le gustaba contradecir a veces; pero

era dócil y reposada como una viejita de cien años. Como su capricho de

tejer era una cosa rara, el padre ordenó a miss Mary que llamase al

médico por teléfono.

Oyendo la orden, Lita la desaprobó:

--¿Para qué el médico?... Si los médicos no pueden lo que Dios puede, ¡y

yo me curaré sin médico!...--Y luego pensó en voz alta,

consolándose:--De todos modos, aunque miss Mary lo llame, él no va a oír

ni entender, porque ese teléfono es para hablar español y miss Mary no

sabe hablar más que en inglés.

Su padre se sonrió y le dijo:

--El teléfono sirve para todos los idiomas, Lita. Además, miss Mary sabe

hablar español como yo y como tú. Habla inglés con los chicos para que

lo aprendan.

Lita se burló a través de sus lágrimas del español de miss Mary... Lo

cual no impidió que ésta volviera pronto trayendo la contestación del

médico: hasta las cuatro de la tarde no podría venir... «¡Hasta las

cuatro de la tarde!--pensó Lita.--¡Perderé, entonces, todo el día de

hoy, y si no cumplo en los treinta días fijados por mi madrina!...» Y se

puso a llorar otra vez, porque no le traían pronto los útiles pedidos.

Su mamá la consolaba. Su papá fue a hablar él mismo por el teléfono, a

reprender al médico y a mandarle, muy enojado, que viniese en seguida a

ver a Lita.

Hubo todavía que esperar un buen rato. La mamá hizo rezar a Lita sus

oraciones de la mañana y le besaba las manitas. Después la hizo

desayunarse con una gran taza de chocolate. Y el médico vino al fin.

Tenía anteojos de oro y un reloj muy grande, que hacía tic-tac hasta

cuando estaba en el bolsillo.

Consultado, examinó a Lita y opinó:

--Pienso que no hay inconveniente en que se le dé lo necesario para

tejer.--Agregando después, cuando creyó el muy tonto que la enfermita no

le oía:--De todos modos, me parece que no llegará a anudar dos puntos de

tejido. Tratará de aprenderlo, y al ver que no es tan fácil como

imaginara, tirará las agujas. Si aprende a tejer, lo que no me parece

probable, hará unos cuantos puntos, y en cuanto la labor pierda su

novedad, la dejará de lado... ¡Tengan por seguro que ya mañana no se

acordará de su capricho!

--¿Y si por rara eventualidad se empeña en tejer su colcha--preguntó la

madre--y llega a esforzarse y se fatiga?

--No creo que eso ocurra, señora--aseguró el médico.--Cuide en todo caso

de que no se incorpore mucho... ¿Lleva siempre su corsé de yeso?

--Todos los días se le pone al vestirla, y todas las noches se le saca

al acostarla.

--Que siga lo mismo. Y si llegara a excitarse demasiado, dele una

cucharadita de la receta calmante que le prescribí la vez pasada.

--¡Eso la postra!...

--Disminuya la dosis.

Y se fue el médico, con sus anteojos y su reloj.

Requerida por Lita, miss Mary salió a comprar las agujas de madera y

lana blanca, celeste y rosada. Se hizo esperar mucho, ella también.

Pero, mientras volvía, la madre vistió a Lita, la lavó, la peinó, le

puso agua de Colonia y la sentó en su silla rodante.

Poca lana trajo miss Mary... Como no alcanzaba para las tres colchas

pedidas por el hada madrina, Lita reclamó el doble más de lana de cada

color... Su mamá le dijo que aprendiese primero a tejer lo que tenía

delante, y comenzó a enseñarle...

Con gran sorpresa de su mamá, en un momento aprendió Lita, toda ojos,

los puntos del tejido. Antes de la hora de almorzar ya tejía; bien que

imperfectamente, ¡ya tejía!... Como primeros ensayos fabricó unas tiras

largas y desparejas y unos cuadraditos, aunque sucios de dedos y no sin

nudos que acusaban tropiezos y equivocaciones.

Inmediatamente quiso comenzar su colcha blanca. Nada pudo detenerla: ni

las súplicas de su mamá para que descansase, ni siquiera la severidad de

que se armó su padre, todavía vestido con su bonita bata azul rameada de

negro.

Rodeada de su padre, su madre, sus hermanitos y miss Mary, ella seguía

en su labor como una brujita, teje que teje, teje que teje, teje que

teje... Por su boquita, contraída por la atención, acechaba su lengua a

manera de una curiosa que se asoma por la ventana. Sus pequeñas manos

parecían dos arañas de cinco patas, apuradísimas en reconstruir una tela

rota por el viento.

Thespis (novelas cortas y cuentos) · 第 20 / 47 题