Toda la noche estuvo lloviendo, y los indios en continua griteria á
caballo: amaneció lloviendo, y así anocheció. Están los indios tan
llenos de miedo, que ellos mismos confiesan, que los oprime tanto, que
aun tienen miedo de llorar; y esto que es número de indios considerable.
Esta mañana se fué la _Cacica Vieja_, y dejó á la lenguaraza Teresa:
esta me pidió que por Dios la llevase á bordo, así porque no, la
matasen los Aucaces, como porque no queria andar mas entre los indios;
y porque tiene una niña que dice quiere ser cristiana. Me pareció obra
de caridad el admitirla, y tambien interesante, porque sabiendo ella
los designios de los indios, se puede por su medio conseguir el saber
alguna cosa que convenga, por lo cual la admití á bordo.
A las 4 de la tarde llegó un indio de chasque á _Chulilaquin_, mandado
por un cacique amigo, por el que le avisaba que los Aucaces de seguro
llegaban mañana á avanzarle, pues ya estaban cerca aguardando á que
descanzasen los caballos para entrar en la refriega, y que de camino
decian que habian logrado la ocasion de llevar bastantes cristianos
cautivos.
Es constante que siempre tuve alguna desconfianza, y al principio no
quise creer de modo alguno la muerte de un cacique tan principal y
respetado por sus robos y atrocidades, como era _Guchumpilqui_: pero
son ya tantos los indicios y señales que he visto, que me fué preciso
creerlo. Casi de noche trajeron algunos indios los toldos debajo de la
artilleria de las chalupas, y no hallar lugar á donde meterse.
La lenguaraza Teresa me dijo que era cierto que los Aucaces tenian
determinado sorprendernos, y que para observar nuestros movimientos
habia mandado _Guchumpilqui_ á Ignacio Delgado, que era de su gente,
y que tenian pensado el regalarnos ó vendernos algunas vacas para que
saliese la gente á carnearlas á fuera, y entonces que á su salvo nos
tenian muertos, y se apoderaban de la carga de las chalupas: y que
haciendo esto no poblarian el Choelechel, ni les estorbarian el paso á
los campos de Buenos Aires, que es de donde se surten de ganado. Y á
la verdad, ellos no lo entienden, porque la mejor ocasion era de dia,
cuando toda la gente va desnuda, arrastrando por espacio de mediodia,
una chalupa, dejando la otra sola y precisamente varada, y luego vuelve
en busca de esta, dejando la otra en la misma disposicion.
Me dijo asimismo, que el número de Aucaces era grandísimo, y que estos
indios que paraban junto á nosotros, no eran nada en comparacion de los
que vendrian á buscarlos.
Me dijo asimismo, que los dos marineros, Mariano Gonzalez y José
Navarro, que estaban muertos, pero no por mano de los indios; pues
_Guchumpilqui_ los habia entregado á las chinas para que los matasen.
Reflexionando en todo esto, y que pasa ya de un mes que no hallé
parage en este rio tan defendido como el en que me hallo, porque todo
es varadero, y se pasa por donde quiera á caballo sin que se le moje
la cincha, tengo pensado detenerme aquí el dia de mañana, fortificar
el sitio; y en todo caso tengo mas de 100 soldados, (digámoslo así)
en los indios de _Chulilaquin_, quienes precisamente han de pelear
por defender sus vidas: y así como él viene buscando nuestro socorro,
podemos decir que hemos hallado nosotros socorro en él: porque si los
Aucaces, sabiendo que estamos juntos y _aunados_, (como dicen estan
persuadidos) vienen á avanzarnos, ciertamente que mejor lo harán
cuando nos hallen solos é indefensos, los marineros con una embarcacion
á cuestas arrastrando, que ni para abajo ni para arriba se puede
navegar dentro de ella, porque en todas partes vara, y la otra sola y
varada de la misma suerte.[21]
El hecho de _Guchumpilqui_ en llevar los expresados dos marineros,
despues de haberlo yo regalado y obsequiado mucho, y de haber venido
embarcado el cacique Roman y el indio José, dá á conocer su intencion,
y que de ningun modo apetecen los Aucaces nuestra amistad; y que si
pudiesen, hubiera hecho con todos nosotros lo mismo y de mejor gana,
pues les interesaba mas: y esto se puede esperar tengan pensado aquí,
que es lo mismo estar en el rio que en tierra, porque su caudal de agua
no estorba á pasarlo de un lado á otro, pero ni aun de galoparlo. Aquí
estoy en un pozito corto, pero no es menester casi nadar para llegar
á las chalupas; y en todo caso mas vale esperarlos aquí que no media
legua mas arriba, (en caso que se puedan subir las chalupas) ni 25
leguas abajo, pues en ellas no hay parage como este.