DIA 20.

Se llevó lloviendo toda la noche, y los indios estuvieron sosegados:

talvez seria por haberles yo dicho que gritaban de miedo, porque los

hombres de valor y de espíritu, y que tenian esperanzas de vencer á

su enemigo, lo esperaban callado; y que primero se debia oir el ruido

de las armas y los clamores del contrario, que los gritos, que, sin

motivo, estaban dando al aire.

Luego que fué de dia, pasé á reconocer el campo inmediato, y héchome

cargo de él, pensé el modo de fortificarlo: y para esto mandé llamar á

_Chulilaquin_, avisándole que viniese de gala, con el baston y vestido

que se le habia dado en nombre del Rey, mi amo, á quien él debia

obedecer; y que tragese consigo los indios de mas suposicion: hízolo

así inmediatamente.

Habia yo prevenido á los patrones, oficiales de mar y marineros, se

aseasen lo mejor que pudiesen; y que dejando hachas y azadas á bordo,

prontas á fin de desmontar un pedazo de sauceria y barrancas para

igualar el terreno, bajasen conmigo á tierra la mitad de la gente, y

los mas aseados y de mejor presencia, armados; y quedándose la otra

mitad de guardia en las embarcaciones. Luego que llegó _Chulilaquin_

al puerto que le habia señalado, lo recibí con amistad, y por medio

de la lenguaraza Maria Lopez le hice un razonamiento segun me dictó

en esta ocasion mi corto alcance: diciéndole, que él y sus indios

habian venido fugitivos á ampararse de mí, tan asustados y temerosos

de que sus contrarios les quitasen sus vidas, las que apenas podian

respirar. Que yo les habia ofrecido favorecerlos: pero que las dos

noches antecedentes no habia yo tenido cuidado alguno, porque sabia que

no habian de venir á avanzarlos, como ya se lo habia dicho siempre: que

él se me presentaba afligido, pero que ya hoy en el dia era otra cosa,

porque los Aucaces habian ya tenido bastante tiempo para juntarse y

prepararse suficientemente para seguirlos y acabarlos. Que él mismo les

habia mandado á decir que estaba protegido de nosotros; y que en tal

caso, siempre que dichos indios se determinasen á venir á avanzarle,

que precisamente vendria un número crecidísimo; y que así estuviese

atento y pensase bien en lo que le iba á decir.

Que yo era uno de los mas chiquitos criados que tenia el Rey de España,

cuyo Señor tenia dominios en todas las cuatro partes del mundo: que se

hiciese cargo de que, estando este Señor tan lejos de Buenos Aires,

que se tardaba caminando de dia y de noche, seis, siete y ocho lunas,

atravesando la mar sin ver tierra hasta llegar á donde estaba. Estando

nosotros tan lejos de su presencia, todos le obedeciamos; y que primero

perderiamos las vidas que dejar de obedecerle, y de cumplir en todo su

voluntad, sin faltar en nada al mas mínimo precepto suyo.

Que ademas de las inmensas tierras que poseia este Gran Señor, tenia

tantos tesoros y riquezas, cual el no era capaz de comprender; y

mandaba tanta multitud de gentes, cual él no era capaz de imaginar.

Que reparase en que, siendo yo uno de sus menores esclavos, se venia

él á amparar de mí, y que de seguro podia yo solo con aquellos pocos

soldados que me acompañaban, defenderlo de cuantas indiadas pudieren

venir, acabando y haciendo pedazos con mis cañones á todos cuantos

intentasen ofenderle: y que valia mucho mas tenerme á mí por amigo,

que tener por amigos á todos cuantos indios y caciques abrigaba el

continente. Pues yo solo valia y podia favorecerlo mas que todos ellos

juntos; y que si así era el esclavo mas chico, que se hiciese cargo

cuan poderosísimo seria el Señor. Que el vestido que me cubria me lo

daba este Gran Señor: que él me daba de comer, me daba riquezas y

estimacion: que yo gustosísimamente le servia y obedecia: que estas

embarcaciones y cuanto venia en ellas era suyo, con gente y todo; y que

de su mandado veniamos por este rio. Que todo aquel que no quisiese

obedecerle, perderia la vida; y que era este Señor tan poderoso y de

tan buen corazon, que á todos sus criados nos tenia mandado el que

favoreciesemos á todos los indios, porque les tenia mucha lástima,

sabiendo lo pobres é infelices que eran en todo. Esto es, pobres de

hacienda y pobres de saber, pues andaban continuamente entre estos

cerros, llenos de sustos, pereciendo de hambre y frio, y viéndose

precisados á robar para poder vivir; y que á esto se seguian las

muertes, y el andar continuamente por este motivo vagantes, fugitivos,

y llenos continuamente de miedo, y que la benignidad de este Señor

tan grande nos mandaba que atendiesemos á la pobreza de los indios,

socorriéndolos y amparándolos á todos, pero particularmente á los

amigos y fugitivos que viniesen á ampararse, como á él le sucedia. Que

reparase en que de su mandado lo favorecia yo, y lo habia favorecido

el Super-Intendente, y todos los cristianos del Rio Negro: que aquel

vestido y baston que traia se lo habia dado este Gran Señor, y que se

hiciese cargo los favores que le debia, y le habia hecho y hacia á

todos los indios sin conocerlos.

