Amaneció en calma, habiendo caido esta noche una grande helada. A
mediodia convidé á _Chulilaquin_ á comer conmigo y á otros 4 indios
de su familia, que parece son de los de mas cuenta que componen
esta bárbara república. Ha estado muy regular y atento, así él como
los 4 indios que le acompañaban, sin gastar aquellas pesadeses que
acostumbraban en el establecimiento del Rio Negro. A las 3 de la
tarde vinieron algunos indios y chinas, de los que habian ido ayer á
tomar manzanas. Fuí inmediatamente á sus toldos á preguntar por los
dos marineros que habian ido en su compañia, y me dijeron por medio
de la lenguaraza, que habian quedado, porque se les habian perdido
los caballos. Me impacienté bastante, y dije, que si en el dia no me
traian los dos hombres, que no solo convertiria y reduciria todos
aquellos toldos, sus indios, chinas y muchuchos á ceniza, sino que no
quedaria cerro ni montaña en todo aquel distrito que no deshiciese y
allanase á cañonazos. Diciendo esto, dí una voz á embarcar toda la
gente y á prolongar los costados de las chalupas con los toldos, con
la artilleria prevenida, y las mechas en las manos. Se ejecutó esto
con tanta prontitud, que se quedaron asombrados todos los indios: y
llenos de terror, corrió inmediatamente _Chulilaquin_ á la orilla con
sus mugeres y hermanos: con la lenguaraza corrió asimismo su hija, que
llamamos la _Princesa_, con dos hijos y otros indios y mugeres de las
de primera clase, todos asustados á donde yo estaba, disponiendo las
embarcaciones, suplicando que me sosegase un poco, que mi gente no
pasaria daño alguno, y que primero perderian ellos todos sus vidas.
Me dijo _Chulilaquin_ que cerca de las manzanas estaba su abuelo,
principal cacique de aquella tierra, y que casi todos aquellos indios
eran sus parientes: que su hermano, el marido de Maria Lopez, habia ido
custodiando los cristianos, y su sobrino, por lo que no tenia recelo
alguno, respecto á que estos no habian venido. Al mismo tiempo despachó
6 indios armados á saber de ellos: le hablé con sosiego, y le dije que
yo estimaba mucho mi gente, y que se hiciese cargo de que el cacique
Francisco me tenia un desertor: que los Aucaces me habian muerto dos
con capa de amistad; y que esto me bastaba ya para escarmiento. Me dijo
que tenia razon, pero que pereceria él y todos sus indios en venganza
de algun agravio que hubiesen recibido los dos cristianos que habian
ido en compañia de su hermano.
A las 5 llegaron dos esclavos de _Chulilaquin_, que fueron ayer á
las manzanas, con la noticia de que nuestros dos marineros venian ya
cerca con el hermano de _Chulilaquin_. A las 7 de la noche llegaron á
bordo con un carguero de manzanas, y dijeron que su detencion habia
sido porque habian ido de 8 á 9 leguas de distancia, y en ella, que
se reparte el rio de _Huechu-huechuen_, en siete brazos, que bajan
despeñándose de la Cordillera. Que llegaron muy cerca del Cerro de
la Imperial, por la parte del S: que por las orillas de estos rios
hay muchos árboles con pocas manzanas, por estar ya tomadas de los
indios; pero que desde el parage á donde llegaron no se vé otra cosa
en aquellos distados campos, que espeso monte de manzanos, amarillando
su fruta encima de los árboles: que el suelo está empedrado ó matizado
de esta fruta, en tanta abundancia, que los indios no se detienen en
sacarla de los árboles, sino que la recogen de la que está en el
suelo, amontonándola con los pies para meterla en las bolsas, ó sacos
que llevan para conducirla. Que las tierras son de superior calidad,
campos doblados y llenos de arroyuelos que los baña. Que estos manzanos
no estan solo á las orillas de los arroyos, sino por toda la campaña:
que es la mayor delicia que puede imaginarse el ver aquella tierra
tan fértil y fructifera. Que la tolderia del abuelo de _Chulilaquin_
ascenderá de 80 á 100 toldos: que la laguna de _Huechum-lauquen_ está
detras de un cerro que un indio les señaló, distante dos leguas de
á donde ellos llegaron. Que vieron el parage á donde está enterrado
_Guchumpilqui_, nombrado por estos indios el _cacique alentado_: que
vieron su sangre; y que el hermano de _Chulilaquin_ queria que le
desenterrasen y me trajesen la cabeza, lo que no hicieron por ser ya
tarde. Desde el parage donde estuvieron tomando las manzanas, dicen que
se mira una llanura que se pierde de vista, sin que ninguna serrania
se ponga delante, mirando al O: que al N y al S está la Cordillera
cubierta de nieve; y que esta se les quedaba mas atras de donde
llegaron, y en esta atencion que les parece ya no haber serrania á
dicho rumbo hasta la mar del S, y esta dista del parage á donde me
hallo, en línea recta, 16 leguas.
Prosiguió esta noche el bárbaro baile en obsequio de la nieta de
_Chulilaquin_.