Amaneció con el viento al OSO fresco. A las 8 vino el indio que vendió
las vacas, y duró el ajuste de ellas hasta mediodia, habiendo quedado
ajustadas de ayer, porque pedia muchas mas cosas de las en que fueron
ajustadas, alegando el que eran grandes: el trabajo que le habian
costado el haber salido de sus toldos con el frio que hace, solo
por traernoslas. No obstante, no le dí siquiera un ápice mas de lo
ajustado, diciéndole, que las llevase, que yo tambien me marchaba. A
esto vino _Chulilaquin_ y me dijo, que mandase un soldado á escoger las
vacas: así se hizo, y despaché al que las habia vendido.
Al hijo de _Chulilaquin_ le dió hoy un vomitivo nuestro sangrador,
que lo asiste en su enfermedad desde su principio; y asimismo toma
los caldos del puchero que le mandé hacer á mi criado, desde que cayó
enfermo. Asimismo asiste á otros enfermos, contribuyendo yo con aquello
que tengo para su alivio, pues en la caja de medicina no hay con que
curar.
Esta tarde me ofreció el yerno de _Chulilaquin_, marido de la que
llamamos _Princesa_, que mañana pasaria á ver unos parientes suyos,
Aucaces, á fin de negociar chasque á Valdivia, y de camino que iba á
traer piñones. Los chinos y chinas no cesan de conducir diariamente
cargueros de manzanas: las comen crudas, asadas y en todos los
guisados, y hacen chicha y orejones. Con todo, dicen que hay tantas
sobre las sierras, que sin embargo de haber tantas indiadas, no es
posible darles fin, y que el suelo queda de un año para otro empedrado
de manzanas podridas; si bien asimismo dicen, que los Aucaces y
Peguenches no gastan muchas, solo en la chicha, porque tienen mucho
que comer, que estos tienen de todos frutos y legumbres, mucho ganado
lanar, caballar y vacuno, y que por esto gastan poca manzana en la
comida; pero en la bebida que gastan muchísima, y que por el tiempo de
las manzanas están casi siempre borrachos.
Al anochecer le dí el santo á _Chulilaquin_, y largué las embarcaciones
afuera.