Al salir el sol me fuí al toldo del yerno de _Chulilaquin_, á fin de
que abreviase el viage, y á encargarle que me trajese dos docenas de
piñas con piñones, porque ademas de que deseo verlas, estimaria que
me las trajesen por conducirlas al Rio Negro, de donde se podrian
remitir al Exmo. Señor Virey, y aun á la Corte, porque me parecen
serian dignas de verse por su extraordinario tamaño, segun me dicen: y
segun la proporcion que tienen los piñones de España con las piñas, es
preciso que estas sean mayores diez ó doce veces que nuestras piñas de
España, pues me parece que un piñon de estos excede á uno de aquellos
en tamaño, en otras tantas, y aun mas. Llegué á dicho toldo, y en él
hallé una porcion de indios, los cuales, oyendo lo que yo le encargaba
al indio, yerno de _Chulilaquin_, por medio de la lenguaraza, que
todo se reducia á que examinase los dias de camino que habia desde
aquí á Valdivia, y viese si podia negociar chasque que me condujese
una carta á aquella plaza; si desde el Cerro de la Imperial se veia
la mar; que me trajese las piñas. A este tenor formaron dichos indios
conversacion en el asunto, y dijeron, que desde aquí á Valdivia habia
tres jornadas en cualquier mancarron: que un chasque podia con todo
descanso ir y venir en siete dias, tres de ida, tres de vuelta, y uno
para estar allá: que el camino era muy corto, pero que no era bueno,
porque por muchos parages de la Cordillera precisaba caminar despacio.
Que si esperaba alguna cosa de Valdivia seria preciso conducirla en
cargueros, porque carretas no podian venir: que al Cerro de la Imperial
nadie podia subir, por estar en todos tiempos cubierto de nieve; pero
que desde su falda se veia bien la mar, porque estaba cerquita. Que
los cristianos de Valdivia tenian muchas embarcaciones, algunas como
estas chalupas, y otras de extraordinario tamaño: que allí habia muchos
fuertes y muchos cañones, muchos mayores que los que traia yo en mi
chalupa. Que algunos cristianos de aquella plaza venian todos los años
á comerciar con los Aucaces y Peguenches, los cuales, traian géneros,
que cambiaban á los indios por ponchos y ganados: y que cuando sucedió
la muerte del cacique _Guchumpilqui_, estaba uno que habia venido de
Valdivia con algunos peones en los toldos del difunto, que distan de
este sitio 5 ó 6 leguas, y que este le habia comprado al expresado
cacique todo el ganado que habia traido de Buenos Aires; y asimismo
habia comprado á otros indios y caciques, y que para esto habia traido
bastantes géneros y algunas espuelas de plata: que ellos mismos le
habian visto dos pares, y uno de ellos entró en la compra que le hizo
del ganado á _Guchumpilqui_, y el otro á otro cacique, pero no saben si
se habria marchado á su tierra este cristiano, porque ellos, sabiendo
la revuelta que habla con la muerte de este cacique, se habian huido:
pero que era regular que ya se hubiese ido por tener todas las compras
hechas, y que estaba para irse cuando ellos se vieron, y que tambien
por la revuelta de los indios era regular que dicho cristiano abreviase
su viage. He sentido bastante el haber llegado á tan mal tiempo, cuando
acaeció esta muerte, que, á no ser así, pudiera que nos llegasemos á
ver, y á informarnos de dicho Valdivia; y aun poder con él pasar á
dicha plaza, y lograr todo cuanto se podia apetecer.
El yerno de _Chulilaquin_ me dijo que en esta luna se caian todos los
piñones; que los indios los amontonaban por el suelo; que era mucha
la abundancia de esta fruta: pero al mismo tiempo que se caian los
piñones se caia tambien la hoja ó cáscara que los guardaba, quedándose
solo el palo de enmedio. Le volví á encargar supiese bien si habia
algun cristiano de Valdivia entre aquellos indios, y le diese noticia
de nosotros, y de no haberlo, viese si hallaba el expresado chasque: á
mediodia se fué.
Anocheció lloviendo: le dí el santo á _Chulilaquin_, y largué las
embarcaciones afuera.
El parage á donde hace confluencia el _Huechum-huechuen_ con el
_Catapuliche_, está en 39° 40′ de latitud sur. Este pertenece al dia 29.