DIA 28.

Al salir el sol me fuí al toldo del yerno de _Chulilaquin_, á fin de

que abreviase el viage, y á encargarle que me trajese dos docenas de

piñas con piñones, porque ademas de que deseo verlas, estimaria que

me las trajesen por conducirlas al Rio Negro, de donde se podrian

remitir al Exmo. Señor Virey, y aun á la Corte, porque me parecen

serian dignas de verse por su extraordinario tamaño, segun me dicen: y

segun la proporcion que tienen los piñones de España con las piñas, es

preciso que estas sean mayores diez ó doce veces que nuestras piñas de

España, pues me parece que un piñon de estos excede á uno de aquellos

en tamaño, en otras tantas, y aun mas. Llegué á dicho toldo, y en él

hallé una porcion de indios, los cuales, oyendo lo que yo le encargaba

al indio, yerno de _Chulilaquin_, por medio de la lenguaraza, que

todo se reducia á que examinase los dias de camino que habia desde

aquí á Valdivia, y viese si podia negociar chasque que me condujese

una carta á aquella plaza; si desde el Cerro de la Imperial se veia

la mar; que me trajese las piñas. A este tenor formaron dichos indios

conversacion en el asunto, y dijeron, que desde aquí á Valdivia habia

tres jornadas en cualquier mancarron: que un chasque podia con todo

descanso ir y venir en siete dias, tres de ida, tres de vuelta, y uno

para estar allá: que el camino era muy corto, pero que no era bueno,

porque por muchos parages de la Cordillera precisaba caminar despacio.

Que si esperaba alguna cosa de Valdivia seria preciso conducirla en

cargueros, porque carretas no podian venir: que al Cerro de la Imperial

nadie podia subir, por estar en todos tiempos cubierto de nieve; pero

que desde su falda se veia bien la mar, porque estaba cerquita. Que

los cristianos de Valdivia tenian muchas embarcaciones, algunas como

estas chalupas, y otras de extraordinario tamaño: que allí habia muchos

fuertes y muchos cañones, muchos mayores que los que traia yo en mi

chalupa. Que algunos cristianos de aquella plaza venian todos los años

á comerciar con los Aucaces y Peguenches, los cuales, traian géneros,

que cambiaban á los indios por ponchos y ganados: y que cuando sucedió

la muerte del cacique _Guchumpilqui_, estaba uno que habia venido de

Valdivia con algunos peones en los toldos del difunto, que distan de

este sitio 5 ó 6 leguas, y que este le habia comprado al expresado

cacique todo el ganado que habia traido de Buenos Aires; y asimismo

habia comprado á otros indios y caciques, y que para esto habia traido

bastantes géneros y algunas espuelas de plata: que ellos mismos le

habian visto dos pares, y uno de ellos entró en la compra que le hizo

del ganado á _Guchumpilqui_, y el otro á otro cacique, pero no saben si

se habria marchado á su tierra este cristiano, porque ellos, sabiendo

la revuelta que habla con la muerte de este cacique, se habian huido:

pero que era regular que ya se hubiese ido por tener todas las compras

hechas, y que estaba para irse cuando ellos se vieron, y que tambien

por la revuelta de los indios era regular que dicho cristiano abreviase

su viage. He sentido bastante el haber llegado á tan mal tiempo, cuando

acaeció esta muerte, que, á no ser así, pudiera que nos llegasemos á

ver, y á informarnos de dicho Valdivia; y aun poder con él pasar á

dicha plaza, y lograr todo cuanto se podia apetecer.

El yerno de _Chulilaquin_ me dijo que en esta luna se caian todos los

piñones; que los indios los amontonaban por el suelo; que era mucha

la abundancia de esta fruta: pero al mismo tiempo que se caian los

piñones se caia tambien la hoja ó cáscara que los guardaba, quedándose

solo el palo de enmedio. Le volví á encargar supiese bien si habia

algun cristiano de Valdivia entre aquellos indios, y le diese noticia

de nosotros, y de no haberlo, viese si hallaba el expresado chasque: á

mediodia se fué.

Anocheció lloviendo: le dí el santo á _Chulilaquin_, y largué las

embarcaciones afuera.

El parage á donde hace confluencia el _Huechum-huechuen_ con el

_Catapuliche_, está en 39° 40′ de latitud sur. Este pertenece al dia 29.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 213 / 260 题