DIA 24.

Amaneció en calma, habiendo caido esta noche una grande helada. A

mediodia convidé á _Chulilaquin_ á comer conmigo y á otros 4 indios

de su familia, que parece son de los de mas cuenta que componen

esta bárbara república. Ha estado muy regular y atento, así él como

los 4 indios que le acompañaban, sin gastar aquellas pesadeses que

acostumbraban en el establecimiento del Rio Negro. A las 3 de la

tarde vinieron algunos indios y chinas, de los que habian ido ayer á

tomar manzanas. Fuí inmediatamente á sus toldos á preguntar por los

dos marineros que habian ido en su compañia, y me dijeron por medio

de la lenguaraza, que habian quedado, porque se les habian perdido

los caballos. Me impacienté bastante, y dije, que si en el dia no me

traian los dos hombres, que no solo convertiria y reduciria todos

aquellos toldos, sus indios, chinas y muchuchos á ceniza, sino que no

quedaria cerro ni montaña en todo aquel distrito que no deshiciese y

allanase á cañonazos. Diciendo esto, dí una voz á embarcar toda la

gente y á prolongar los costados de las chalupas con los toldos, con

la artilleria prevenida, y las mechas en las manos. Se ejecutó esto

con tanta prontitud, que se quedaron asombrados todos los indios: y

llenos de terror, corrió inmediatamente _Chulilaquin_ á la orilla con

sus mugeres y hermanos: con la lenguaraza corrió asimismo su hija, que

llamamos la _Princesa_, con dos hijos y otros indios y mugeres de las

de primera clase, todos asustados á donde yo estaba, disponiendo las

embarcaciones, suplicando que me sosegase un poco, que mi gente no

pasaria daño alguno, y que primero perderian ellos todos sus vidas.

Me dijo _Chulilaquin_ que cerca de las manzanas estaba su abuelo,

principal cacique de aquella tierra, y que casi todos aquellos indios

eran sus parientes: que su hermano, el marido de Maria Lopez, habia ido

custodiando los cristianos, y su sobrino, por lo que no tenia recelo

alguno, respecto á que estos no habian venido. Al mismo tiempo despachó

6 indios armados á saber de ellos: le hablé con sosiego, y le dije que

yo estimaba mucho mi gente, y que se hiciese cargo de que el cacique

Francisco me tenia un desertor: que los Aucaces me habian muerto dos

con capa de amistad; y que esto me bastaba ya para escarmiento. Me dijo

que tenia razon, pero que pereceria él y todos sus indios en venganza

de algun agravio que hubiesen recibido los dos cristianos que habian

ido en compañia de su hermano.

A las 5 llegaron dos esclavos de _Chulilaquin_, que fueron ayer á

las manzanas, con la noticia de que nuestros dos marineros venian ya

cerca con el hermano de _Chulilaquin_. A las 7 de la noche llegaron á

bordo con un carguero de manzanas, y dijeron que su detencion habia

sido porque habian ido de 8 á 9 leguas de distancia, y en ella, que

se reparte el rio de _Huechu-huechuen_, en siete brazos, que bajan

despeñándose de la Cordillera. Que llegaron muy cerca del Cerro de

la Imperial, por la parte del S: que por las orillas de estos rios

hay muchos árboles con pocas manzanas, por estar ya tomadas de los

indios; pero que desde el parage á donde llegaron no se vé otra cosa

en aquellos distados campos, que espeso monte de manzanos, amarillando

su fruta encima de los árboles: que el suelo está empedrado ó matizado

de esta fruta, en tanta abundancia, que los indios no se detienen en

sacarla de los árboles, sino que la recogen de la que está en el

suelo, amontonándola con los pies para meterla en las bolsas, ó sacos

que llevan para conducirla. Que las tierras son de superior calidad,

campos doblados y llenos de arroyuelos que los baña. Que estos manzanos

no estan solo á las orillas de los arroyos, sino por toda la campaña:

que es la mayor delicia que puede imaginarse el ver aquella tierra

tan fértil y fructifera. Que la tolderia del abuelo de _Chulilaquin_

ascenderá de 80 á 100 toldos: que la laguna de _Huechum-lauquen_ está

detras de un cerro que un indio les señaló, distante dos leguas de

á donde ellos llegaron. Que vieron el parage á donde está enterrado

_Guchumpilqui_, nombrado por estos indios el _cacique alentado_: que

vieron su sangre; y que el hermano de _Chulilaquin_ queria que le

desenterrasen y me trajesen la cabeza, lo que no hicieron por ser ya

tarde. Desde el parage donde estuvieron tomando las manzanas, dicen que

se mira una llanura que se pierde de vista, sin que ninguna serrania

se ponga delante, mirando al O: que al N y al S está la Cordillera

cubierta de nieve; y que esta se les quedaba mas atras de donde

llegaron, y en esta atencion que les parece ya no haber serrania á

dicho rumbo hasta la mar del S, y esta dista del parage á donde me

hallo, en línea recta, 16 leguas.

Prosiguió esta noche el bárbaro baile en obsequio de la nieta de

_Chulilaquin_.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 209 / 260 题