El Presidente dura en su encargo cuatro años, tiempo suficiente al
parecer para que pueda desempeñarlo con energía é independencia, y para
dar estabilidad y alguna madurez á su sistema de administracion, siendo
por otra parte bastante corto para que sienta su dependencia de la
aprobacion pública. El Presidente es reeligible para varios períodos
sucesivos; pero en la práctica ninguno ha consentido en ser candidato
para una tercera eleccion, y esta costumbre, sancionada por la opinion
pública, ha llegado á establecer indirectamente una limitacion saludable
á la prolongacion indefinida de su encargo.