Amaneció en calma: las montañas cubiertas de nieve, y los llanos del
rio de una grande helada. A las 8 de la mañana compré un caballo,
y salí con el bote á reconocer el rio _Catapuliche_, sirgando á la
cincha; y á este tiempo se fueron Domingo Goytia y José Oyólas, en dos
caballos que me prestaron, el uno, _Chulilaquin_, y el otro, un hijo
suyo, á reconocer por tierra el _Huechu-huechuen_. Al mismo tiempo
llevaron una mula que prestó _Chulilaquin_, para traer cargadas de
manzanas: fueron acompañados del marido de Maria Lopez, hermano de
_Chulilaquin_ y de un sobrino suyo, indio ladino. Al mismo tiempo
fueron otros indios y chinas á buscar manzanas.
Yo llegué á la boca del _Huechu-huechuen_, y reconocí su entrada: baja
por un despeñadero con rapidísima corriente, por entre espesas peñas,
y es de tanto caudal como el _Catapuliche_. Desde su boca hasta la
Cordillera en línea recta hay una legua. Seguí el _Catapuliche_, y
habiéndolo navegado una legua aguas arriba, arrastrando por el fondo
del botecillo vacio, llegué á donde desplayándose un poco el rio, no
permitió paso para el bote. Aquí fuí por tierra y salieron 5 indios á
la furia por un cerro arriba: luego salieron otros 3 á toda prisa, y
se repartieron tal vez, dando noticia á otros indios, de que íbamos
nosotros. No pudiendo pasar mas adelante, volví á las 4 de la tarde. Al
anochecer dí el santo á los indios, y largué las embarcaciones, y no
vinieron todavia los dos marineros ni los indios que los acompañaban,
ni otros que al mismo tiempo salieron á buscar manzanas.