Que yo ahora iba á tomar su defensa por mi cuenta, como este Señor mi

amo me lo mandaba; pero que para esto era preciso que él y todos sus

indios hiciesen en un todo cuanto les mandase sin faltar un punto en

nada, y que no tuviese cuidado ninguno de sus enemigos, estando yo en

su defensa: que los hariamos pedazos, aunque se juntasen mas indios

que yerba tenia el campo, (toda esta relacion hacia yo en alta voz,

y lo mismo hacia la lenguaraza Maria Lopez, estando toda la indiada

en círculo y ella, _Chulilaquin_ y yo en medio): pero que para esto

era indispensable que él y todos los indios me obedeciesen, y fuesen

leales vasallos del poderosísimo Rey de España, como yo la era, que en

cualesquiera partes del mundo, donde se arbolase su bandera, debian

todos estar obedientes á él.--A todo se convino, haciendo de cuando en

cuando relacion á sus indios de los favores que recibia; y acabado esto

le dije que dijese conmigo, él y todos: _¡Viva el Rey!_ A cuyo tiempo

se largó la bandera y un cañonazo, con mucha aclamacion y griteria de

todos los indios y cristianos.

Hizo despues _Chulilaquin_ un razonamiento á sus indios, en que les

ponderaba lo mucho que le debian, pues por la amistad que él tenia con

los cristianos se veian libres de la muerte, y de perder sus haciendas,

mugeres é hijos; y que diesen gracias á Dios de haber hallado en esta

ocasion un tan buen amigo: que debian todos mirarme y respetarme como á

un padre, pues tomaba á su cuenta su defensa. Se repitió por los indios

la griteria y algazara.

A este tiempo hice señas á las tripulaciones que ya estaban prevenidas,

para que con la mayor viveza desmontasen los sauces, y allanasen el

terreno para que los indios se admirasen. Esto se hizo tan á lo vivo

y con tanta presteza, que se quedaron los indios admirados. Mandé á

todos los indios y chinas conducir todos los sauces cortados á todos

los parages que eran necesarios para la fortificacion: de modo que en

breve hice una especie de trinchera por medio de una zanja y sauces,

poniendo estacas y atravesando palos en unas partes, y en otras

cortando el terreno, la cual no pueden romper los caballos en ningun

avance, dejando solo un boquete para entrar y salir á una sola parte

de la orilla del rio. Esta entrada tiene solo 18 varas de ancho, y en

ella prolongué las chalupas, montando la artilleria en los costados

que decian hácia aquella parte. Les mandé deshacer todos los toldos y

conducirlos adentro: se los mandé hacer allí juntos, y no separados

como suelen. Todo lo egecutaron puntualmente, de modo que á las 2½

de la tarde estaba todo hecho.

Despues llamé á _Chulilaquin_ con todos los indios y á la lenguaraza,

y les ponderé el favor que me debian. Les dije que ellos ignoraban el

arte de pelear, que para que viesen mi buen corazon, que reparasen

como los guardaba, metiéndolos á ellos en casa, y poniéndome yo á la

puerta á recibir los golpes, porque á ellos no los lastimasen: que

ya veian el modo, la disposicion y ligereza de mi gente, y el modo

como los guardaba. Todo lo cual entendido por _Chulilaquin_, (que es

uno de los hombres mas capaces y reflexivos que he tratado) me dió

la gracias, abrazándome muchas veces, que _Pepechel_ le habia traido

su mejor hermano. Hizo relacion, y le hizo entender á los indios los

motivos porque yo habia hecho todo aquel aparato, y como me quedaba

á la entrada por guardarlos á ellos. Se repitió la griteria, y al

instante mataron una yegua la mas gorda que tenian, para regalar á las

tripulaciones, y una oveja y dos cabritos para mí, (excesivo regalo

para estos indios). A los marineros les regalaron piñones y manzanas, y

no sabian que hacerse todos, y cada uno de por sí, con nuestra gente.

Al anochecer mandé que todos los indios ensillasen sus caballos, y

estuviesen sosegados hasta que yo les avisase para seguir á los que

se escapasen de la artilleria, y que se pusiesen cuatro indios en los

mejores caballos á trechos de media á media legua, por el camino de

los Aucaces, para traer la noticia. Les dí la seña, que era, _¡Viva el

Rey!_ Quedaron tan satisfechos y tan llenos de valor, que ya parecian

otros hombres.

Hecho esto, llegó un indio huido de los Aucaces, y dijo, que estos ya

estaban cerca, que venian á avanzarlos; pero que hallado en el camino á

la _Cacica Vieja_, les dijo que juntasen mas gente, ó que no viniesen,

porque estaban los cristianos con _Chulilaquin_, y que venian á morir;

y así, que fuesen á buscar más gente, y que por esto se volvieron. Esta

noche dicen que llegó otro con la noticia de que decian los Aucaces,

que los cristianos eran buenos esclavos.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 205 / 260 题