Sin embargo, Juanita se limitaba a cavilar y a recelar, permaneciendo
inactiva. Todo lo que entonces hubiese hecho en contradicción con los
dos proyectos de doña Inés del casamiento de su padre y del monjío de
ella, hubiera sido la más audaz rebelión contra la tiranía de la reina
absoluta de Villalegre, y a don Paco y a ella los hubiera puesto en
peligro de tener que emigrar, como Adán y Eva, expulsados del Paraíso.
Por otra parte, Juanita era tan orgullosa, que por más que le doliese el
recelo de que doña Agustina le quitase a don Paco, no quería, llamándole
a sí, acudir al punto a evitarlo y quedarse con la duda de que él, no
llamado, hubiese podido ceder y entregarse a otro dueño.