DIA 19.

Toda la noche estuvo lloviendo, y los indios en continua griteria á

caballo: amaneció lloviendo, y así anocheció. Están los indios tan

llenos de miedo, que ellos mismos confiesan, que los oprime tanto, que

aun tienen miedo de llorar; y esto que es número de indios considerable.

Esta mañana se fué la _Cacica Vieja_, y dejó á la lenguaraza Teresa:

esta me pidió que por Dios la llevase á bordo, así porque no, la

matasen los Aucaces, como porque no queria andar mas entre los indios;

y porque tiene una niña que dice quiere ser cristiana. Me pareció obra

de caridad el admitirla, y tambien interesante, porque sabiendo ella

los designios de los indios, se puede por su medio conseguir el saber

alguna cosa que convenga, por lo cual la admití á bordo.

A las 4 de la tarde llegó un indio de chasque á _Chulilaquin_, mandado

por un cacique amigo, por el que le avisaba que los Aucaces de seguro

llegaban mañana á avanzarle, pues ya estaban cerca aguardando á que

descanzasen los caballos para entrar en la refriega, y que de camino

decian que habian logrado la ocasion de llevar bastantes cristianos

cautivos.

Es constante que siempre tuve alguna desconfianza, y al principio no

quise creer de modo alguno la muerte de un cacique tan principal y

respetado por sus robos y atrocidades, como era _Guchumpilqui_: pero

son ya tantos los indicios y señales que he visto, que me fué preciso

creerlo. Casi de noche trajeron algunos indios los toldos debajo de la

artilleria de las chalupas, y no hallar lugar á donde meterse.

La lenguaraza Teresa me dijo que era cierto que los Aucaces tenian

determinado sorprendernos, y que para observar nuestros movimientos

habia mandado _Guchumpilqui_ á Ignacio Delgado, que era de su gente,

y que tenian pensado el regalarnos ó vendernos algunas vacas para que

saliese la gente á carnearlas á fuera, y entonces que á su salvo nos

tenian muertos, y se apoderaban de la carga de las chalupas: y que

haciendo esto no poblarian el Choelechel, ni les estorbarian el paso á

los campos de Buenos Aires, que es de donde se surten de ganado. Y á

la verdad, ellos no lo entienden, porque la mejor ocasion era de dia,

cuando toda la gente va desnuda, arrastrando por espacio de mediodia,

una chalupa, dejando la otra sola y precisamente varada, y luego vuelve

en busca de esta, dejando la otra en la misma disposicion.

Me dijo asimismo, que el número de Aucaces era grandísimo, y que estos

indios que paraban junto á nosotros, no eran nada en comparacion de los

que vendrian á buscarlos.

Me dijo asimismo, que los dos marineros, Mariano Gonzalez y José

Navarro, que estaban muertos, pero no por mano de los indios; pues

_Guchumpilqui_ los habia entregado á las chinas para que los matasen.

Reflexionando en todo esto, y que pasa ya de un mes que no hallé

parage en este rio tan defendido como el en que me hallo, porque todo

es varadero, y se pasa por donde quiera á caballo sin que se le moje

la cincha, tengo pensado detenerme aquí el dia de mañana, fortificar

el sitio; y en todo caso tengo mas de 100 soldados, (digámoslo así)

en los indios de _Chulilaquin_, quienes precisamente han de pelear

por defender sus vidas: y así como él viene buscando nuestro socorro,

podemos decir que hemos hallado nosotros socorro en él: porque si los

Aucaces, sabiendo que estamos juntos y _aunados_, (como dicen estan

persuadidos) vienen á avanzarnos, ciertamente que mejor lo harán

cuando nos hallen solos é indefensos, los marineros con una embarcacion

á cuestas arrastrando, que ni para abajo ni para arriba se puede

navegar dentro de ella, porque en todas partes vara, y la otra sola y

varada de la misma suerte.[21]

El hecho de _Guchumpilqui_ en llevar los expresados dos marineros,

despues de haberlo yo regalado y obsequiado mucho, y de haber venido

embarcado el cacique Roman y el indio José, dá á conocer su intencion,

y que de ningun modo apetecen los Aucaces nuestra amistad; y que si

pudiesen, hubiera hecho con todos nosotros lo mismo y de mejor gana,

pues les interesaba mas: y esto se puede esperar tengan pensado aquí,

que es lo mismo estar en el rio que en tierra, porque su caudal de agua

no estorba á pasarlo de un lado á otro, pero ni aun de galoparlo. Aquí

estoy en un pozito corto, pero no es menester casi nadar para llegar

á las chalupas; y en todo caso mas vale esperarlos aquí que no media

legua mas arriba, (en caso que se puedan subir las chalupas) ni 25

leguas abajo, pues en ellas no hay parage como este.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 204 / 260 题