Toda la noche se llevaron los teruteros en continuo alboroto, por la
orilla del rio á la parte del N. Amaneció con el viento al O fuerte con
algunos aguaceros, por lo que no fué posible el continuar rio arriba,
ni aun examinar un paso que está inmediato, á ver si tenia paso para
las embarcaciones.
A las 3 de la tarde ví venir una nube de indios á toda prisa, á
distancia de una legua: llegaron á bordo primeramente 4, que fueron los
dos hijos del _Cacique Viejo_, Manuel y Julian, la _Cacica Vieja_, y
Teresa. Esta trajo una oveja de regalo, y la cacica otra: fué llegando
la indiada, y á las 4½ de la tarde llegó _Chulilaquin_ con el
vestido de galones y su baston. Me hizo, por medio de la lenguaraza, un
razonamiento digno de oirse.--Primeramente, ponderó su voluntad hácia
nosotros: despues ponderó la siniestra intencion y alevosos hechos de
los Aucaces con los cristianos, como andaban solícitos, buscando ayuda
para matarnos, á cuyo fin habia venido el cacique _Guchumpilqui_,
solicitando su ayuda y la de su gente; y que para empeñarlo en el
asunto, le decia que yo venia de mala fé á matar los indios con capa
de amistad. Pero que no pudiendo sufrir esto, lo mató inmediatamente
en desagravio nuestro; y que por este motivo se habian juntado todos
los Aucaces contra él, y que sin duda alguna venian á darle esta noche
el avance. Y así, que habian salido huyendo á refugiarse á la sombra
de sus leales amigos, porque sabia que perderian la vida sus amigos
los cristianos, antes que permitir su ruina: y así, que aquí tenian un
fugitivo que buscaba mi amparo y patrocinio, y que fiaba de mi amistad
saldria con mis soldados en defensa suya cuando llegase el lance.--Lo
obsequié bastante, y le ofrecí firme amistad; y que estando él y su
gente junto á nosotros, nadie le ofenderia. Toda la indiada estaba á
caballo á la orilla, y yo con todas las armas prevenidas, las chalupas
á son de combate y las mechas encendidas. Procuré animarlo mucho, y
hacerle ver la poca gente que eran todos los Aucaces para nosotros.
Disparé un cañonazo á su solicitud, para que los indios lo viesen y
oyesen el estruendo; todo lo cual hacia el entender á los indios,
ponderando la fuerza de nuestras armas. Y yo se la encarecia bastante,
y que diesen gracias á _Pepichel_ por haberle en este aprieto socorrido
con tan buenos amigos. Me dijo que tenia noticia que el _Cacique Negro_
habia dicho en el establecimiento del Rio Negro, que el baston que le
habian regalado lo habia cortado para rebenque, pero que allí estaba el
baston para que se viese la mentira, y que era prenda que él estimaba
mas que otra alguna. Con una hora de noche se retiró á sus toldos, que
distan como tiro y medio de fusil de nosotros, dejándome encargado por
repetidas veces el socorro de nuestras armas.
Se quedó la lenguaraza, porque dijo que tenia que hablarme en secreto,
por lo cual supe el lance de _Chulilaquin_ con _Guchumpilqui_, y fué,
que, habiendo este venido con yeguas, ponchos y otras cosas, á rescatar
una hija que tenia _Chulilaquin_ que no ha mucho le habia cautivado,
ya el ajuste hecho y entregado el rescate al cacique _Chulilaquin_, un
hijo de este, porque _Guchumpilqui_ no le habia dado nada, sacó la daga
y le dió dos puñaladas, estando sentado, y luego mataron á un indio que
habia traido consigo. Asimismo me dijo, que el cacique Francisco no
habia querido entregar á Miguel Benites, y que habia sublevado á todos
los Aucaces contra nosotros; y que no tenia que advertirme, respecto
á que ya conocia bien á Francisco, que el mayor sentimiento suyo y de
los Aucaces era el que se poblase el Choelechel, y hubiese cristianos
en este rio. Que tampoco tenia que fiarme del _Cacique Viejo_, porque
este y Francisco eran una misma cosa: que ella ya estaba cansada de
andar entre los indios, y que con tal que no la entregase á ellos, se
quedaria con una muchachita pequeña: que por ella, á fin de matarla,
entregaria Francisco los tres desertores nuestros, pero que podiamos
tomar los tres desertores, y ella quedarse. Que de Francisco ya no
habia que esperar otra cosa que robos de ganado y de cristianos, y de
buscar confederados que le ayudasen contra nosotros. Dicho esto se fué,
y yo alargué de tierra las embarcaciones cuanto me permite la seguridad
posible, lo incómodo del sitio, para que nadie pueda salir ni entrar á
bordo; habiendo recogido toda la gente y las chalupas con los toldos
puertos, porque la noche se puso cerrada en agua.