Sin embargo, la conviccion de la suma importancia de una union
federativa habia echado hondas raíces en los ánimos de los colonos,
nuestros antepasados, y la materia les era familiar. Tenian la costumbre
de formar asociaciones, con fines mas ó menos importantes, especialmente
en las épocas de sus peligros y dificultades. Se habia hecho sentir la
necesidad de la union, se habian palpado sus ventajas, se habian
explicado sus principios y señalado los medios de alcanzarla, y el
pueblo americano se veia impelido por causas irresistibles á recurrir á
ese medio de defensa y conservacion siempre que creia que peligraban sus
libertades, no tanto por el sistema de guerra irregular que le hacian
las tribus de indios, cuanto por las exigencias formidables y el poder,
todavía mas formidable de la madre patria. El haber asumido el
Parlamento británico, el derecho ilimitado de legislar para las colonias
en todos los casos, cualesquiera que fueran, y principalmente el de
imponerles contribuciones sin su consentimiento, derecho que á su vez
las colonias negaban, fundadas en que carecian de representacion, y la
pretension que tuvieron el rey y el Parlamento de compelerlas por la
fuerza de las armas, fueron las causas inmediatas de la revolucion
americana. En Octubre de 1765, poco despues del primer atentado contra
los privilegios que nos concedian las cartas de fundacion, es decir, de
la expedicion de la ley para arbitrar recursos en las colonias por medio
del papel sellado, á pedimento de Massachusetts, se reunió en New-York
un Congreso de delegados de nueve de las colonias, y redactaron un
proyecto de garantías, en el cual se declaró, que la facultad de
imponerles contribuciones residía exclusivamente en sus propias
legislaturas coloniales. Esta era una preparacion para una liga mas
numerosa y general de las colonias, la que tuvo lugar en 1774 y
estableció el fundamento de nuestra independencia y de nuestra gloria
imperecedera.