Ayer estuvo en estos toldos un pariente de estos indios, que está
casado entre los Peguenches: yo no lo he visto, pero me lo dijeron.
Este vino á saber si yo le compraba algunas vacas; y habiéndole dicho
el cacique _Chulilaquin_ que las trajese que se le comprarian, se fué
diciendo, que el dia de hoy las traeria. Preguntándole yo esta tarde
á _Chulilaquin_ como no venia el indio que habia ofrecido traer el
ganado; me dijo, que no habia que fiar, porque seguramente aquel habia
venido á ver y á observar en que disposicion estábamos, y yo sentí no
haberle visto, porque por el interes cualquier indio Aucas ó Peguenche
me conduciria una carta á Valdivia, á fin de tener de allí los auxilios
necesarios para concluir el todo del reconocimiento, por serme
sumamente doloroso que al cabo de haber pasado tanto trabajo, no tenga
con que reconocer el Diamante, ni con que subsistir hasta que lleguen
las crecientes para poder navegar dicho rio; ni el de la Encarnacion,
que hago juicio pasará muy cerca de Chile: y solo me detuve hoy aquí,
por ver si por algun camino se proporciona mandar chasque á Valdivia.
Mas arriba por el rio no puedo navegar por falta de agua, y mas abajo
es alejarme de los indios, por cuyo medio pudiera ser conducida la
carta, y por esto me detuve. Pero ya el pan dá pocas treguas, y si en
el dia de mañana no se proporciona chasque que vaya á Valdivia, tengo
ya determinado el regreso al establecimiento del Rio Negro.
Hoy regalé á _Chulilaquin_ y su familia con algunas bujerias y tabaco,
y á otros de los principales, de lo que quedaron agradecidos, y regalan
á los marineros manzanos, piñones, y les ofrecen de sus comidas con
bastante agasajo.
Al hijo de _Chulilaquin_, que mató á _Guchumpilqui_, le sobrevino una
grande calentura. Lo visité muchas veces: le hice poner puchero, y el
sangrador le aplica los remedios que le parecen á propósito; y de esto
están mas agradecidos. Al anochecer le dí el santo á _Chulilaquin_:
recogí toda la gente, y largué las embarcaciones afuera.