Los reglamentos de las dos Cámaras convienen entre sí sustancialmente, y
aunque son esenciales para que haya órden y tranquilidad en el despacho
de los negocios, son sin embargo demasiado minuciosos para que puedan
ser tratados extensamente en una revista elemental de la administracion
constitucional y jurisprudencia general de los Estados Unidos. La Cámara
de Representantes elige á su presidente; pero el vicepresidente de los
Estados Unidos es _ex-officio_ presidente del Senado, y tiene voto de
calidad siempre que se empataren los votos de los senadores. En las dos
Cámaras los procedimientos y discusiones son públicas. Esto facilita á
los ciudadanos un medio para imponerse con oportunidad y de una manera
auténtica del curso de los negocios pendientes ante el Congreso, y de
las razones y política de las medidas que dictare, y es, además, un
poderoso estímulo para la laboriosidad, la investigacion y el cultivo
del talento y de la elocuencia en los debates. Aunque puede suceder que
esas ventajas se adquieran á costa de largas é inútiles discusiones, sin
embargo, la conveniencia que resulta de que las sesiones sean públicas,
se sobrepone con mucho á ese mal. Por algunos años el Senado tuvo sus
deliberaciones á puerta cerrada; pero la oposicion que suscitó esa
práctica nos autoriza para asegurar que en este país no se consentiria
su repeticion en ninguna asamblea legislativa.